Lo que nos cuestan los bancos

Hace seis años escribí que “los bancos se han dedicado a invertir sus recursos en inversiones muy arriesgadas. Mientras se desencadenaba la crisis, los bancos se forraban especulando y esos bancos, con la complicidad de las autoridades monetarias, dedicaron demasiados recursos a productos financieros volátiles, oscuros y peligrosos… hasta que la crisis desveló que los bancos no tenían liquidez suficiente”. ¿Hemos avanzado algo al respecto?

No lo parece, en aboluto. Lo que sí ocurre desde entonces es que los gobiernos acudieron raudos a rescatar bancos con el dinero de todos. Una actuación que ha continuado con una constancia digna de mejor causa. La ayuda pública de los estados a los bancos empezó tras estallar la crisis, aumentó mucho a partir de 2010 y no ha cesado. Hace unos días, el Banco Central Europeo (BCE) adjudicó más de 82.000 millones de euros al 0,15% de interés en la primera de las dos subastas de liquidez de este año. En total, en 2014, los bancos españoles pillarán en ambas 35.000 millones de euros. En la de diciembre, los bancos europeos podrán pedir al BCE hasta 300.000 millones de euros. Una pasta.

Esa generosa derrama no es nueva, pues en 2012 el BCE ya prestó a muy bajo interés 529.000 millones de euros a 800 bancos y a finales de 2011 había inyectado 490.000 millones de euros a 523 bancos europeos. En total, el BCE ha financiado a largo plazo a la banca privada europea con algo más de un billón de euros. Un millón de millones por ahora. En el mundo de la banca a eso lo llaman manguerazo de liquidez y la razón de tal prodigalidad del BCE es sencillamente que Europa no arranca. Ni siquiera Alemania presenta números económicos suficientemente esperanzadores y reconfortantes.

Las optimistas previsiones de recuperación y crecimiento de hace varios meses han topado con la cruda y tozuda realidad. El propio Draghi, presidente del BCE, reconoce que la recuperación en la eurozona pierde impulso y que el elevado paro y la falta de crédito a empresas y familias impiden el crecimiento. ¡Qué lince!

Por eso las abundantes inyecciones de liquidez, para que sean “poderosa herramienta para facilitar nuevos flujos de crédito a la economía real“, según Draghi. Sin embargo, inyecciones de liquidez a bajo interés ha habido todos estos años, pero el crédito no ha fluido ni en sueños. ¿Qué han hecho los bancos con esas millonadas recibidas? Pues, entre otras cosas, comprar deuda pública que les reporta beneficios fáciles sin esfuerzo ni acción alguna y especular con ella. Además presionar a los gobiernos para que recorten presupuestos sociales, liquiden derechos y les rebajen impuestos.

¿Qué hubiera ocurrido si toda esa enorme ayuda la hubiera prestado el BCE a empresas y familias o a los gobiernos con las mismas generosas condiciones que a la banca? ¿Se hubiera desarrollado la crisis tal como la hemos sufrido?

Uno podría tener la tentación de pensar ingenuamente que, si ahora los bancos tienen liquidez para dar créditos, las cosas mejorarán. Pero no van por ahí los tiros. Entre otras cosas porque el propio Draghi, que está dispuesto a tomar nuevas medidas ‘no convencionales’ y a reducir tipos de interés ¡hasta 0,05%!, ha reclamado a los Estados miembros ‘reformas estructurales’ para que los préstamos del BCE tengan efecto. Ahí está la trampa, pues bien sabe la ciudadanía, y sobre todo la del sur de Europa, qué significan las ‘reformas estructurales’. Un miserable eufemismo de contrarreformas que aseguren la hegemonía de las élites, minoría rica o clase dominante, como prefieran, porque los tres términos significan lo mismo, y deje en la estacada a la mayoría ciudadana.

Que el BCE dé dinero a espuertas a los bancos no significa que la situación mejore de verdad. Para empezar porque este capitalismo que sufrimos está tan repleto de contradicciones que ya no tiene salida. Y en tanto no se regule y controle el mundo financiero, como primeras medidas, no hay solución. Porque la prioridad de la minoría rica es continuar siendo minoría y aún más rica. Por esa razón, los millones de euros para presuntos créditos cuanto más aliviaran o quizás mejorarán algo a muy pocos de los 500 millones que habitamos Europa, si finalmente algún crédito fluye. Pero la mayoría o grandes minorías continuarán sufriendo, porque la desigualdad está en el ADN de este sistema predador. Y la desigualdad es compañera inseparable de la pobreza.

Expresó la situación que sufrimos con sinceridad o desfachatez uno de los hombres más ricos del mundo, el estadounidense Warren Buffet, quien, a preguntas de un periodista, respondió: “Claro que hay lucha de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que libra esta guerra. Y la estamos ganando“. El beneficio de una minoría es lo que buscan y lo que interesa a esos pocos que acumulan la mayor parte de riqueza del mundo, no la justicia ni el bienestar de la mayoría.

Y entonces, ¿qué? Pues que cuanto más conscientes seamos de quien es el verdadero adversario de las clases trabajadoras y populares, y actuemos en consecuencia, antes veremos la luz al final del túnel.

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