Estado de malestar

Espionaje de EEUU, papeles de Bárcenas, tejemanejes de la infanta Cristina, trama de corrupción Gürtel, Falciani, Snowden… Noticias frecuentes en muchos medios. Pero quizás cabría informar más, con mayor detalle, sobre cuestiones que afectan severamente a la ciudadanía. Para empezar que la llamada crisis es resultado del movimiento que la minoría rica inició a final de los 70. Cuando comprobó que disminuían sus beneficios. Un movimiento nada inocente.

El plan se concretó en 1989 con el Consenso de Washington: diez directrices de política económica para garantizar el crecimiento. En teoría. Pero, en verdad, un programa para asegurar el aumento de beneficios del capital apropiándose de buena parte de las rentas de las clases trabajadoras.

El saqueo empezó con la progresiva, decidida y colosal reducción de impuestos a los ricos. Eso fue a principios de los ochenta en Estados Unidos y Reino Unido, pero siguió con entusiamo en otros países desarrollados. Una reducción fiscal que no cesa. En Europa hoy, por ejemplo, se sustituyen cada vez más los impuestos directos por indirectos. Como el IVA. Con el actual IVA, al comprar algo paga lo mismo Botín, dueño del banco Santander, que un jubilado de pensión miserable. Además, en el Reino de España una amnistía fiscal ha librado a los delincuentes económicos de pagar lo mucho que deben por lo mucho que han ocultado y defraudado.

Cuantioso pillaje en beneficio de la minoría rica es el rescate permanente de la banca privada. Porque el rescate es con dinero que aporta la ciudadanía al pagar sus impuestos directos e indirectos. Y también al soportar los recortes presupuestarios del Estado, que se traducen en menos derechos, peor vida y pobreza. Una ayuda reciente a la banca es pagar aún menos intereses por los depósitos de ahorro por orden del Banco de España. Así los bancos se ahorrarán 2.500 millones de euros. Otra, que la banca recupere dinero de impuestos a pagar en el futuro o abonados en los dos últimos años. Mientras la inmensa mayoría trabajadora y ciudadana paga religiosamente a Hacienda.

A esas contribuciones últimas cabe sumar los 632.000 millones de euros de ayudas públicas a la banca española hasta fin de 2012; incluidos los muy baratos préstamos del Banco Central Europeo. Dinero de impuestos de la ciudadanía de un modo u otro.

También es un modo de entregar rentas de la ciudadanía a la minoría rica la brutal inflación de la vivienda de final de los noventa. Un 288% de aumento del precio de pisos y casas. Sin olvidar el descontrol del sector financiero al tasar viviendas y dar prestamos hipotecarios.

Y, por supuesto, también forma parte del saqueo el crecimiento de la deuda pública. Pues crece mucho más de lo previsto por la generosa ayuda estatal a la banca. Y no por los presupuestos sociales precisamente. Dinero, avales, seguros… para la banca. Una deuda ilegítima que se pretende reducir con severos recortes sociales.

También hay saqueo de las clases trabajadoras en beneficio de la minoría con las reformas laborales perpetradas: despido barato y supresión de derechos laborales. Incluida la rebaja constante de salarios y la precariedad laboral crónica. Resumió esa voluntad de rapiña un empresario y dirigente patronal forajido, hoy encarcelado por sus delitos: La solución a la crisis es trabajar más y cobrar menos. Genial. Pero para el FMI y la Unión Europea no hay bastante y reclaman más “reformas”. Un último capítulo de la depredación es el ataque contra las pensiones públicas en forma de presunta reforma . Esa reforma gubernamental, de entrada consguirá que los pensionistas de España cobren 33.000 millones de euros menos en ocho años.

Y, para rematar la transferencia de rentas, se privatizan servicios públicos esenciales; educación, agua, sanidad… Convertir en un lucrativo negocio privado los derechos de todos.

La transferencia de rentas ciudadanas a los más ricos aumenta la pobreza en Europa, Alemania incluida. En Grecia no solo aumenta la pobreza, también los suicidios. Y en el Reino de España, millones de familias viven con economía de guerra. Muchas incluso sobreviven con la pensión del abuelo. Mientras cientos de miles de jóvenes regresan a casa de sus padres. Incluso se muere antes cuando aumenta la pobreza, según muestra un estudio de las fundaciones de Educación para la Salud.

Lo reconoció Warren Bufffet, uno de los hombres más ricos del mundo, al responder a un periodista sobre la crisis: “Por supuesto es lucha de clases, y mi clase, la de los ricos, va ganando”. Robin Hood al revés: robar a los pobres para dárselo a los ricos.

La crisis no es cuestión técnica, desgracia o acierto. Es saqueo. Lucha de clases. Por ahora ganan. Pero conocer bien qué es lo que ocurre permite reaccionar, enfrentarse a nuestros explotadores. Y superar este estado de malestar. O como dicen algunos: otro mundo es posible. Más justo, más decente.

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