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En manos de codiciosos inmorales

noviembre 28, 2011 Deja un comentario

En España, el muy conservador Partido Popular ha obtenido mayoría absoluta en las elecciones; bien es cierto que ha sido absoluta por una ley electoral injusta. Semanas antes, periodistas, editorialistas y opinadores profesionales al servicio de la derecha proclamaban que, desaparecido en combate Zapatero, el triunfo del Partido Popular generaría la confianza automática de los “mercados”. Pero los “mercados” han recibido el triunfo de los conservadores españoles con una prima de riesgo más alta y caídas en las Bolsas.

Y es que los “mercados”, que han tomado descaradamente el poder (que la Unión Europea les ha entregado), actúan a su beneficio y antojo. Aunque en vez de “mercados” podemos escribir los nombres de seres de carne y hueso, así como de entidades financieras concretas. Porque -convenzámonos de una vez- los “mercados” son solo unos cientos de grandes grupos industriales, aseguradoras y bancos, entre los que destacan con luz propia Barclays, JP Morgan, Merrill Lynch, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Citibank, Bank of America, Axa, Natixis, Société Générale, Banque Populaire-Caisse d’Épargne, BNP-Paribas, Deutsche Bank, UBS, Capital Group, BlackRock, Vanguard… más las dignas de toda sospecha agencias de rating que actúan como sicarios económicos.

Tras la desregulación y el descontrol financieros, y con el secreto bancario elevado a sacramento, la privatización por sistema y la reducción (o desaparición) de impuestos a quienes más tienen y atesoran hemos llegado a la “crisis de la deuda”. Crisis que, como denuncia Susan George, “permite a los acreedores ejercer una especie de colonialismo sin necesidad de recurrir a un ejército ni a una administración imperial; antes en países en desarrollo y ahora en Europa”.

Con el chantaje de la deuda, los “mercados” han llegado a la fase del expolio descarado de lo público. No se trata solo de que las deudas financieras privadas de bancos, aseguradoras u otras entidades financieras devengan públicas, porque se afrontan con dinero público; ahora quieren reducir al mínimo inversiones y gastos sociales para hacer desaparecer el modelo mínimamente social de cierto reparto de riqueza desarrollado desde los años cincuenta. Y puesto que lo privado es lo que priva, educación, salud, distribución de agua, transportes y energía (que antes parecían intocables) han de dejar de estar al servicio de la mayoría para convertirse en fuente de obscenos beneficios de unos pocos.

La austeridad fiscal es ahora el medio para dar el tiro de gracia a lo que resta de estado social en Europa. Pues, como denuncia Susan George, ningún país ha mejorado con la política de austeridad. Por tanto, no es la mejora económica lo que buscan, sino el cambio de modelo social. Por eso, Europa debería mirar a América Latina, que sufrió su crisis de deuda en los ochenta y noventa, pero reaccionó bien.

Brasil, Argentina o Ecuador dijeron no al FMI, a sus pagos de deuda y a sus austeridades. Y hoy, según Michael Reid (editor de The Economist para las Américas), “el buen momento económico de Latinoamérica es una gran oportunidad”. No por una austeridad, sino a menudo lo contrario. Y así la CEPAL testifica que “la pobreza y la indigencia descendieron en América Latina en 2010 gracias a la vigorosa recuperación económica de la mayoría de países de la región”.

En Europa, no cesa la crisis de la deuda y cinco gobiernos han sido descabalgados en elecciones desde 2010. Normal. Lo malo y preocupante es que los presidentes de Grecia e Italia han sido sustituidos sin convocar elecciones. Por decisión del poder financiero.


Si la deuda pública española, por ejemplo, es menor que otras, ¿por qué los “mercados” quieren más ajustes y recortes sociales? La deuda peligrosa de España no es la pública (algo más del 60% del PIB, mientras la alemana es el 83%). La deuda preocupante española es la de sus bancos, que en 2012 deberán pagar 200.000 millones de euros a otros bancos europeos.

Esa parece la razón de tanto ajuste y recorte. ¿Para que el Estado disponga de liquidez y pague su deuda?, con la que, por cierto, los “mercados” especulan y obtienen grandes beneficios. ¿O para ayudar a los bancos a pagar la suya? Quizás para que la señora Merkel duerma tranquila porque sus bancos alemanes cobrarán lo que les deben los bancos españoles.

Parece que la ciudadanía europea está en manos de granujas. Los “mercados”, sus cómplices y sus sicarios.

