El fracaso inmenso de la cruzada contra las drogas

Mandatarios de América Latina, Caribe y Centroamérica han reconocido que los narcotraficantes tienen dinero y armas suficientes para hacer frente a muchos Estados. Reconocimiento hecho en la XVIII Cumbre Iberoamericana de hace unos días. Los mandatarios han acordado coordinarse e intercambiar información, pero ésta parece tibia propuesta ante la suma gravedad del problema.

La solución no parece ser precisamente derrotar policialmente a los narcotraficantes, algo que hasta hoy se ha manifestado practicamente imposible. Justamente se ha logrado lo contrario: sectores de policía y fuerzas armadas se han corrompido a favor de los narcotraficantes. La solución sería eliminar la posibilidad de negocio.

 

El negocio de los narcotraficantes es la venta de sustancias sedantes o estimulantes, las llamadas ‘drogas’, que han sido prohibidas hace unos setenta años. La prohibición, pero sobre todo la cruzada desatada desde los tiempos del presidente Reagan, han otorgado a las drogas una plusvalía increíble. Esa plusvalía ha enriquecido hasta extremos inenarrables a los delincuentes, y las inmensas fortunas obtenidas han permitido y  permiten comprar todo tipo de armas, transportes, infraestructuras… más muchas conciencias, mandatarios, dirigentes policiales y militares, cargos políticos y lo que haga falta.

  

Una solución (como ha editorializado en más de una ocasión el muy conservador The Economist, y también han defendido ilustres conservadores, además de personalidades progresistas) sería hacer que el negocio deje de serlo. Un modo infalible de acabar con el sucio negocio de las drogas  y sus monumentales plusvalías es despenalizarlas. A fin de cuentas, los daños sobre la salud humana que causan las drogas son parecidos a los que causa el alcohol de alta graduación o incluso el tabaco y a nadie en su sano juicio se le ocurre prohibirlos. 

Antonio Pedrol Rius, que fue presidente de la Federación de Colegios de Abogados de España hacia los ochenta y no era precisamente un hombre de izquierda, escribió en 1986 que “la guerra contra los narcotraficantes, tal  y como se está llevando por los caminos de la represión policial y judicial, se está perdiendo. Se lucha contra un monstruo económico que mueve al año cientos de millones de dólares y utiliza la corrupción. La única alternativa válida es darles la batalla en el campo económico. Vengo proponiendo reiteradamente que se declare la droga comercio del Estado”. ¿Qué diría hoy don Antonio?

  

Cuatro décadas de cruzada contra las drogas no han conseguido reducir la superficie de tierras de cultivo de plantas de las que se obtienen aquéllas ni en América Latina ni en Afganistán. Un informe presentado recientemente en el Congreso de EEUU concluye que el Plan Colombia no ha conseguido disminuir los cultivos ilegales en el país. Pretendía reducir en seis años el cultivo, procesamiento y distribución de drogas ilegales en un 50%. Ha ocurrido lo contrario.

“Los cultivos de coca y la producción de cocaína se incrementaron un 15% y 4% respectivamente”, según la Oficina General de Contabilidad del Congreso de EEUU.  Y eso a pesar de que Colombia ha recibido 5.000 millones de dólares desde 1999 para luchar contra el narcotráfico. Y situación de fracaso parecida se da en Afganistán respecto a los cultivos de amapola para elaborar heroína.

Tampoco se ha logrado reducir de modo notable la demanda de drogas en EEUU ni en Europa y, a pesar de los muchos cientos de millones de dólares dedicados a la cruzada, la ilegal y criminal industria de los narcotraficantes es hoy más prospera y fuerte que nunca. 

  

Según el Programa de la ONU para el control internacional de las drogas, éstas podrían mover entre 500.000 y 600.000 millones de dólares anuales. Dinero que hay que blanquear. Y ahí entramos en otra oscuridad de la Economía Criminal Global que se aprovecha, hace posible y alimenta uno de los peores tumores de nuestro tiempo: los paraísos fiscales. Drogas y paraísos fiscales están estrechamente relacionados, y unos y otros son igualmente criminales.

Entre los volúmenes de dinero criminal y la red oscura y opaca de dinero de los paraísos fiscales, por causa de las drogas y sus legales cómplices como los paraísos hoy nos encontramos con Estados contaminados, intoxicados, penetrados y corrompidos por el poder económico de los grupos organizados de narcotraficantes.

  

Ante tal desastre, se me ocurre pedir al presidente electo de EEUU, Barak Obama, que apunte en su apretada agenda proponerse iniciar el que sin duda será largo camino para despenalizar las llamadas drogas y así privar del negocio a los criminales narcotraficantes. Del mismo modo que las autoridades federales estadounidenses tuvieron el coraje de derogar la nefasta Ley Seca, que causó tanto daño (como reconoció el mismo Senado de Estados Unidos) durante el primer tercio del siglo XX.

Cuatro décadas de sonoros fracasos son prueba suficiente de que prohibición y  ‘cruzada’ no son el camino.

 

 

 

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2 thoughts on “El fracaso inmenso de la cruzada contra las drogas

  1. Una vez más aciertas de pleno, con prohibiciones no llegamos a ningún lado porque la juventud y la gente no tan joven prefiere jugar con lo que no se puede, antes que seguir las reglas del sistema. La rebedia es la primera causa para que la gente joven pruebe las drogas…

  2. Me da la impresión que el futuro presidente de los EEUU, Barak Obama no está por la labor de despenalizar las drogas. Lo mismo que con otros temas. Según el sabio refranero español: “el mismo perro con diferente collar.” Bsos Vicky.

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