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Un fascismo camuflado se extiende por Europa

abril 16, 2012 Deja un comentario

El filósofo alemán Jürgen Habermas ha escrito y repite siempre que puede que en Europa se está desmantelando la democracia. Veamos. En España, por ejemplo, el gobierno reforma el Código Penal. Para sancionar a los violentos en manifestaciones. Pero es también es un pretexto. Porque lo que buscan de verdad es amedrentar a la ciudadanía pacífica que se opone en masa a la violación de sus derechos. Buscan que la gente tenga más miedo al sistema. Así lo reconoció Felip Puig, consejero de Interior del gobierno nacionalista de Cataluña, aliado del Partido Popular. Tal para cual.

Por eso crean nuevos delitos como “atentado a la autoridad por resistencia pasiva o activa grande”. ¿Qué es esa resistencia pasiva grande? No notificar a la delegación del gobierno que un colectivo de ciudadanos se manifestará. El incumplimiento de un formalismo administrativo puede convertir en detenidos y encarcelados a manifestantes pacíficos.

La reforma crea también otro delito, el de integración en organización criminal para quienes difundan a través de Internet convocatorias de movilización violenta. O (y eso es lo que les interesa más) simplemente que esas movilizaciones no hayan sido notificadas a la delegación del gobierno; también ese delito será el de los que no abandonen un lugar tras indicarlo la Policía, aunque permanezcan en el lugar pacíficamente.

Fascismo es toda doctrina o práctica política que se pase por sistema o por ley los derechos humanos por el forro. Y eso ocurre ahora en toda Europa y ocurrirá más si la ciudadanía no lo impide. Un fascismo sin brazos alzados, esvásticas ni águilas imperiales. El fascismo que utiliza el miedo y la fobia al extraño, al diferente. Pero no renuncia a la violencia callejera; tal vez la de provocadores. Porque la utilización de provocadores es vieja como la Historia. Y esa violenciade provocación genera otra indiscriminada por parte de las fuerzas de seguridad contra la ciudadanía resistente pacífica. Como la que hubo en Valencia, Madrid y Barcelona en las últimas semanas.

Por esos hechos, Amnistía Internacional denunció el uso de fuerza excesiva por fuerzas policiales contra manifestantes pacíficos. Sus informes indican que la policía cargó de modo indiscriminado; las imágenes pudieron verse en le Red y son muy claras.

¿Es casualidad, por otra parte, que el gobierno del Partido Popular haya indultado recientemente a cinco mossos d’esquadra (agentes de policía autonómica de Cataluña) condenados por el Tribunal Supremo por torturas, lesiones, maltrato y detención ilegal de un ciudadano falsamente acusado de robo?

El fascismo de hoy en Europa ha sustituido los uniformes pardos o negros y las liturgias delirantes por el control férreo de los medios de comunicación que utilizan para desinformar, engañar, ocultar, hipnotizar colectivamente, manipular y mantener desorientada y adormecida a la ciudadanía.

Amedrentar y fobia, dos caras de la misma política del miedo propia del fascismo. Fobia contra los inmigrantes, por ejemplo (antaño fueron los judíos), convertidos en chivo expiatorio. Y amedrentar a toda una Europa con el espantajo del déficit y la austeridad obligatoria como única (falsa) salida. Porque el miedo genera pasividad y fatalismo, inmoviliza. Y eso busca el poder financiero, autentico dueño de Europa.
El regreso del inicio del fascismo, maquillado de ritual democrático, se inició en los noventa: Berlusconi en Italia. Hasta The Economist lo consideraba una nueva forma de fascismo, una amenaza al Estado de derecho. Y el actual primer ministro, Mario Monti (designado a dedo por el poder financiero), no ha cambiado esa fascistoide situación italiana ni un ápice. Su objtivo es otro: que el poder financiero no se cabree.
Porque lo que de verdad molesta al poder financiero es la democracia; la de verdad, por supuesto. Irrita a los integrantes de la minoría que se sientan en los consejos de administración de bancos, corporaciones globales y grandes empresas; porque pone coto a su codicia y reconoce los derechos de la mayoría. Son ellos quienes sustituyen gobiernos elegidos democráticamente por tecnócratas designados en opacos cónclaves.

Pero hay más síntomas de ese desmantelamiento de la democracia. Estonia rehabilita a sus nazis, Lituania olvida el holocausto y Hungría deviene autoritaria. Y “en muchos países europeos del antiguo bloque oriental se abre paso una versión fascista de la historia“, denuncia el periodista alemán William Totok. Además, Dinamarca recuperó viejas restricciones a la libre circulación de personas; una norma comunitaria europea autoriza el internamiento sin juicio hasta año y medio de inmigrantes sin papeles y la expulsión de menores. En Francia e Italia deportaron en masa extranjeros gitanos… Huele a años treinta del siglo XX.
Y cuando Viktor Orban, primer ministro de Hungría, tomó medidas autoritarias (purgar la administración y los medios informativos de voces críticas) e inició proyectos contra la libertad de prensa o la división de poderes… no pasó nada. Pero cuando Orban pretendió que el parlamento húngaro pudiera vetar las directivas europeas o someter el Banco Central de Hungría al control directo del gobierno de ese país, entonces la Comisión Europea clamó que ”los valores europeos” peligraban en Hungría.
¿Ven la farsa? Habermas tiene razón: en Europa se está desmantelando la democracia.

