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Así no se puede salir de la crisis

octubre 28, 2011 Deja un comentario

Tras meses de penoso espectáculo de indecisión y desunión, los países de la eurozona han alcanzado un acuerdo para presuntamente afrontar la crisis de la deuda, los ataques especulativos y la inestabilidad financiera. Llega con retraso y está por ver cómo se concreta. Y si es el acuerdo que beneficia a la ciudadanía europea. También habrá que conocer cuál es la letra pequeña del acuerdo más allá de los titulares de portada

El acuerdo dice que los bancos europeos renuncian a cobrar la mitad de la deuda griega para asegurar que cobraran la otra mitad; por contra, habrá recapitalización de la banca (70 bancos europeos necesitan 106.000 millones de euros, aunque en realidad quizás sea el doble) y el fondo de rescate se aumenta hasta el billón de euros. Como en la ruleta, aunque a simple vista no lo parezca, la banca siempre gana.

¿Respuesta a la crisis, estancamiento y amenaza de recesión? No. Porque la Unión Europea no está nada unida y se empecina en una desastrosa política neoliberal que no ha dado ninguno de los frutos esperados. La vieja Europa se tambalea, no levanta cabeza. Incluso Alemania sufre; la ciudadanía, claro, no la minoría rica.

Alemania ha crecido en macrocifras por la exportación, pero ese crecimiento no ha beneficiado a la ciudadanía. Ni siquiera a la clase media: cinco millones de alemanes ya no pertenecen a la misma porque viven bastante peor o incluso mucho peor.

Los salarios alemanes no han aumentado como la riqueza generada, es más, se han congelado y ha crecido el trabajo precario (22% de empleos), mientras el número de parados ha oscilado entre 3 y 5 millones (12%), según coyunturas temporales concretas. Pero esas cifras no incluyen a mayores de 58 años sin empleo, tampoco a parados en cursos de formación ni a desempleados que recurren a agencias privadas para buscar trabajo. Hay bastantes más parados.

Es más, un informe reciente de la ONU advierte que aumenta la brecha social en Alemania. En los últimos años la pobreza ha aumentado del 6 al 13% de la población; unas 600.000 personas son indigentes completos en tanto que 20.000 de ellas viven materialmente en la calle. Y ha aumentado la desigualdad. Hace 25 años, los directivos de grandes empresas ganaban 14 veces más que sus empleados, pero hoy ganan 44 veces más, mientras el 1% de población posee la cuarta parte de la riqueza.

Alemania es un desastroso escenario neoliberal con todas sus consecuencias. Como neoliberal es la Comisión Europea que reclama más recortes a Italia y España para reducir el gasto público, mientras en Francia, Sarkozy perpetra otro plan contra el déficit. Por ejemplo. Y eso sin hablar de Irlanda o Portugal. Podríamos seguir con la lista de calamidades en el resto de la Unión.

En España, por ejemplo, casi el 22% de hogares cae en la pobreza, cuando en 2009 eran un 19,5%. Hoy, el 36% de familias no puede afrontar gastos imprevistos, un 26% a duras penas llega a fin de mes y los salarios son cada vez más bajos; un 4,4% menos respecto al año anterior. Cáritas ha alertado de que la pobreza se hace crónica en España; se ha multiplicado el número de personas que pide ayuda. En 2007 eran 400.000, pero en 2010 ya fue casi un millón.

Son los frutos de la austeridad y de la respuesta neoliberal a la crisis, mientras la patronal, inaccesible al desaliento, insiste en que se supriman algunos impuestos, se rebajen otros y se desmantele la educación pública a favor de la privada (aunque no lo piden tan claramente). Se ha llegado a declarar que instalaciones hospitalarias pendientes de ser operativas se abrirían cuando se “pudieran permitir el lujo de abrirlas”. ¿El derecho a la salud un lujo? Puro neoliberalismo e injusticia.

¿Cual es la razón de tanta sinrazón? Antón Costas asegura que “con la economía británica en caída libre por la innecesaria austeridad de David Cameron o lo que ocurre con la economía alemana, afirmar que la austeridad es expansiva es como creer en los cuentos de hadas”. Y acusa a los mandatarios europeos de gobernar por consideraciones ideológicas, no por análisis económicos serio de las consecuencias de la austeridad sobre la economía“.

Como ha escrito Paul Krugman, “a medida que los planes de rescate fracasan uno tras otro, las personas más serias de Europa (aún más pomposas y engreídas que sus homólogos de EEUU si cabe) parecen cada vez más ridículas

Lo malo es que, más allá de que los dirigentes europeos sean ridículos, también son nefastos y actualmente se juegan la dignidad, la justicia y la felicidad de millones de personas. Porue el principal obstáculo para enfrentar la crisis es la política neoliberal que los dirigentes euopeos perpetran, la política del neurótico control del déficit, del voluntario descontrol financiero, de la utilización de la deuda para recortar derechos, del mantenimiento del secreto bancario y de la primacía de lo privado sobre lo público. Y así no se sale de la crisis. Ni de ésta ni de ninguna otra.

Primacía de derechos humanos contra la deuda

junio 15, 2011 Deja un comentario

Passos Coelho, conservador portugués recién elegido que será primer ministro, ha dicho que habrá ajustes y recortes sociales drásticos “para que Portugal recupere la confianza de los mercados”. Así ahorrarán dinero público y pagarán la deuda. Dice.

