La Europa que queremos

Bien venido el No de los irlandeses al Tratado de la Unión Europea. Bien venido aunque los motivos de una parte de votantes sean ‘egoístas’ o ‘ingratos’, como he leído en algún comentario editorial sesudo. Y lo aplaudo, porque, aunque no hayan sido conscientes del todo de lo que han negado, los irlandeses han alejado una norma básica de la UE que era y es la consagración de la Europa neoliberal, la del capitalismo feroz a favor de las grandes empresas corporaciones y la banca, la que consagra el retroceso de lo público en beneficio de los intereses privados (minoritarios, por cierto), la que olvida su historia de cuna y defensa de los derechos humanos…

¿Exageración? ¿Delirio de izquierdista trasnochado? Si uno se para a observar qué han hecho los euroburócratas y mandamanses de la Unión Europea (UE) en los últimos años y además lee siquiera por encima las páginas de ese Tratado, comprueba que hay una ’letra pequeña’, no por tamaño sino por oscuridad, que apunta a lo dicho. Declan Ganley, uno de los líderes defensores del No irlandés, ha explicado que la negativa al Tratado no es antieuropeísta sino todo lo contrario, porque la negativa a ese Tratado pretende “devolver Europa a los pueblos y a la democracia. No podemos aceptar una transferencia de poderes a gente que no ha sido elegida y que no tiene que rendir cuentas a los electores. Es inaceptable que ignoren a los ciudadanos.”

Porque esa es una de las razones para oponerse al Tratado, como lo era para oponerse a la anterior Constitución europea que tumbaron holandeses y franceses: a los ciudadanos sólo los consideran decorado, atrezzo, pero no cuentan con ellos. Los que dicen que ‘saben’, los que hacen y deshacen a su aire, los que mangonean, son los políticos profesionales y los euroburócratas con galones.

Si uno sigue las cosas de la UE, comprueba que muchas cosas son fruto de tejemanejes y cabildeos entre primeros ministros y ministros de los diferentes ramos, sin intervención del Parlamento Europeo ni de los parlamentos nacionales.  No contar con los ciudadanos y ciudadanas es justo lo contrario de la democracia. Que la cosa va por ahí lo expone con claridad diáfana uno de los medios que se tiene por más ‘europeísta’: El País. En la editorial del día del No irlandés dice: Hay otros argumentos para explicar el rechazo de Irlanda [al Tratado europeo]. Tienen que ver con lo absurdo de someter a referéndum cuestiones tan complejas como las que albergan las casi 400 páginas del documento de Lisboa. Es decir, los ciudadanos y ciudadanas son tontos y no entienden ciertas cosas, por tanto, las cosas importantes no se han de someter a la aprobación de los ciudadanos y se han de dejar a los que entienden, que son ellos, los que mangonean. 

Este modo de concebir la política en la que ‘los que saben’ deciden, en la Grecia clásica se llamaba ‘gobierno de los mejores’, que en griego se dice ‘aristocracia’. ¿Les suena?

Durante años se comentó que la Europa Unida derivaba velozmente a una Europa de los mercaderes, no la Europa de los pueblos y los ciudadanos. Se quedaron cortos. Cada vez ésta UE es más la Europa de una minoría privilegiada, profesionalizada en política, al servicio de las grandes empresas, corporaciones y la gran banca.

¿Para que queremos entonces esta Europa? La Europa que insufla miles de millones de euros para salvar esa gran banca codiciosa, irresponsable e incapaz en la actual crisis económica; la Europa que pretende expulsar a millones de inmigrantes, cuando estudios recientes (incluido uno de la ONU) indican que los necesitamos como agua de mayo; una Europa que no ceja en hacer retroceder parte de derechos y logros sociales conseguidos durante más de un siglo con sangre, sudor y lágrimas; una Europa que se plantea (ver acuerdos previos entre Sarkozy y Merkel) apostar de nuevo por las centrales nucleares sin hacer ningún esfuerzo que merezca tal nombre para avanzar en energías no contaminantes; una Europa que ha cedido y cede a la extorsión sistemática de la acción por la fuerza de EEUU en el mundo; una Europa que calla y no reacciona ante las graves violaciones de derechos humanos en China, Rusia, Colombia, países del antiguo imperio soviético, Indonesia, Pakistán…; una Europa que desmonta a la chita callando lo que tanto ha costado en beneficio de la inmensa mayoría…

¿Para que queremos esa Europa? Esa Unión Europea se ha construido pasándose por el forro algunos principios elementales de cualquier sistema democrático que lo sea de verdad, como que el ejecutivo surge de la correlación de fuerzas del poder legislativo y que el Parlamento controla al ejecutivo. El famoso Tratado, como antes la Constitución europea, se cocieron en muy pequeño comité. Ni Parlamentos nacionales ni Parlamento europeo ni ciudadanos intervinieron.

