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Así no se puede salir de la crisis

octubre 28, 2011 Deja un comentario

Tras meses de penoso espectáculo de indecisión y desunión, los países de la eurozona han alcanzado un acuerdo para presuntamente afrontar la crisis de la deuda, los ataques especulativos y la inestabilidad financiera. Llega con retraso y está por ver cómo se concreta. Y si es el acuerdo que beneficia a la ciudadanía europea. También habrá que conocer cuál es la letra pequeña del acuerdo más allá de los titulares de portada

El acuerdo dice que los bancos europeos renuncian a cobrar la mitad de la deuda griega para asegurar que cobraran la otra mitad; por contra, habrá recapitalización de la banca (70 bancos europeos necesitan 106.000 millones de euros, aunque en realidad quizás sea el doble) y el fondo de rescate se aumenta hasta el billón de euros. Como en la ruleta, aunque a simple vista no lo parezca, la banca siempre gana.

¿Respuesta a la crisis, estancamiento y amenaza de recesión? No. Porque la Unión Europea no está nada unida y se empecina en una desastrosa política neoliberal que no ha dado ninguno de los frutos esperados. La vieja Europa se tambalea, no levanta cabeza. Incluso Alemania sufre; la ciudadanía, claro, no la minoría rica.

Alemania ha crecido en macrocifras por la exportación, pero ese crecimiento no ha beneficiado a la ciudadanía. Ni siquiera a la clase media: cinco millones de alemanes ya no pertenecen a la misma porque viven bastante peor o incluso mucho peor.

Los salarios alemanes no han aumentado como la riqueza generada, es más, se han congelado y ha crecido el trabajo precario (22% de empleos), mientras el número de parados ha oscilado entre 3 y 5 millones (12%), según coyunturas temporales concretas. Pero esas cifras no incluyen a mayores de 58 años sin empleo, tampoco a parados en cursos de formación ni a desempleados que recurren a agencias privadas para buscar trabajo. Hay bastantes más parados.

Es más, un informe reciente de la ONU advierte que aumenta la brecha social en Alemania. En los últimos años la pobreza ha aumentado del 6 al 13% de la población; unas 600.000 personas son indigentes completos en tanto que 20.000 de ellas viven materialmente en la calle. Y ha aumentado la desigualdad. Hace 25 años, los directivos de grandes empresas ganaban 14 veces más que sus empleados, pero hoy ganan 44 veces más, mientras el 1% de población posee la cuarta parte de la riqueza.

Alemania es un desastroso escenario neoliberal con todas sus consecuencias. Como neoliberal es la Comisión Europea que reclama más recortes a Italia y España para reducir el gasto público, mientras en Francia, Sarkozy perpetra otro plan contra el déficit. Por ejemplo. Y eso sin hablar de Irlanda o Portugal. Podríamos seguir con la lista de calamidades en el resto de la Unión.

En España, por ejemplo, casi el 22% de hogares cae en la pobreza, cuando en 2009 eran un 19,5%. Hoy, el 36% de familias no puede afrontar gastos imprevistos, un 26% a duras penas llega a fin de mes y los salarios son cada vez más bajos; un 4,4% menos respecto al año anterior. Cáritas ha alertado de que la pobreza se hace crónica en España; se ha multiplicado el número de personas que pide ayuda. En 2007 eran 400.000, pero en 2010 ya fue casi un millón.

Son los frutos de la austeridad y de la respuesta neoliberal a la crisis, mientras la patronal, inaccesible al desaliento, insiste en que se supriman algunos impuestos, se rebajen otros y se desmantele la educación pública a favor de la privada (aunque no lo piden tan claramente). Se ha llegado a declarar que instalaciones hospitalarias pendientes de ser operativas se abrirían cuando se “pudieran permitir el lujo de abrirlas”. ¿El derecho a la salud un lujo? Puro neoliberalismo e injusticia.

¿Cual es la razón de tanta sinrazón? Antón Costas asegura que “con la economía británica en caída libre por la innecesaria austeridad de David Cameron o lo que ocurre con la economía alemana, afirmar que la austeridad es expansiva es como creer en los cuentos de hadas”. Y acusa a los mandatarios europeos de gobernar por consideraciones ideológicas, no por análisis económicos serio de las consecuencias de la austeridad sobre la economía“.

Como ha escrito Paul Krugman, “a medida que los planes de rescate fracasan uno tras otro, las personas más serias de Europa (aún más pomposas y engreídas que sus homólogos de EEUU si cabe) parecen cada vez más ridículas

Lo malo es que, más allá de que los dirigentes europeos sean ridículos, también son nefastos y actualmente se juegan la dignidad, la justicia y la felicidad de millones de personas. Porue el principal obstáculo para enfrentar la crisis es la política neoliberal que los dirigentes euopeos perpetran, la política del neurótico control del déficit, del voluntario descontrol financiero, de la utilización de la deuda para recortar derechos, del mantenimiento del secreto bancario y de la primacía de lo privado sobre lo público. Y así no se sale de la crisis. Ni de ésta ni de ninguna otra.

Dejar de ser inofensivos

abril 13, 2011 Deja un comentario

Francisco L. tiene 42 años y la última vez que ganó un salario fue en 2008. Desde entonces no ha encontrado empleo y vive en una tienda de campaña en un bosque cercano a la ciudad andaluza de Jaén. No tiene medios para otra cosa. Sus únicas pertenencias son un saco de dormir, una manta, una toalla, una bolsa con utensilios de aseo personal y una radio. Consigue agua de un pilar cercano a su tienda y come dos veces al día conservas y bocadillos. Subsiste en condiciones precarias.