Contra política de austeridad, auditoría de deudas públicas

diciembre 19, 2011 1 Comentario

Recortes presupuestarios, restricciones sociales, menor protección social, peor atención sanitaria, peor educación, rebaja de salarios, despidos, precariedad… Todo por la deuda.

En Europa, pagar la deuda y sus intereses se ha convertido en terreno sagrado. Con tremendos costes sociales. De nada ha servido introducir en las constituciones que pagar la deuda es prioritario para cualquier gobierno. Ni tampoco imponer planes de austeridad con recortes de gasto público para que los gobiernos tengan liquidez para pagar sus deudas y las de bancos privados. El poder financiero quiere más. Nunca tiene bastante.

Los “mercados”, capitaneados por Goldman Sachs y con la ayuda torticera de las agencias de rating, atacan el euro y a la Unión Europea. Como dicen en las películas de gangsters, no es nada personal; solo son negocios. Enormes beneficios para los especuladores de la deuda. Y sube la prima de riesgo de la eurozona, incluso la de Francia. Hasta Alemania ve como aumentan los intereses a pagar por sus bonos. La deuda deviene hidra de siete cabezas que amenaza con dejar muy mal parada a Europa. Y, de rebote, llevar al mundo a una crisis económica crónica.

¿Qué diablos pasa con la deuda? Preguntémonos qué tipo de deudas son las que alimentan ese baile de los malditos en Europa. Porque evidentemente no todas las deudas son aceptables; las hay ilegítimas u odiosas.

En derecho internacional, ilegítima u odiosa es la deuda pública contraída contra los intereses de la ciudadanía. Aquella cuyos fondos se emplean para fines inaceptables, como adquirir medios y armas para reprimir a la población. O contraída para fines muy discutibles, como comprar navíos de guerra, submarinos, cazabombarderos y helicópteros de combate. Eso ha hecho el gobierno griego comprando armamento a Francia y Alemania, cuando su deuda ya era enorme. Deudas ilegítimas, contraídas a espaldas de la ciudadanía, contra sus derechos, deteriorando o destruyendo el medio ambiente. Esas deudas no se pagan. Y antes, auditarlas.

Una auditoría de la deuda debe analizar el contexto social del país que contrae la deuda; averiguar quien la firmó, para qué es el préstamo, cómo han evolucionado los tipos de interés, qué supone el pago de la deuda en el PIB, si ha habido condiciones para conceder el préstamo (como exigir privatizaciones de empresas y servicios públicos)… Así se averigua si la deuda es legítima o no.

Las auditorías no son nuevas. Empezaron en los ochenta del siglo XX, cuando la deuda ahogaba a países de África y América Latina. Y con las auditorías, la respuesta política.

En 2002, Argentina dejó de pagar su deuda contra toda regla y costumbre. Los “expertos” le auguraron todo tipo de males, sin embargo, no pagar la deuda fue clave para la recuperación del país. Entre 2007 y 2008, el gobierno de Ecuador presidido por Rafael Correa, tras una rigurosa auditoría, canceló deudas ilegítimas contraídas por entidades públicas con bancos privados. Se ahorraron 300 millones de dólares, que se utilizaron para mejorar la sanidad pública, la educación y crear puestos de trabajo. En noviembre de 2008, Ecuador decidió suspender el reembolso de deuda que vencía en 2012 y 2030, porque la auditoría de la deuda concluyó que era eminentemente especulativa y fuente de pérdida de capacidad soberana del estado.

En Asia, a finales de los noventa, mientras Tailandia e Indonesia se hundían estranguladas por sus deudas y agravada la situación económica por la austeridad impuesta por el FMI, Malasia ignoró olímpicamente las recetas neoliberales de austeridad y sorteó con fortuna la crisis que destrozaba a sus vecinos.

Ante el fracaso de las políticas neoliberales austeras impuestas para pagar la deuda, en Grecia, intelectuales, parlamentarios, y organizaciones ciudadanas han creado una plataforma por la auditoría de la deuda. En Francia, asociaciones y organizaciones sociales y ciudadanas se preparan para auditar la deuda. En Túnez y en Irlanda, las organizaciones ciudadanas trabajan en esa misma línea. En España, ATTAC y otras entidades cívicas reivindican no reconocer ni pagar deuda alguna de la eurozona y hacer una auditoría de todas esas deudas nacionales para determinar su legitimidad y actuar en consecuencia.

