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Un fascismo camuflado se extiende por Europa

abril 16, 2012 Deja un comentario

El filósofo alemán Jürgen Habermas ha escrito y repite siempre que puede que en Europa se está desmantelando la democracia. Veamos. En España, por ejemplo, el gobierno reforma el Código Penal. Para sancionar a los violentos en manifestaciones. Pero es también es un pretexto. Porque lo que buscan de verdad es amedrentar a la ciudadanía pacífica que se opone en masa a la violación de sus derechos. Buscan que la gente tenga más miedo al sistema. Así lo reconoció Felip Puig, consejero de Interior del gobierno nacionalista de Cataluña, aliado del Partido Popular. Tal para cual.

Por eso crean nuevos delitos como “atentado a la autoridad por resistencia pasiva o activa grande”. ¿Qué es esa resistencia pasiva grande? No notificar a la delegación del gobierno que un colectivo de ciudadanos se manifestará. El incumplimiento de un formalismo administrativo puede convertir en detenidos y encarcelados a manifestantes pacíficos.

La reforma crea también otro delito, el de integración en organización criminal para quienes difundan a través de Internet convocatorias de movilización violenta. O (y eso es lo que les interesa más) simplemente que esas movilizaciones no hayan sido notificadas a la delegación del gobierno; también ese delito será el de los que no abandonen un lugar tras indicarlo la Policía, aunque permanezcan en el lugar pacíficamente.

Fascismo es toda doctrina o práctica política que se pase por sistema o por ley los derechos humanos por el forro. Y eso ocurre ahora en toda Europa y ocurrirá más si la ciudadanía no lo impide. Un fascismo sin brazos alzados, esvásticas ni águilas imperiales. El fascismo que utiliza el miedo y la fobia al extraño, al diferente. Pero no renuncia a la violencia callejera; tal vez la de provocadores. Porque la utilización de provocadores es vieja como la Historia. Y esa violenciade provocación genera otra indiscriminada por parte de las fuerzas de seguridad contra la ciudadanía resistente pacífica. Como la que hubo en Valencia, Madrid y Barcelona en las últimas semanas.

Por esos hechos, Amnistía Internacional denunció el uso de fuerza excesiva por fuerzas policiales contra manifestantes pacíficos. Sus informes indican que la policía cargó de modo indiscriminado; las imágenes pudieron verse en le Red y son muy claras.

¿Es casualidad, por otra parte, que el gobierno del Partido Popular haya indultado recientemente a cinco mossos d’esquadra (agentes de policía autonómica de Cataluña) condenados por el Tribunal Supremo por torturas, lesiones, maltrato y detención ilegal de un ciudadano falsamente acusado de robo?

El fascismo de hoy en Europa ha sustituido los uniformes pardos o negros y las liturgias delirantes por el control férreo de los medios de comunicación que utilizan para desinformar, engañar, ocultar, hipnotizar colectivamente, manipular y mantener desorientada y adormecida a la ciudadanía.

Amedrentar y fobia, dos caras de la misma política del miedo propia del fascismo. Fobia contra los inmigrantes, por ejemplo (antaño fueron los judíos), convertidos en chivo expiatorio. Y amedrentar a toda una Europa con el espantajo del déficit y la austeridad obligatoria como única (falsa) salida. Porque el miedo genera pasividad y fatalismo, inmoviliza. Y eso busca el poder financiero, autentico dueño de Europa.
El regreso del inicio del fascismo, maquillado de ritual democrático, se inició en los noventa: Berlusconi en Italia. Hasta The Economist lo consideraba una nueva forma de fascismo, una amenaza al Estado de derecho. Y el actual primer ministro, Mario Monti (designado a dedo por el poder financiero), no ha cambiado esa fascistoide situación italiana ni un ápice. Su objtivo es otro: que el poder financiero no se cabree.
Porque lo que de verdad molesta al poder financiero es la democracia; la de verdad, por supuesto. Irrita a los integrantes de la minoría que se sientan en los consejos de administración de bancos, corporaciones globales y grandes empresas; porque pone coto a su codicia y reconoce los derechos de la mayoría. Son ellos quienes sustituyen gobiernos elegidos democráticamente por tecnócratas designados en opacos cónclaves.

Pero hay más síntomas de ese desmantelamiento de la democracia. Estonia rehabilita a sus nazis, Lituania olvida el holocausto y Hungría deviene autoritaria. Y “en muchos países europeos del antiguo bloque oriental se abre paso una versión fascista de la historia“, denuncia el periodista alemán William Totok. Además, Dinamarca recuperó viejas restricciones a la libre circulación de personas; una norma comunitaria europea autoriza el internamiento sin juicio hasta año y medio de inmigrantes sin papeles y la expulsión de menores. En Francia e Italia deportaron en masa extranjeros gitanos… Huele a años treinta del siglo XX.
Y cuando Viktor Orban, primer ministro de Hungría, tomó medidas autoritarias (purgar la administración y los medios informativos de voces críticas) e inició proyectos contra la libertad de prensa o la división de poderes… no pasó nada. Pero cuando Orban pretendió que el parlamento húngaro pudiera vetar las directivas europeas o someter el Banco Central de Hungría al control directo del gobierno de ese país, entonces la Comisión Europea clamó que ”los valores europeos” peligraban en Hungría.
¿Ven la farsa? Habermas tiene razón: en Europa se está desmantelando la democracia.