Esta historia es real. Y hay millones semejantes y peores en el mundo. La crisis, claro. Sí, la crisis como estafa o la crisis como atraco. Pero, como denuncia Josep Fontana, refiriéndose a la maldita crisis, “la gran trampa, que ha hecho que nos convenzan de asumir mansamente los costes de la crisis, ha sido permitir a quienes la causaron presentar los problemas creados por un sector muy concreto del mundo económico como problema colectivo del que todos somos responsables”. Y en absoluto es así.

Sin embargo, aceptamos que reduzcan nuestros derechos y legitimamos el ataque contra ellos al no responder o, peor aún, votando a quienes desmantelan el estado de alguna justicia y cierta equidad que tanto ha costado levantar. El mal designado “estado de bienestar” no es privilegio ni lujo ni exceso, como pretende el neoliberalismo e insinúan los medios, sino un acercamiento al respeto de los derechos humanos de todos.

¿Por qué aceptamos que recorten nuestros derechos?

En un debate televisivo que vi, la cuestión a debatir era: ¿hasta donde han de llegar los recortes? No era un debate entre presuntos profesionales de la opinión y periodistas bien remunerados. En el plató había una veintena de ciudadanas y ciudadanos normales que aceptaban tranquilamente debatir sobre el ataque contra sus derechos que son los recortes presupuestarios.

Se hace buena la trampa del nazi Goebbels: la mentira repetida muchas veces suena a verdad. La falacia repetida hasta la saciedad por políticos y medios es que no hay otro camino para superar la crisis que recuperar la confianza de los “mercados” con austeridad y recortes sociales. Tiene razón José Luis Sampedro, cuando afirma que “necesitamos reeducarnos, pues pasamos por una fase de barbarie porque los valores democráticos se han degradado”.

La primera fase de esa re-educación es abrir los ojos y la segunda, no ser inofensivos. Porque hemos devenido una ciudadanía inofensiva. Quienes vulneran nuestros derechos hoy no tienen ningún temor de que los ciudadanos los pongamos en su sitio (que en muchos casos sería la prisión). Somos ciudadanos inofensivos. Salvo en África del Norte, Oriente Próximo e Islandia, dónde ciudadanas y ciudadanos luchan por sus derechos civiles y políticos, pero también económicos y sociales. Porque ningún derecho es más importante que otro.

Islandia es la excepción europea. Fue saqueada hasta la ruina por banqueros, unos pocos empresarios y un puñado de políticos, pero Islandia se recupera porque ciudadanas y ciudadanos han reaccionado con una respuesta democrática de calado. Echaron al gobierno responsable, dejaron hundirse a los bancos, promovieron investigar los delitos perpetrados y ahora hacen más democrática su Constitución. No aceptan tener que pagar las canalladas de los bancos, como ha ocurrido en otros países. Y saben que la solución no es sólo económica. Es también política: ser inofensivos como ciudadanos.

En España, la asociación ATTAC y otras organizaciones sociales han interpuesto ante la Audiencia Nacional una querella criminal contras las agencias de calificación Moody’s, Standard & Poors y Fitch por alterar el precio de la deuda pública y utilizar ilegítimamente información privilegiada en beneficio propio. Al margen del resultado, eso es empezar a dejar de ser inofensivo. Roberto Unger, que fue ministro con Lula, ha denunciado que “España es una democracia secuestrada por las grandes empresas, por una plutocracia mercantilista que ha puesto las instituciones del Estado a su servicio”. Lo malo es que juicio tan duro es aplicable a los otros 26 estados de la Unión Europea, a Estados Unidos y un montón de países más. Por tanto, la respuesta es política y nada complaciente.

¿Cuándo decidiremos dejar de ser inofensivos y exigiremos nuestros derechos?

Una especulación criminal

marzo 28, 2011 Deja un comentario

Según un informe de Lehman Brothers, la inversión especulativa en alimentos ha pasado de 13.000 millones de dólares en 2003 a 260.000 millones en 2008. La crisis de alimentos de ese año fue provocada, sin la menor duda, por el especulativo y salvaje aumento del precio de alimentos básicos, no por malas cosechas ni porque indios y chinos consumieran más alimentos que antes. Trigo o maíz subieron de media un 25%, hubo revueltas en cuarenta países y más de 130 millones de personas pasaron a engrosar la legión de hambrientos. En 2007 se había logrado reducir los  desnutridos del mundo a 850 millones, pero gracias a la especulación alimentaria ya son 1.100 millones.

El precio de los alimentos se marca con los llamados contratos de futuro, que se compran y venden durante un tiempo decenas de veces, especulando con la subida y bajada del precio. Aunque nadie busca en realidad comprar esos alimentos, solo especular, denuncia Veterinarios sin Fronteras. Por otra parte, multinacionales de alimentación como Bunge, Dupont, Cargill, ADM o Syngenta controlan más del 70% de la oferta de cereales y marcan los precios que les convienen para obtener miles de millones de beneficios. Mientras Goldman Sachs, JP Morgan, Bank of America, Santander, BBVA, Deutsche Bank… especulan con el precio de los alimentos y presentan esa inversión especulativa como sector seguro y rentable.

Pero hablamos de un derecho humano indiscutible: el derecho a la vida, a una existencia digna. Y pobreza y hambre no permiten vivir con dignidad. Por eso Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, denuncia que “es un despropósito que el precio de los alimentos sea fijado por la Bolsa. Deben ser retirados de la especulación”.

Ziegler insiste en que “los alimentos han de ser declarados bien público y su precio fijado por negociaciones entre países productores y países consumidores. El sistema para poder hacerlo lo elaboró la UNCTD (Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), pero las grandes corporaciones multinacionales han logrado descartarlo”.