Las auditorías de la deuda, y anularla cuando sea el caso, son un derecho democrático tan esencial como el derecho a la información. Son medios de participación ciudadana, de aportación de transparencia y de control democrático de la conducta de los poderes públicos. Por fortuna, ante la cronificación de la crisis, crece el movimiento europeo por la auditoria de las deudas.

Contra un sistema corrompido

julio 29, 2011 Deja un comentario

Esperemos hacernos ricos y retirarnos antes de que se derrumbe este castillo de naipes”, decía el email de un ejecutivo de la agencia de calificación de solvencia Standard & Poor’s, que pudieron leer los investigadores del Congreso de Estados Unidos en la indagación sobre causas y responsables de la crisis financiera. “Estamos vendiendo nuestra alma al diablo de los beneficios”, se podía leer en otro correo electrónico de un alto empleado de Moody’s. Ambos correos, muy reveladores.

Las agencias de rating comenzaron a trampear en los ochenta al trabajar para las propias compañías a las que calificaban. Empezaron a ocultar irregularidades de sus clientes y maquillar resultados. Moody’s aceptó otorgar una calificación superior a la empresa financiera Countrywide Financial, tras la protesta airada de sus directivos por una baja calificación.

Es conocido que, en 2007 y 2008, las agencias de rating dieron la calificación de solvencia más alta a productos financieros envenenados. Miles de productos financieros tóxicos (muchos relacionados con hipotecas basura, que no se cobrarán jamás), recibieron la máxima nota de solvencia. A añadir la desfachatez de que las propias agencias de rating habían contribuido a diseñar esos productos en algún caso.

Mala fe, engaño y, sobre todo, codicia obscena en la perversa mutación de las agencias de rating. ¡Todo por la pasta! Las mismas que amenazan a la Unión Europea si reestructura la deuda de Grecia.Pues desde hace semanas, Europa sufre una crisis intensa por ataques especulativos contra las deudas soberanas, está amenazada por otro estallido financiero y con varios países miembros asomándose al abismo. A esa crisis contribuyen las agencias de rating con sus discutibles calificaciones de insolvencia. Los bonos de deuda portuguesa, por ejemplo, han sido reducidos a basura por las agencias sin siquiera considerar el durísimo (e injusto) plan portugués de recortes, incluido un arbitrario impuesto del 50% de la paga extraordinaria navideña. Y España, Italia o Irlanda han de pagar tres, cuatro o cinco mil millones más de intereses por su deuda debido a la desconfianza inducida por las agencias; porque si una deuda soberana aparece como menos fiable, da más intereses a quien la compra.

Europa no puede permitir que tres empresas privadas estadounidenses la destrocen”, declaró la comisaria europea de Justicia, Viviane Reding. Y el gobierno alemán las acusa de ser un oligopolio y todos claman por ponerles coto… Toda Europa arremete contra las agencias de rating. Pero nadie mueve un dedo.

¿Se verá obligada Europa a pactar con las agencias una posible reestructuración de la deuda? Pero ¿quién diablos ha elegido a esas agencias?

Puesto que dirigentes políticos y económicos europeos no mueven ficha, mientras las maquinaciones de las agencias de rating arrojan a la pobreza e inseguridad a millones de europeos, una primera respuesta ciudadana contra esas insaciables agencias ha sido la querella presentada en la Audiencia Nacional de España por dos partidos políticos de izquierda y varias entidades ciudadanas (ATTAC, Observatorio de Derechos Económicos y Sociales…). Los querellantes han aportado ejemplos de la Unión Europea mostrando como las agencias siguen un patrón para hundir la deuda soberana en beneficio de terceros. Terceros como fondos de inversión (Capital Group, BlackRock, Vanguard…), que casualmente son accionistas de las agencias y se benefician del mayor interés que han pagar los gobiernos. También en Portugal se han querellado contra las agencias de rating. Y sería bueno que cundiera el ejemplo.

Agencias de calificación, bancos y aseguradoras de productos financieros constituyen un tridente perverso. Porque a la indecencia de las agencias de rating y la insaciabilidad de la banca (que cada vez presta menos porque especula) cabe sumar la voracidad de los poseedores de seguros de impago (CDS). El negocio de los CDS consiste en que cuando no se paga (deuda en este caso) cobra quien ha contratado un seguro de impago. Pero todo es muy oscuro, tanto que la propia Merkel ha dicho que esos CDS son como si alguien contratara un seguro contra incendios de la casa de su vecino… y luego le prendiera fuego para cobrarlo. Los CDS hoy mueven 61 billones de dólares de la economía; mucho más que toda la economía real.

Este sistema está corrompido. Muy podrido. Como ha escrito el asesor financiero Marco Antonio Moreno, “sólo el colapso total de los bancos centrales y del sistema financiero podrá derrocar a los detentadores de seguros de impago (CDS) de su tiranía, y devolver el mundo a una economía real.

