ETA dejó de matar, pero no cesan los feminicidios

La media anual de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex-parejas, desde que se contabilizan hasta 2013, son 70 feminicidios por año. Desde 1968 hasta hoy, han muerto asesinadas por hombres unas 2.700 mujeres. Una cifra escalofriante. Es muy ilustrador compararla con el número de muertes perpetradas por otros asesinos: los terroristas. Desde 1968 hasta 2004, cuando dejó de matar, ETA asesinó a 829 personas. Pero esos asesinatos han armado mucho más ruido y han recibido mayor atención mediática y polítican que los feminicidios. Y también las víctimas y familiares han sido mejor atendidas, sobre todo a partir de 1999, cuando, con toda justicia, se promulgó la ley de solidaridad con las víctimas del terrorismo.

La comparación no es gratuita, pues sería muy deseable que las muertes violentas de mujeres a manos de parejas o ex-parejas provocaran el mismo rechazo que las muertes de víctimas del terrorismo. Y la misma atención política y del gobierno. Los execrables crímenes de ETA cesaron hace diez años. Pero no los feminicidios. Continuaron. En 2013, por ejemplo, 48 mujeres han sido asesinadas, aunque según las cuentas más rigurosas de la Asociación de Separadas y Divorciadas, fueron 56. Más de una mujer asesinada por semana.

Hace unas semanas, volvió el ruido mediático protagonizado por algunas asociaciones de víctimas del terrorismo, unos cuantos políticos profesionales y otros tantos ‘opinadores’ de tertulias y páginas de opinión que de todo saben y sobre todo pontifican. La causa del ruido fue la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo que obliga a prescindir a España de la llamada doctrina Parot; doctrina que hace cumplir toda la condena a los terroristas encarcelados sin tener nunca en cuenta las condiciones y circunstancias de la ley penitenciaria. Doctrina sancionada por el Tribunal Supremo del Reino, ignorante en esta ocasión de la legislación europea de derechos humanos, que España ha firmado y aceptado, así como lo que indica la propia constitución española, en la que prima la reinserción por encima del castigo.

Sin embargo no hay respuesta mediática ni política ni social acorde a la brutal e incesante enormidad de los asesinatos de mujeres por sus parejas o ex-parejas. ¿Acaso no es un modo de terrorismo? Si cada semana fuera asesinado un hombre por mujeres, ¿no creen que se organizaría un tumulto impresionante? Los políiticos harían sonoras declaraciones, el Gobierno prometería el oro y el moro para acabar con la situación, los medios informativos abrirían sus portadas con esa lacra, las tertulias abordarían casi permanentemente el problema… Pero nada de eso sucede con los asesinatos de mujeres.

Pero hay más. Además de los repulsivos feminicidios, en España, cientos de miles de mujeres sufren la violencia de los malos tratos a manos de parejas o ex-parejas. Más de 600.000 según el Centro de Investigaciones Sociológicas. Mujeres inmigrantes, campesinas, obreras, discapacitadas, amas de casa, tituladas superiores, estudiantes, empresarias… No hay distinción de clases en la cobarde y repugnante lacra de los malos tratos a mujeres.

Según el Consejo General del Poder Judicial, en España cada año se denuncian unos 140.000 delitos o faltas de violencia machista; denuncias que casi siempre acaban en sentencias condenatorias. Porque los malos tratos a mujeres y los feminicidios están muy relacionados. No todas las situaciones de malos tratos acaban en asesinato, pero muchos asesinatos de mujeres son el escabroso final de una atroz situación de malos tratos.

Del todas las situaciones de malos tratos en España, más de 16.000 mujeres maltratadas se encuentran en situación de riesgo de muerte, aunque no todas con la misma gravedad. Pero riesgo real al fin. Un riesgo que evalúan funcionarios de policía tras las denuncias de malos tratos y la indagación de la situación real de las mujeres maltratadas.

Pero los malos tratos machistas y los feminicidios no son solo problema de España. Es una lacra universal. Situaciones iguales o análogas se dan en todo el mundo. Sin excepción. En los civilizados países escandinavos, tienen los niveles más altos de violencia machista de Europa. Más de un 40% de mujeres nórdicas han sido víctimas de violencia machista. Y en Finlandia, por ejemplo, apenas se hace nada contra las violaciones sexuales, que abundan y suelen quedar impunes. Una de las formas más repugnantes de violencia machista.

Los malos tratos a mujeres y feminicidios conforman una asquerosa realidad que relega a las cavernas a los países, por más civilizados que sean o digan ser. Y, aunque se haya respondido en parte al gravísimo problema, como fue la promulgación de la ley integral contra la violencia de género en España, en absoluto es suficiente. A los hechos y resultados me remito.

Porque en el fondo, el origen de la violencia machista es la sojuzgación milenaria de la mujer por el hombre. Y una causa innegable de la misma es la discriminación por sistema que continúa relegando a la mujer social, cultural, económica y políticamente; por muchos espacios de libertad y autonomía que haya recuperado, que no son tantos.

Realmente, este mundo no será justo ni democrático hasta que la mujer ocupe su lugar en igualdad con el hombre. Y que la violencia machista sistemática sea solo un mal recuerdo.

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