Según denuncia el “Movimiento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra” (MST) de Brasil y la internacional Vía Campesina, las causas de la subida del precio de los alimentos son el control oligopólico que unas pocas empresas mantienen sobre el comercio mundial de trigo, maíz, arroz,  soja, leche…, más la especulación de grandes inversores en las bolsas de productos agrícolas. Más la pura especulación financiera, porque los bancos invierten en alimentos, más seguros que las acciones. Más las privatizaciones de los servicios públicos para la agricultura, puestos bajo el control de las empresas multinacionales. Más la obsena postura de la Organización Mundial del Comercio que transformó los alimentos en mera mercancía…

Ziegler denuncia que “son las estructuras del orden criminal del mundo las que fabrican la masacre cotidiana del hambre. Estructuras criminales como la exportación de productos a precio mucho más bajo que en el propio país, tal como hace la Unión Europea, que exporta productos agrícolas a África a precios muy bajos y destruye la agricultura africana. Y también es una estructura criminal la especulación bursátil de los grandes hedge funds (los fondos buitre) con el arroz, trigo, maíz y mijo, los alimentos básicos del mundo”.

Para Heiner Flassbeck, economista jefe en la UNCTD, la actual subida acelerada de precios de los alimentos es tan peligrosa como la de 2008. Y la causa principal continúa siendo la misma: la especulación: “Los mercados de materias primas agrícolas no pueden encontrar ya precios adecuados, porque han sido pervertidos por los aventureros financieros”, afirma Flassbeck, convencido de que la comunidad internacional debe intervenir para eliminar las burbujas de materias primas alimenticias antes de que sea demasiado tarde.

Como decía Gandhi, “el hambre es un insulto; humilla, deshumaniza, destruye el cuerpo y el espíritu; es la forma más asesina que existe”. Y Juan Torres remacha que “la pobreza no es una desgracia ni el hambre, un desastre natural. Pobreza y hambre son una infamia, un verdadero crimen organizado”. Por eso, si nuestro mundo no hubiera retrocedido en democracia y justicia en los últimos veinte años de imposición del neoliberalismo, los especuladores de alimentos y sus cómplices estarían en la cárcel, convenientemente procesados, juzgados y condenados.

Un panorama de sufrimiento

febrero 8, 2011 Deja un comentario

Lo que hay para los próximos años, aun con algún crecimiento, es un desempleo que hace poco se consideraría catastrófico, porque lo es. Tras las frías cifras hay un inmenso panorama de sufrimiento”.

Lo afirma Paul Krugman, premio Nobel de Economía. Se refiere a Estados Unidos, pero es dolorosamente válido para Europa, países árabes, sudeste asiático, África, América Latina… Sufrimiento.

Hace unos días veía un debate televisivo sobre la reforma de las pensiones públicas; cuestión candente en Europa. Un economista se enzarzó sobre índices, bases imponibles y pensiones resultantes para justificar la bondad del recorte de pensiones (que no es tal, por supuesto) en un pretendido razonamiento que me recordó aquello de Groucho Marx sobre “la primera parte contratante de la segunda parte contratante” del filme Una noche en la opera.

Esa y otras andanadas contra la línea de flotación de los derechos humanos pretenden confundir, levantar cortinas de humo contra la pura y simple verdad, los hechos mondos y lirondos.

Sobre pensiones, por ejemplo, pues las hemos sacado a colación, los hechos son que, como denuncia documentadamente Miren Etxezarreta, doctora en Economía por la London School of Economics, “el objetivo de la reforma de pensiones públicas es beneficiar las pensiones privadas, con un calado que supera el ámbito europeo por ser mundial, y que se inició con el informe del Banco Mundial de 1994”.

Y los hechos son que la FAO (organización de Naciones Unidas para la Alimentación) alerta del aumento especulativo de los precios del arroz, trigo, azúcar y cebada en 2011, como ocurrió en 2007 y 2008. Aumento de precios que sufrirán los más pobres, pero más gente vivirá más pobremente y muchos ciudadanos en general también vivirán peor.

Los hechos son que en Guatemala el aumento de los precios del maíz y del frijol negro, esenciales en la dieta de subsistencia, será catastrófico porque la mitad de los 14 millones de guatemaltecos ya viven en condiciones de pobreza y un 17% en condiciones de pobreza muy severa, según Naciones Unidas. Y en otros países latinoamericnos, tres cuartos de lo mismo. En Haití el 57% de la población vive en la pobreza, en Nicaragua el 40%, en Honduras el 32%, en Guatemala el 26%) y en Perú el 20%.

Los hechos son que, según el Banco Mundial, en el mundo hay 1.300 millones de personas que disponen de menos de  un dólar y cuarto al día. Pero según el nuevo IPM (Índice de Pobreza Multidimensional), elaborado por la Universidad de Oxford y Naciones Unidas, los pobres severos del mundo ya son 1.700 millones. El IPM incluye, además de bajos ingresos, estado de salud, nivel de nutrición, nivel de educación,  acceso a electricidad, disponibilidad de agua y disponibilidad de combustible para cocinar.

Los hechos son que según Eurostat, oficina estadística de la Unión Europea, en el último cálculo sobre pobreza, ¡116 millones de ciudadanos europeos! sufrieron cuanto menos una de las tres formas de exclusión social que contempla Eurostat: personas en pobreza, personas con privaciones materiales muy graves y personas que viven con salarios muy bajos que no les alcanza.

Los hechos son que, según Credit Suisse, el 10% de la población mundial es propietaria del 83% de la riqueza del planeta y solo un 1% de la población mundial es dueña del 43 % de la riqueza, en tanto que el 2% se ha de repartir el 50% de la riqueza mundial. Una desigualdad inadmisible.