De momento, recurrir a la vía judicial contra los responsables de la crisis no es mala idea.

Somos mayoría absoluta y los dueños de la soberanía

marzo 9, 2011 1 Comentario

Al mismo tiempo que las revueltas árabes, en el estado de Wisconsin, Estados Unidos, crece un movimiento sindical y ciudadano de protesta. El gobernador republicano, Scott Walker, pretendía eliminar el derecho de negociación colectiva de los trabajadores públicos: sólo mejoras salariales y encima con el límite de la inflación estatal. Los trabajadores públicos ocuparon el Congreso de Wisconsin para evitar la aprobación de la ley y los sindicatos convocaron a manifestaciones solidarias en varias ciudades, que congregaron a decenas de miles de ciudadanos. Un sondeo de The New York Times indica que el 60% de la población del país apoya a los trabajadores públicos. Algo se mueve.

El veterano progresista Ralph Nader cree que la próxima rebelión ciudadana podría ser en Estados Unidos. La protesta de Wisconsin es mucho más que una reclamación sindical. Es defender la libertad y justicia logradas por los trabajadores contra la reaccionaria pretensión de desmontar el estado de derecho y bienestar. Da igual que aduzcan combatir el déficit. Es un pretexto soez. Lo de Wisconsin es un ataque en toda regla contra los derechos de los trabajadores y los ciudadanos por parte del conglomerado financiero y corporativo empresarial, que tiene en el partido Republicano estadounidense al mejor defensor de sus intereses. Ataque que intentarán propagar por todos los Estados Unidos, mutilando gravemente el sistema democrático.

Jeffrey Sommers, profesor de Stockholm School of Economics, cree que “este movimiento es diferente, no tiene portavoces; la gente se organizó, tomó decisiones, actuó y sus acciones dieron resultado. A estudiantes, profesores y otros empleados públicos se unieron policías y bomberos. Los policías ofrecieron café a los manifestantes encerrados en el Capitolio”. Acaso esta vez sea diferente; sí.

¿Y la vieja Europa? Bien, gracias. Como si no pasara nada, salvo…

Conocemos la respuesta ciudadana de Islandia. El gobierno neoliberal dimitió acorralado por las protestas ciudadanas, que forzaron un referéndum sobre el pago de la deuda de los bancos, y más del 90% de ciudadanos decidió que no habría dinero público para la banca. Ignacio Escolar ha escrito al respecto que “los islandeses se negaron a socializar pérdidas y dejaron que la banca quebrase. Islandia ahora crece y el año que viene su presupuesto público tendrá superávit: su situación económica es bastante mejor que la de países como Grecia o Irlanda”.

En Grecia, muchos ciudadanos se niegan a pagar peajes, tasas hospitalarias y billetes de transporte público que, por cierto, han aumentado un 40%. Cunde la desobediencia civil económica.

En Francia, la creciente desigualdad propicia una irritación social que aumenta. Una desigualdad que ocasiona que un tercio de franceses vivan peor que el año pasado y no puedan pagar la calefacción este invierno. Una encuesta de L’Humanité Dimanche indicó que más de la mitad de franceses desea una revuelta popular, aunque el mismo porcentaje cree que hoy no son capaces de hacerla. Pero Rafael Poch ha señalado con lucidez que “la actual aparente indiferencia y quietud europeas pueden transformarse en grandes turbulencias, si no se cambia la actual política. La política de austeridad, los recortes sociales, el aumento del paro y la subida de la factura de la luz aumentan la sensación de estafa”. Y el Nobel de economía Stiglitz recuerda que “el neoliberalismo es una doctrina política, nunca respaldada por la teoría económica ni por la experiencia histórica, que sirve a determinados intereses”.

Porque la política neoliberal (hoy enarbolada contra el déficit) no es más que “una verdadera revolución de los ricos contra los pobres, de los mercados contra la soberanía cívica”, como ha escrito Luis García Montero. Sin olvidar, como desvela Daniel Raventòs, que “los ‘mercados’ son falaz eufemismo para designar a las grandes empresas transnacionales, los grandes grupos bancarios y los grandes especuladores”. Es decir, grandes delincuentes de guante blanco, si no se hubieran derogado las normas económicas y penales anteriores a la contra reforma neoliberal iniciada a finales de los ochenta.

En última instancia, tanto en Estados Unidos como en Europa, es urgente interiorizar la propuesta del Nobel de la Paz, Sam Daley-Harris: “Dejar de pensar que no hay soluciones, que no importa lo que hagamos o que la solución no depende de nosotros. Y dejar de actuar en solitario”. En África del Norte lo han tenido en cuenta y les va bien.

A fin de cuentas, trabajadores y trabajadoras, ciudadanos y ciudadanas, somos mayoría absoluta en el mundo. Y dueños del poder político y de la soberanía.

