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Plantar cara al poder financiero

diciembre 9, 2011 Deja un comentario

La crisis de la deuda en Europa y sus perpetradores (Comisión Europea, Merkel y Sarkozy, gobiernos, BCE, FMI y los “mercados”) hacen y deshacen sin tener jamás en cuenta las necesidades y derechos de la ciudadanía, que, no obstante, proclaman y celebran todas las constituciones vigentes nacionales, normativas y acuerdos internacionales. Una obviedad que hay que recordar.

En la infame realidad que perpetran los “mercados”, la Alemania que exige austeridad radical y recortes sociales (llamadas “reformas”) aumenta 4.000 millones de euros su déficit y su deuda pública ya es el 82% del PIB (más del 60% del Pacto de Estabilidad de la Unión Europea). En esa realidad nada virtual, Portugal hará un primer pago de 34.000 millones de euros por un préstamo de 78.000 millones, mientras la OCDE rebaja drásticamente las previsiones para 2012, asegurando, por ejemplo, que el PIB francés solo crecerá un 0,3% el año próximo (si crece) y aumentará el desempleo… ¡La relación de desastres es tan larga!

Pero la locura propuesta por los “mercados” y sus diligentes siervos (gobiernos y entidades internacionales financieras) es reducir aun más el gasto público, proponiendo, por ejemplo, sustituir uno de cada dos funcionarios que se jubilen y reducir la duración y frecuencia de las hospitalizaciones necesarias, por ejemplo. Ahorrar, no importa a qué precio.

Grecia, cada vez peor al igual que Portugal, ambas en recesión por la feroz austeridad impuesta, mientras los especuladores atacan una y otra vez las deudas soberanas de España, Austria, Francia y lo que se tercie, las agencias de rating maniobran con sus maniobras de trilero al servicio de los especuladores y en Europa ya hay 23 millones de desempleados y 80 millones de pobres. Y habrá más si no se impide.

¿Qué ocurrirá cuando se compruebe que tanta austeridad, tantos sacrificios, tanto dolor y sufrimiento no acaban con la crisis ni relanzan la actividad económica? De momento, Francia y Alemania negocian por su cuenta otro nuevo Pacto de Estabilidad que buscará el déficit cero para 2016. La nueva receta mágica ofreceráayuda permanente del Banco Central Europeo a los estados de la Unión a cambio del estricto control de los déficits nacionales así como aceptar la inexorable vigilancia de los presupuestos nacionales para que no se pasen ni un pelo en políticas sociales y de redistribución de la riqueza.El nuevo pacto ofrecerá a los estados cierta estabilidad e intereses bajos de sus deudas soberanas a cambio de apretar aún más las tuercas a los ciudadanos. Pues bien, frente a esa adoración del becerro de oro del control presupuestario del déficit y la austeridad fiscal a rajatabla, una legión de economistas que no están a sueldo de la banca, inluidos los premios Nobel de economía Stiglitz y Krugman, repiten una y otra vez que la austeridad es la mejor receta para generar más desempleo, impedir la actividad económica real y asegurar la recesión. Cuando lo que hay que hacer es estimular el crecimiento económico con dinero público, que vuelva a funcionar una banca pública, volver a sistemas de impuestos progresivos, prohibir los hedge funds(fondos de alto riesgo), poner coto a los desmanes de la especulación a corto plazo, implantar un impuesto disuasorio sobre las transacciones financieras y combatir ferozmente los paraísos fiscales que hacen posible la corrupción sistemática, el fraude fiscal y la evasión de capitales.


Lo demás es música celestial en el mejor de los casos. Porque la crisis de la deuda en Europa es un golpe de Estado del poder financiero. Y frente a ese golpe hay que actuar como ha hecho Ecuador, por ejemplo. Ecuador aprobará una ley que declarará fraudulentas las hipotecas adquiridas por ecuatorianos inmigrantes en España, pues consideran que esos deudas hipotecarias carecen de legalidad y se han logrado con engaño. Entienden los legisladores ecuatorianos que esas hipotecas fueron fraudulentas y violan el derecho humano a una vivienda digna.

Es solo una actuación, pero es el camino y hay mucho que hacer. Y para no errar, hay que actuar con el referente del respeto de los derechos humanos, de los legítimos intereses de la gran mayoría, no de la codicia suicida de los “mercados”. Y pasar de la protesta  (que ha de continuar) a hacer política. En los parlamentos cuando se pueda, pero siempre en la vida y en las calles. Para empezar a frenar al poder financiero con propuestas concretas de salidas y soluciones. Y hacerlo retroceder.