Hace unos años, en España un dirigente presuntamente socialista justificaba las duras medidas que su gobierno emprendió (y que perjudicaban a los trabajadores) con una imagen de cuento infantil: primero ha de crecer el pastel para luego repartirlo. El pastel creció, pero apenas se repartió, salvo entre los de siempre y unos pocos más como muestra. Y durante los diecisiete  años de crecimiento constante de España desde 1992 hasta 2008 no se redujo la pobreza, que ha aumentado hasta el 20% de la población, pero sí se inició una reducción imparable del valor real de los salarios.Y ahora hacen reformas laborales que hacen más vulnerables a los trabajadores y reformas de pensiones que dejarán en el umbral de la pobreza a muchos ancianos y ancianas cuando se perpetren del todo.

En última instancia, tras la crisis y las medidas que se toman presuntamente para combatirla hay sufrimiento de personas. Mucho sufrimiento y muchas personas. Y con eso no se juega.

Contra las causas de la pobreza para acabar conb ella

septiembre 28, 2010 Deja un comentario

Más de mil millones de personas malviven con menos de un dólar diario; 30.000 niños menores de 5 años mueren cada día por enfermedades curables en países ricos; anualmente muere medio millón de mujeres en el embarazo o el parto por causas por las que ya no se muere en Europa; 1.300 millones de seres humanos no tienen ninguna asistencia médica; más de mil millones de personas no tienen acceso a agua potable; uno de cada cinco niños en el mundo no va nunca a la escuela. Y más.

Eso es la pobreza. Más allá de la frialdad y brevedad del término. Y la sufren miles de millones. Inaceptable porque no es una catástrofe natural inevitable. La pobreza la han creado y mantienen personas que explotan, desprecian o ignoran a otras personas.

Ciento ochenta mandatarios del mundo se han reunido en la ONU para revisar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM); los que se propusieron los países en 2000 para reducir la pobreza y sus principales consecuencias a la mitad. No era un propósito desmesurado, pero…

¿Como se cumplen esos ODM? Ya os adelanto que mal. En realidad muy mal porque, en 2007, el número de hambrientos se había reducido a 850 millones, pero hoy vuelven a ser 925. En 2000, el 14% del mundo pasaba hambre y los ODM proponen que en 2015 sólo sean un 7%, pero en 10 años sólo se ha conseguido reducir el hambre a un 13,5%. A pesar de que, según Joanna Kerr, Directora General de Action Aid, “luchar contra el hambre ahora sería diez veces más barato que ignorarla”, porque la mala salud de los hambrientos y otras consecuencias cuestan millones a los países empobrecidos. ¿Qué falla?

El Instituto de Investigación de la ONU para el Desarrollo Social (UNRISD) ha señalado que el plan de ODM contra la pobreza es insuficiente. E imposible para 2015 al paso que vamos. Porque los ODM ignoran el papel esencial de reducir la desigualdad y tampoco consideran que crear empleo de calidad es un medio estructural para combatir la pobreza y la hambruna. Pobreza y desigualdad están muy conectadas, asegura el UNRISD, y mientras haya tanta desigualdad, habrá tanta pobreza.

¡Por supuesto que es así!

Desigualdad y pobreza seguirán mientras continúe el sistema de mercado sin freno sin tomar medidas para proteger a los seres humanos más vulnerables y desfavorecidos: desempleados, ancianos, indígenas, niños, embarazadas, enfermos y discapacitados.

Olivier de Schutter, relator especial de Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, ha diagnosticado que “los Objetivos del Milenio han sido útiles para movilizar energías, pero ignoran las causas más profundas del subdesarrollo y del hambre”.

Esa es la cuestión. Además, los ODM actúan sin dinero suficiente por la mezquindad de los Estados y gobiernos que no cumplen sus compromisos. Llueve sobre mojado.

Veámoslo con un ejemplo diáfano. Los servicios médicos de urgencias son necesarios, imprescindibles. Pero no son suficientes. Muchos pacientes a los que Urgencias salva la vida en un primer momento han de ser llevados a las salas de los hospitales para su observación más detenida, para su seguimiento, para su tratamiento. O finalmente mueren. De igual modo, los ODM actúan como las Urgencias, y está bien, pero luego hay que ir a las causas y tratarlas a fondo. O de poco servirán todos lo ODM del mundo.

Jean Ziegler, portavoz especial de Naciones Unidas para la Alimentación, ha denunciado en varias ocasiones que la existencia del hambre es un auténtico “crimen contra la humanidad”. Pero al paso que vamos, el crimen continúa. Más ejemplos. Lo más tremendo es que, según cálculos de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo de España, imponer una tasa del 0,1% sobre las transacciones financieras, como se ha propuesto en la reunión de la ONU (pero que no forma parte de ningún acuerdo), sólo en Europa recaudaría 321.000 millones de dólares en un año. Para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2015 se necesitan 135.000 millones de dólares anuales.

Para combatir la desigualdad, la pobreza y sus terribles consecuencias, hay que poner el dinero necesario, ni un duro menos, y muy especialmente ir contra las causas. Empezando por cuestionar las creencias dominantes en la política económica actual, dice el informe de la UNRISD.

O todo este tinglado que se ha montado no servirá para nada.

Ésta no es la Europa que queremos

abril 13, 2010 Deja un comentario

El rifirrafe en la Unión Europea para llegar a un acuerdo y ayudar a Grecia ha mostrado que Alemania marca la pauta, seguida de cerca por Francia. El resto a jugar por las bandas. Alemania ha impuesto que el Fondo Monetario Internacional esté en el centro del rescate. Y Francia ha vendido el acuerdo como el mejor posible.

¿Lo es?

