Reaccionar

En Finlandia crece la extrema derecha xenófoba, pero no sólo en ese país nórdico. En Italia, Berlusconi se burla de la justicia y reforma una ley procesal (para librarse de la cárcel) que dejará 15.000 delincuentes en la calle. Francia e Italia se enfrentan, enviando ésta a aquélla refugiados e inmigrantes norteafricanos en tren y Francia responde cerrando su frontera. Los especuladores extorsionan a Portugal, Irlanda y Grecia con la deuda pública y amenazan a otros países. Aumenta el desempleo mientras los gobiernos arrojan por la borda las conquistas sociales del último siglo, logros que no son concesión ni privilegio, sino derechos conquistados. En España, cuando se recortan pensiones, salarios públicos y atención sanitaria y hay más del 20,5% de desempleados (cuatro millones y medio), el sueldo medio de directivos de las empresas que cotizan en el Ibex es casi veinte veces el salario medio de un empleado de esas mismas compañías; en 2009, el sueldo de esos directivos era quince veces el salario medio de un empleado. En el resto de Europa, la desigualdad también va a mucho más. Vieja y caduca, Europa olvida los principios e ideales democráticos que defendió.

Además, diez millones de personas más caerán en la pobreza y serán ochenta millones más los hambrientos que se sumarán a los 1.100 millones actuales, gracias a la especulación con precios de alimentos. Un informe de Save the Children denuncia que más de 28 millones de niños en países en conflicto no reciben ninguna educación, pero si los países ricos cediesen el dinero de gasto militar de seis días, se dispondría de los 16.000 millones de dólares para lograr educación para todos, uno de los Objetivos del Milenio… Hechos y datos demuestran que no son minoritarios ni excepcionales. Hablamos de injusticia, de violación sistemática de derechos humanos.

En Europa ha habido protestas, manifestaciones y algunas huelgas. Pero quizás no con la continuidad necesaria, como ocurre en Norte de África y Oriente Próximo, por ejemplo (guerra tribal de Libia aparte). ¿Acaso los europeos aceptan la injusta situación neoliberal que vulnera sus derechos?

Quizás la resistencia y protestas ciudadanas habidas no sean suficientes. Stephane Hessel pidió a la gente joven que se indignara contra la destrucción neoliberal, pero los jóvenes en general, y los universitarios en particular, no parecen reaccionar, aún siendo quienes tienen presente y futuro más inciertos. Y tampoco lo hacen el resto de ciudadanas y ciudadanos. 

Sin embargo, en Internet, en Europa, miles de webs, portales y blogs se oponen a la actual situación, a la crisis que es estafa y atraco, y denuncian la impunidad de sus responsables. En la Red se denuncia cómo se desmantela el estado de derechos (en plural, no estado de bienestar, término inadecuado donde los haya). Son webs y portales de gente joven que de ningún modo comulga con las ruedas de molino de este tinglado neoliberal que va a peor… Sin embargo, los responsables de la crisis continúan obteniendo obscenos beneficios con ella y siguen tan tranquilos actuando contra la mayoría ciudadana.

Una vez más, ¿qué hacer?

Para empezar, recuperar las ideas, sin duda. Defensa de libertades, de justicia, de derechos, de solidaridad, de trabajo colectivo, de igualdad, de respeto a la naturaleza y a la Tierra. Informarse, saber, ser conscientes de lo que pasa; que no nos den más gato por liebre. Reconquistar los valores y principios democráticos y gritarlos con la convicción de que otro mundo es posible de verdad. Otro mundo más justo que pone en cuestión el crecimiento como único objetivo y el individualismo como ética. Otro mundo más humano que rechaza un desarrollo que no busca la felicidad de la gente ni respeta la Tierra. Que está contra los beneficios como único motor y por encima de todo. Que rechaza el consumo por el consumo y el lujo como algo bueno, deseable. Qué actúa contra la dependencia del petróleo y la entronización del automóvil como imprescindible. Que pretende que es mejor poseer que ser…

Y, luego, hay que vencer el miedo. Ese miedo arma paralizadora que los medios extienden un día sí y otro también. Es preciso que se derrumbe el muro del miedo en las mentes. Y reaccionar. Conseguir justicia, que respeten nuestros derechos, es entonces cuestión de persistencia, de tenacidad.

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