Algunos se quitan la careta

Cinco años de cárcel para el magistrado que ordene un pinchazo telefónico,  cinco para quien ejecute el pinchazo y cinco para quien lo filtre y para los periodistas que publiquen algo de lo que se haya dicho en ese pinchazo. Ésa es la esencia de la ley que Silvio Berlusconi ha hecho aprobar. Quién se salvó de la cárcel por delitos económicos y soborno en su anterior mandato (por una ley que aprobó gracias a su mayoría absoluta, que hacía inmunes a ciertos altos cargos), ahora prohíbe a jueces y fiscales que intervengan los teléfonos de sospechosos de delitos, excepto terrorismo y mafia. Berlusconi busca sin disimulos evitar los pinchazos telefónicos en investigaciones sobre estafas, corrupción, prevaricación, sobornos y extorsión y, por tanto, la ley despenaliza de hecho unos cuantos delitos económicos. O dicho desde otro ángulo, es una patente de inmunidad para los delincuentes económicos, los de traje, cuello y corbata. ¿Por qué será?

Partidos en la oposición, asociaciones de jueces, fiscales y abogados se oponen a tal ley, incluso la xenófoba Liga del Norte, socia de Berlusconi, ha puesto reservas.

Berlusconi, en su anterior mandato como primer ministro de Italia, tuvo pinchazos telefónicos, ordenados por fiscales o magistrados, que dieron lugar a procesos judiciales de los que finalmente se libró por mangoneos legislativos gracias a su mayoría absoluta. Para justificarse dice que esta nueva ley anti-pinchazos declara la guerra a un sistema “que no deja vivir en paz a los ciudadanos”. ¡No se puede tener mayor desfachatez! Con Berlusconi, la impunidad alcanza su máxima cota, el sistema democrático se resiente gravemente y se camina hacia una especie de plutocracia gangsteril.

Según ha contado el diario La Repúbblica, Berlusconi “tiene pesadillas con los pinchazos telefónicos y todos los días preguntaba si la ley estaba ya lista”. Los medios informativos que no son de su propiedad han señalado que el principal beneficiario de la ley es él mismo, puesto que está siendo investigado por corrupción en el llamado caso Saccá (un alto directivo de la televisión pública italiana -RAI) justamente partir de un pinchazo telefónico que grabaron a Berlusconi procurando ‘convencer’ al tal Sacca que empleara a determinadas actrices amigas  del primer ministro. Otro procedimiento judicial en el que está implicado don Silvio es el caso Mills, en el que el primer ministro está acusado de corrupción judicial por haber sobornado en 1997 y 1998 al abogado inglés David Mills.

¿Les gustan las películas de gangsters americanos de los años treinta?  En muchas se observa un proceso curioso El ‘capo’ gangster se enriquece y se hace poderoso y, cuando llega a cierta cima de poder y riqueza, le entran unas ganas irresistibles de ser honorable. Procura vestir con elegancia, asiste a la opera, hace donaciones benéficas y evita por todos los medios a su alcance que nadie recuerde su pasado. A esos hombres peligrosos, el deseo de honorabilidad les perdía. A Berlusconi, no. Por eso no disimula ni un pelo actuaciones tan zafias y groseras como aprobar leyes que le eviten directamente tener que comparecer ante los tribunales.

Por otra parte, no es tan sorprendente, puesto que Berlusconi es digno representante del nefasto sistema nefasto que sufrimos, el capitalismo neoliberal. Este escribidor hace años que sostiene que la versión neoliberal del capitalismo es en esencia un sistema gangsteril en el que prima por encima de todo la ley de la jungla como método, el beneficio incesante y en imparable aumento como objetivo, y la ausencia o máxima reducción de normas y controles (desregulación) como escenario. Esos mimbres del sistema conducen inexorablemente a la ocultación, el engaño, la falsedad… y lo que haga falta.  

Una escena de Cayo Largo, película dirigida por John Houston, puede considerarse un retrato fiel del capitalismo neoliberal. Johny Rocco, un gangster deportado que ha regresado clandestinamente a EEUU para un negocio sucio, responde a la pregunta que le hace un soldado que regresa de la II Guerra Mundial, con el que coincide en un hotel de Florida, aislados en medio de una tormenta: “¿Qué quiere Rocco?” El propio soldado responde: “Quiere más”. Y Rocco confirma: “Eso es, quiero más, más”. Y el soldado pregunta de nuevo: “¿Alguna vez Rocco tendrá bastante?” Y entonces Rocco contesta: “Nunca, nunca tengo bastante”.

Ésa es la moral del gangster, la moral del capitalismo neoliberal. Ésa parece ser la moral de Berlusconi y socios, máxime cuando se han quitado la careta y con toda frescura se allanan a sí mismos el camino para hacer lo que les de la gana sin tener que rendir cuentas a nadie. ¡Ah! y Lucio Berlusconi prepara una segunda ley, el llamado Escudo Anti Procesos, que congelará todos los juicios que impliquen a autoridades del Estado. ¡Qué morro!

 

 

 

 

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2 thoughts on “Algunos se quitan la careta

  1. En cuanto el poder ejecutivo y legislativo dicta disposiciones, leyes o resoluciones para que sus actos queden impunes ante el poder judicial o este mira hacia otro lado a cambio de ciertos beneficios, estamos en un estado dictatorial a la sombra. Gracias a Dios, que en casi todas las Constituciones (y creo que también la italiana) el pueblo tiene armas para defenderse ante esos abusos de sus empleados públicos. Bsos. Vicky.

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