Ocurre que el gobierno alemán, la clase política y la minoría privilegiada alemanas miran con muy malos ojos a quienes no han hecho lo indecible para asegurar la “estabilidad”; según Alemania, claro. No quieren saber nada con los que tienen considerable déficit público. ¡La bestia negra del maldito déficit público! ¡Quienes no renuncien al déficit, a sus pompas y a sus obras, serán arrojados a las tinieblas con lamentos y crujir de dientes, y serán vilipendiados por los “mercados”, que los zarandearán y se forrarán a su costa!

Más de lo mismo. Una crisis que dura dos años, que no se supera, y continúan con los mismos errores. Reducir el déficit a toda costa, moderación salarial, recortes sociales… No aprenden. O algo peor. Porque esas medidas no relanzan la economía.

Marshall Auerback, analista económico del Instituto Franklin y Eleanor Roosevelt de EEUU, ha escrito respecto al déficit público que “con pocas y breves excepciones, el gobierno federal de Estados Unidos ha estado en deuda sin interrupción desde 1776. Doscientos treinta años con mayor o menor déficit público. Pero esa deuda no ha perjudicado las sucesivas generaciones estadounidenses ni ha restringido su libertad de acción”. O Estados Unidos no sería hoy la economía potente que es.

Auerback califica como histéricos de la sostenibilidad fiscal o terroristas del déficit público a los voceros y vocingleros contra éste. Y de esos talibanes contra el déficit hay demasiados en los núcleos decisivos de la Unión Europea.

Marshall Auerback insiste, contra los adoradores a ultranza de la reducción del déficit a cualquier precio, que la política fiscal sostenible es la que crea empleo: una oferta pública de empleo garantizado es la mejor política fiscal. Lo demás son cuentos. Pero de momento ganan los histéricos del déficit, los que defienden recortes y más recortes del gasto (sobre todo del gasto social), sin considerar que así reducen e hipotecan el presente y futuro de las generaciones jóvenes. Y remacha Auerback que la clave para una recuperación auténtica no es reducir el gasto público sino lo contrario más aplicar recortes fiscales que reduzcan la atonía de la demanda hasta eliminarla . Eso sí crea empleo. Así opina también el Nobel de economía Stiglitz. Y que esa opción funciona lo tenemos documentado, porque sucedió hace setenta años y salió bien.

Pero, ¿de verdad interesa a la minoría privilegiada europea y a sus cómplices de los estados crear el empleo necesario? Pues ésa es la Europa que nos construyen (y que los ciudadanos permitimos). Una Europa neoliberal, cicatera, cada vez más desigual y éticamente cutre. Una Europa que realmente no es la que conviene a la inmensa mayoría de europeos.

Una Europa en la que 80 millones de habitantes viven en la pobreza (el 16%). Inmigrantes, desempleados y personas sin hogar, pero también los “trabajadores pobres”, término acuñado por la neoliberal Comisión Europea para los ciudadanos que, aún teniendo un trabajo, viven en la pobreza. Así será ese trabajo. Hay un 8% en tal situación: 40 millones de ciudadanos.

Por cierto, en el año 2000, el Consejo Europeo celebrado en Lisboa acordó erradicar la pobreza de Europa para 2010. Estamos en 2010. ¿Tienen ustedes noticia de que se haya erradicado la pobreza en Europa? Según Cruz Roja, por ejemplo, el 20% de españoles tiene problemas para subsistir. Y más de un millón de ciudadanos españoles desempleados están socialmente desprotegidos. Dato muy significativo, porque España está entre la docena de países más desarrollados del mundo.

¿Y cuál ha sido la respuesta de la Unión Europea ante el aumento de pobreza? Retrasar los trabajos contra la pobreza hasta 2020.

Quienes dirigen y construyen esta Europa practican el más insolidario neoliberalismo. Creen ciegamente en él. Además, la minoría privilegiada europea nos da gato por liebre desde hace cuatro décadas. En lugar de la Europa de ciudadanos que anhelábamos, nos perpetran otra de mercaderes, banqueros, multinacionales y especuladores. Y los ciudadanos lo consentimos.

Incluso en la defensa y promoción de derechos humanos Europa retrocede y ya no es lo que era. Ahí están las normativas con tintes xenófobos como respuesta a la inmigración masiva; las actitudes y conductas islamofóbicas; la discriminación e incluso persecución de los gitanos; el abandono del derecho de asilo; la exportación de instrumentos de tortura a países que practican el terrorismo de estado; la complicidad con prácticas inicuas con detenidos por sospecha de terrorismo; el recorte de libertades en nombre de la seguridad…

Definitivamente ésta no es la Europa que queremos. Habrá que hacer algo.

Están contra los pobres, no contra la pobreza

febrero 9, 2010 1 Comentario

Silvio Berlusconi ha afirmado que “reducir los inmigrantes clandestinos significa que habrá menos criminalidad”, equiparando inmigración y delincuencia. Su gobierno ha decretado que ser inmigrante sin permiso de residencia en Italia es un delito y los inmigrantes irregulares pueden ser retenidos hasta un año y medio. O condenados a penas de seis meses a cuatro años de cárcel.

El Berlusconi que equipara inmigración sin permiso de residencia con crimen es el mismo con varios procesos judiciales por diversos delitos en marcha en los últimos años. Procesos de los que se ha escapado y escapa reformando las leyes italianas con su mayoría absoluta para conseguir retrasos, prescripción, inmunidad, archivo precipitado de causas que deviene impunidad…

Es el mismo Berlusconi públicamente acusado de relaciones con la Mafia por el arrepentido Spatuzza. El mismo del que Massimo Ciancimino (hijo del ex-alcalde mafioso de Palermo, Vino Ciancimino) ha revelado ante los jueces cómo se benefició de que su padre y otros capos de la Mafia invirtieran dinero en su macro proyecto inmobiliario Milano 2, negocio con el que Berlusconi empezó a enriquecerse.