Por su parte, la Comisión Europea, Banco Central Europeo y jefes de estado y gobierno de la Unión han perpetrado el Pacto por el Euro para hacer frente a la deuda de Europa (con planes de recortes sociales) y aumentar la competitividad (rebajando salarios).

Y en España, castigada por atroz desempleo, el neoliberal Mariano Rajoy (posible próximo presidente de gobierno) ha amenazado con que “tendremos el estado de bienestar que podamos permitirnos, que se ajuste a nuestras posibilidades”.

Reducir el “estado de bienestar” está en boca de todos. Y nadie se rasga las vestiduras. Lógico, porque “estado de bienestar es el sistema social en el que se procura compensar las deficiencias e injusticias de la economía de mercado con redistribuciones de renta y prestaciones sociales a los menos favorecidos”.

Se puede reducir o recortar la vida holgada, que es el bienestar, pero no parece exigible. Y si no se compensan las deficiencias que causa la economía de mercado, no pasa nada, porque solo hay que “procurarlo”. En política, las palabras nunca son inocentes, gratuitas ni imprevistas. La vida holgada se puede recortar sin que nadie se escandalice y “procurar compensar” no obliga, solo se intenta.

Pero el respeto de los derechos humanos es otra cosa. Y, digan lo que digan políticos y voceros de la dictadura financiera, esos derechos son irrenunciables.

El artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Todos sin excepción. Y podemos recordar que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios (artículo 25, Declaración Universal de Derechos Humanos)”. O que “toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social (artículo 23)”.

¿Qué parte no entienden los neoliberales dirigentes de la Unión Europea, del Banco Central Europeo, del FMI y entidades similares?

Dirán que son principios. Por supuesto. No derecho positivo, pretenderán. Falso, porque también lo son y ahí esta la legislación internacional sobre derechos económicos y sociales. Que obliga. Pero hablamos de legitimidad y no hay mayor legitimidad que la que otorga la declaración de los derechos humanos. Nuestra legitimidad como ciudadanos es la ilegitimidad de los políticos que han traicionado a la ciudadanía que representan poniéndose al servicio del poder financiero y de las corporaciones empresariales.

Como ha recordado Juan Torres, “la causa del incremento brutal de la deuda en Europa ha sido la reducción de rentas salariales y de la recaudación de impuestos en los últimos años. La lucha contra la deuda en realidad es contra la deuda destinada a bienes y servicios públicos para la población de ingresos más bajos. El Pacto del Euro es un pacto contra los ciudadanos”.

Y Vicenç Navarro remacha que “los impuestos que pagan los ricos han descendido considerablemente en los últimos 30 años. Los ricos son más ricos y la reducción de ingresos de los estados ha hecho que se endeudaran, pidiendo préstamos a los bancos donde los ricos invierten su dinero. Los ricos, en vez de pagar impuestos, prestan al Estado el dinero ahorrado por no pagarlos y hacen negocio. Perfecto para ricos y bancos”.

Además, los países europeos muy endeudados ya no se librarán permitiendo la inflación, devaluando su divisa (que no pueden) o ahorrando, como han argumentado Stephen Mihmy Nouriel Roubini. Los planes de rescate fracasarán. Hay que reestructurar y reducir las deudas de esos países. Incluso Ángela Merkel lo ha comprendido.

Pero, sobre todo, hay que poner los derechos humanos por encima de todas las cuestiones. Como proclaman en Amnistía internacional: “Nada por encima de los derechos humanos”. Aunque parezca ingenuo. O no hay salida.

La Europa sin rostro

noviembre 22, 2010 Deja un comentario

La crisis destruye en Europa más de siete millones de empleos. Pero Europa responde con “reformas estructurales”, que dejan indefensos a los trabajadores, retrocediendo décadas socialmente. Y reforman las pensiones, recortando derechos de los futuros jubilados.

En medio de ataques especulativos implacables contra la deuda pública (que de haber leyes justas llevaría a sus perpetradores a prisión), la Unión Europea acuerda quitar el derecho de voto a los países miembros que aumenten su déficit o no lo reduzcan bastante, según criterio de la muy neoliberal Comisión Europea. La misma Comisión que pide a los países europeos del Sur que refuercen su credibilidad ante los “mercados” con más “reformas” que reduzcan el déficit público y que se acelere la conversión de las cajas de ahorro en bancos puros y duros que se sumen al festín global depredador.

Es la misma Comisión que recomienda a España tomar medidas sobre su sistema de pensiones, porque retrasar la edad de la jubilación no es suficiente. Una Unión Europea donde hay 80 millones de ciudadanos que viven en la pobreza, no sólo inmigrantes desempleados o personas sin hogar. Una pobreza que incluye “trabajadores pobres”; quienes tienen un trabajo, pero éste no les libra de la miseria. Son un 8%. ¿Qué se hizo de aquel solemne propósito de 2000 de erradicar  la pobreza de Europa para 2010?  Retrasarlo a 2020. Y, mientras tanto, millones y millones de europeos continuarán viviendo mal, sufriendo.