Debacle socialista, victoria conservadora e indignación ciudadana

mayo 29, 2011 Deja un comentario

Quien siembre vientos, recoge tempestades. Eso le ha ocurrido al PSOE en España en las elecciones. Tema aparentemente local, pero en realidad un espejo en el que se reflejan muchos países europeos.

El brusco golpe de timón de 180º del gobierno de Zapatero en 2009, poniendo el Estado al servicio descarado de la minoría rica privilegiada, es causa del rechazo al PSOE por parte del electorado, así como del aumento de votos blancos y nulos.

Viene de lejos, aunque la ciudadanía lo ha sabido con cuenta gotas gobierno tras gobierno. Y esa ciudadanía ha decidido que para gobernar como la derecha está la derecha. La degeneración del PSOE tiene además aire de recochineo: neoliberalismo implacable y presumir de política social. A los hechos me remito, que están al alcance de todos en los archivos on line de los medios informativos.

Hace un cuarto de siglo, empezaron los primeros envites de gobiernos socialistas contra derechos económicos y sociales de la ciudadanía; derechos que, por cierto, son tan inalienables como los civiles y políticos. Fue la reconversión industrial que dejó miles de parados en la cuneta; después ajustes para que la Comunidad Económica Europea aprobara al ingreso de España en el Mercado Común, más tarde más ajustes para formar parte de los países del euro… Hasta la crisis.

¿Era necesario? Probablemente algunas medidas sí,  pero de otro modo. No cargando los costes sobre las espaldas más vulnerables y débiles. Porque mucho antes de la crisis, España, con un 20,8 % de personas viviendo con ingresos inferiores al 60% de la media nacional, tenía y tiene una de las tasas de pobreza más altas de Europa.

Y esto viene a que, como documenta Vicenç Navarro, en este país, las rentas del trabajo han descendido del 72% de la riqueza nacional al 61% entre 1993 y 2005. Y en ese mismo periodo se redujo también el gasto público social por habitante, porque los recursos del Estado fueron destinados a reducir el déficit público y equilibrar el presupuesto estatal a costa de aumentar el déficit social. España, tras treinta años en democracia, continúa a la cola de Europa en inversión social. Aunque la vieja Europa también ha puesto la marcha atrás y las rentas del capital aumentaron a costa de reducir las rentas del trabajo, que del 70% de renta nacional en 1992 descendieron al 62% en 2005.

¿Cómo conciliar la masiva indignación ciudadana, sobre todo de jóvenes, con el triunfo electoral del muy conservador y neoliberal Partido Popular?

Una clave la proporciona la periodista Irene Lozano, quien recién escribió que “afirmar que la derrota del PSOE se debe a la crisis encierra una de las contradicciones políticas más gloriosas de las últimas décadas. Crisis provocada por la codicia financiera y la burbuja inmobiliaria (sendos fracasos del mercado) que debería haber desembocado en deslegitimación de los postulados neoliberales, un discurso que explicara las causas de la crisis y señalara a los responsables (…). Pero ha ocurrido lo contrario: los mercados han renovado sus ímpetus al asumir los gobernantes con toda naturalidad sus exigencias”.

Y no quieren saber nada de estos políticos profesionales, además de que quien ha gobernado estos años ha sido el PSOE, que, como explica el profesor Díaz-Salazar, “desde 1982, no solo se ha derechizado él mismo sino que también ha derechizado la sociedad española. Parte del voto al Partido Popular es de quienes creen que el original es mejor que la copia”.

Sí además, como denunció Ignacio Ramonet, el llamado “Cuarto Poder” ha desaparecido fagocitado por el poder económico y financiero, sabemos que buena parte de la ciudadanía no dispone de información fiable sobre quién es quién en la arena política. Porque marean a la ciudadanía con clichés que difunden los medios de persuasión (no de información), que agitan emociones y sentimientos en amores y desencuentros, pero no razones, hechos ni argumentos. Igual que si las elecciones fueran la liga de fútbol, reino de emociones, sentimientos y transferencias psicológicas, pero no territorio de propuestas, argumentos y razones. Y parte de la ciudadanía, cabreada e indignada, ha reaccionado emocionalmente y, al castigar con toda justicia al PSOE, vota a los conservadores.

La protesta encauzada, la Spanish Revolution, solo ha empezado y hay mucho trabajo por hacer para hacer fértiles protesta e indignación.

En cualquier caso, como decía El Roto en una de sus últimas ilustraciones: “Oscurece, por lo tanto amanecerá”.

Precisamente. Porque, tal como se repitió los últimos días de acampadas de protestas en tantas ciudades españolas, lo importante empezó el día después de las elecciones.