Ese Berlusconi que convierte en delincuentes a inmigrantes irregulares ignora los datos del Istat (instituto nacional italiano de estadística). Esos inmigrantes nunca han delinquido más que los nacionales, pero si hoy se les puede atribuir más delitos es porque no tener permiso de residencia se ha convertido en delito para el gobierno de Berlusconi, no porque esos inmigrantes cometan más robos, agresiones, homicidios, estafas u otros delitos contra las personas, contra la propiedad o el patrimonio.

En España, uno de los países de la Unión Europea que más inmigración ha recibido (hasta un 10% del total de población), ha cambiado la actitud sobre la inmigración de buena parte de ciudadanos. De un 8% que desconfiaba de los inmigrantes o sentía  algún rechazo se ha pasado a un 32%. Por miedo. Miedo que la crisis favorece. Miedo atizado por políticos irresponsables y miserables.

Un estudio de 2008 de la Confederación de Cajas de Ahorro de España desmonta la falsedad sobre inmigración del incremento de delincuencia por aumento de inmigrantes. Entre 2002 y 2006, el número de delitos cometidos en España se redujo un 22%, pero en ese mismo período la población inmigrante creció un 85%. Por tanto es falso relacionar inmigración y delincuencia. Ahora, los poderosos irresponsables y codiciosos nos han precipitado en una grave crisis. Y las crisis aumentan la desigualdad, el desempleo y la pobreza. Empujan a la desesperación. Pero la indeseable situación de pobreza y desesperación, que puede generar delincuencia, no la sufren sólo los inmigrantes.

Josep Oliver, director del departamento de economía aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, nos recuerda que tenemos que estar agradecidos a los inmigrantes, porque cuando un país no pare hijos suficientes necesita inmigrantes. O se consume. El profesor Oliver también nos recuerda que la balanza fiscal de la inmigración ha beneficiado a España, porque muchos inmigrantes son jóvenes, trabajan, cotizan y recurren poco al Estado. No tienen edad para cobrar pensiones y, por no ser ancianos, no suelen recurrir a la sanidad pública. Datos contra tópicos y lugares comunes falsos. La realidad.

Y no vale esa actitud xenófoba disimulada de quienes dicen que inmigrantes sí, pero con papeles, porque los ‘sin papeles’ son los ‘malos’. Los españoles (que han emigrado por millones durante todo el siglo XX hasta prácticamente los ochenta) dicen que ellos emigraban con papeles. Es falso. Los españoles emigraban a Suiza, Alemania u otros países europeos prósperos sin papeles ni contrato de trabajo, como turistas. Y, una vez allí, se buscaban la vida. Igual que tantos latinoamericanos, marroquíes, paquistaníes, chinos o africanos subsaharianos hoy. Porque la mayoría no ha llegado en pateras.

Un dato esclarecedor. Según el PNUD (departamento de desarrollo de Naciones Unidas) la envejecida Unión Europea necesita multiplicar por dos el número de inmigrantes que se calculaba hasta 2050. Muchos millones de inmigrantes. ¿Por qué ponerle entonces puertas al campo?

Los políticos como Berlusconi, que estigmatizan la inmigración y atizan miedos y bajos instintos, en el grado que sea, son dignos representantes de un sistema egoísta, miope y miserable que, como escribe Eduardo Galeano, está en guerra contra los pobres y no contra la pobreza.

Si los ciudadanos toman las riendas

febrero 2, 2010 Deja un comentario

Haití ya no ocupa tanto espacio en las primeras páginas, pero el drama de cientos de miles de haitianos es el mismo de hace días. En el ceremonial de confusión tras el terremoto, ¿quién aborda los problemas de los haitianos? Los inmediatos: techo, alimentación, asistencia médica y sanitaria… Y los otros: reparar errores (o canalladas) socio-económicos graves y sentar las bases para un país no fallido que permita a los haitianos vivir con dignidad, respetados sus derechos humanos.

Hace diecisiete meses, Haití también ocupó las primeras páginas de los rotativos del mundo porque un atroz huracán arrasó el país. Y hubo algunas donaciones millonarias y también promesas de donaciones millonarias que ahí quedaron. También considerables fallos en el reparto de la ayuda humanitaria, la necesariamente inmediata. De los millones de dólares prometidos, bastantes no llegaron o tal vez se perdieron por el camino, pero los ciudadanos que debían ser atendidos nunca lo fueron. ¿Se repetirá la astracanada?

Sólo Dios nos puede salvar”, leemos que clama una mujer haitiana en  una dramática crónica sobre la prolongación del desastre. Para la mujer, tal vez para muchos más, dios es el último recurso para no perder la esperanza del todo.

Para lo inmediato, lo próximo y lo futuro, es bueno contar con la solidaridad de los de fuera sin esperar demasiado. Sobre todo cabe contar con la ayuda de quienes no actúan para obtener beneficio ni renta alguna, política, financiera, mercadotécnica o publicitaria; probablemente, muchas organizaciones solidarias. Pero, sobre todo, los haitianos han de empezar a aprender a contar con ellos mismos.

Alejandro Nadal, profesor e investigador del Centro de Estudios Económicos de México, nos recuerda que el principal recurso para reducir la vulnerabilidad de la población afectada por un desastre es la propia población afectada. Esa población ya está en el lugar de los hechos, conoce bien las características del lugar (y sabe como aprovecharlas) y está comprometida con la seguridad y la atención de los suyos.