La vieja Europa no destaca por tratar con justicia a los países del antaño denominado “tercer mundo”. Los tratados comerciales bilaterales que intenta imponer a esos países son licencias de saqueo de sus recursos naturales y patente de corso para soslayar la protección legal del medioambiente. Como hace la holandesa petrolera Shell en el delta del río Níger. Antes Europa hablaba del comercio como servicio para el desarrollo contra la pobreza, pero hoy se quita la careta y exige sin disimulo que las empresas europeas entren en esos países sin condiciones y operen sin trabas. Y amenazan con cortar la ayuda al desarrollo de no lograr sus codiciosos objetivos.

La negociación de un acuerdo de presunto libre comercio con la India es ilustrativa. India es gran productora de medicamentos genéricos, imprescindibles para combatir enfermedades letales (sida, tuberculosis, cáncer…) en el Tercer Mundo. Los genéricos son más baratos. Las condiciones que la Unión Europea intenta imponer, esgrimiendo delirantes derechos de propiedad intelectual, amenazan la producción de esos genéricos eficaces y baratos. Es una Europa descaradamente al servicio de las corporaciones farmacéuticas. Para esta Europa, los beneficios de muy pocos se anteponen a la vida y salud de millones de personas, como denuncian Médicos Sin Fronteras y Oxfam.

El informe Hacia una estrategia de la Unión Europea sobre derechos humanos del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores lamenta que el compromiso retórico de la Unión con los derechos humanos no se traduzca en una actuación europea que promueva el ejercicio de libertades y derechos. Al contrario, las violaciones de derechos humanos en la Unión Europea (expulsiones de gitanos en Francia, discriminación implacable de inmigrantes en Italia, torturas a ciudadanos bajo custodia policial en España, torturas a prisioneros de guerra por el ejercito británico…) debilitan la credibilidad europea en derechos humanos. Además del doble rasero europeo de manga ancha complaciente con China, Myanmar o Colombia (donde se violan derechos humanos en masa) y dureza con Cuba (donde también se violan derechos, pero no tan salvajemente).

Una Unión Europea que rebaja o tira por la borda derechos democráticos y sociales conquistados con esfuerzo, solidaridad y sufrimiento durante décadas por varias generaciones ciudadanas. Una Unión Europea, cuya minoría privilegiada pretende reducir a la mínima expresión el estado social y democrático de derecho. Pero no se discute la implacable austeridad impuesta en la eurozona para reducir el déficit público. Un déficit contraído para rescatar a bancos e instituciones financieras privadas que han provocado el desastre económico.

Uno de las pocas cosas buenas de la crisis económica es que desvela la verdadera cara de los predadores de países y de la ciudadanía. Como esta Europa neoliberal, descaradamente al servicio de la minoría privilegiada, que privatiza los beneficios y socializa las perdidas.

¿Para qué queremos una Europa así?


Pura lucha de clases

julio 27, 2010 1 Comentario

En un pueblo de Cádiz, viven Francisco de 50 años, María José de 43 y la madre de ambos de 84. Desempleados, ya no perciben subsidio de paro. Los tres sobreviven con la pensión de la madre: 597 euros mensuales. Ésta es una consecuencia cotidiana, abundante y dramática de la situación económica. No sólo en España. Fruto de la crisis global de la que no salimos por los recortes de presupuesto público, pues la histeria contra el déficit mantiene el desempleo (o lo incrementa), reduce salarios, además de empequeñecer la seguridad social y la educación pública.

Recortar el déficit público es prioridad elevada a dogma. Eso y que los bancos no den créditos garantiza una prolongada crisis. Sobre eso, el economista Juan Torres explica que el Banco de Pagos Internacionales ha hecho público que la banca española es la más rentable del mundo. Pero esos rentables bancos no prestan y así paralizan la actividad económica. Neoliberalismo puro.

Larry Elliott, responsable de economía de The Guardian, recuerda que el presidente Roosevelt utilizó el gasto público para relanzar la economía americana y así el país comenzó a salir de la crisis de 1929. Pero después, Roosevelt escuchó a quienes graznaban que el  déficit presupuestario sería intolerable para futuras generaciones. Se recortó el presupuesto… y la economía norteamericana cayó de nuevo en recesión. La recesión se superó cuando Estados Unidos intervino en la Segunda Guerra Mundial, que supuso un enorme incremento del gasto público. Y la economía funcionó. En 1945, acabada la guerra, el déficit presupuestario americano alcanzaba 250.000 millones de dólares, el 120% del PIB. Pero eso no impidió que Estados Unidos se convirtiera en la primera potencia económica.

¿Qué persiguen los neoliberales cuando insisten tanto en recortar?

Según Michael Hudson, antiguo economista en Wall Street y hoy profesor en la Universidad de Misoury (Kansas City), lo que persigue el neoliberalismo es desintegrar la seguridad social, neutralizar el sistema estatal de pensiones y reducir a la mínima expresión la asistencia sanitaria y la educación públicas. Desmantelar el estado social de derecho. Esta política nació tras la caída del muro de Berlín, en Breton Woods, con el Consenso de Washington y la impagable complicidad del FMI y del Banco Mundial. Hoy, la minoría privilegiada neoliberal controla la política económica y tiene a su servicio a la mayoría de gobernantes; conservadores y socialdemócratas.