La revolución ciudadana empieza en países musulmanes

febrero 28, 2011 Deja un comentario

Cuando el 17 de diciembre Mohamed Bouazizi se prendía fuego, en protesta porque la policía de la dictadura de Ben Alí le había confiscado su puesto de frutas, nadie imaginaba que sería el inicio de una nueva revolución ciudadana.

Túnez y Egipto se rebelan contra sus regímenes; miles de marroquíes salen a la calle y exigen reformas políticas; en Argelia el gobierno autoritario sofoca las manifestaciones con un enorme despliegue policial; en Libia, la ciudadanía exige que Gadafi y su régimen desaparezcan; en Bahrein, los ciudadanos se manifiestan por la democracia y la monarquía responde matando; en Jordania, se manifiestan y el rey promete reformas; en Yemen se extiende la protesta y la policía mata; en Cisjordania se manifiestan contra el gobierno de la Autoridad Nacional Palestina, al que acusan de corrupto y autoritario…

Una revolución ciudadana parece haber empezado en Oriente Próximo y Norte de África. Vicenç Navarro nos desvela que los medios informativos, sin embargo, han ofrecido una incompleta e interesada imagen de la emblemática revuelta egipcia, presentándola como una acción de jóvenes de clases medias a partir de Facebook, Twitter y otras redes sociales. Por supuesto que los jóvenes que utilizaron Internet jugaron un papel importante, pero la rebelión egipcia es más, mucho más. Navarro precisa que “la revolución egipcia no se inició hace unas semanas. El pasado reciente de Egipto es un tiempo de luchas obreras brutalmente reprimidas, pero incesantes. Sólo en 2009 hubo 478 huelgas prohibidas, claramente políticas (…) La resistencia obrera democrática, infiltrada en los sindicatos oficiales, fue clave en las movilizaciones y en la huelga”.

Y el periodista egipcio Hossam el-Hamalawy ratifica que en los últimos tres años, todos los días ha habido huelga en alguna fábrica de Egipto. Huelgas económicas y políticas. Desde el primer día de la revuelta, la clase obrera ha estado en masa en las protestas. Decenas de miles de trabajadores protestaron en la calle y fueron a la huelga (…) Casi todos los sectores de la economía egipcia han estado en huelga estos días.”

El 6 de abril de 2008 hubo huelga y miles de egipcios se manifestaron contra la subida de precios y la dictadura de Mubarak. La policía abrió fuego, mató a tres personas e hirió a 90. Y nació el “Movimiento 6 de Abril” contra la dictadura. La rebelión egipcia no ha sido sólo la plaza de Tahrir. Tahrir ha sido lo más televisivo de la revolución, pero la rebelión se fraguaba en todo el país hace tiempo. Su próximo antecedente, 2004: manifestaciones masivas en varias ciudades egipcias contra la represión, la corrupción política gubernamental, los sueldos míseros y la pobreza; porque en Egipto el 40% malvive con menos de un dólar y cuarto al día. Ahí está el origen de la revuelta.

Pero en ese panorama de movimientos ciudadanos y de los trabajadores contra las dictaduras del Norte de África y Oriente Próximo, Europa ha afianzado a los dictadores. Con exquisito trato de aliados y acuerdos económicos preferentes. O vendiéndoles armas, como por ejemplo a Libia por valor de 1.400 millones de dólares: las armas que masacran al pueblo libio.

Como ha dicho la eurodiputada Marietje Schaake citando a Luther King, “hay un momento en el que el silencio se convierte en traición”. El silencio y la pasividad de la Unión Europea ante las implacables y corruptas dictaduras del Norte de África y Oriente Próximo.

Esta Europa neoliberal y plutócrata ha traicionado los ideales de la Revolución Francesa, ha pisoteado los valores de la revolución ciudadana que generó la democracia y ha hecho la vista gorda ante las constantes violaciones de los derechos humanos, la injusticia y la corrupción de esos regímenes dictatoriales. A cambio de gas, petróleo y control inmigratorio. Como ha escrito Javier Valenzuela, Europa ha sido un obstáculo para las libertades en el Magreb y en el valle del Nilo. Tanto presumir de derechos humanos y Europa ha olvidado las primeras palabras del articulado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Por eso actúa tan miserablemente como lo hace.

Europa necesita sin duda una nueva revolución ciudadana y tiene como ejemplo a las que han iniciado las ciudadanías de los países musulmanes.

La Europa sin rostro

noviembre 22, 2010 Deja un comentario

La crisis destruye en Europa más de siete millones de empleos. Pero Europa responde con “reformas estructurales”, que dejan indefensos a los trabajadores, retrocediendo décadas socialmente. Y reforman las pensiones, recortando derechos de los futuros jubilados.