Bien es cierto que la tendencia a dejar de lado a los ciudadanos no es solo propia de esta Unión Europea, pero eso no justifica nada, porque la abundancia de conductas inadecuadas o injustas no las justifica. O ¿acaso el asesinato y la violación son aceptables porque se den muchos casos?

La democracia es el sistema político en el que el poder político es propiedad de los ciudadanos en conjunto, que lo delegan por medio del voto secreto, personal e intransferible, más un sistema de garantías y derechos que la ley y las instituciones de la democracia han de asegurar. Y todo lo que se aparte de esos principios es alejamiento de la democracia. Como ocurre ahora en la Unión Europea.

Europeístas de verdad somos los que pensamos en la Europa de los ciudadanos y de los pueblos, no la de la clase política, de las corporaciones, grandes empresas y la banca. Esa Europa no la queremos ni en pintura.

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4 thoughts on “La Europa que queremos

  1. En primer lugar felicidades por tu blog!
    Como de costumbre tu mirada crítica consigue ponerme las pilas y hacerme reflexionar entorno a temas que, a priori, parecen estar a años luz de mi día a día personal pero que en realidad de un modo u otro están ahí, justo detrás, resoplando en el cogote y echando el aliento a mala digestión.
    En un mundo que enloquece a pasos agigantados a cada minuto que pasa y pierde el norte por colores como el verde del papel, el negro del crudo o el oro del metal, olvidando el esfuerzo que ha supuesto durante siglos de “evolución” adquirir ciertos valores humanos por parte del ser humano (¡qué ironía!) es agradable ver como, de vez en cuando, una minoría es capaz de detener por un instante, por pequeño que sea, el reloj de la vorágine capitalista, plantarse y decir con cierto tono de sensatez que algo se está haciendo mal. Puede que sus motivos, el de los irlandeses, sean egoístas pero el ser humano por neturaleza es egoísta. Y si dicho egoísmo ha de servir para dar un repaso y un baño a los que confunden democracía con feudalismo, bienvenido sea.
    ¡Un fuerte abrazo!
    dc.

  2. Quien pueda echar un vistazo al artículo de El País que cita Xavier comprenderá como el sistema “informa” a los ciudadanos. Es una vergüenza de artículo y constituye un reflejo palmario no del pensamiento único, sino del auténtico pensamiento cero en el que pretenden que vivamos.

    Una de las claves de esta Unión europea es precisamente la opacidad desde la que las élites gobiernan nuestros intereses y nuestros anhelos. Cuando El País señala que es absurdo “someter a referéndum cuestiones tan complejas como las que albergan las casi 400 páginas del documento de Lisboa”,además de demostrar un respeto nulo por la propia ciudadanía europea, está evidenciando un hecho cierto, aunque no penetre en sus causas: los procedimientos, las normas y las instituciones europeas son auténticas entelequias no por impericia de “las élites”, sino que se apoyan en una intencionalidad que tiene como finalidad impedir el conocimiento de las mismas por los ciudadanos, lo que a medio plazo suele producirles desidia y falta de criterios claros. La opacidad es por tanto uno de los principios básicos de esta construcción europea, pero que no se olvide que tras este axioma se encuentra una calculada intencionalidad en que aquélla no tenga un auténtico carácter democrático.

    Enhorabuena por el artículo, tan lúcido como siempre.

  3. El pueblo ha dicho NO a un Tratado que les mermaba derechos democráticos. Esta respuesta significa que en Irlanda no se fían de la aristocracia (correcta palabra) política. No como en España que unos personajes públicos como son los cantantes sevillanos del grupo musical “Los del Rio”, votaron SI a la Constitución Europea porque, según ellos, lo decían los políticos que claro está son los que entienden de estos temas. Creo que la respuesta al SI es contundente. Bsos. Vicky.

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