A los neoliberales ni agua

enero 25, 2011 Deja un comentario

Hace un tiempo, quienes ostentaban el poder político dado por los ciudadanos, sin consultarlos ni encomendarse a dios o diablo alguno, convirtieron lo que era de todos en propiedad de pocos. Energía, carburantes, telecomunicaciones, transportes, a veces sanidad y educación fueron “liberalizados”. Denominando inadecuadamente liberalizar a lo que solo es privatizar: poner lo de todos (lo público) en manos privadas. Dijeron que lo hacían para conseguir precios bajos y más calidad de servicios. Pero, ¡oh, cielos!, ocurrió al revés. Eso fue antes de la crisis.

Y llegó la crisis. Quienes ostentaban poder político dieron entonces muchísimo dinero (de todos) a quienes la habían provocado. Para evitar que la economía se desestabilizara, dijeron. Pero se desestabilizó.

Entonces todos tuvieron miedo y prometieron que cambiarían y que pondrían reglas para que nunca volviera a pasar. Pero lo olvidaron y continuaron como siempre. Fue cuando quienes se habían quedado con el pastel privatizado, habían provocado la crisis, habían aceptado dinero de todos y no habían cambiado, descubrieron que podían hacer un negocio redondo con la considerable deuda que los estados habían contraído para ayudarles. Y eso hicieron.

Entonces los gobiernos de los estados fueron tan tontos que lo permitieron. Y además cedieron y tragaron sus insolentes reformas, porque quienes causaron la crisis habían visto también que con esas reformas aún ganarían más. Y es que nunca tienen bastante.

Pero nadie les frena ni les fuerza a cambiar. Ahora han descubierto que también el desempleo les favorece. Así consiguen que el trabajo sea incierto, los contratos laborales temporales y precarios, que despedir sea muy fácil… Porque la gente se acobarda y traga condiciones, como reducir su derecho a la salud, a la seguridad social, a la educación… que hace treinta años, con solo mentarlas, hubieran provocado un estallido.

¿Les cuento una historia sorprendente? La empresa Nissan en Cataluña y Fiat en Italia han logrado que sus trabajadores se congelen el sueldo. A cambio, ellos fabricarán no recuerdo qué modelo de automóvil. Y las portadas de casi todos los medios informativos (o persuasión) han aplaudido con fervor la medida como algo estupendo. Algunos apuntan incluso que ése es el camino contra el desempleo. Así las cosas, las empresas podrán hacer lo que les venga en gana, porque siempre podrán recurrir al chantaje. Y los asalariados cada vez con menos derechos.

Además, las empresas (sobre todo grandes) y la banca tendrán aún menos impuestos. Y, para equilibrar las cuentas se despide en masa a empleados públicos, se congelan sueldos, se aprueban recortes en medio ambiente, educación, atención sanitaria, cultura, políticas sociales…

¿Qué harán ciudadanos y ciudadanas, trabajadores y trabajadoras? Por supuesto resistir, manifestarse y practicar la desobediencia civil. Pero también pararse a pensar cuando tengan en sus manos una papeleta electoral. ¿Votarán los ciudadanos a quienes les privan de sus derechos en nombre de un crecimiento futuro? Hoy podemos informarnos de quién es quién en política, qué dice y qué hace en realidad. Está Internet y un abundante panorama de asociaciones y entidades ciudadanas con suficiente información para saber lo que se nos viene encima y cómo.

No nos dejemos engañar cuando digan que esas reformas son el único camino posible. Falso. Son ataques a nuestros derechos. Los países llamados emergentes, tan de moda hoy, sortean la crisis y no están agobiados por la deuda, porque se han pasado por el forro los dogmas del capitalismo neoliberal, expresados en el llamado “Consenso de Washington”.

Que no pase como en Reino Unido. Una encuesta indica que hoy no ganarían los conservadores. Tras siete meses de gobierno tory, a muchos ciudadanos se les caído la venda al sufrir recortes sociales y ataques a sus derechos en nombre de la estabilidad fiscal. Y no es que uno abogue por eso por los laboristas, también neoliberales de hecho. El referente por pasiva es, paradójicamente, la política neoliberal: si un partido comulga con el neoliberalismo, ni agua.

Ante la crisis, más políticas sociales y más Estado es la propuesta de la Comisión Económica para América Latina de Naciones Unidas. Y para el resto del mundo, ya puestos. Porque la mejor referencia para saber si un partido conviene es saber si comulga con esa propuesta o con la contraria. Más estado y políticas sociales significa respeto de los derechos humanos de la ciudadanía. Lo contrario, la política neoliberal de recortes y pretendidas reformas laborales y de pensiones son ataques a los derechos de la mayoría.