La desobediencia civil no violenta es un derecho ciudadano

noviembre 12, 2011 Deja un comentario

Suenan de nuevo tambores de guerra. Añaden más temores e incertidumbres a los que ya causa la crisis. Estados Unidos y Reino Unido creen que una gran presión (?) contra Irán lo disuadirá de tener su bomba nuclear. E Israel no descarta un ataque próximo. Ni unos ni otros han aprendido la lección de la invasión de Irak.

¿Cómo osan hacer peligrar la vida de cientos de miles de personas de nuevo? El pretexto es que Irán no tenga la bomba atómica. ¿No tienen la maldita bomba Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia, China, Pakistán, Corea del Norte, Israel y la India?

De nuevo la actuación preventiva. Que no es legítima defensa ni preservar la paz, sino buscar la guerra. Porque Irán no se quedará quieto si lo atacan, ni los países musulmanes con mayorías chiitas.

¿Conservan toda su legitimidad los gobiernos que apuestan por la guerra?

¿Y que legitimidad es la de los gobiernos que con sus políticas contribuyen a la pobreza e inseguridad de millones de ciudadanos? Según la OCDE, el próximo año se estancará económicamente la eurozona, otras grandes economías se desacelerarán y puede haber recesión mundial. Con desempleo a espuertas. Pero los gobiernos insisten en fuertes ajustes, mientras los bancos centrales garantizan dinero fresco a la banca.

Además, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) denuncia que empeoran las condiciones de vida para la mayoría de la gente, mientras los bancos ganan más dinero. Señala la OIT que recuperar el nivel de empleo anterior a la crisis costará cinco años.

Europa va hacia una recesión y el paro se hace crónico. Pero se recapitaliza la banca con dinero público, se mantiene la rebaja fiscal para capital, grandes empresas y fortunas y no se mueve un dedo contra los paraísos fiscales que hacen posible corrupción y evasión sistemática de impuestos. Como denuncia Luis García Montero, “el capitalismo ha declarado una verdadera guerra contra los pobres y contra la soberanía de los ciudadanos”. Otra guerra.

Europa, Estados Unidos y países anglosajones optan por “mantenella y no enmendalla, aunque la razón no hayan”. Y privatizan servicios públicos. Un robo manifiesto, como denuncia Ramonet, porque “cuando se privatizan los servicios públicos, no sólo se le arrebata a la ciudadanía un bien que le pertenece (costeado con sus impuestos) sino que se desposee a los pobres de su único patrimonio.

Y reformas a peor de pensiones públicas, retraso de edad de jubilación, reformas laborales que desprotegen a los trabajadores, despido masivo de empleados públicos y funcionarios…

Da igual que los Nobel de economía George Akerlof, Joseph Stiglitz, Paul Krugman y Paul Samuelson se hayan manifestado por activa y pasiva contra la austeridad fiscal y los recortes que suponen. Da igual que pasados muchos meses del inicio de esa nefasta política de austeridad, recortes y beneficio de la banca no se vislumbre ni lejano un indicio (por leve que sea) de superación de la crisis. Da igual que aumenten la desigualdad y la pobreza en cifras indecentes… .

En verdad, como explica Crotty, la maldita crisis es la última fase de décadas de esfuerzos del capital, del poder financiero, para destruir la modesta democracia social con capitalismo controlado construida desde los años 30 del siglo pasado. Y Carlos Martínez, de ATTAC España, deja claro que “el neoliberalismo es una gigantesca estafa mundial”. A lo que Stiglitz añade que “el fundamentalismo neoliberal es una doctrina política que sirve a intereses concretos. Nunca respaldada por la teoría económica ni tampoco por la experiencia histórica”. Más claro, el agua

Pues bien, esas políticas que vulneran los derechos de la ciudadanía hacen ilegítimos a los gobiernos, tanto como a los que buscan la guerra.

Buena parte del movimiento cívico global concluye ya que partes de las deudas soberanas (a veces, todas ellas) son ilegítimas y no deben ser pagadas. Si los gobiernos que violan masivamente derechos sociales en beneficio de una exigua minoría (así como los que quieren la guerra) devienen así ilegítimos (al menos en parte), entonces la desobediencia civil no violenta se convierte en derecho ciudadano. Como Ghandi nos enseñó.

