Entre saqueadores y acoquinados anda el juego

El rescate del sistema financiero ha costado muchos billones de dólares. Según Nomi Prins, ex directora de Bear Stearns y Goldman Sachs, autora de It Takes a Pillage, 1,7 billones hubiesen evitado la crisis. Con ese dinero, el gobierno de Estados Unidos hubiera comprado o subvencionado todas y cada de las casas cuya cuota mensual no podían pagar sus propietarios, impago que inició este desastre más trampas del sistema bancario.

Pero cubrir las hipotecas hubiera sido mucho más barato. Aunque hubiera significado dar dinero a los ciudadanos. Imposible según el sacrosanto dogma de la mano invisible que regula todo y el Estado no interviene. Sólo se puede dilapidar si son bancos los que reciben dinero. Prins nos recuerda también que el New Deal de Roosvelt (tan citado) ayudó con mucho dinero, sí, pero reformó la economía. Hoy no se ven las reformas.

¿Por qué? En Estados Unidos, altos ejecutivos de Wall Street son quienes obtienen cargos en el Ministerio de Finanzas, pero ocupan de nuevo cargos bancarios cuando dejan el gobierno. Y, claro, entre bomberos no se van a pisar la manguera. Por eso no se reforma nada.

Ángela Merkel, canciller de Alemania, denuncia que los bancos especulan de nuevo y que la situación económica es incierta porque no se han establecido medidas de control de mercados financieros. Rafael Poch de Feliú, corresponsal en Berlín del diario La Vanguardia, nos recuerda que desde marzo de 2009, los principales índices bursátiles (Dow Jones, Nikkei, Dax) han crecido por encima del 50%. Cifras que no tienen que ver con ningún crecimiento real de producción de bienes o servicios, mayor distribución de los mismos ni mayor consumo. Pero los principales bancos de inversión (especulativa, por supuesto) repartirán 100.000 millones de dólares en gratificaciones a sus ejecutivos.

En Gran Bretaña, según el Centro para la Investigación Económica y Empresarial, en 2009 aumentan un 50% respecto a 2008 las gratificaciones de altos ejecutivos financieros. Nunca pocos han poseído tanto dinero y con tan pocas reformas, ha ironizado Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra.

Ergo, la recuperación que proclaman los medios informativos (que cada vez informan menos) no es más que especulación.

Aunque abrió la puerta de España a la contrarreforma neoliberal (iniciada en los ochenta por Reagan y Thatcher), Felipe González, ex presidente del gobierno español, ha renunciado al demoníaco neoliberalismo y hoy denuncia que la crisis fue porque el sistema económico era un casino sin reglas. Que haya reglas, entonces, si ése es el problema.

No parece posible. No en Europa. El flamante Tratado de Lisboa (que pretende ser la Constitución de la Unión Europea) prohíbe “cualquier limitación de la circulación de capital entre los estados miembros, así como entre éstos y terceros países”. Ateniéndonos al significado real de las palabras, el Tratado prohíbe cualquier  regulación de mercados financieros. Los Sarkozy, Brown, Merkel, Van Rompuy, Zapatero y compañía tendrán que explicarnos cómo saldremos de la crisis sin regular ni controlar bancos ni espacios de especulación financiera.

Acaso por eso fueron ministros de Economía del G-20 (y no de la Unión Europea) quienes pidieron al Fondo Monetario Internacional la imposición de una tasa a transacciones internacionales financieras. Y el FMI estudia alguna tasa a los bancos, pero sólo para crear un fondo de futuros rescates bancarios. Por supuesto, ha aclarado su director, no es la tasa Tobin. La tasa Tobin gravaría la especulación financiera internacional para dedicar lo conseguido a resolver los muy graves problemas del mundo (pobreza severa y hambre, por ejemplo). No, esa tasa que el FMI estudia podrían denominarse tasa de Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como.

Porque cuando banqueros, financieros y especímenes similares defienden la libertad (para oponerse a las regulaciones y controles) es la libertad del capital financiero y empresarial para acumular riqueza. A costa de lo que sea. La libertad de las personas y de los pueblos les importa un rábano.

La peor crisis de la historia y no se vislumbran normas ni control. Pero vuelve el saqueo. El profesor Juan Torres propone que los ciudadanos pongamos en marcha respuestas pacíficas, pero contundentes ante tanta injusticia y desvergüenza. Lo firmo, porque si los de abajo de la pirámide de población no nos movemos, esto no lo arregla ni dios.

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