Estamos ante una renovada teología del neoliberalismo; teología porque pretenden que es la única política posible y no se puede discutir. Teología económica contra la Seguridad Social para urdir un mundo privatizado. Porque necesitan que desaparezca el sistema público de pensiones para que los asalariados contraten pensiones privadas y así la minoría privilegiada dispondría de fondos ingentes para continuar especulando sin freno.

Al mismo tiempo, Europa, Gran Bretaña, China, Japón… se empecinan en reducir su déficit drásticamente y también fomentar las exportaciones. Para crecer. Si todos recortan ¿quién podrá importar? Si nadie importa ¿quién podrá exportar? La cuadratura del círculo.

Además, la dirección de la política económica ha sido cedida a los bancos centrales, correveidiles de la banca, para que ésta continúe especulando y enriqueciéndose. Son los bancos centrales quienes dogmatizan que la única política posible es apretarse el cinturón y perjudicar a la mayoría trabajadora. Dicen que así se recuperará el sistema financiero. Pero si el sector financiero sólo puede ser rescatado recortando seguridad social, atención sanitaria y educación, ¿por qué hemos de rescatarlo?

Y una nota para dejar claro donde estamos. La Universidad de Oxford, con el apoyo  de Naciones Unidas, ha elaborado un índice más preciso para medir la pobreza. Según el mismo, hay 400 millones de pobres más en el mundo de los que creíamos. Pobre es quien dispone de menos de un dólar y cuarto diario. El nuevo índice además tiene en cuenta si se puede acceder o no a la salud, a la educación, a la electricidad, al agua saludable… Así resulta que en el mundo hay 1.800 millones de personas que sufren pobreza severa, un 27% de la Humanidad.

Pura lucha de clases, créanme. Pero no como en el siglo XIX, patrones contra obreros y viceversa. Es la perversa agresión sistemática del obsceno sector financiero contra los trabajadores, contra los derechos de la inmensa mayoría de ciudadanos del mundo.

Hay que reaccionar.

Ésta no es la Europa que queremos

abril 13, 2010 Deja un comentario

El rifirrafe en la Unión Europea para llegar a un acuerdo y ayudar a Grecia ha mostrado que Alemania marca la pauta, seguida de cerca por Francia. El resto a jugar por las bandas. Alemania ha impuesto que el Fondo Monetario Internacional esté en el centro del rescate. Y Francia ha vendido el acuerdo como el mejor posible.

¿Lo es?

Ocurre que el gobierno alemán, la clase política y la minoría privilegiada alemanas miran con muy malos ojos a quienes no han hecho lo indecible para asegurar la “estabilidad”; según Alemania, claro. No quieren saber nada con los que tienen considerable déficit público. ¡La bestia negra del maldito déficit público! ¡Quienes no renuncien al déficit, a sus pompas y a sus obras, serán arrojados a las tinieblas con lamentos y crujir de dientes, y serán vilipendiados por los “mercados”, que los zarandearán y se forrarán a su costa!

Más de lo mismo. Una crisis que dura dos años, que no se supera, y continúan con los mismos errores. Reducir el déficit a toda costa, moderación salarial, recortes sociales… No aprenden. O algo peor. Porque esas medidas no relanzan la economía.

Marshall Auerback, analista económico del Instituto Franklin y Eleanor Roosevelt de EEUU, ha escrito respecto al déficit público que “con pocas y breves excepciones, el gobierno federal de Estados Unidos ha estado en deuda sin interrupción desde 1776. Doscientos treinta años con mayor o menor déficit público. Pero esa deuda no ha perjudicado las sucesivas generaciones estadounidenses ni ha restringido su libertad de acción”. O Estados Unidos no sería hoy la economía potente que es.

Auerback califica como histéricos de la sostenibilidad fiscal o terroristas del déficit público a los voceros y vocingleros contra éste. Y de esos talibanes contra el déficit hay demasiados en los núcleos decisivos de la Unión Europea.

Marshall Auerback insiste, contra los adoradores a ultranza de la reducción del déficit a cualquier precio, que la política fiscal sostenible es la que crea empleo: una oferta pública de empleo garantizado es la mejor política fiscal. Lo demás son cuentos. Pero de momento ganan los histéricos del déficit, los que defienden recortes y más recortes del gasto (sobre todo del gasto social), sin considerar que así reducen e hipotecan el presente y futuro de las generaciones jóvenes. Y remacha Auerback que la clave para una recuperación auténtica no es reducir el gasto público sino lo contrario más aplicar recortes fiscales que reduzcan la atonía de la demanda hasta eliminarla . Eso sí crea empleo. Así opina también el Nobel de economía Stiglitz. Y que esa opción funciona lo tenemos documentado, porque sucedió hace setenta años y salió bien.

Pero, ¿de verdad interesa a la minoría privilegiada europea y a sus cómplices de los estados crear el empleo necesario? Pues ésa es la Europa que nos construyen (y que los ciudadanos permitimos). Una Europa neoliberal, cicatera, cada vez más desigual y éticamente cutre. Una Europa que realmente no es la que conviene a la inmensa mayoría de europeos.

Una Europa en la que 80 millones de habitantes viven en la pobreza (el 16%). Inmigrantes, desempleados y personas sin hogar, pero también los “trabajadores pobres”, término acuñado por la neoliberal Comisión Europea para los ciudadanos que, aún teniendo un trabajo, viven en la pobreza. Así será ese trabajo. Hay un 8% en tal situación: 40 millones de ciudadanos.