Cabe recordar ahora al Nobel de la Paz Sam Daley-Harris cuando decía: “Dejemos de pensar que no hay soluciones. Dejemos de pensar que no importa lo que hagamos. Dejemos de pensar que las posibles soluciones no dependen de mí.

Dejar de ser inofensivos

abril 13, 2011 Deja un comentario

Francisco L. tiene 42 años y la última vez que ganó un salario fue en 2008. Desde entonces no ha encontrado empleo y vive en una tienda de campaña en un bosque cercano a la ciudad andaluza de Jaén. No tiene medios para otra cosa. Sus únicas pertenencias son un saco de dormir, una manta, una toalla, una bolsa con utensilios de aseo personal y una radio. Consigue agua de un pilar cercano a su tienda y come dos veces al día conservas y bocadillos. Subsiste en condiciones precarias.

Esta historia es real. Y hay millones semejantes y peores en el mundo. La crisis, claro. Sí, la crisis como estafa o la crisis como atraco. Pero, como denuncia Josep Fontana, refiriéndose a la maldita crisis, “la gran trampa, que ha hecho que nos convenzan de asumir mansamente los costes de la crisis, ha sido permitir a quienes la causaron presentar los problemas creados por un sector muy concreto del mundo económico como problema colectivo del que todos somos responsables”. Y en absoluto es así.

Sin embargo, aceptamos que reduzcan nuestros derechos y legitimamos el ataque contra ellos al no responder o, peor aún, votando a quienes desmantelan el estado de alguna justicia y cierta equidad que tanto ha costado levantar. El mal designado “estado de bienestar” no es privilegio ni lujo ni exceso, como pretende el neoliberalismo e insinúan los medios, sino un acercamiento al respeto de los derechos humanos de todos.

¿Por qué aceptamos que recorten nuestros derechos?

En un debate televisivo que vi, la cuestión a debatir era: ¿hasta donde han de llegar los recortes? No era un debate entre presuntos profesionales de la opinión y periodistas bien remunerados. En el plató había una veintena de ciudadanas y ciudadanos normales que aceptaban tranquilamente debatir sobre el ataque contra sus derechos que son los recortes presupuestarios.

Se hace buena la trampa del nazi Goebbels: la mentira repetida muchas veces suena a verdad. La falacia repetida hasta la saciedad por políticos y medios es que no hay otro camino para superar la crisis que recuperar la confianza de los “mercados” con austeridad y recortes sociales. Tiene razón José Luis Sampedro, cuando afirma que “necesitamos reeducarnos, pues pasamos por una fase de barbarie porque los valores democráticos se han degradado”.

La primera fase de esa re-educación es abrir los ojos y la segunda, no ser inofensivos. Porque hemos devenido una ciudadanía inofensiva. Quienes vulneran nuestros derechos hoy no tienen ningún temor de que los ciudadanos los pongamos en su sitio (que en muchos casos sería la prisión). Somos ciudadanos inofensivos. Salvo en África del Norte, Oriente Próximo e Islandia, dónde ciudadanas y ciudadanos luchan por sus derechos civiles y políticos, pero también económicos y sociales. Porque ningún derecho es más importante que otro.

Islandia es la excepción europea. Fue saqueada hasta la ruina por banqueros, unos pocos empresarios y un puñado de políticos, pero Islandia se recupera porque ciudadanas y ciudadanos han reaccionado con una respuesta democrática de calado. Echaron al gobierno responsable, dejaron hundirse a los bancos, promovieron investigar los delitos perpetrados y ahora hacen más democrática su Constitución. No aceptan tener que pagar las canalladas de los bancos, como ha ocurrido en otros países. Y saben que la solución no es sólo económica. Es también política: ser inofensivos como ciudadanos.

En España, la asociación ATTAC y otras organizaciones sociales han interpuesto ante la Audiencia Nacional una querella criminal contras las agencias de calificación Moody’s, Standard & Poors y Fitch por alterar el precio de la deuda pública y utilizar ilegítimamente información privilegiada en beneficio propio. Al margen del resultado, eso es empezar a dejar de ser inofensivo. Roberto Unger, que fue ministro con Lula, ha denunciado que “España es una democracia secuestrada por las grandes empresas, por una plutocracia mercantilista que ha puesto las instituciones del Estado a su servicio”. Lo malo es que juicio tan duro es aplicable a los otros 26 estados de la Unión Europea, a Estados Unidos y un montón de países más. Por tanto, la respuesta es política y nada complaciente.