Quizás suene utópico proponer que lo principal para afrontar el desastre del terremoto y sus consecuencias sean los propios haitianos; esos haitianos que deambulan perdidos y necesitados por las calles de Puerto Príncipe o de otras poblaciones del país.

Pero también debió parecer utópico cuando unos cuantos ciudadanos se enfrentaron al corrupto e injusto sistema de aristócratas y reyes absolutos que duró hasta el siglo XIX. Acaso también se vieron como utópicos los primeros obreros que se organizaron para hacer frente a la feroz burguesía industrial en Europa y Estados Unidos desde finales del XIX e inicios del XX. Tal vez se consideró utópico que Gandhi viajara por la India (sólo con su palabra y su ejemplo) para sembrar que la India debía ser independiente del poderoso Imperio Británico. Quizás se vio utópico que los ciudadanos y ciudadanas plantaran cara a las corrompidas élites comunistas de los países del este de Europa… Hasta que cayó el muro de Berlín. Como desapareció el régimen absoluto, los obreros alzaron la cabeza y la India obtuvo la independencia.

Nada es fácil ni se consigue en tiempo breve, pero si algo nos enseñan los hechos pasados es que las situaciones establecidas de injusticia, los estados de canallada incesante, incluso las desgracias generales, empiezan a resolverse cuando quienes las sufren se deciden a enfrentarlas.

No sé decir cómo, pero estoy convencido de que Haití despegará cuando los haitianos decidan que despegue. Hay ejemplos cercanos. Bolivia, por ejemplo, ha dejado de ser el país más pobre de América del Sur, elogiada incluso por el nada generoso ni solidario Fondo Monetario Internacional, aunque Bolivia, afortunadamente, no haya seguido sus nefastas recetas neoliberales sino todo lo contrario.

Bolivia, presidida por Evo Morales, ha reducido su deuda exterior a la mitad y continuará cancelándola. Tiene en marcha planes razonables de industrialización y ha conseguido hasta hoy que una cuarta parte de sus casi diez millones de habitantes (sobre todo mujeres, ancianos y estudiantes) se beneficien de una mejor distribución de la riqueza del país con una vida sin hambre ni penurias. Una vida digna.

En Haití, además de ayuda exterior bien organizada y canalizada, y de solidaridad no interesada, los haitianos han de ser conscientes de que la principal ayuda ha de venir de ellos mismos. O jamás resolverán sus problemas.

Una causa profunda de la tragedia de Haití

enero 26, 2010 1 Comentario

Catástrofes naturales, lo que se dice catástrofes completamente naturales, no existen al cien por cien. Si rascamos en ellas, hallamos insolidaridad y codicias previas, incompetencia culpable, numerosas injusticias estructurales más dosis industriales de hipocresía.

Tomemos como ejemplo el terremoto de Haití, el hundimiento (materialmente hablando) de Puerto Príncipe, su capital.

En un extraordinario y denso programa informativo elaborado por un equipo de competentes periodistas de TVE (un bien escaso en estos tiempos) sobre el desastre de Haití, averiguamos que en anteriores catástrofes no se distribuyó la ayuda humanitaria por errores logísticos. En este terremoto, la ayuda humanitaria se amontona en el aeropuerto de la capital, pero los haitianos deambulan por las calles sin nada de lo que necesitan, muchos obteniendo lo que pueden de los comercios de alimentos destruidos… Por lo menos así es al escribir estas líneas.

En el programa informativo citado, portavoces de instituciones internacionales, Cruz Roja y otras organizaciones solidarias coinciden que es un problema enorme resolver la “cuestión logística” para hacer llegar la ayuda humanitaria a los haitianos que la necesitan, que son casi todos. Falla pues, como una escopeta de feria, el “conjunto de medios e infraestructuras necesarios” (que eso es la logística) para repartir equipos sanitarios, medicamentos, alimentos, agua…

¿Falló la logística en la reunión y reparto de millones de dólares para salvar a los incompetentes, imprudentes y codiciosos grandes bancos del mundo al inicio de la crisis financiera? ¿Qué problemas concretos hay para repartir la ayuda humanitaria? ¿No hay suficiente personal? ¿No hay medios de transporte? Dicen que en Haití ya no hay Estado y eso complica todo. ¿No puede la ONU sustituir siquiera provisionalmente ese inexistente Estado?

¿Por qué ha ocurrido esa catástrofe? Sólo he oído exponer la causa última de la tragedia de Haití al buen periodista que es el reportero Vicente Romero, enviado a Haití, y a un portavoz de Intermón Oxfam. La tragedia ha sido tan cuantiosa porque en Puerto Príncipe, la capital, se hacinaban miles y miles de personas pobres que huyeron hace años de las zonas rurales y se instalaron allí en viviendas precarias; villas miseria, favelas, bidonvilles o como quieran llamar a esos agujeros de pobreza y marginalidad.

¿Y porqué se desplazaron en masa del campo a la capital? Porqué se quedaron sin trabajo ni posibilidad de tenerlo. ¿Y por qué ese desempleo masivo? Porque los genios del Fondo Monetario Internacional decidieron “liberalizar” el mercado del arroz en aras del “libre comercio”. Es decir, desposeyeron a Haití de la potestad de poner aranceles al arroz extranjero.

El resultado fue que cultivadores y recolectores de arroz de Haití quedaron a merced del sector arrocero estadounidense, subvencionado por el gobierno de los Estados Unidos. Arruinaron el arroz haitiano, vendiendo Estados Unidos el suyo mucho más barato; de hecho por debajo del precio de coste. Ésa es la libertad de comercio que entienden los Estados poderosos, las organizaciones económicas internacionales y las minorías privilegiadas y codiciosas a cuyo leal servicio están.