En medio de ataques especulativos implacables contra la deuda pública (que de haber leyes justas llevaría a sus perpetradores a prisión), la Unión Europea acuerda quitar el derecho de voto a los países miembros que aumenten su déficit o no lo reduzcan bastante, según criterio de la muy neoliberal Comisión Europea. La misma Comisión que pide a los países europeos del Sur que refuercen su credibilidad ante los “mercados” con más “reformas” que reduzcan el déficit público y que se acelere la conversión de las cajas de ahorro en bancos puros y duros que se sumen al festín global depredador.

Es la misma Comisión que recomienda a España tomar medidas sobre su sistema de pensiones, porque retrasar la edad de la jubilación no es suficiente. Una Unión Europea donde hay 80 millones de ciudadanos que viven en la pobreza, no sólo inmigrantes desempleados o personas sin hogar. Una pobreza que incluye “trabajadores pobres”; quienes tienen un trabajo, pero éste no les libra de la miseria. Son un 8%. ¿Qué se hizo de aquel solemne propósito de 2000 de erradicar  la pobreza de Europa para 2010?  Retrasarlo a 2020. Y, mientras tanto, millones y millones de europeos continuarán viviendo mal, sufriendo.

La vieja Europa no destaca por tratar con justicia a los países del antaño denominado “tercer mundo”. Los tratados comerciales bilaterales que intenta imponer a esos países son licencias de saqueo de sus recursos naturales y patente de corso para soslayar la protección legal del medioambiente. Como hace la holandesa petrolera Shell en el delta del río Níger. Antes Europa hablaba del comercio como servicio para el desarrollo contra la pobreza, pero hoy se quita la careta y exige sin disimulo que las empresas europeas entren en esos países sin condiciones y operen sin trabas. Y amenazan con cortar la ayuda al desarrollo de no lograr sus codiciosos objetivos.

La negociación de un acuerdo de presunto libre comercio con la India es ilustrativa. India es gran productora de medicamentos genéricos, imprescindibles para combatir enfermedades letales (sida, tuberculosis, cáncer…) en el Tercer Mundo. Los genéricos son más baratos. Las condiciones que la Unión Europea intenta imponer, esgrimiendo delirantes derechos de propiedad intelectual, amenazan la producción de esos genéricos eficaces y baratos. Es una Europa descaradamente al servicio de las corporaciones farmacéuticas. Para esta Europa, los beneficios de muy pocos se anteponen a la vida y salud de millones de personas, como denuncian Médicos Sin Fronteras y Oxfam.

El informe Hacia una estrategia de la Unión Europea sobre derechos humanos del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores lamenta que el compromiso retórico de la Unión con los derechos humanos no se traduzca en una actuación europea que promueva el ejercicio de libertades y derechos. Al contrario, las violaciones de derechos humanos en la Unión Europea (expulsiones de gitanos en Francia, discriminación implacable de inmigrantes en Italia, torturas a ciudadanos bajo custodia policial en España, torturas a prisioneros de guerra por el ejercito británico…) debilitan la credibilidad europea en derechos humanos. Además del doble rasero europeo de manga ancha complaciente con China, Myanmar o Colombia (donde se violan derechos humanos en masa) y dureza con Cuba (donde también se violan derechos, pero no tan salvajemente).

Una Unión Europea que rebaja o tira por la borda derechos democráticos y sociales conquistados con esfuerzo, solidaridad y sufrimiento durante décadas por varias generaciones ciudadanas. Una Unión Europea, cuya minoría privilegiada pretende reducir a la mínima expresión el estado social y democrático de derecho. Pero no se discute la implacable austeridad impuesta en la eurozona para reducir el déficit público. Un déficit contraído para rescatar a bancos e instituciones financieras privadas que han provocado el desastre económico.

Uno de las pocas cosas buenas de la crisis económica es que desvela la verdadera cara de los predadores de países y de la ciudadanía. Como esta Europa neoliberal, descaradamente al servicio de la minoría privilegiada, que privatiza los beneficios y socializa las perdidas.

¿Para qué queremos una Europa así?


Ésta no es la Europa que queremos

abril 13, 2010 Deja un comentario

El rifirrafe en la Unión Europea para llegar a un acuerdo y ayudar a Grecia ha mostrado que Alemania marca la pauta, seguida de cerca por Francia. El resto a jugar por las bandas. Alemania ha impuesto que el Fondo Monetario Internacional esté en el centro del rescate. Y Francia ha vendido el acuerdo como el mejor posible.

¿Lo es?

Ocurre que el gobierno alemán, la clase política y la minoría privilegiada alemanas miran con muy malos ojos a quienes no han hecho lo indecible para asegurar la “estabilidad”; según Alemania, claro. No quieren saber nada con los que tienen considerable déficit público. ¡La bestia negra del maldito déficit público! ¡Quienes no renuncien al déficit, a sus pompas y a sus obras, serán arrojados a las tinieblas con lamentos y crujir de dientes, y serán vilipendiados por los “mercados”, que los zarandearán y se forrarán a su costa!