¿Cuándo decidiremos dejar de ser inofensivos y exigiremos nuestros derechos?

Es hora de empezar a protestar

febrero 16, 2011 Deja un comentario

Los europeos no sufrimos tanto como tunecinos y egipcios (de éstos últimos, más de la mitad malviven con un dólar diario), pero en Europa se precipita un panorama gris muy oscuro. Quizás debamos tomar a tunecinos y egipcios como ejemplo, ahora que se han revuelto en las calles contra la injusticia y la opresión. O, de otro modo, si españoles, franceses, griegos, portugueses, irlandeses, ingleses, polacos, checos… no plantan cara a la dictadura financiera y a la cobardía y servidumbre de mandatarios y políticos profesionales que la sirven, la minoría rica y privilegiada nos “retrocederá” a la situación de fin de siglo XIX. Una vida peor con menos derechos.

Una muestra de la inacción mientras patean nuestros derechos. Alguna juventud española (los más perjudicados por la crisis) arma grandes broncas porque las autoridades municipales les prohíben celebrar un “botellón”. Pero no mueve un dedo para exigir un presente y futuro dignos a los que tiene indiscutible derecho. Aunque, en honor a la verdad, esa indolente inacción ante la canallada opresora en que se ha convertido la crisis no es sólo propia de jóvenes.

La ciudadanía no reacciona ante el desempleo que castiga a Europa ni frente a la rebaja de derechos laborales. Tampoco reacciona ante salarios cada vez más reducidos ni por la precariedad de los empleos. No hay reacción tampoco cuando la vicepresidenta del gobierno español osa declarar que “es indecente que con más de 4.000.000 de parados, haya quien no esté de acuerdo en alargar la jubilación a los 70 años”. Encima pretenden que aceptemos la violación de nuestros derechos.

Ignacio Escolar, un joven y lúcido periodista, ha escrito que “los jóvenes de 25 o 30 años forman parte de una generación estafada a la que le han cambiado el derecho a una vivienda digna y un empleo estable por la Playstation III (…) En España hay casi un millón de parados (46%) que tiene menos de 25 años. Y en Europa se repite que los jóvenes de hoy forman la primera generación que vivirá peor que la de sus padres desde finales de la II Guerra Mundial.

En el último trimestre de 2009 hubo protestas ciudadanas y huelgas de trabajadores en varios países europeos contra recortes sociales presupuestarios, rebaja de derechos y medidas gubernamentales que pretenden que la ciudadanía pague la crisis. Sí; Francia, España, Alemania, Polonia, Reino Unido, Irlanda, Grecia… fueron escenario de manifestaciones y huelgas. Pero se acabó la protesta. Mientras, la minoría privilegiada no cesa en sus ataques contra una vida digna para la mayoría, contra los derechos de todos, contra la exigible justicia social. Ahí tenéis a la canciller alemana Merkel exigiendo más sacrificios, mientras el FMI pide despidos baratos, rebajas de subsidios de desempleo, sustituir negociación colectiva por convenios de empresa y privatizar más servicios públicos. Menos derechos. Y su director-gerente, el presunto socialista Dominique Strauss-Kahn, lamenta que “nos enfrentamos a la perspectiva de una generación perdida de gente joven, destinada a sufrir durante toda su vida peores empleos y peores condiciones sociales”. ¡Como si el FMI no tuviera nada que ver con lo que le pasa a esa juventud!

Como dijo Nelson Mandela “la pobreza no es natural. La crea el hombre y son las acciones de los seres humanos las que pueden vencerla y erradicarla”. Citar a Mandela no es gratuito porque, con lo que está pasando, la pobreza amenaza más que nunca a más millones de personas en el mundo. Se agrava en los países empobrecidos y crece a ojos vista en los países desarrollados. Y, como proclama Amnistía Internacional, la pobreza no es inevitable; es causa y consecuencia de violaciones de derechos humanos y tiene responsables.

Stéphane Hessel, antiguo resistente contra los nazis y único redactor de la Declaración Universal de Derechos Humanos que vive, asegura que hoy necesitamos más que nunca los principios y valores que nos guiaron y debemos velar juntos para que nuestra sociedad no abdique de ellos”. Valores como libertad, justicia, equidad. En suma, respeto a los derechos humanos.

José Saramago decía que, ante lo que está pasando, no tuviéramos tanta paciencia.Tenía razón. Ya es hora de cambiar de actitud, de protestar, de defender los derechos de todos.

