Un fascismo camuflado se extiende por Europa

El filósofo alemán Jürgen Habermas ha escrito y repite siempre que puede que en Europa se está desmantelando la democracia. Veamos. En España, por ejemplo, el gobierno reforma el Código Penal. Para sancionar a los violentos en manifestaciones. Pero es también es un pretexto. Porque lo que buscan de verdad es amedrentar a la ciudadanía pacífica que se opone en masa a la violación de sus derechos. Buscan que la gente tenga más miedo al sistema. Así lo reconoció Felip Puig, consejero de Interior del gobierno nacionalista de Cataluña, aliado del Partido Popular. Tal para cual.

Por eso crean nuevos delitos como “atentado a la autoridad por resistencia pasiva o activa grande”. ¿Qué es esa resistencia pasiva grande? No notificar a la delegación del gobierno que un colectivo de ciudadanos se manifestará. El incumplimiento de un formalismo administrativo puede convertir en detenidos y encarcelados a manifestantes pacíficos.

La reforma crea también otro delito, el de integración en organización criminal para quienes difundan a través de Internet convocatorias de movilización violenta. O (y eso es lo que les interesa más) simplemente que esas movilizaciones no hayan sido notificadas a la delegación del gobierno; también ese delito será el de los que no abandonen un lugar tras indicarlo la Policía, aunque permanezcan en el lugar pacíficamente.

Fascismo es toda doctrina o práctica política que se pase por sistema o por ley los derechos humanos por el forro. Y eso ocurre ahora en toda Europa y ocurrirá más si la ciudadanía no lo impide. Un fascismo sin brazos alzados, esvásticas ni águilas imperiales. El fascismo que utiliza el miedo y la fobia al extraño, al diferente. Pero no renuncia a la violencia callejera; tal vez la de provocadores. Porque la utilización de provocadores es vieja como la Historia. Y esa violenciade provocación genera otra indiscriminada por parte de las fuerzas de seguridad contra la ciudadanía resistente pacífica. Como la que hubo en Valencia, Madrid y Barcelona en las últimas semanas.

Por esos hechos, Amnistía Internacional denunció el uso de fuerza excesiva por fuerzas policiales contra manifestantes pacíficos. Sus informes indican que la policía cargó de modo indiscriminado; las imágenes pudieron verse en le Red y son muy claras.

¿Es casualidad, por otra parte, que el gobierno del Partido Popular haya indultado recientemente a cinco mossos d’esquadra (agentes de policía autonómica de Cataluña) condenados por el Tribunal Supremo por torturas, lesiones, maltrato y detención ilegal de un ciudadano falsamente acusado de robo?

El fascismo de hoy en Europa ha sustituido los uniformes pardos o negros y las liturgias delirantes por el control férreo de los medios de comunicación que utilizan para desinformar, engañar, ocultar, hipnotizar colectivamente, manipular y mantener desorientada y adormecida a la ciudadanía.

Amedrentar y fobia, dos caras de la misma política del miedo propia del fascismo. Fobia contra los inmigrantes, por ejemplo (antaño fueron los judíos), convertidos en chivo expiatorio. Y amedrentar a toda una Europa con el espantajo del déficit y la austeridad obligatoria como única (falsa) salida. Porque el miedo genera pasividad y fatalismo, inmoviliza. Y eso busca el poder financiero, autentico dueño de Europa.
El regreso del inicio del fascismo, maquillado de ritual democrático, se inició en los noventa: Berlusconi en Italia. Hasta The Economist lo consideraba una nueva forma de fascismo, una amenaza al Estado de derecho. Y el actual primer ministro, Mario Monti (designado a dedo por el poder financiero), no ha cambiado esa fascistoide situación italiana ni un ápice. Su objtivo es otro: que el poder financiero no se cabree.
Porque lo que de verdad molesta al poder financiero es la democracia; la de verdad, por supuesto. Irrita a los integrantes de la minoría que se sientan en los consejos de administración de bancos, corporaciones globales y grandes empresas; porque pone coto a su codicia y reconoce los derechos de la mayoría. Son ellos quienes sustituyen gobiernos elegidos democráticamente por tecnócratas designados en opacos cónclaves.

Pero hay más síntomas de ese desmantelamiento de la democracia. Estonia rehabilita a sus nazis, Lituania olvida el holocausto y Hungría deviene autoritaria. Y “en muchos países europeos del antiguo bloque oriental se abre paso una versión fascista de la historia“, denuncia el periodista alemán William Totok. Además, Dinamarca recuperó viejas restricciones a la libre circulación de personas; una norma comunitaria europea autoriza el internamiento sin juicio hasta año y medio de inmigrantes sin papeles y la expulsión de menores. En Francia e Italia deportaron en masa extranjeros gitanos… Huele a años treinta del siglo XX.
Y cuando Viktor Orban, primer ministro de Hungría, tomó medidas autoritarias (purgar la administración y los medios informativos de voces críticas) e inició proyectos contra la libertad de prensa o la división de poderes… no pasó nada. Pero cuando Orban pretendió que el parlamento húngaro pudiera vetar las directivas europeas o someter el Banco Central de Hungría al control directo del gobierno de ese país, entonces la Comisión Europea clamó que ”los valores europeos” peligraban en Hungría.
¿Ven la farsa? Habermas tiene razón: en Europa se está desmantelando la democracia.

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