De austeridades, recortes, derechos y pillajes

En España ya hay 1.800.000 familias con todos sus miembros en paro. Cuatro de cada diez familias no pueden hacer frente a gastos imprevistos y tienen dificultades para pagar facturas. Y además no pueden poner calefacción suficiente en la vivienda todos los días. Solo un botón de muestra de la malhadada dicha crisis.

 

Esas situaciones tienen mucho que ver con la austeridad presupuestaria que se impone de modo implacable. Los recortes. Una austeridad que pretenden justificar porque esos “recortes dolorosos” son para “ahorrar” y así reducir el déficit. Pero el Gobierno del Reino de España recorta, sí y mucho, pero no ahorra. Gasta más que el año pasado. En agosto el déficit público ya subía a 48.000 millones de euros; 8.400 millones más que el déficit indicado por la Unión Europea para todo el año.

 

 

¿Cómo es eso? Joan Arnau desvela, a modo de inventario, que, por ejemplo, las subvenciones del gobierno a las empresas eléctricas han aumentado ¡un 28%! Y el pago de intereses de la deuda ha subido más de un 9%. Se recorta sanidad, educación, sueldos, prestaciones a parados, ahora las pensiones… Pero al mismo tiempo se dan miles de millones de dinero público a la banca. Dice Arnau que es el “atraco perfecto”.

 

 

¿Cuánto dinero público se ha dado a los bancos? Dinero público recaudado de los impuestos que pagan la ciudadanía, las clases trabajadoras. El Banco de España ha informado que las ayudas públicas a bancos y cajas de ahorros de 2009 a 2013 fueron 61.366 millones de euros. Oficialmente. Pero esa cifra no incluye otras ayudas como avales, compra de activos tóxicos… Según cálculos de la Plataforma por una Banca Pública, a finales de 2012 el sector financiero español había recibido ya más de 632.000 millones de euros de ayudas públicas. En esa astronómica cantidad se incluyen también los grandes préstamos a bajísimo interés del Banco Central Europeo, que también provienen de los impuestos de la ciudadanía. Un dineral.

 

 

Sufrimos una austeridad predadora, pero el déficit no disminuye. Y así seguirá, porque la austeridad no reduce el déficit sino que asegura el bajón de la demanda y la reducción de la actividad económica. Freno y recesión.

 

 

Los letales recortes no son un problema exclusivo de España ni siquiera de Europa. Según un informe elaborado por Isabel Ortiz y Mathew Cummins, de 2010 a 2012, 98 gobiernos de otros tantos países rebajaron salarios públicos y presupuestos de sanidad y educación. En 86 países además rebajaron las pensiones y en 32 se legisló un despido más fácil y barato, además de aumentar el IVA sobre productos básicos en 94 países, lo que supuso un evidente aumento de precios y pérdida de capacidad adquisitiva.

 

 

El informe de Oxfam Intermón “La trampa de la austeridad” denuncia que “si continúan las medidas de austeridad, en 2025 habrá de 15 a 25 millones de europeos más que serán pobres”. Oxfam afirma además que “hay claras semejanzas entre los programas europeos de austeridad y las ruinosas políticas de ajuste estructural impuestas a América Latina, Este Asiático y África subsahariana de 1980 a final de los noventa”, con los nefastos resultados conocidos. La historia se repite, porque el capitalismo es insaciable.

 

 

No nos engañemos, la austeridad tiene como fin principal desmontar el Estado social, además de pagar a los bancos y especuladores de deuda pública. Ahora, además, el Consejo de Europa ha publicado un informe sobre España donde denuncia de forma explícita que la austeridad viola los derechos humanos y “los recortes en presupuestos sociales, educativos y de salud han conducido a un preocupante aumento de la pobreza de las familias en España (…) y las actuaciones en salud y educación vulneran las convenciones de la ONU“.

 

 

Bajo el paraguas de la austeridad, la ciudadanía sufre un saqueo incesante de bienes y rentas; una sistemática violación de sus derechos. Pero además pretenden que se comulgue con ruedas de molino al presentar esa rapiña como algo inevitable. Como rayos en una tormenta o el sabor salado del agua de mar.

 

 

Falso.

 

 

Esta austeridad destructora no es más que una versión sofisticada y elaborada de un atraco a gran escala, un robo organizado masivo, un pillaje muy planificado. Un saqueo evidente de las rentas de las clases trabajadoras desviadas sin el menor pudor ni disimulo hacia el capital y los capitalistas.

 

 

Por tanto, menos falacias y embustes sobre la necesidad de las políticas de austeridad perpetradas y lo inevitable de las mismas. Los atracos, robos, pillajes y saqueos a esa escala son crímenes, graves violaciones de derechos, y no hay presunta necesidad que valga. Nada que los justifique. Y la ciudadanía ha de ser muy consciente de ello.

 

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