La corrupción de la democracia

Ignacio Ramonet denuncia que Eric Woerth, ministro de trabajo de Sarkozy sospechoso de corrupción, es quien pilota la reforma francesa de las pensiones que empobrecerá a millones de asalariados. Actuación neoliberal y posible corrupción. No es casual.

En España no cesa la corrupción, sobre todo urbanística. Los presuntos corruptos son militantes destacados y dirigentes del Partido Popular (los neoliberales españoles), no exclusivamente pero sí mayoritariamente. En Italia, según su Tribunal de Cuentas, las actividades corruptas en el Estado crecieron un 150% en 2009. Y su muy neoliberal primer ministro no está en prisión porque su mayoría parlamentaria hizo aprobar leyes que le han dado inmunidad e impunidad. Y en el mundo, aumentan la manipulación de contratos públicos, malversación de fondos, fraude fiscal, blanqueo de dinero criminal… Los neoliberales propugnan que no haya reglas para el capital (en aras del crecimiento, dicen), pero sin reglas ni control florecen corrupción y fraude. Hoy ya sabemos que la corrupción es un pilar del capitalismo neoliberal.

En los últimos veinticinco años, la producción de bienes y servicios ha sido sustituida por una economía especulativa. Este capitalismo de casino ha enriquecido obscenamente a una minoría, creando al mismo tiempo cotas de pobreza y desigualdad nunca vistas. Capitalismo financiero, especulativo y corrompido, no lejano de la economía criminal organizada, que crea un mundo corrupto donde proliferan negocios sucios, recalificaciones urbanísticas delictivas e implacable especulación financiera con demoledoras consecuencias para millones de personas…

El neoliberalismo ha enquistado la corrupción y secuestrado la democracia. Una corrupción que prostituye la acción política, como ya ha pervertido la economía, y contamina los valores democráticos.

José Vidal-Beneyto en su libro póstumo sobre la corrupción de la democracia asegura que si “la principales fuerzas políticas se ponen de acuerdo para timar a los ciudadanos se desacredita la democracia”. Que es lo que ocurre en nuestros días.Y cuando la democracia se desacredita, los ciudadanos dan la espalda a la política, crece la abstención electoral y crece electoralmente la derecha más peligrosa. Está sucediendo y no es broma. No olvidemos que Hitler fue el más votado en las elecciones de Alemania en 1932 con un 37% de sufragios.Y luego pasó lo que pasó.

La corrupción no atajada es la muerte de la democracia.

Por otra parte, la imposición del dogma económico neoliberal con sus fusiones empresariales, desregulaciones financieras, privatizaciones y deslocalizaciones de empresas ha generado la crisis e instalado un desempleo incesante e insoluble. La fusión de Iberia y British Airways, por ejemplo, supone miles de despidos, mientras directivos y ejecutivos de ambas empresas se aumentan el sueldo un 56%.

Los asalariados, trabajadores autónomos y pequeñas empresas se han vuelto más vulnerables. La inseguridad presente y la incertidumbre ante el futuro generan miedo y, como recuerda Vidal-Beneyto, empuja a la ciudadanía a olvidarse de la acción colectiva y a refugiarse en contravalores perversos o que pueden serlo como la seguridad ante todo o la identidad patriótica, religiosa o de grupo.

La corrupción ha alcanzado también a los medios de comunicación. Propiedad de los nuevos amos del mundo, en ajustado término de Ramonet, ocultan o maquillan los problemas y a sus responsables, falsean la realidad y entierran la opinión pública con la colaboración imprescindible de periodistas serviles, políticos arrodillados y pensadores mercenarios muy bien remunerados, por cierto. La información, a la que la ciudadanía tiene derecho, ha sido sustituida por la banalidad, la manipulación y la persuasión. Y periodistas y analistas críticos son ignorados y marginados por los grandes medios.

El resultado es una demagogia instalada, la ciudadanía de espaldas a la política, la disolución de la ética democrática y el aumento de la abstención. Uno puede querer pasar de la política, pero la política nunca pasa de uno; sobre todo cuando está en manos de servidores del dogma neoliberal.

Hemos de recuperar la democracia que la minoría privilegiada neoliberal y sus sirvientes han secuestrado. Y hay que hacerlo defendiendo los valores democráticos. Contra el individualismo feroz, contra la negación de lo público, contra el enriquecimiento como objetivo prioritario. Contra toda esa basura hay que recuperar la decencia ética, la solidaridad, la acción colectiva y el altruismo.

No hay democracia por votar cada varios años. La democracia es, ante todo, un proyecto ético de valores sociales y morales que hacen legítimo el ejercicio del poder por los representantes de la ciudadanía.

Es preciso recuperar la democracia antes de que la minoría rica la corrompa del todo.

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