Por cierto, en el año 2000, el Consejo Europeo celebrado en Lisboa acordó erradicar la pobreza de Europa para 2010. Estamos en 2010. ¿Tienen ustedes noticia de que se haya erradicado la pobreza en Europa? Según Cruz Roja, por ejemplo, el 20% de españoles tiene problemas para subsistir. Y más de un millón de ciudadanos españoles desempleados están socialmente desprotegidos. Dato muy significativo, porque España está entre la docena de países más desarrollados del mundo.

¿Y cuál ha sido la respuesta de la Unión Europea ante el aumento de pobreza? Retrasar los trabajos contra la pobreza hasta 2020.

Quienes dirigen y construyen esta Europa practican el más insolidario neoliberalismo. Creen ciegamente en él. Además, la minoría privilegiada europea nos da gato por liebre desde hace cuatro décadas. En lugar de la Europa de ciudadanos que anhelábamos, nos perpetran otra de mercaderes, banqueros, multinacionales y especuladores. Y los ciudadanos lo consentimos.

Incluso en la defensa y promoción de derechos humanos Europa retrocede y ya no es lo que era. Ahí están las normativas con tintes xenófobos como respuesta a la inmigración masiva; las actitudes y conductas islamofóbicas; la discriminación e incluso persecución de los gitanos; el abandono del derecho de asilo; la exportación de instrumentos de tortura a países que practican el terrorismo de estado; la complicidad con prácticas inicuas con detenidos por sospecha de terrorismo; el recorte de libertades en nombre de la seguridad…

Definitivamente ésta no es la Europa que queremos. Habrá que hacer algo.

Si pagamos los de siempre, no es solución

febrero 22, 2010 Deja un comentario

Cuando despertó, el neoliberalismo seguí allí. La paráfrasis del microcuento de Monterroso (‘Cuando despertó, el dinosaurio estaba allí’) la tomé prestada de Isaac Rosa, ganador del premio Rómulo Gallegos de literatura. Expresa de modo genial como la minoría privilegiada y sus servidores aprovechan la crisis para que todo continúe igual. Caiga quien caiga.

Hace un año, esa privilegiada minoría rica tembló, acoquinada por el que parecía inminente hundimiento de Lheman Brothers. Pero llegó el Séptimo de Caballería en forma de ayuda del gobierno de los EEUU y de otros países, que rescató a esa minoría de ricos, codiciosos sin freno, especuladores e incompetentes. Los rescató con dinero de los contribuyentes . Al poco, perdieron el miedo y volvieron a las andadas. Pero la inmensa mayoría ciudadana del mundo aún no ha sido rescatada y tiene la vida pendiente de un hilo.

Se destruye empleo sin parar, muchos países se empobrecen más y ya hay 1.000 millones de hambrientos. Y osan hablar de recuperación. No hay recuperación. Quizás en cifras, meramente estadística, que maldito remedio que aporta. No hay recuperación que alivie a los ciudadanos, la única aceptable. Además, en Europa la dicha recuperación se frenó bruscamente a finales de 2009.

¿Y el G-20, que pilotaba la salida de la crisis? Palabrería sobre la imprescindible reforma financiera, regulación y coordinación. Pero nadie le pone el cascabel al gato. Nadie le mete mano a la reforma del sector financiero, como recuerda François Chesnai, “no se entiende que los Estados que rescataron los grandes bancos, comprando acciones para salvarlos de la quiebra, no ejerzan el derecho que poseer mayoría de acciones les da para eliminar abusos en remuneraciones y gratificaciones, para cortar de raíz la especulación financiera y para eliminar la renuencia a conceder créditos a la economía productiva”.

En cambio, los grupos de presión de Wall Street, defensores sin pudor de los intereses de la minoría privilegiada, sí se atreven a paralizar las propuestas de reforma financiera. Desde hace un año, en EEUU está congelado un proyecto de ley contra la evasión fiscal y el fraude utilizando paraísos fiscales.

Es decir, cuando bancos y similares han tenido dinero (público) en sus insolidarias manos, han vuelto alas andadas: operaciones oscuras, manipulación financiera desbocada, gratificaciones millonarias obscenas para ejecutivos… Pero a los ciudadanos de a pie, sacrificios. Recortes sociales y congelación o disminución de salarios.

A los bancos, de momento ni tocarlos. Ésa parece la consigna de gobiernos de países desarrollados. ¿cómo responde el gobierno de Papandreu (socialista) a la crisis aguda en Grecia? Congelando salarios de empleados públicos (los privados lo están tiempo ha), recortes sociales, aumento del IVA (impuesto que no distingue entre ricos y pobres), reformas “estructurales” (reducir salarios, retrasar edad de jubilación y despido barato)… En España, Zapatero (socialista) también prepara recortes, aumentar el IVA y reformar las pensiones (que los asalariados se jubilen más tarde y cobren menos).

Dicen esos primeros ministros socialistas que dejarse gobernar por la muy neoliberal Comisión Europea es lo mejor. Que pagué la mayoría, que son más y, además, y no pueden (o no saben) resistirse. Como ha escrito Manuel Rivas, “la crisis ha sido por la inconsciencia de los ricos y la solución es quelos pobres les echen unas mano”.