Un panorama de sufrimiento

febrero 8, 2011 Deja un comentario

Lo que hay para los próximos años, aun con algún crecimiento, es un desempleo que hace poco se consideraría catastrófico, porque lo es. Tras las frías cifras hay un inmenso panorama de sufrimiento”.

Lo afirma Paul Krugman, premio Nobel de Economía. Se refiere a Estados Unidos, pero es dolorosamente válido para Europa, países árabes, sudeste asiático, África, América Latina… Sufrimiento.

Hace unos días veía un debate televisivo sobre la reforma de las pensiones públicas; cuestión candente en Europa. Un economista se enzarzó sobre índices, bases imponibles y pensiones resultantes para justificar la bondad del recorte de pensiones (que no es tal, por supuesto) en un pretendido razonamiento que me recordó aquello de Groucho Marx sobre “la primera parte contratante de la segunda parte contratante” del filme Una noche en la opera.

Esa y otras andanadas contra la línea de flotación de los derechos humanos pretenden confundir, levantar cortinas de humo contra la pura y simple verdad, los hechos mondos y lirondos.

Sobre pensiones, por ejemplo, pues las hemos sacado a colación, los hechos son que, como denuncia documentadamente Miren Etxezarreta, doctora en Economía por la London School of Economics, “el objetivo de la reforma de pensiones públicas es beneficiar las pensiones privadas, con un calado que supera el ámbito europeo por ser mundial, y que se inició con el informe del Banco Mundial de 1994”.

Y los hechos son que la FAO (organización de Naciones Unidas para la Alimentación) alerta del aumento especulativo de los precios del arroz, trigo, azúcar y cebada en 2011, como ocurrió en 2007 y 2008. Aumento de precios que sufrirán los más pobres, pero más gente vivirá más pobremente y muchos ciudadanos en general también vivirán peor.

Los hechos son que en Guatemala el aumento de los precios del maíz y del frijol negro, esenciales en la dieta de subsistencia, será catastrófico porque la mitad de los 14 millones de guatemaltecos ya viven en condiciones de pobreza y un 17% en condiciones de pobreza muy severa, según Naciones Unidas. Y en otros países latinoamericnos, tres cuartos de lo mismo. En Haití el 57% de la población vive en la pobreza, en Nicaragua el 40%, en Honduras el 32%, en Guatemala el 26%) y en Perú el 20%.

Los hechos son que, según el Banco Mundial, en el mundo hay 1.300 millones de personas que disponen de menos de  un dólar y cuarto al día. Pero según el nuevo IPM (Índice de Pobreza Multidimensional), elaborado por la Universidad de Oxford y Naciones Unidas, los pobres severos del mundo ya son 1.700 millones. El IPM incluye, además de bajos ingresos, estado de salud, nivel de nutrición, nivel de educación,  acceso a electricidad, disponibilidad de agua y disponibilidad de combustible para cocinar.

Los hechos son que según Eurostat, oficina estadística de la Unión Europea, en el último cálculo sobre pobreza, ¡116 millones de ciudadanos europeos! sufrieron cuanto menos una de las tres formas de exclusión social que contempla Eurostat: personas en pobreza, personas con privaciones materiales muy graves y personas que viven con salarios muy bajos que no les alcanza.

Los hechos son que, según Credit Suisse, el 10% de la población mundial es propietaria del 83% de la riqueza del planeta y solo un 1% de la población mundial es dueña del 43 % de la riqueza, en tanto que el 2% se ha de repartir el 50% de la riqueza mundial. Una desigualdad inadmisible.

Hace unos años, en España un dirigente presuntamente socialista justificaba las duras medidas que su gobierno emprendió (y que perjudicaban a los trabajadores) con una imagen de cuento infantil: primero ha de crecer el pastel para luego repartirlo. El pastel creció, pero apenas se repartió, salvo entre los de siempre y unos pocos más como muestra. Y durante los diecisiete  años de crecimiento constante de España desde 1992 hasta 2008 no se redujo la pobreza, que ha aumentado hasta el 20% de la población, pero sí se inició una reducción imparable del valor real de los salarios.Y ahora hacen reformas laborales que hacen más vulnerables a los trabajadores y reformas de pensiones que dejarán en el umbral de la pobreza a muchos ancianos y ancianas cuando se perpetren del todo.

En última instancia, tras la crisis y las medidas que se toman presuntamente para combatirla hay sufrimiento de personas. Mucho sufrimiento y muchas personas. Y con eso no se juega.

