Hay que plantar cara

Es como una actuación de jazz. Los músicos improvisan una y otra vez con instrumentos diversos y ritmos diferentes a partir de la misma melodía esencial. Vuelven sobre esas notas una y otra vez, se turnan trompeta, saxofón, clarinete, piano, contrabajo, banjo, guitarra, batería… Hacen que la música parezca diferente utilizando todos, uno tras otro, la misma combinación de notas.

Pues los responsables de la crisis y sus cómplices, como en el jazz, parten también de una única melodía: sus beneficios, sus intereses. Y a partir de ahí cambian de ritmo, intervienen uno u otro con la misma tabarra… Banco Central Europeo, bancos centrales nacionales, FMI, OCDE, los llamados mercados, gran banca, directivos de grandes empresas, grandes medios…

Impiden (o aceptan que se impida) la imprescindible reforma financiera, promueven recortes sociales, imponen planes de ajuste, marean con que salimos lentamente de la crisis, atacan y boicotean lo público, ocultan o falsean los logros y beneficios de lo público, cantan las alabanzas trucadas de lo privado… Y ahora manipulan la deuda pública para chantajear a los gobiernos y forzarlos a imponer reformas regresivas que sólo a la minoría privilegiada benefician.
Con tal codicia, la crisis se va a convertir en catástrofe social, holocausto de derechos económicos y sociales de la mayoría.

Pero los problemas no se solucionan solos: o los solucionas o permanecen y se enquistan. Llegó la hora de plantar cara. Y algunos ya han empezado.

Por ejemplo, miles de personas se manifestaron en Washington para apoyar las reformas positivas de Obama en beneficio de la mayoría.

Crecen las protestas contra recortes de derechos laborales y sociales que castigan a los ciudadanos europeos. En Grecia protestan contra las políticas neoliberales del gobierno contra derechos sociales y económicos de todos. En España, una huelga general contra la reforma laboral ha paralizado la industria y afectado significativamente el transporte y los servicios. Dos millones de ciudadanos han protestado en varias ciudades de Francia contra la reforma regresiva del sistema de pensiones. En París, además hubo una huelga de transportes y enseñanza, y los sindicatos han convocado otra jornada de huelga. En Portugal, el principal sindicato portugués, la CGTP, convoca un paro general contra las medidas de austeridad del gobierno de José Sócrates, como rebajar un 5% el sueldo de los funcionarios… Suma y sigue.

Algo se mueve. Por fin.

Lina Gálvez, vicerrectora de la Universidad Olavide de Sevilla, nos recuerda que los mercados utilizan su presión de especuladores sobre la deuda de los Estados para imponer a los gobiernos medidas que sólo convienen a las grandes empresas y a la banca. Una extorsión evidente que algunos gobiernos aceptan en lugar de recurrir a la ciudadanía para que hable claro a los especuladores. Los gobiernos ceden a las demandas chantajistas, insiste Gálvez, pero los mercados, como todos los chantajistas, son insaciables. Ceder no es el camino.

Los mercados (es decir unos cuantos miles de tipos en todo el mundo) son insaciables. Recuerden el diálogo del filme “Cayo Largo” de John Huston entre el personaje de Bogart, un soldado que regresa de la guerra mundial, y el de Edward G. Robinson, el gangster John Rocco. El soldado pregunta retóricamente, “¿qué quiere Rocco?” Y se responde: “Quiere más”. Rocco lo confirma: “Eso es, quiero más”. Y el soldado pregunta de nuevo: “¿Alguna vez Rocco tendrá bastante?” Y Rocco contesta: “Nunca tengo bastante”.


Eso es lo que hay. Por eso no cabe esperar que los “malos” se vuelvan buenos.


Pero hay otro camino hacia el auténtico progreso y la mayor igualdad posible; es decir, mayor justicia. Para afrontar la crisis, la Comisión Económica de América Latina (CEPAL, dependiente de Naciones Unidas) apuesta por intensificar las políticas sociales y laborales que tan buenos resultados da en América Latina frente a la receta neoliberal europea de recortar el Estado del bienestar. Y también convendría sentar en el banquillo de los acusados al sistema financiero, no al estado de bienestar, que es camino hacia un Estado de justicia.


Esos son los objetivos a reivindicar por ciudadanos y ciudadanas del mundo para plantar cara. Mejora de salarios y condiciones laborales, políticas sociales contra la desigualdad y que los responsables de la crisis rindan cuentas.
Ahora es la hora de la ciudadanía.

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