Téngalo en cuenta a la hora de votar. Por su propio bien.

¿Tenemos lo que nos merecemos?

diciembre 7, 2010 1 Comentario

A estas alturas de la crisis sabemos bien qué ocurre, por qué y quiénes son los responsables. Y sabemos la solución, como también las propuestas de los diversos partidos que comulgan con el dogma neoliberal, causa mayor de la crisis. Y así conocemos el programa-catecismo neoliberal de esos partidos que nos quieren gobernar. Es diáfano. Más contratos laborales temporales (en detrimento de los fijos), supresión o reducción de la negociación sindical colectiva (que protege a los trabajadores), manga ancha para despedir sin costes o con costes muy bajos, despidos masivos de empleados públicos, rebajas de impuestos sobre los beneficios de las empresas, rebajas del impuesto sobre rentas del capital invertido (aunque sea especulativo), masiva privatización de empresas públicas (correos, transporte público), privatización de servicios del Estado aunque sean derechos humanos esenciales (sanidad, educación, protección social)…

No es un rumor. Lo sabemos porque lo vemos. En Gran Bretaña, el gobierno eliminará medio millón de empleos públicos, rebaja 20.000 millones de euros en partidas sociales, aumenta las tasas universitarias, recorta el acceso a viviendas sociales, mantiene el deterioro de la sanidad pública con más recortes y reducirá en 500.000 el número de quienes tienen derecho a pensión por incapacidad (enfermos de esclerosis múltiple, con trastornos mentales…).

En España, rebajan salarios de los funcionarios, congelan pensiones, desprotegen a los trabajadores con una reforma laboral, recortan partidas sociales, privatizan… En Francia, más de lo mismo. Y más de lo mismo en Italia, Portugal, Grecia… Sabemos sin error lo que significa la política neoliberal. Y, sin embargo, se vota y se da el gobierno a los partidos que adoran y aplican tal política.

En Cataluña, ha habido elecciones de diputados al parlamento autonómico. Ha vencido, cercana a la mayoría absoluta, la federación de dos partidos neoliberales, Convergencia i Unió. Un esclarecedor ejemplo y botón de muestra de la sinrazón ciudadana de nuestros días. Como lo es la mayoría absoluta de la muy neoliberal Esperanza Aguirre en la Comunidad Autónoma de Madrid y la mayoría absoluta del también muy neoliberal (y sospechoso de corrupción) Camps presidente de la Comunidad Autónoma Valenciana.

CiU ha gobernado Cataluña durante veintitrés años hasta hace siete. Y así logró que Cataluña tuviera uno de los gastos públicos sociales más bajos de  la Unión Europea, semi-privatizó la sanidad y la educación (deteriorándolas), más sospechas (o algo más) de financiación corrupta e ilegal de ambos partidos… Jordi García Soler ha recordado que Irlanda ha sido el modelo confeso de CiU. Uno de los ideólogos de esta conservadora federación escribió que “Cataluña debería observar el milagro económico irlandés con mucha atención, porque enseña el camino de cómo un país puede encontrar prosperidad y modernidad sorprendentes”. Prosperidad y modernidad. Veamos.

Irlanda, como han escrito los profesores Navarro y Torres, era el discípulo europeo aventajado del FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. El país europeo con menos impuestos sobre el capital, menos gasto público y social, mayor privatización de servicios públicos, mercado de trabajo más desprotegido (muy fácil y barato despedir), mayores ayudas a la banca… Pero también el país de la zona euro con mayores desigualdades sociales; un país cuya economía, según Paula Clancy, directora de Action on Social Change de Irlanda, controlan treinta y nueve individuos muy ricos cuyo centro de poder es la banca.

Irlanda, cuyo proclamado éxito se medía por el incremento vertiginoso del PIB, pero no por la disminución de desigualdades o el bienestar de los ciudadanos. Un país que nos permite comprobar las consecuencias reales de la propuesta de austeridad fiscal neoliberal, un país que aprobó antes que nadie un duro programa de recortes, mientras ponía miles docenas de millones de euros a disposición de bancos en ruinas…

Y, tras la orgía neoliberal, el rescate. Juan Torres nos recuerda que ahora la Unión Europea exige a la modélica Irlanda (contra lo celebrado y aplaudido hasta hace nada) que suba los impuestos para poder devolver el dinero que le presta. Por cierto, a un interés muy superior al del dinero que se entrega a la banca especuladora.

Pues bien, millones de votantes catalanes, que no salen a la calle para exigir enfrentarse de verdad a la crisis, dan el gobierno a CiU, cuyo neoliberal modelo es Irlanda.