La película real de los hechos es ésta: el sector arrocero haitiano se hunde, los campesinos haitianos emigran a su capital y se amontonan en viviendas precarias, se produce el terremoto y las endebles viviendas (y otras que parece que no lo son) se hunden. Muchos haitianos mueren, otros muchos quedan heridos y todos sin hogar ni medios ni nada de nada deambulan por las calles de Puerto Príncipe sin futuro ni horizonte.

¿Por qué en Japón (tierra de terremotos) cuando tiembla la tierra no hay muertos o muy pocos? ¿Será porque los edificios están construidos con todos los avances arquitectónicos contra terremotos? ¿Tendrá que ver el grado de pobreza o riqueza de un país con que las catástrofes naturales sean letales o no?

Y ese grado de pobreza o riqueza, de desarrollo, ¿tiene que ver con la justicia y equidad (o no) de un sistema voraz, codicioso y predador como es el capitalista neoliberal?

Llamemos a las cosas por su nombre. Los millones de dólares que el mundo rico destina ahora a Haití no borran la responsabilidad de ese mundo en el origen de la tragedia: imponer unas políticas económicas injustas y perniciosas, además de inútiles. Por no hablar del histórico abandono de Haití por Francia o Estados Unidos, por ejemplo, en aras de sus intereses nacionales.

Un mundo organizado a beneficio de unos pocos

abril 21, 2009 Deja un comentario

La actual crisis económica demuestra el fracaso estrepitoso de la sociedad de “libre” mercado, forma elegante de denominar al centenario capitalismo. Como ha escrito Eduardo Galeano, “el mercado tendrá que pedir perdón de rodillas al mundo porque ha sido un dios implacable que nos ha conducido a la catástrofe”. Ese mercado se apoya en la calvinista cultura del éxito y en la producción del lujo como objetivo legítimo, inyecta cientos de miles de millones de dólares en los bolsillos de los zorros que esquilmaron el gallinero, pero permite que mueran de hambre o sida millones de seres humanos. Y profesa la fe de carbonero en mitos como la famosa ‘mano invisible’ que todo lo regula y controla.

 

La inamovible fe de los adoradores del mercado “libre” en el crecimiento económico constante (además de la fe en la ‘mano invisible’) como único camino de salvación va de la mano de la promoción de la opulencia y de la práctica del derroche, pues el objetivo del mercado no es satisfacer las necesidades de todos ni el crecimiento del ser humano sino crear necesidades, inventarlas si es preciso, para no parar de vender y asegurar ese crecimiento constante que arroje cada vez cuentas de resultados más abultadas, pues el mercado “libre” se inventó a partir de la codicia. No de virtudes humanas.

 

Así las cosas, la perversión llega al extremo de que, además de establecer y consagrar una economía de humo y especulación (que huele a delito), presionando hacia abajo el ‘libre’ mercado consigue que la gente viva para trabajar (cuando puede) en lugar de trabajar para vivir. Y, a pequeña escala, el capitalismo invita y empuja a las partes bajas de la pirámide (clases asalariadas y medias sin patrimonio notable) a participar en el estéril festín del consumo incesante por el consumo. No del crecimiento humano ni del bienestar interior.

 

Al final consumimos demasiado, dilapidamos, nos cargamos poco a poco el planeta y muchos se preguntan ya, ahora que le vemos las orejas al lobo, si realmente alguien se cree que esto puede crecer hasta el infinito y va hacia algún lado que merezca la pena. Por otra parte, ese mito del mercado se formula siempre como libre, pero, como se pregunta el escritor Rafael Argullol: “¿Puede ser libre una sociedad en la que la codicia, la desmedida ambición y la mentira campan a sus anchas?” Por supuesto que no.

 

Y a todo esto, un informe reciente de la OCDE (la asociación de los 30 países más desarrollados del mundo) nos desvela que 1.800 millones de trabajadores del mundo (un 60% del total) no tienen contrato laboral alguno. Y en cuanto a disponer de protección social, los trabajadores de los países empobrecidos (oficialmente ‘en desarrollo’) van desde los que sólo son la mitad del total hasta los que apenas son la cuarta parte de todos.

 

¿Quieren recordar las cifras de la desigualdad y la insultante pobreza de este mundo? Apenas 130 millones de personas poseen el 90% de las riquezas del mundo, el resto a repartir entre más de 6.300 millones. Casi 450 millones de niños y niñas sufren desnutrición y en África subsahariana una persona de cada tres sufre hambre crónica. Un niño de cada cinco no tiene acceso a la educación primaria y cerca de  novecientos millones de adultos son analfabetos, de los que dos tercios son mujeres. Diariamente mueren 30.000 niños menores de 5 años por enfermedades evitables. Más de 1.000 millones de personas no tienen acceso a agua potable y 2.400 millones de personas están privadas de instalaciones sanitarias satisfactorias.

 

¿Aún hay quien crea que la sociedad capitalista, la sociedad de mercado “libre”, es el mejor sistema posible, consustancial con el progreso y el bienestar? ¡Venga, hombre!

El domínico brasileño, teólogo de la liberación, Frei Betto, nos radiografía con lucidez esta tramposa sociedad de mercado: “Allí donde el mercado pone su mano deja marca. La mano puede ser invisible, pero sus marcas no. Sobre todo cuando deja en el desamparo a millones de desempleados. La ‘mano invisible’ manipula descaradamente nuestra vida, privilegia a unos pocos y asfixia a la mayoría”

Y entonces ingenuos e inocentes decimos que lo que pasa es que este mundo está mal organizado, pero no es cierto. Como nos recuerda el analista Javier Ortiz, “el mundo está bien organizado… pero en beneficio de unos pocos”.

 

Que la crisis nos sirva para empezar a cambiarlo todo de una puñetera vez.

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