Pero no rezonga así sólo la Unión Europea, también el FMI señala que España. Grecia, Portugal… tendrán que rebajar salarios. ¡Aún más! En diez años, según la OCDE (que no es precisamente una organización de izquierda) la renta salarial española ha aumentado realmente menos de medio punto por ciento, teniendo en cuenta el valor adquisitivo verdadero, aumentos de precios y demás. En ese mismo período, la renta empresarial ha aumentado un 37%.

Para el FMI,las únicas reformas posibles son recortes para los trabajadores y clases medias modestas y mantener los privilegios de la minoría rica, del capital. No se tocan las ventajas fiscales de los ricos, su impunidad real para evadir impuestos ni los paraísos fiscales que pemiten todo esos desmanes. A los hechos me remito.

El Nobel de Economía Stigtlitz ha avisado de que que los planes de austeridad con que amenazan Grecia y España como planes contra la crisis, “pueden disparar el desempleo”.

Otro Nobel de Economía, Krugman, asegura que “antes o después este sistema desenfrenado estaba destinado a estrellarse. Y, si no se realizan cambios fundamentales [en el sector financiero] el problema volverá a repetirse”.

Más claro, el agua clara. Si paga la inmensa mayoría, da igual que suceda. No es la solución. Es lo de siempre.

Nada que celebrar y mucho que lamentar

octubre 28, 2009 Deja un comentario

Estos días se ha conmemorado el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín. Fecha para celebrar, ciertamente. En cambio es para lamentar el mismo aniversario del ‘consenso de Washington’: la peor versión del capitalismo que los siglos han visto (el neoliberalismo) cuyo antecedente fue la atroz involución conservadora perpetrada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher en los ochenta.

El cineasta Costa Gavras, comprometido siempre con la democracia y la justicia, formula así esa lamentación: “Cuando cayó el muro de Berlín pensamos que por fin el mundo sería diferente. Pero fue peor. Todo, medio ambiente, economía, paro. No se propuso una vida mejor, sólo ir hacia un mundo más oscuro”.

En la dogmática aplicación del neoliberal ‘consenso de Washington’ están las causas de la crisis que ha colocado el mundo al borde del desastre. Redactado por un oscuro economista del Institute for International Economics en noviembre de 1989, pretendía ser inicialmente un listado de directrices económicas para América Latina. Pero el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y otras entidades internacionales rápidamente lo canonizaron como único programa económico posible para impulsar el crecimiento mundial. Demasiado tarde la crisis feroz les ha arrancado la venda de los ojos.

En esa dogmática lista de políticas económicas que es el ‘consenso de Washington’, se impone reordenar las prioridades del gasto público (entiéndase recortar el gasto público social). También es inaplazable la reforma fiscal (es decir, quienes tienen más, que paguen menos). Así como imprescindible liberalizar el comercio internacional (los países ricos hacen lo que quieren, pero los pobres y emergentes han de renunciar a sus aranceles). Por supuesto, hay que liberalizar la entrada de capitales extranjeros (descontrol y alfombra roja a la evasión de impuestos y ocultación de capitales). Y es indiscutible la desregulación de lo financiero (ahí está la crisis para demostrar cuan acertada fue tal directriz). Además de privatizar lo público (¿porque impedir que una minoría se enriquezca con lo que es de todos?).

Eso es el ‘consenso de Washington’. Quien pretenda que nada tiene que ver con la crisis demuestra que no hay peor ciego que quien no quiere ver. Hemos hablado y escrito sobre la crisis hasta la saciedad, pero hay que remachar que las causas de la crisis (reconocidas y confesadas con golpes de pecho y presunto arrepentimiento) no son más que la fiel aplicación de las políticas económicas del consenso de Washington. Como Chicago en los años 30, el de Capone, Moran y Frank Nitti; esto quiero, esto cojo.

En la lúcida versión del humorista español El Roto, el desorden neoliberal perpetrado hace veinte años se sintetiza en un humor agudo ilustrado con siniestras figuras de hombres poderosos, bien vestidos y gesto feroz o con abrumadas imágenes de pobres sorprendidos: “Si nada ganábamos cuando se forraban, porque hemos de perder cuando se la pegan. ¿El capitalismo? Una manita de pintura y como nuevo. Todo lo que dé dinero debe ser privado, y lo que arroje pérdidas, público. ¡Así que el desarrollo sólo era delincuencia! ¡La operación ha sido un éxito: hemos conseguido que parezca crisis lo que fue un saqueo!”

Recurrimos de nuevo a Costa Gavras cuando dice que “volvemos a los años anteriores a la Revolución Francesa, en los que una minoría, la nobleza, lo tenía todo. Hoy parece revivir aquello: una mayoría que hace todo el trabajo y consigue que la sociedad funcione, frente a la nueva aristocracia de los capitalistas. Necesitamos otra revolución, sin sangre, pero una revolución. Para cambiar esta situación”.