Con tanto desempleo no hay recuperación

septiembre 21, 2010 Deja un comentario

La crisis ha destruido más de 30 millones de empleos en tres años, aunque la recesión ha finalizado según los índices macroeconómicos.

Los economistas calculan siete años de desempleo severo y Strauss-Kahn, director gerente del FMI, reconoce que “no hay recuperación real si no se crea empleo”. Ya era hora, porque lo que sucede es que los de siempre, los de arriba, la minoría, ganan dinero, pero no se crea trabajo, se destruye.

¿Por qué no hay más empleo? Porque el nuevo ídolo a adorar es la austeridad. La austeridad hoy supone que no hay estímulos, poca o ninguna ayuda pública, menos demanda interna y la banca (que campa a sus anchas) reduce o corta el crédito. Y las empresas no invierten, retroceden, se acoquinan. No crean empleo. Salvo en Brasil, India y China, la actividad empresarial se ha reducido en todas partes. Y eso es destrucción de empleo.

Austeridad o estímulos, esa es la cuestión. G-20 y FMI optaron por la austeridad, al tiempo que concedían patente de corso a la banca y dejaban tranquilos a los especuladores. En Europa, la apuesta por austeridad y reducción del déficit público roza la neurosis. Caiga quien caiga. Por supuesto, caen las clases asalariadas y medias. Y parece que nadie se propone en serio aplicar políticas directas que creen empleo de verdad.

La recuperación económica es más lenta y difícil de lo previsto. Eso ha concluido la OCDE, entidad que agrupa los treinta países más ricos del mundo. La economía de las siete mayores potencias mundiales (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá) crecerá este año dos décimas menos de las calculadas, rozando el 1,5%. El frenazo se explica por la supresión de medidas de estímulo y por los recortes públicos para reducir el déficit. Una economía frenada y débil noquea la demanda privada, la reduce. La pescadilla se muerde la cola.

Algunos países se proponen volver a las medidas de estímulo, aparcando los propósitos de austeridad del G-20 de junio para mejor ocasión. Obama, por ejemplo, quiere prorrogar rebajas de impuestos a las clases medias, y establecer un nuevo plan de incentivos a empresas desgravando el 100% de inversiones en nuevos equipos; también ampliará el crédito fiscal para I+D (en diez años 100.000 millones de dólares), más  50.000 millones en obras públicas, así como no renovar las rebajas fiscales para los más ricos (2% de población) que caducan este año, aprobadas por Bush. Y ha pedido al Congreso que apruebe una ley para facilitar créditos a las pequeñas empresas. Nada que ver con la neurótica austeridad de Europa, empeñada en anteponer la reducción del déficit a reducir el desempleo.

Para relanzar la economía, afrontando el déficit, no hay que gastar menos sino recaudar más y mejor. Con una reforma fiscal decente. El economista Juan Torres recuerda que “es inmoral y muy rechazable que una crisis provocada por bancos, grandes fortunas y especuladores se financie con recortes de derechos laborales, de pensiones y de gasto social, pero bajando los impuestos a los más ricos (con banqueros y grandes fortunas que en España apenas pagan impuestos), y sin ser prioritaria la lucha contra el fraude”.

Comprobado el frenazo a la recuperación, Estados Unidos y Japón apuestan por la inversión pública contra la crisis. Pensar que se convencerá a los mercados de la buena intención de sanear las finanzas públicas con recortes (y no crear empleo) es ignorar lo que enseña la historia. No funciona. Las deudas públicas de Japón y Estados Unidos son considerables, pero nadie duda de la solvencia de ambos países. Sin crecimiento de las rentas de la mayoría no se pueden pagar deudas. El neoliberalismo no crea empleo.

David Michael Green, profesor de ciencias políticas de Hoftsa University de Nueva York aporta la clave final: “Lo que está fuera de control es una avaricia monstruosa, sin fondo; la de una minoría de personas enormemente ricas, empeñadas en serlo más todavía”.

Han empezado las huelgas: Grecia, Reino Unido, Italia y pronto España, incluso en China ha habido paros, y en Francia, más de 2.500.000 de trabajadores se han manifestado en docenas de ciudades contra la política neoliberal de Sarkozy.

Tal vez la protesta consiga que los neoliberales fundamentalistas de la austeridad bajen del burro y se percaten de que la prioridad indiscutible es crear empleo.

