Una elecciones europeas esclarecedoras

Un 55% de ciudadanos no ha votado en las elecciones al Parlamento Europeo. O sólo ha votado un 45%, como prefieran. Voceros de guardia y cabecera de medios informativos han sentenciado que la progresiva abstención europea (en las elecciones de 1979 participó casi el 62%) es porque los partidos se han enzarzado en cuestiones nacionales y no en lo que se hace en Europa. Razón cierta, pero insuficiente.

Lo cierto es que la Unión Europa no ha reaccionado con coraje para combatir la crisis, y se empecina en las políticas neoliberales que la han provocado. Y muchos ciudadanos están hartos. Y temerosos por su futuro

Unas políticas basadas en el crecimiento y la moral de éxito, que generan individualistas. Y los individualistas se suelen volver conservadores. El resultado de estas elecciones abstencionistas ha sido una Europa aún más de derechas.

El origen de esa abstención son las actuaciones y conductas políticas de la cúpula de la Unión Europea, que ha tratado y trata a los ciudadanos europeos como menores de edad. ¿Por qué votar un Parlamento que ni siquiera ha debatido la Constitución europea (el Tratado de Lisboa) que quieren colocarnos como sea? Esa Constitución fue elaborada casi en secreto por un grupo prscticamente clandestino designado a dedo, presidido por el conservador y neoliberal ex presidente francés  Valery Giscard d’Estaign. ¿Para que votar esa Europa cuando franceses, holandeses e irlandeses votaron no a  esa Constitución, pero nos la impondrán quieras que no sin hacer cambio alguno?

Una Constitución europea que consagra una “economía de mercado altamente competitiva”, en la que ya no existe el derecho al trabajo sino “el derecho a trabajar” (que no es un derecho de la Declaración Universal de Derechos Humanos sino ve a saber qué). Una Constitución en la que servicios públicos se convierten en “servicios económicos de interés general”. Y casi elimina el concepto de lo público. Una Constitución europea en la que la reducción del déficit estatal pasa por encima de prestaciones sociales, de la vivienda protegida o del transporte y sanidad públicos... En esa Constitución la palabra “mercado” aparece 78 veces, la palabra “competencia” 27 y “progreso social” sólo una. El uso de las palabras –o su ausencia- nunca es gratuito ni inocente. Y menos en política.

Eufemismos, manipulaciones, repeticiones o ausencias que abren la puerta a la precariedad laboral endémica, a privatizaciones a mansalva, a desigualdad, a desprotección social… Y con esta crisis ya hemos visto donde llevan las privatizaciones sin freno y el imperio del mercado.

Por eso, muchos ciudadanos quizás hayan pensado ¿por qué votar en esa Europa neoliberal de la peor especie sino nos hacen caso luego? ¿Ustedes han oído que Sarkozy, Merkel, Brown, Barroso, Zapatero… hayan dicho que las lecciones de la crisis deben hacer replantear contenidos de la Constitución europea? Yo tampoco.

Pero hay otra cara de la moneda en estas elecciones abstencionistas: la conducta de muchos ciudadanos. Propia de súbditos, no de ciudadanos. De confundir emociones o miedos con razón y razones. De pensar que no va con ellos, que es grave dislate, porque se puede pasar de la política, pero la política nunca pasa de nosotros. Porque abstenerse, contra la pretensión de anarquistas, perezosos o totalitarios, no es una postura política activa. La abstención apuntala errores, disfunciones y déficits del sistema democrático. Hace más inmunes e impunes a quienes reciben poder por votos ciudadanos y deja campo libre a la arbitrariedad de los políticos profesionales y burócratas.

Navegando por Facebook hemos encontrado opiniones de ciudadanos sobre estas elecciones europeas que dan que pensar: “Los ciudadanos parecemos borregos”. “Si la gente pretende dar un voto de castigo se equivoca. Al final el poder sigue en manos de los ricos”.”Los partidos de derechas, que han defendido y defienden políticas neoliberales, causantes de la crisis, salen reforzados en las elecciones europeas. Ésta es una sociedad enferma”. “No tenemos porqué conformaros con un capitalismo que enriquece a los ricos y empobrece a los pobres”. “La felicidad no está sólo en la estabilidad y la seguridad, sino sobre todo en la libertad y la justicia, así que moved el culo, porque nada es imposible”. “El conformismo es el peor y más vergonzoso defecto del ser humano”. Y una reflexión breve, tremenda: “Tenemos lo que nos merecemos”.

Que así no sea.

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