Hay que enfilar el hilo en la aguja y no estaría mal que fueran  hechos y no palabras. Por ejemplo, volver a pelear por un impuesto a los movimientos especulativos de capital. Lo propuso en 1971 quien fue Nobel de Economía en 1982, James Tobin. La tasa Tobin es un 0,1% sobre el capital que se mueva para especular. Otro Nobel de Economía, Stiglitz, se ha sumado a quienes reclaman la implantación de dicha tasa. Para mostrar que es posible y no delirio de izquierdoso fumado, el gobierno de Lula impondrá un Impuesto de Operaciones Financieras (2%) al capital extranjero de operaciones especulativas con divisas en Brasil.

No es la revolución, pero todo es empezar.

Tiempo de hacer justicia

noviembre 29, 2008 1 Comentario

Billonarios rescates de bancos y corporaciones financieras en EEUU y la Unión Europea. Rescates para que, además de sanear los balances envenenados de los bancos y las empresas financieras irresponsables, sus directivos y ejecutivos principales puedan cobrar jugosos dividendos, como se reconoce impúdicamente en medios informativos económicos. Pero parece que ahora llega el turno de ayudar a las empresas medianas y pequeñas, a los ciudadanos de a pie. Reactivar la economía real, dicen. En Estados Unidos anuncian que dedicarán a ello 800.000 millones de dólares y 130.000 millones en la UE. Veremos hasta donde es cierto. Uno ya no se fía ni de su sombra. Pero a la espera de comprobarlo, no podemos demorar empezar a hacer justicia.

 

Porque es tiempo ineludible de averiguar las responsabilidades de los provocadores de la crisis; inductores, ejecutores, cómplices o encubridores. Porque hay responsables del desastre económico; éste no sucedió por mala suerte. 

¿Por qué sí hay que juzgar y condenar a quien vende marihuana, por ejemplo (cuyas consecuencias negativas son aleatorias y no siempre dañinas) y no procesar, juzgar y condenar, también por ejemplo, a los responsables del especulativo aumento del precio de los alimentos que ha incrementado los millones de hambrientos y, por tanto, el número de enfermedades y muertes por desnutrición?

Es tiempo de establecer con rigor las responsabilidades de la crisis que tanto sufrimiento, dolor y muerte han causado, y causarán. Y llevar a los responsables ante la justicia.

 

Debe ser así, si queda algo de vergüenza democrática, porque la perpetración de la crisis y sus consecuencias (que aún no se sabe hasta donde llegarán) han resultado ser sobre todo una global y masiva violación de derechos humanos de cientos de millones de ciudadanos del mundo. Violación de sus derechos económicos y sociales, que también figuran en la Declaración Universal de Derechos Humanos, por cierto.

¿Excesivo? El artículo 25 de la Declaración dice que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”. Y nada de pretender argüir que no es una legislación invocable, porque sí lo es.

Varios artículos de la Declaración Universal dejan claro lo exigible a que se tiene derecho para llevar una vida digna. “Toda persona tiene derecho a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”, resume un apartado del artículo 22.

 

Esta crisis ha destapado del todo que este mundo neoliberal es lo contrario: una violación sistemática de los derechos humanos de millones de personas. La crisis es sin duda la exacerbación del sistema neoliberal, profundamente injusto y estúpidamente suicida; una exacerbación con muchas víctimas. Y, puesto que las personas tenemos esos derechos, quienes los violan deben responder. Como afirman en Amnistía Internacional, “la pobreza no es una cuestión de economía sino de derechos humanos”. Y esta crisis dolosa ha incrementado obscenamente la precariedad, la inseguridad económica y la pobreza.

Responsables de la crisis y de sus criminales consecuencias son los que Franklin Delano Roosvelt llamaba ‘bankgangsters’. Quienes ponen por encima de todo y todos su torpe, excesivo e ilegítimo afán de beneficio. Quienes niegan las reglas, vigilancia y control de la economía. Quienes, para acumular riqueza sin cesar, se saltan cualquier principio, incluso la justicia más elemental y la solidaridad. Ejecutivos y directivos financieros, dirigentes y altos funcionarios de organizaciones económicas internacionales, esa oscura red de directivos y ejecutivos de paraísos fiscales y banca offshore; especuladores de alimentos, de petróleo o de lo que se tercie con tal de aumentar indecentemente sus cuentas corrientes; mandatarios, políticos profesionales y altos funcionarios estatales, cómplices necesarios de las indecencias económico-financieras que nos han llevado al borde del precipicio…

 

Proponer que los responsables de las violaciones de derechos económicos y sociales sean llevados a los tribunales puede parecer ingenuo o irrealizable. También parecía inalcanzable acabar con la esclavitud, que hubiera una legislación internacional de limitación de prácticas bélicas, de  derechos humanos para todos… y tantos objetivos que, aún no logrados del todo, ahí están. Y se calificaron de utópicos al ser propuestos.

El filósofo Leonardo Boff, uno de los creadores de la teología de la liberación, ha escrito: “La crisis no acaba el mundo económico, sino este tipo de mundo, el neoliberal. El caos puede ser creativo, dando origen a un mundo diferente y mejor. En sánscrito, lengua matriz de las lenguas occidentales, crisis viene de kir o kri que significa purificar y limpiar”.

De eso se trata. Y en un mundo civilizado y democrático, la limpieza conlleva hacer justicia.