Pura lucha de clases

julio 27, 2010 1 Comentario

En un pueblo de Cádiz, viven Francisco de 50 años, María José de 43 y la madre de ambos de 84. Desempleados, ya no perciben subsidio de paro. Los tres sobreviven con la pensión de la madre: 597 euros mensuales. Ésta es una consecuencia cotidiana, abundante y dramática de la situación económica. No sólo en España. Fruto de la crisis global de la que no salimos por los recortes de presupuesto público, pues la histeria contra el déficit mantiene el desempleo (o lo incrementa), reduce salarios, además de empequeñecer la seguridad social y la educación pública.

Recortar el déficit público es prioridad elevada a dogma. Eso y que los bancos no den créditos garantiza una prolongada crisis. Sobre eso, el economista Juan Torres explica que el Banco de Pagos Internacionales ha hecho público que la banca española es la más rentable del mundo. Pero esos rentables bancos no prestan y así paralizan la actividad económica. Neoliberalismo puro.

Larry Elliott, responsable de economía de The Guardian, recuerda que el presidente Roosevelt utilizó el gasto público para relanzar la economía americana y así el país comenzó a salir de la crisis de 1929. Pero después, Roosevelt escuchó a quienes graznaban que el  déficit presupuestario sería intolerable para futuras generaciones. Se recortó el presupuesto… y la economía norteamericana cayó de nuevo en recesión. La recesión se superó cuando Estados Unidos intervino en la Segunda Guerra Mundial, que supuso un enorme incremento del gasto público. Y la economía funcionó. En 1945, acabada la guerra, el déficit presupuestario americano alcanzaba 250.000 millones de dólares, el 120% del PIB. Pero eso no impidió que Estados Unidos se convirtiera en la primera potencia económica.

¿Qué persiguen los neoliberales cuando insisten tanto en recortar?

Según Michael Hudson, antiguo economista en Wall Street y hoy profesor en la Universidad de Misoury (Kansas City), lo que persigue el neoliberalismo es desintegrar la seguridad social, neutralizar el sistema estatal de pensiones y reducir a la mínima expresión la asistencia sanitaria y la educación públicas. Desmantelar el estado social de derecho. Esta política nació tras la caída del muro de Berlín, en Breton Woods, con el Consenso de Washington y la impagable complicidad del FMI y del Banco Mundial. Hoy, la minoría privilegiada neoliberal controla la política económica y tiene a su servicio a la mayoría de gobernantes; conservadores y socialdemócratas.

Estamos ante una renovada teología del neoliberalismo; teología porque pretenden que es la única política posible y no se puede discutir. Teología económica contra la Seguridad Social para urdir un mundo privatizado. Porque necesitan que desaparezca el sistema público de pensiones para que los asalariados contraten pensiones privadas y así la minoría privilegiada dispondría de fondos ingentes para continuar especulando sin freno.

Al mismo tiempo, Europa, Gran Bretaña, China, Japón… se empecinan en reducir su déficit drásticamente y también fomentar las exportaciones. Para crecer. Si todos recortan ¿quién podrá importar? Si nadie importa ¿quién podrá exportar? La cuadratura del círculo.

Además, la dirección de la política económica ha sido cedida a los bancos centrales, correveidiles de la banca, para que ésta continúe especulando y enriqueciéndose. Son los bancos centrales quienes dogmatizan que la única política posible es apretarse el cinturón y perjudicar a la mayoría trabajadora. Dicen que así se recuperará el sistema financiero. Pero si el sector financiero sólo puede ser rescatado recortando seguridad social, atención sanitaria y educación, ¿por qué hemos de rescatarlo?

Y una nota para dejar claro donde estamos. La Universidad de Oxford, con el apoyo  de Naciones Unidas, ha elaborado un índice más preciso para medir la pobreza. Según el mismo, hay 400 millones de pobres más en el mundo de los que creíamos. Pobre es quien dispone de menos de un dólar y cuarto diario. El nuevo índice además tiene en cuenta si se puede acceder o no a la salud, a la educación, a la electricidad, al agua saludable… Así resulta que en el mundo hay 1.800 millones de personas que sufren pobreza severa, un 27% de la Humanidad.

Pura lucha de clases, créanme. Pero no como en el siglo XIX, patrones contra obreros y viceversa. Es la perversa agresión sistemática del obsceno sector financiero contra los trabajadores, contra los derechos de la inmensa mayoría de ciudadanos del mundo.

Hay que reaccionar.

