Empezar a cambiar las cosas

(He vuelto, tras un mes de retraso por traslado de comunidad autónoma, de vivienda y todo eso, que es un lío, pero aquí estoy, a un cuarto de hora escaso del mar, en uno de los barrios más estupendos de Barcelona, el Poble Nou, para continuar dando guerra.  Y ustedes que lo vean. Cuando hay crisis agudas, como la que sufrimos y se inició hace un año, es cuando hay que crecerse y decir las cosas por su nombre. Y en esas estamos. Gracias por visitar este blog. Xavier)

El origen de esta crisis está en un modelo de crecimiento descontrolado de bancos y entidades financieras, agravado por basarse tal crecimiento en hipotecas dudosas, así como en oscuros y turbios productos de inversión. Más el hecho fundamental de que las autoridades de EEUU hayan permitido un brutal crecimiento de la pirámide de deudas, ignorando los riesgos.

Permitieron que los bancos crearan títulos de deuda de hipotecas basura, contratos de seguros de esos títulos tóxicos y otras deudas. Todo mezclado. Cuando la gente empezó a dejar de pagar sus hipotecas en California y Florida, el mercado financiero se envenenó, porque había por el mundo millones de títulos de deuda conteniendo esas hipotecas morosas e incobrables, pero bancos y entidades financieras ya habían obtenido beneficios extraordinarios. Al final, se desplomó parte del sistema financiero estadounidense, de rebote, bancos y empresas hipotecarias de la Unión Europea, y salpicó a Asia. Y suma y sigue.

A esta crisis global no se ha llegado por maldición divina sino por la obscena codicia de una minoría rica, que quería ser mucho más rica. Esa minoría ‘raptó’ parte del Estado, para que le facilitara las condiciones para su veloz enriquecimiento, para que el Estado mirara hacia otro lado y se olvidará de normas y controles. Pura corrupción, una señal distintiva de este capitalismo de casino y ruleta. La economía de humo sobre la economía real.

Para evitar el hundimiento total, la Administración Bush (probablemente el peor presidente en la historia de EEUU), utilizará 700.000 millones de dólares (el 5% del PNB nacional) para salvar lo que pueda de la quema. ¿De dónde saldrá ese dinero?

Nos lo recuerda el profesor de economía Juan Torres: Un mayor endeudamiento exterior de la economía estadounidense (colocando bonos y otros títulos de deuda en todo el mundo). Mayor impresión de dólares (a la chita callando), y dinero de los propios ciudadanos; directamente con impuestos o indirectamente por recortes del gobierno en gastos sociales como sanidad, educación o pensiones. De ahí saldrá el dinero para que los ricos, que han provocado la crisis sin que les temblara el pulso, se salven de ella sin que se les arrugue la raya del pantalón. Dinero público para tapar la estupidez, irresponsabilidad y codicia privadas.

Éste es el capitalismo de los neoliberales, de los neocon: patente de corso para una minoritaria clase de poderosos y su pequeña legión de fieles cómplices, más desregulación y mercado presuntamente libre (para hacer lo que les dé la gana) en época de vacas gordas. Si llegan las vacas flacas, entonces a lloriquear la intervención del gobierno y el dinero público para salvarse. En aras de su desmedido afán de lucro.

Como recordaba en carta al director  a un diario el ciudadano español Ulpiano Pérez Cervantes, “este capitalismo lleva ya muchas muertes y desgracias por culpa de la avaricia desbocada, los artificios financieros, la especulación sin límites, la intermediación inútil y los sujetos corruptos, tramposos y egoístas que no ven más allá de sus intereses”. Pura verdad. Yo no lo hubiera escrito mejor.

Ante la magnitud del dinero en juego, hay otra forma de ver la maldita crisis. Según Naciones Unidas, cada día mueren unos 5.000 niños ¡de sed! Para dar agua potable a todo el mundo sólo se necesitan 32.000 millones de dólares. Y en el mundo hay 925 millones de personas que pasan hambre (sesenta millones más que hace medio año). Según la ONU con 30.000 millones de dólares se acabaría con ese drama indigno. ¿Cómo es posible que el hambre y la sed letales de 1.000 millones de personas no se vean como una gravísima crisis y sí que unos cuantos grandes bancos tengan serios problemas por su incompetencia y su codicia depredadora? Si se puede abordar una, se puede abordar la otra. Como ha escrito el analista Javier Ortiz, “no es que el mundo esté mal organizado. Está bien organizado, pero a beneficio de unos pocos”.  Que siempre son los mismos, por cierto.

Lo que esta crisis ha dejado claro, como ha escrito el Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, es que “la mala gestión del riesgo por parte de los bancos de EEUU fue de proporciones colosales y consecuencias mundiales, pero los que gestionaban esas entidades se han ido a casa con miles de millones de dólares de indemnización en el bolsillo”.

Tal vez haya llegado el momento de poner la proa a los grandes sinvergüenzas globales y empezar a  cambiar las cosas de una puñetera vez.

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2 thoughts on “Empezar a cambiar las cosas

  1. No es justo. Ahora yo tendré que pagar con mis impuestos la mala cabeza de unos pocos. Si yo, hormiguita donde las haya, he pensado hasta la saciedad en tiempos de bonanza económica en meterme en una de esas hipotecas a 30, 40 ó 50 años y no lo hice, ahora tiemblo por la que se avecina. Repito ¡No es justo¡ Saludos de Vicky.

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