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Llamar a las cosas por su nombre

octubre 17, 2008 1 Comentario

El humorista El Roto ha expresado en una ilustración humorística lo que ocurre con la dichosa crisis. Sobre el mar, un gran trasatlántico y la frase de alguien que se supone grita: “El capitalismo se hunde, banqueros y ricos, primero”. Es un excelente resumen de la crisis y de como le hacen frente.

Desde hace veinte años sufrimos la versión neoliberal del capitalismo; es decir, la de los enemigos de la presencia del Estado en la economía, los defensores a ultranza de la privatización de todo y del sacrosanto mercado que (presuntamente) regula la actividad económica; por su fe, los neoliberales son enemigos del Estado del bienestar, de la sanidad y de la enseñanza públicas, entre otras cosas. Pues bien, ellos son responsables del desastre y, para perpetrarlo, han contado con la también neoliberal e irresponsable complicidad de organismos financieros internacionales como el FMI, el Banco Mundial y la OMC. Pero no se confundan, éste no es un problema de dictadura ideológica (la de los neoliberales, presentes en todos los ámbitos de poder) con consecuencias terribles. Es más soez. Más vulgar.

El periodista Ramón Muñoz nos ha ofrecido una implacable visión de muchos de esos sujetos causantes de la crisis. Nos recuerda en un espléndido artículo (que se puede leer en www.attacmadrid.org) que en este capitalismo neoliberal, directivos y consejeros de grandes corporaciones tienen privilegios faraónicos (sueldazos enormes, opción a acciones, vacaciones lujosísimas pagadas, aviones jet de empresa…) y escasas responsabilidades. Si las acciones suben, ganan fortunas; si bajan o incluso la empresa quiebra, ganan también. Y, además, tienen indemnizaciones de escándalo cuando son despedidos.

“Las mayores empresas financieras de Wall Street (Merrill Lynch, JP Morgan, Lehman Brothers, Bear Stearns y Citigroup, ¿os suenan?) – ilustra Muñoz- pagaron más de 3.000 millones de dólares en cinco años a sus máximos ejecutivos, precisamente cuando inflaban las cuentas, ocultando préstamos incobrables en paquetes de fondos y activos oscuros (para maquillar los balances y que no aparecieran las pifias), que han provocado la mayor crisis financiera de la historia”. Lehman Brothers aprobó millones de dólares para los directivos que salieran de la empresa mientras negociaba el rescate de la quiebra con dinero federal. El consejero delegado de la aseguradora AIG, rescatada con fondos públicos, gastó 322.000 dólares en 2007 en viajes privados en el reactor de la empresa ya en plena crisis. Para celebrar que el gobierno había salvado de la quiebra a AIG con dinero público (o sea, de los ciudadanos y ciudadanas), sus directivos pasaron un fin de semana a pan y cuchillo en un lujosísimo hotel californiano de 800 euros la habitación: gastaron más de 440.000 dólares en sólo dos días. Stanley O’Neal, presidente de Merrill Lynch, en 2007 gastó 357.000 dólares en avión y coche para uso privado. Se fue hace un año, con las mayores pérdidas de la historia de Merrill Lynch , pero se llevó 160 millones de dólares.

Hace treinta años, los ingresos medios de los máximos directivos de corporaciones estadounidenses eran 36 veces superiores al sueldo medio de un trabajador; en 1989, 71 veces, y el año pasado, 275 veces más que el salario de sus trabajadores, según “The Institute for Policy Studies and United for a Fair Economy”. Bonos, gratuitas opciones a acciones, sueldazos, cuentas ilimitadas de gastos… configuran el millonario escenario de la reducida clase de directivos del capitalismo neoliberal. ¿Cuándo se hará un estudio a fondo sobre qué han hecho y hacen esos sujetos para ganar tales cantidades?

Y para que el panorama sea completo, esas poderosísimas empresas que se iban o se han ido al traste en la dichosa crisis, en medio de los excesos de sus directivos, tienen que ver con las masas de dinero oscuro depositadas en paraísos fiscales. Sin embargo, en el mar de propuestas ante la crisis, no se ha oído ninguna sobre medidas para aflorar dinero negro y acabar con la impunidad de los paraísos fiscales ni tampoco con el secreto bancario ni con la negrura de tanto dinero global refugiado en esos paraísos.

Esta crisis no hubiera sido posible con control y vigilancia reales de los movimientos financieros, pero es imposible ese control y esa vigilancia con una cincuentena de paraísos fiscales en activo.

Algunos próceres y dirigentes políticos vislumbran ahora que control y vigilancia no son malos. Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, propone tomar medidas urgentes contra ciertos sospechosos fondos de inversión para regular mejor el sistema financiero. “Propongo un sistema muy simple, que ninguna institución financiera escape a la supervisión ni a la regulación”, ha dicho. Y el primer ministro británico, Brown, plantea “un plan de reformas para corregir la debilidad de la arquitectura de supervisión de las finanzas”. En plata sería hablar de la inexistencia de vigilancia y control de bancos y movimientos financieros.

Quizás los políticos profesionales europeos han comprendido por fin lo que el presidente Lula de Brasil proclamó hace poco: “Se acabó eso de que el mercado lo puede todo”.

Que gran verdad, entre tanto, ¿por qué no llevar ante la justicia a los responsables de esta crisis que tanto dolor, sufrimiento e incluso muerte causa y causará?

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