Grecia y Eurogrupo, un conflicto de clases

En las negociaciones del Eurogrupo con el gobierno de Grecia para prolongar el rescate a ese país, los representantes españoles y portugueses se han opuesto con la mayor virulencia a las propuestas de Varoufakis, ministro de Finanzas griego. Lo que ha coincidido en el tiempo con la ofensiva de la derecha en España contra el nuevo partido Podemos, al que los sondeos sitúan en los dos primeros lugares en intención de voto, junto a un descenso muy considerable del voto al Partido Popular.

El gobierno de ese partido ha sido entusiasta y fiel cumplidor de la política de austeridad y recortes presupuestarios (sobre todo sociales) y, si Grecia reduce esa política a favor de sus trabajadores y de la ciudadanía saliendo adelante, los conservadores españoles temen que Podemos gane las próximas elecciones o, peor aún para ellos, las plataformas de unidad popular que se formen. De ahí el empeño del gobierno del Partido Popular en que Syriza fracase.

Pero no solo los conservadores españoles. Hay una voluntad inconfesa del Eurogrupo de convertir el caso griego en despiadado aviso para navegantes. El economista Michel Hudson afirma que el mensaje es que puesto que Grecia quiere alejarse de una austeridad a costa de la ciudadanía por eso la machacan. Como machacarán a cualquier estado miembro que pretenda reducir sus déficit controlando la banca y fiscalizando a los ricos, en vez de hacérselo pagar al pueblo.

Si Syriza gana la partida contra la austeridad en Grecia, será evidente que todo los sacrificios impuestos a la población, toda la miseria y sufrimiento infligidos, tienen como fin verdadero salvar a los bancos y beneficiar a la minoría rica, lejos de la grandilocuencia de la recuperación y del crecimiento en beneficio de todos. Si Syriza gana la partida, todo el neoliberalismo perpetrado habrá sido en vano. Por fortuna.

En el conflicto entre el Eurogrupo y Grecia, los ministros de finanzas de la Unión Europea actúan como lobbystas de los grandes bancos, asegura Michel Hudson. Pero en realidad son más que eso: son parte del mismo poder financiero europeo, de la minoría de élites económicas. Y por eso intentarán que Grecia no salga adelante pasándose por el arco del triunfo las políticas de austeridad. Harán lo que sea para que Grecia sirva de escarmiento. En esta Unión Europea nadie en el sur arregla sus cuentas sin aplicación ciega de las políticas de austeridad, sin recortes presupuestarios y sociales.

¿Pruebas? Grecia sufre el grave problema de una bajísima recaudación de impuestos. Según la OCDE, en 2010 el Estado griego solo recaudó la mitad de los impuestos que se le adeudaban, además de perder impuestos cuantiosos por evasión fiscal de profesionales de elevados ingresos, según Business Insider. Un impago de impuestos que  asciende a 76.000 millones de euros, pero podrían ser mucho más. Y desde las elecciones que dieron el gobierno a Siryza, los contribuyentes ricos pagan menos impuestos y los ingresos tributarios han sido un 20% menores de lo previsto. El banco central griego ha facilitado una lista de defraudadores fiscales griegos con cuentas en bancos suizos que en total ocultan cuanto menos 50.000 millones de euros. Pero el Eurogrupo no ve con buenos ojos que el déficit se equilibre haciendo pagar a los ricos lo que deben.

Como ha escrito Paul Krugman, Grecia ha hecho un favor a Europa al plantar cara a la austeridad, aunque sea con muchos vientos en contra. “Europa necesita desesperadamente acabar con la locura de la austeridad” ha dicho el Nobel de economía. Y, para acabar con esa nefanda austeridad impuesta, los que más poseen han de pagar los impuestos que les corresponden por sus ingresos y riqueza.

Lo que consiga el gobierno de Syriza es vital para empezar a minar la dictadura de la austeridad. Acaso el hecho reciente de que la Unión Europea no multe a Francia e Italia por sobrepasar el déficit asignado sea indicio de alguna lucidez y de que el fortín de la destructora austeridad empieza a resquebrajarse. Pero sin olvidar que no hay enfrentamiento de país contra país, Alemania contra Grecia, por ejemplo, por más que lo pretendan los medios de persuasión (antes informativos). Es un conflicto de clases. Para que la mayoría ciudadana esté mejor, y pueda tener una vida digna, la minoría rica ha de perder bastante y, aún así, le quedará mucho.

Y como telón de fondo del ruido de titulares de negociaciones, acuerdos o desacuerdos del Eurogrupo con el gobierno de Siryza, el posible avance electoral de las fuerzas políticas más radicales en la defensa de los intereses de la clase trabajadora y de la ciudadanía. Cuestión de conflicto de clases. Y como tal ha de ser enfocado.

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