Más de lo mismo. Una crisis que dura dos años, que no se supera, y continúan con los mismos errores. Reducir el déficit a toda costa, moderación salarial, recortes sociales… No aprenden. O algo peor. Porque esas medidas no relanzan la economía.

Marshall Auerback, analista económico del Instituto Franklin y Eleanor Roosevelt de EEUU, ha escrito respecto al déficit público que “con pocas y breves excepciones, el gobierno federal de Estados Unidos ha estado en deuda sin interrupción desde 1776. Doscientos treinta años con mayor o menor déficit público. Pero esa deuda no ha perjudicado las sucesivas generaciones estadounidenses ni ha restringido su libertad de acción”. O Estados Unidos no sería hoy la economía potente que es.

Auerback califica como histéricos de la sostenibilidad fiscal o terroristas del déficit público a los voceros y vocingleros contra éste. Y de esos talibanes contra el déficit hay demasiados en los núcleos decisivos de la Unión Europea.

Marshall Auerback insiste, contra los adoradores a ultranza de la reducción del déficit a cualquier precio, que la política fiscal sostenible es la que crea empleo: una oferta pública de empleo garantizado es la mejor política fiscal. Lo demás son cuentos. Pero de momento ganan los histéricos del déficit, los que defienden recortes y más recortes del gasto (sobre todo del gasto social), sin considerar que así reducen e hipotecan el presente y futuro de las generaciones jóvenes. Y remacha Auerback que la clave para una recuperación auténtica no es reducir el gasto público sino lo contrario más aplicar recortes fiscales que reduzcan la atonía de la demanda hasta eliminarla . Eso sí crea empleo. Así opina también el Nobel de economía Stiglitz. Y que esa opción funciona lo tenemos documentado, porque sucedió hace setenta años y salió bien.

Pero, ¿de verdad interesa a la minoría privilegiada europea y a sus cómplices de los estados crear el empleo necesario? Pues ésa es la Europa que nos construyen (y que los ciudadanos permitimos). Una Europa neoliberal, cicatera, cada vez más desigual y éticamente cutre. Una Europa que realmente no es la que conviene a la inmensa mayoría de europeos.

Una Europa en la que 80 millones de habitantes viven en la pobreza (el 16%). Inmigrantes, desempleados y personas sin hogar, pero también los “trabajadores pobres”, término acuñado por la neoliberal Comisión Europea para los ciudadanos que, aún teniendo un trabajo, viven en la pobreza. Así será ese trabajo. Hay un 8% en tal situación: 40 millones de ciudadanos.

Por cierto, en el año 2000, el Consejo Europeo celebrado en Lisboa acordó erradicar la pobreza de Europa para 2010. Estamos en 2010. ¿Tienen ustedes noticia de que se haya erradicado la pobreza en Europa? Según Cruz Roja, por ejemplo, el 20% de españoles tiene problemas para subsistir. Y más de un millón de ciudadanos españoles desempleados están socialmente desprotegidos. Dato muy significativo, porque España está entre la docena de países más desarrollados del mundo.

¿Y cuál ha sido la respuesta de la Unión Europea ante el aumento de pobreza? Retrasar los trabajos contra la pobreza hasta 2020.

Quienes dirigen y construyen esta Europa practican el más insolidario neoliberalismo. Creen ciegamente en él. Además, la minoría privilegiada europea nos da gato por liebre desde hace cuatro décadas. En lugar de la Europa de ciudadanos que anhelábamos, nos perpetran otra de mercaderes, banqueros, multinacionales y especuladores. Y los ciudadanos lo consentimos.

Incluso en la defensa y promoción de derechos humanos Europa retrocede y ya no es lo que era. Ahí están las normativas con tintes xenófobos como respuesta a la inmigración masiva; las actitudes y conductas islamofóbicas; la discriminación e incluso persecución de los gitanos; el abandono del derecho de asilo; la exportación de instrumentos de tortura a países que practican el terrorismo de estado; la complicidad con prácticas inicuas con detenidos por sospecha de terrorismo; el recorte de libertades en nombre de la seguridad…

Definitivamente ésta no es la Europa que queremos. Habrá que hacer algo.

La Europa que queremos

junio 14, 2008 4 comentarios

Bien venido el No de los irlandeses al Tratado de la Unión Europea. Bien venido aunque los motivos de una parte de votantes sean ‘egoístas’ o ‘ingratos’, como he leído en algún comentario editorial sesudo. Y lo aplaudo, porque, aunque no hayan sido conscientes del todo de lo que han negado, los irlandeses han alejado una norma básica de la UE que era y es la consagración de la Europa neoliberal, la del capitalismo feroz a favor de las grandes empresas corporaciones y la banca, la que consagra el retroceso de lo público en beneficio de los intereses privados (minoritarios, por cierto), la que olvida su historia de cuna y defensa de los derechos humanos…

¿Exageración? ¿Delirio de izquierdista trasnochado? Si uno se para a observar qué han hecho los euroburócratas y mandamanses de la Unión Europea (UE) en los últimos años y además lee siquiera por encima las páginas de ese Tratado, comprueba que hay una ’letra pequeña’, no por tamaño sino por oscuridad, que apunta a lo dicho. Declan Ganley, uno de los líderes defensores del No irlandés, ha explicado que la negativa al Tratado no es antieuropeísta sino todo lo contrario, porque la negativa a ese Tratado pretende “devolver Europa a los pueblos y a la democracia. No podemos aceptar una transferencia de poderes a gente que no ha sido elegida y que no tiene que rendir cuentas a los electores. Es inaceptable que ignoren a los ciudadanos.”

