Tiempo de hacer justicia

Billonarios rescates de bancos y corporaciones financieras en EEUU y la Unión Europea. Rescates para que, además de sanear los balances envenenados de los bancos y las empresas financieras irresponsables, sus directivos y ejecutivos principales puedan cobrar jugosos dividendos, como se reconoce impúdicamente en medios informativos económicos. Pero parece que ahora llega el turno de ayudar a las empresas medianas y pequeñas, a los ciudadanos de a pie. Reactivar la economía real, dicen. En Estados Unidos anuncian que dedicarán a ello 800.000 millones de dólares y 130.000 millones en la UE. Veremos hasta donde es cierto. Uno ya no se fía ni de su sombra. Pero a la espera de comprobarlo, no podemos demorar empezar a hacer justicia.

 

Porque es tiempo ineludible de averiguar las responsabilidades de los provocadores de la crisis; inductores, ejecutores, cómplices o encubridores. Porque hay responsables del desastre económico; éste no sucedió por mala suerte. 

¿Por qué sí hay que juzgar y condenar a quien vende marihuana, por ejemplo (cuyas consecuencias negativas son aleatorias y no siempre dañinas) y no procesar, juzgar y condenar, también por ejemplo, a los responsables del especulativo aumento del precio de los alimentos que ha incrementado los millones de hambrientos y, por tanto, el número de enfermedades y muertes por desnutrición?

Es tiempo de establecer con rigor las responsabilidades de la crisis que tanto sufrimiento, dolor y muerte han causado, y causarán. Y llevar a los responsables ante la justicia.

 

Debe ser así, si queda algo de vergüenza democrática, porque la perpetración de la crisis y sus consecuencias (que aún no se sabe hasta donde llegarán) han resultado ser sobre todo una global y masiva violación de derechos humanos de cientos de millones de ciudadanos del mundo. Violación de sus derechos económicos y sociales, que también figuran en la Declaración Universal de Derechos Humanos, por cierto.

¿Excesivo? El artículo 25 de la Declaración dice que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”. Y nada de pretender argüir que no es una legislación invocable, porque sí lo es.

Varios artículos de la Declaración Universal dejan claro lo exigible a que se tiene derecho para llevar una vida digna. “Toda persona tiene derecho a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”, resume un apartado del artículo 22.

 

Esta crisis ha destapado del todo que este mundo neoliberal es lo contrario: una violación sistemática de los derechos humanos de millones de personas. La crisis es sin duda la exacerbación del sistema neoliberal, profundamente injusto y estúpidamente suicida; una exacerbación con muchas víctimas. Y, puesto que las personas tenemos esos derechos, quienes los violan deben responder. Como afirman en Amnistía Internacional, “la pobreza no es una cuestión de economía sino de derechos humanos”. Y esta crisis dolosa ha incrementado obscenamente la precariedad, la inseguridad económica y la pobreza.

Responsables de la crisis y de sus criminales consecuencias son los que Franklin Delano Roosvelt llamaba ‘bankgangsters’. Quienes ponen por encima de todo y todos su torpe, excesivo e ilegítimo afán de beneficio. Quienes niegan las reglas, vigilancia y control de la economía. Quienes, para acumular riqueza sin cesar, se saltan cualquier principio, incluso la justicia más elemental y la solidaridad. Ejecutivos y directivos financieros, dirigentes y altos funcionarios de organizaciones económicas internacionales, esa oscura red de directivos y ejecutivos de paraísos fiscales y banca offshore; especuladores de alimentos, de petróleo o de lo que se tercie con tal de aumentar indecentemente sus cuentas corrientes; mandatarios, políticos profesionales y altos funcionarios estatales, cómplices necesarios de las indecencias económico-financieras que nos han llevado al borde del precipicio…

 

Proponer que los responsables de las violaciones de derechos económicos y sociales sean llevados a los tribunales puede parecer ingenuo o irrealizable. También parecía inalcanzable acabar con la esclavitud, que hubiera una legislación internacional de limitación de prácticas bélicas, de  derechos humanos para todos… y tantos objetivos que, aún no logrados del todo, ahí están. Y se calificaron de utópicos al ser propuestos.

El filósofo Leonardo Boff, uno de los creadores de la teología de la liberación, ha escrito: “La crisis no acaba el mundo económico, sino este tipo de mundo, el neoliberal. El caos puede ser creativo, dando origen a un mundo diferente y mejor. En sánscrito, lengua matriz de las lenguas occidentales, crisis viene de kir o kri que significa purificar y limpiar”.

De eso se trata. Y en un mundo civilizado y democrático, la limpieza conlleva hacer justicia.

Anuncios

One thought on “Tiempo de hacer justicia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s