El salvaje oeste

El caso Gürtel es el nombre periodístico de la mayor trama de corrupción en España desde que se recuperó la democracia. Una corrupción que afecta a varias regiones autónomas y ayuntamientos, y suma cientos de millones de euros.

Investigado el pastel policial y judicialmente, hay acusados y encarcelados preventivamente. Pero España es diferente. Como denuncia el ex-fiscal anti corrupción Carlos Jiménez Villarejo: “Los corruptos imputados consiguen que las sospechas y la investigación penal se orienten hacia el juez que descubrió los delitos y comenzó su esclarecimiento”. Así, los acusados, parte del aparato del Partido Popular (del que forman parte algunos de los imputados) y algunos magistrados intentan invalidar unas escuchas telefónicas, aunque fueron conforme a ley. Quieren desmontar el proceso. Pero, sobre todo, impedir que la justicia localice decenas de millones de euros en paraísos fiscales.

Tremendo. Pero, ¿acaso es peor (por sus consecuencias para la mayoría ciudadana) que lo que perpetra la gran banca en la Unión Europea y Estados Unidos?

Escribe el Nobel de Economía, Stigliz: “Los gobiernos se han endeudado para salvar al sistema financiero europeo, los bancos centrales mantienen tasas de interés bajas para ayudar a los bancos a recobrarse. Pero los grandes bancos se aprovechan de esas tasas bajas para especular contra los gobiernos que se han endeudado para salvar la banca. Ganan dinero con el desastre que ellos mismos han generado. Los gobiernos decretan medidas de austeridad para reducir el endeudamiento, pero el sector financiero considera que son insuficientes y siguen especulando. Los gobiernos decretan medidas de austeridad. La gente común pierde más aún, las grandes finanzas ganan todavía más. Los culpables premiados, los inocentes castigados”.

En Reino Unido, la gran banca amenaza con que decenas de miles de empleos dependen de ellos y que las reformas y control del sector financiero dejarán sin trabajo a muchos miles. Incluso amagan con cambiar su dinero a lugares menos hostiles para sus intereses si se exige mucho a los bancos.

En el resto de Europa, los bancos presionan al Parlamento Europeo para que descafeíne las medidas de supervisión financiera que se debaten. El lado oscuro del sector financiero pretende neutralizar el control y regulación de las finanzas.

Y con tal obsceno escenario, para superar la crisis se elige el modelo de Letonia, griego, portugués, español… Subir impuestos y recortar salarios para aumentar ingresos por exportaciones. No es nuevo. Pero es estúpido, porque reducir la capacidad de gasto de la mayoría ciudadana, además de suponer violación de sus derechos, es una necedad económica.

En Estados Unidos, los bancos ganaron 70.000 millones de dólares en 2009, cuando en 2008 perdieron 36.000. Dicen que se han recuperado y que ya no es necesaria la reforma financiera. Pero no dicen que necesitaron miles de millones de dinero público para salvarse. Según The Wall Street Journal, vuelven a las andadas y sólo los bancos estadounidenses pagaron 146.000 millones de dólares en primas en 2009, el mismo año en el que todo pudo hundirse. No se hundió porque los gobiernos los rescataron con dinero de todos.

Los bancos no quieren ni oír hablar de reformar el sector financiero ni de elevar exigencias de solvencia, imponer impuestos para sufragar futuras crisis o limitar las gratificaciones a los banqueros. Y amenazan con que el crédito no fluirá si se endurecen las exigencias. Dicen que no tendrán suficiente dinero para guardar y para prestar. Suena a chantaje.

En este lamentable panorama, otro Nobel de Economía, Krugman, dice que “es hora de decir hasta aquí hemos llegado. Es preferible que no haya reforma financiera, y que haya una campaña que señale y avergüence a los culpables de la situación actual, mejor que una reforma cosmética que encubra la falta de verdadera reforma”.

Así están las cosas. Y, por si alguien no se ha enterado, el profesor de economía Juan Torres nos recuerda que “donde han predominado la falta de normas y controles, siempre ha habido más inestabilidad y crisis”. Lo confirma con el trabajo de Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff (autores de “Banking Crises: An Equal Opportunity Menace”). Sendas gráficas muestran la correlación entre mayor movilidad del capital (con disminución de regulación y del control) y crisis bancarias. Sin regulación ni control del mundo financiero volverán las crisis financieras. Cada vez peores.

Esto recuerda al Salvaje Oeste, donde lo importante es sacar el revólver más rápido que nadie.

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