Porque esa es una de las razones para oponerse al Tratado, como lo era para oponerse a la anterior Constitución europea que tumbaron holandeses y franceses: a los ciudadanos sólo los consideran decorado, atrezzo, pero no cuentan con ellos. Los que dicen que ‘saben’, los que hacen y deshacen a su aire, los que mangonean, son los políticos profesionales y los euroburócratas con galones.

Si uno sigue las cosas de la UE, comprueba que muchas cosas son fruto de tejemanejes y cabildeos entre primeros ministros y ministros de los diferentes ramos, sin intervención del Parlamento Europeo ni de los parlamentos nacionales.  No contar con los ciudadanos y ciudadanas es justo lo contrario de la democracia. Que la cosa va por ahí lo expone con claridad diáfana uno de los medios que se tiene por más ‘europeísta’: El País. En la editorial del día del No irlandés dice: Hay otros argumentos para explicar el rechazo de Irlanda [al Tratado europeo]. Tienen que ver con lo absurdo de someter a referéndum cuestiones tan complejas como las que albergan las casi 400 páginas del documento de Lisboa. Es decir, los ciudadanos y ciudadanas son tontos y no entienden ciertas cosas, por tanto, las cosas importantes no se han de someter a la aprobación de los ciudadanos y se han de dejar a los que entienden, que son ellos, los que mangonean. 

Este modo de concebir la política en la que ‘los que saben’ deciden, en la Grecia clásica se llamaba ‘gobierno de los mejores’, que en griego se dice ‘aristocracia’. ¿Les suena?

Durante años se comentó que la Europa Unida derivaba velozmente a una Europa de los mercaderes, no la Europa de los pueblos y los ciudadanos. Se quedaron cortos. Cada vez ésta UE es más la Europa de una minoría privilegiada, profesionalizada en política, al servicio de las grandes empresas, corporaciones y la gran banca.

¿Para que queremos entonces esta Europa? La Europa que insufla miles de millones de euros para salvar esa gran banca codiciosa, irresponsable e incapaz en la actual crisis económica; la Europa que pretende expulsar a millones de inmigrantes, cuando estudios recientes (incluido uno de la ONU) indican que los necesitamos como agua de mayo; una Europa que no ceja en hacer retroceder parte de derechos y logros sociales conseguidos durante más de un siglo con sangre, sudor y lágrimas; una Europa que se plantea (ver acuerdos previos entre Sarkozy y Merkel) apostar de nuevo por las centrales nucleares sin hacer ningún esfuerzo que merezca tal nombre para avanzar en energías no contaminantes; una Europa que ha cedido y cede a la extorsión sistemática de la acción por la fuerza de EEUU en el mundo; una Europa que calla y no reacciona ante las graves violaciones de derechos humanos en China, Rusia, Colombia, países del antiguo imperio soviético, Indonesia, Pakistán…; una Europa que desmonta a la chita callando lo que tanto ha costado en beneficio de la inmensa mayoría…

¿Para que queremos esa Europa? Esa Unión Europea se ha construido pasándose por el forro algunos principios elementales de cualquier sistema democrático que lo sea de verdad, como que el ejecutivo surge de la correlación de fuerzas del poder legislativo y que el Parlamento controla al ejecutivo. El famoso Tratado, como antes la Constitución europea, se cocieron en muy pequeño comité. Ni Parlamentos nacionales ni Parlamento europeo ni ciudadanos intervinieron.

Bien es cierto que la tendencia a dejar de lado a los ciudadanos no es solo propia de esta Unión Europea, pero eso no justifica nada, porque la abundancia de conductas inadecuadas o injustas no las justifica. O ¿acaso el asesinato y la violación son aceptables porque se den muchos casos?

La democracia es el sistema político en el que el poder político es propiedad de los ciudadanos en conjunto, que lo delegan por medio del voto secreto, personal e intransferible, más un sistema de garantías y derechos que la ley y las instituciones de la democracia han de asegurar. Y todo lo que se aparte de esos principios es alejamiento de la democracia. Como ocurre ahora en la Unión Europea.

Europeístas de verdad somos los que pensamos en la Europa de los ciudadanos y de los pueblos, no la de la clase política, de las corporaciones, grandes empresas y la banca. Esa Europa no la queremos ni en pintura.

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