Uno empieza a temer que tenemos lo que nos merecemos.

No aprenden y por eso pierden las elecciones

octubre 20, 2009 Deja un comentario

Ángela Merkel ganó las recientes elecciones alemanas, los liberales aumentaron sus escaños, pero los socialdemócratas consiguieron sus peores resultados. En Francia el conservador Sarkozy puso contra las cuerdas al Partido Socialista. En Italia el parafascista Berlusconi ha noqueado a un incapaz Partido de la Izquierda. En España, las últimas encuestas colocan al conservador Partido Popular cuatro puntos por encima del Partido Socialista. Y en Gran Bretaña, las encuestas señalan que gobernarán los conservadores.

¿Qué hace entonces la izquierda moderada? Vira a la derecha. Adopta políticas económicas neoliberales al servicio de esa entelequia denominada mercado, ignorantes de que el mercado de Adam Smith (que presuntamente regula todo como deus exmachina justo), es tan utópico como el paraíso comunista. En realidad el mercado tiene nombres, apellidos e intereses que no son los de la mayoría.

Si la socialdemocracia defiende intereses de la minoría privilegiada, ¿por qué votarlos quienes forman el mundo del trabajo? Y tampoco es ajeno al fracaso de la izquierda socialdemócrata haber colaborado en travestir ese mundo del trabajo, la clase asalariada, en nebulosas e inexistentes clases medias.

Los grandes medios de persuasión (ya es incorrecto denominarlos medios de información o de comunicación) venden hasta la saciedad tres clases: alta , media y baja. Sin matices, convirtiéndolas en castas. Y repiten que un país va bien con clases medias satisfechas. Falsa y útil cortina de humo de mundo consumista e insostenible para ocultar que la minoría privilegiada haga de su capa un sayo y vaya a lo suyo impunemente: ganar más y más a costa de lo que sea.

¿Clases medias? No me haga reír que tengo el labio partido. En España (que aún con crisis ocupa el puesto 10 o 11 como potencia económica), el 63% de los trabajadores ganan menos de 1.100 euros mensuales, cuando el alquiler de una vivienda modesta en Madrid o Barcelona cuesta de 550 a 900 euros al mes y una habitación en piso compartido 300 o 400. Pero sólo 148.000 españoles (0,32% de la población) poseen más un  millón de dólares o más. El año pasado había en el mundo algo menos de 9 millones de personas con más de 1 millón de dólares de patrimonio (0,13% de la población mundial pues somos 6.500 millones), pero 230 millones de trabajadores parados más 1.400 millones que ganan menos de 2 dólares diarios. ¿Cómo que no hay clases?

Si aún así la socialdemocracia perpetra con entusiasmo de neófito “reformas” que la dogmática política económica neoliberal ordena (“reformas” que son recortes o  retrocesos en política social), ¿por qué votarla?

En el Reino Unido, ante el dato de retroceso laborista en intención de voto, ¿qué hace el primer ministro Gordon Brown? Propone privatizar bienes públicos por 20.000 millones  de dólares. Una propuesta muy neoliberal. Y los dirigentes socialdemócratas, empeñados en errar sin descanso, escuchan a voceros y gurús neoliberales que arremeten contra el déficit de los Estados para frenar la crisis, mientras grandes medios de persuasión orquestados asustan con reducir el déficit público o vamos a la ruina. Y la Comisión Europea, con buen número de comisarios socialdemócratas, para no ser menos pide profundas reformas de la sanidad pública y del sistema público de pensiones. Y ya sabemos qué son esas “reformas profundas”.

No aprenden. Esta crisis enseña lecciones magistrales sobre la codicia como causa del desastre, sobre conductas impropias de directivos, dirigentes y ejecutivos rozando el delito o cayendo en él, sobre la necesidad de que lo social (los intereses de la mayoría sobre los de la minoría privilegiada). Pero los socialdemócratas no aprenden.

Deberían escuchar al Nobel de Economía Krugman cuando escribe que “algunos creen que [la cifra calculada del déficit] es una cifra aterradora que requiere medidas drásticas, cómo cancelar las iniciativas para reanimar la economía y suspender la reforma sanitaria [de Estados Unidos]. Lo cierto es que ahora los déficits ayudan a la economía. Los déficits de Estados Unidos y otras economías importantes han salvado al mundo de una recesión mucho más profunda. La perspectiva a largo plazo no es catastrófica (…). Lo que necesitamos ahora mismo es que la deuda federal aumente hasta que la economía esté en vía sólida de recuperación”.

Pero es que no aprenden. Y por eso pierden las elecciones.

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