Crisis y desigualdad

junio 25, 2009 1 Comentario

Crisis, crecimiento y desigualdad La única forma decente de luchar contra la crisis es procurar reducir la desigualdad. ¿De qué sirve una renta per capita de X dólares si una cuarta parte de la población vive en la pobreza, otra cuarta parte en la miseria y una tercera se tienta el cuerpo porque no sabe qué le sucederá? Las medidas tomadas contra la crisis acaso logren los equívocos macro-índices económicos de hace dos años, pero poco repercutirán beneficiosamente en la vida de la mayoría de las personas, que es lo que importa. No se logrará un mínimo de vida digna y sin incertidumbres socio-económicas para la mayoría de ciudadanos. Ni siquiera para una mayoría simple.

El acierto del New Deal de Roosevelt fue aplicar una reflexión keynesiana elemental: Hay más trabajadores que otras clases. Reduzcamos la desigualdad, hagamos que los trabajadores estén lo mejor posible, porque con salarios decentes, que les permitan una vida digna, todo el edificio económico funciona. El New Deal supuso acabar con legiones de desempleados e indigentes itinerantes. Fue una lucha contra la pobreza y contra la desigualdad.

Medidas contra la desigualdad son medidas efectivas contra las crisis. La actual crisis es fruto de un modo de entender la economía y la distribución de riqueza: el neoliberalismo del mal llamado ‘consenso de Washington’: Regular el gasto público en educación, salud y protección social (en realidad, reducir); reforma tributaria (disminuir impuestos a los ricos); políticas comerciales liberales (subvenciones y ayudas de los gobiernos de países ricos a sus agricultores terratenientes); patente de corso a la inversión extranjera; privatizar empresas públicas, desmontar lo público; ninguna regla ni control para el mundo financiero… El resultado ha sido un obsceno incremento de pobreza y desigualdad.

Y ahora, algunas medidas contra la crisis (sobre todo en Europa) se empecinan en el modelo de desarrollo que nos ha conducido a ésta. Ayudar con mucho dinero de todos al conglomerado industrial automovilístico, por ejemplo, es más de lo mismo. De los macro-esfuerzos del Estado para reflotar bancos sin pedirles responsabilidades anteriores ni controlarlos de modo que sientan el aliento de los gobiernos en el cogote, mejor ni hablamos. Sin voluntad de reducir la desigualdad por encima de todo, tampoco saldremos de ésta.

A propósito de la desigualdad, el ex jugador y entrenador de fútbol Johan Cruyff ha dicho sobre unos escandalosos fichajes de futbolistas por el Real Madrid: “Nadie vale lo que ha pagado el Madrid por Cristiano Ronaldo”. Fútbol aparte, nadie vale la enormidad que cobran ejecutivos y directivos de banca, sector del automóvil y empresas transnacionales; nadie rinde tanto para cobrar tales fortunas.

Y los ministros de economía del G-8 diagnostican que parece apuntar cierta estabilización en la situación económica mundial. Pero la salida de la crisis es incierta. “Aún si la producción remonta, el paro puede crecer”, han dicho. Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional, ha asegurado que el desempleo aumentará como mínimo hasta los primeros meses de 2011.

Si la salida de la crisis es incierta y se destruye empleo durante dos años o más, ¿quién se beneficia del dinero público contra la crisis? En España, por ejemplo, la banca, que ha tenido beneficios y continuará teniéndolos, mientras el gobernador del Banco Central español augura que aumentará el paro, el más alto de la Unión Europea. Pero los bancos españoles dan créditos a empresas con cuentagotas. Por cierto, la concesión cicatera de créditos genera el cierre o reajuste de empresas. Y aumenta de desempleo. ¿Esto es luchar contra la crisis?

Habrá que coincidir con el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Taibo, que “el crecimiento económico no genera cohesión social, provoca agresiones medioambientales a menudo irreversibles y propicia agotar recursos de los que no dispondrán generaciones venideras; por tanto, es urgente buscar otros horizontes”.

El último informe de Amnistía Internacional asegura que “la pobreza no es inevitable, y es causa y consecuencia de violaciones de derechos humanos. Un planteamiento para erradicar la pobreza, centrado sólo en el crecimiento económico, es insostenible e inútil. La crisis en la que vivimos ha condenado a la pobreza a 100 millones de personas más, demostrando cuan frágiles son los beneficios basados únicamente en el crecimiento económico”. Quizás ya sea tiempo de cambiar de rumbo, de dar un golpe de timón.

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