Agonía y muerte de la verdad

La calculada filtración por republicanos estadounidenses de un discutible informe sobre narcotráfico en Venezuela permitió a medios informativos occidentales señalar como narcoestado a la República de Venezuela. Sucedía después de darse a conocer un vídeo en el que Mono Jojoy, jefe de las FARC, declaraba que financiaron la campaña presidencial de Correa en Ecuador. Y después de que estallara la polémica en Sudamérica por el acuerdo entre Colombia y Estados Unidos de que éstos establecerán 5 bases en aquel país. Bases que sustituyen la de Manta en Ecuador, desmantelada por orden del presidente Correa. Periodistas ecuatorianos y colombianos han investigado la autenticidad del video de Jojoy sobre la que se tienen muy serias dudas.

Mensajes equívocos y malintencionados o simplemente falsos. Si no tienes argumentos contra quienes perjudican tus intereses inventa, miente, manipula, oculta, descontextualiza, desprestigia…

Víctima del autoritarismo neoliberal ha sido y es la verdad. Sobre todo la verdad informativa, la que deben ofrecer los medios, contrastada, honesta, honrada, según la realidad, no los torpes intereses de una reducida minoría.

En los años sesenta del siglo XX, los avances en la emancipación de Latinoamérica se sofocaron a sangre y fuego y se organizaron cruentas dictaduras militares en Paraguay, Uruguay, Brasil, Chile, Argentina… Tras mucho daño, dolor y muerte, las dictaduras cayeron una tras otra por sus graves errores, por su nauraleza corrupta, la acción resistente y la presión de los ciudadanos comprometidos con la  libertad y la justicia.

Los años noventa y este inicio de milenio han visto un cambio de tercio en América Latina. Muchos gobiernos se inclinan más o menos hacia la izquierda, con la excepción de Colombia, México, Perú y ahora la golpista Honduras. Gobiernos a la izquierda, democráticamente elegidos, abiertos al cambio y a la transformación de las sociedades latinoamericanas en beneficio de la mayoría y, sobre todo, de los más empobrecidos. Y recurrir al golpe militar (salvo Honduras), al encarcelamiento de presos de conciencia, a la tortura, a las desapariciones, al asesinato y al horror parece no ser la respuesta principal de la minoría rica y privilegiada que pretende controlar los destinos (es decir, la riqueza) de Latinoamérica.

Pero esa minoría no ha optado por la solidaridad y la justicia. Ha descubierto que controlando prensa, radio y televisión, sellos discográficos incluso, cine y producción televisiva, no necesitan escuadrones de la muerte ni generales que ocupen a tiros los palacios presidenciales.

El objetivo y resultado de la actual estrategia de la minoría dominante es suprimir la verdad informativa. Prensa, radio y televisión ofrecen más espectáculo que información para ganar lectores y audiencia mientras desaparece el cuarto poder. Diluido en las millonarias absorciones de muchos medios informativos por corporaciones y grandes grupos de capital. En Europa está Berlusconi como botón de muestra. Poseedor de la mayoría de medios de comunicación italianos, no necesita recurrir a partidas de la porra y aceite de ricino de camisas negras para neutralizar a la ciudadanía y gobernar con total impunidad según sus intereses, incluso legislando para librarse de la cárcel.

En América Latina, la maniobra ha sido más primaria. El caso de Venezuela, cuya minoría rica preparó el fallido golpe de estado para derrocar al presidente Hugo Chávez con un prolongado tiempo de falsedades y mentiras de grueso calado en les medios nacionales que controlaban (casi todos), muestra cómo la verdad informativa es la primera víctima de la codicia neoliberal. La que no soporta la distribución de riqueza; la empecinada en dogmas de “libre mercado” (que de libre no tiene casi nada) impuestos durante veinte años, cuya aplicación ha llevado al peor desastre económico del capitalismo. Así lo demuestran demostrado economistas como Stiglitz, Krugman, Samuelson, Hudson, Klein, Torres, Palast…

Pero no sólo Venezuela. Ha habido sistemáticas falacias y ocultaciones de la verdad informativa al emitir o publicar sobre Bolivia, la Honduras de Zelaya e incluso la Argentina de Kirchner y, por supuesto, Ecuador. Son seguidores de Goebbels: repite una mentira mil veces y la tomarán por verdad. Aunque los predadores de la verdad informativa han contado con la inestimable ayuda de caracteres, inoportunidades y desplantes de algunos mandatarios que encarnan esa voluntad de cambio. Pero la suerte de los ciudadanos, los intereses de la mayoría, han de estar por encima de declaraciones presidenciales fuera de lugar.

Hay que incorporar la lucha por la verdad a la vida, a la política. Por justicia.

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