Un mundo criminalmente corrupto y desigual

Una reciente querella contra el dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, denuncia que desvió ilícitamente 27 millones de dólares para blanquearlos con la compra de seis viviendas y tres plazas de garaje en España. Un informe del Senado de Estados Unidos indica que una cuenta de Guinea Ecuatorial en el banco Riggs ascendía a 700 millones de dólares por pagos de petróleo guineano y que el banco ayudó a Obiang a crear empresas-fantasma y abrir cuentas a su nombre y colocar parte de ese dinero.

Françoise Desset, juez decana de delitos financieros de París, ha admitido una denuncia de Transparencia Internacional, organización contra la corrupción que acusa a jefes de Estado africanos de enriquecimiento ilícito, abuso de confianza y apropiación de fondos públicos. Pide que se investiguen las fortunas acumuladas en Francia por Omar Bongo, presidente de Gabón, y Denis Sassou-Nguesso, presidente de República de Congo. Un informe de la policía francesa desvela que grandes viviendas de lujo en las zonas más caras de París, así como una flota de automóviles de lujo, son propiedad de esos presidentes.

Al otro lado del océano, Álvaro Colom, presidente de Guatemala, parece implicado en el asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg. “Si ven este vídeo significa que he sido asesinado”, grabó este abogado guatemalteco, muerto hace poco. Rosenberg  señala al presidente Colom y a otras personas como responsables de su muerte, relacionada con corrupción en el Banco de Desarrollo Agrícola, el segundo más grande de Guatemala.

En Oriente, el ex presidente surcoreano Roh Moo-hyun, implicado en una  corrupción millonaria, se ha arrojado por un precipicio cerca de su domicilio. 

En Grecia, el primer ministro conservador, Costas Karamanlis, evitó convocar elecciones anticipadas al impedir por pocos votos que se levantara la inmunidad al diputado y ex ministro de su partido, Aristóteles Pavlides, acusado de exigir comisiones para conceder un servicio de transbordadores.

En España, la Fiscalía Anticorrupción ha experimentado un incremento espectacular del 100% en investigaciones por corrupción inmobiliaria, financiación ilegal de partidos, sobornos y estafas respecto al año anterior.

En Italia, el Tribunal de Milán ha condenado al abogado David Mills a cuatro años de cárcel por corrupción. Según la sentencia, Mills mintió a los jueces para proteger a Silvio Berlusconi, y le ayudó y también a Fininvest (consorcio mediático y financiero de Berlusconi) a burlar las leyes italianas. Berlusconi sobornó con 600.000 dólares al abogado británico y éste cometió “falso testimonio” para “proporcionar impunidad a Berlusconi y al grupo Fininvest”. El Tribunal considera probado que Mills permitió a Berlusconi “mantener ingentes beneficios” en paraísos fiscales y “burlar abiertamente” las leyes italianas de medios de comunicación.

Berlusconi se ha librado -de momento- por la ley Alfano (que garantiza inmunidad a cuatro altos cargos del Estado), que se apresuró a hacer aprobar con su mayoría absoluta cuando vio las cosas mal.

Y en 2007 y 2008, nos encontramos con los millonarios escándalos Enron, World Com y otros en Estados Unidos, más Eurostat en la Unión Europea. Y en Alemania, casi todas las grandes corporaciones empresariales (Siemens, Daimler Chrysler, Volkswagen, Scherin, BMW, Henkel y Degusta…) pasan por el banquillo de los acusados por cajas ocultas, dinero negro, sobornos, engaño organizado, chanchullos y manipulaciones contables.

Según Transparencia Internacional, el 60% de los países suspende en ausencia de corrupción y casi ochenta de las 180 naciones incluidas en su informe anual puntúan menos de tres en una escala de honradez política y económica de 0 a 10.

No es una cuestión académica. Como asegura Jesús Lizcano, presidente de Transparencia Internacional en España, “se mantiene la relación entre corrupción y pobreza”. Y en el informe de Transparencia encontramos: “En los países pobres, los niveles de corrupción significan la diferencia entre la vida o la muerte, si está en juego dinero para hospitales o agua potable. (…) Los altos niveles de corrupción y pobreza en muchas sociedades del mundo son un desastre humanitario intolerable”. 

Cabe concluir que este mundo capitalista (aún neoliberal) es un mundo corrupto y criminalmente desigual. 

Habrá que hacer algo.

Lo peor de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena, decía Ghandi. Y Martin Luther King añadía: “No me duelen los actos de la gente mala; me duele la indiferencia de la gente buena”.

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