Crisis de la deuda, tecnócratas, bomberos y priómanos

noviembre 21, 2011 Deja un comentario

Se han quitado la careta del todo y ya sacan y ponen gobiernos a su antojo. Como ha denunciado el profesor Alberto Garzón, el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, han impuesto gobiernos títeres a Grecia e Italia. Pero son gobiernos técnicos, tecnócratas, han jaleado y aplaudido casi todos los medios europeos. Veamos cuan “técnicos” son.

El nuevo primer ministro “tecnócrata” de Grecia, Lukas Papademos, fue vicepresidente del Banco Central Europeo. Y también gobernador del Banco de Grecia entre 1994 y 2002: precisamente cuando se falsificaron las cuentas públicas con la imprescindible ayuda de la banca Goldman Sachs. Por cierto, en ese tiempo de falsificación, Petros Christodoulos era director del National Bank of Greece (que algo tuvo que saber), también directivo de Goldman Sachs. Hoy dirige el organismo que gestiona la deuda griega.

El otro primer ministro (que tampoco ha votado ningún ciudadano) es el “tecnócrata” Mario Monti. Fue comisario de Mercado Interior y Competencia de la Comisión Europea y, cómo no, consultor internacional de Goldman Sachs.

Sin entrar en detalles, que Mario Monti y Papademos sean quienes han de resolver los problemas de Italia y Grecia es como contratar pirómanos para tareas de bomberos.

Un tercer nuevo dirigente en liza para que Grecia e Italia se ajusten aún más en aras de la banca europea, es el recién designado (nunca elegido) presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quien igualmente fue vicepresidente de Goldman Sachs de Europa así como responsable de la venta de los productos financieros con los que en algún momento se ocultó parte de la deuda soberana griega.

Sobre la catadura moral y la fiabilidad de la americana banca Goldan Sacchs, pero tan presente en el escenario de la deuda europea, cabe recordar que la SEC, órgano supervisor de los mercados financieros de Estados Unidos, ha demandado a Goldman Sachs por presunto fraude en la venta de bonos hipotecarios.

A la vista de este panorama de tecnócratas como gran solución (en realidad son zorros para vigilar el gallinero), Marcello Musto, profesor de la York University de Toronto, denuncia que la economía no sólo domina a la política, sino que le ha arrebatado las competencias y anulado el control democrático. Por eso cualquier cambio de gobierno no altera ni un ápice la implacable aplicación de políticas neoliberales de austeridad fiscal y recorte social, presentadas además como la única salida posible.

Ese sometimiento de la política democrática al poder económico se perpetra bajo el camuflaje de lo “apolítico”, porque lo “técnico” es lo “apolítico” por excelencia. Pero tras la falacia de los gobiernos de tecnócratas están la ideología y política más neoliberales y conservadoras que uno se imagine, así como la eliminación de la política democrática, porque, cuando de finanzas, deuda y beneficios para la banca se trata, quedan excluidos referendos, elecciones y otras veleidades democráticas.

Lo cierto es que esta Unión Europea (con especial protagonismo de la Comisión Europea y del BCE) siempre ha tenido problemas con la democracia, porque la democracia de verdad interfiere en los grandes enjuagues de la minoría rica y privilegiada a cuyo servicio están. Cuando Irlanda votó “no” al Tratado de Niza, por ejemplo, rápidamente se pidió al gobierno irlandés que organizara otra votación que aprobara el Tratado de Niza. Como la trampa de lanzar una moneda al aire para resolver un dilema tantas veces como sea preciso hasta que sale lo que uno quiere que salga.

Y es que las decisiones de calado en la UE no las toman los parlamentos, ni siquiera la Comisión Europea, sino un contubernio (que no aparece como órgano institucional en ningún tratado constitucional europeo), integrado por ocho personas que no han sido elegidas para esa tarea ni para ninguna otra (salvo Merkel y Sarkozy). Son, además de los citados (pero ningún otro primer ministro o presidente de país europeo), Lagarde (presidenta del FMI), Mario Draghi (presidente del BCE), Barroso (presidente de la Comisión Europea), Jean-Claude Juncker (presidente del Eurogrupo), van Rompuy (presidente del Consejo Europeo) y Olli Rehn (comisario europeo de asuntos económicos).

Así las cosas, hacemos nuestras las palabras de Douglas Fraser, presidente de la poderosa federación de trabajadores de la industria del automóvil (UAW) de Estados Unidos, quien en 1978 denunció a la clase empresarial “por haber escogido la guerra contra los trabajadores, los desempleados, los pobres, las minorías, los jóvenes y los ancianos, e incluso contra sectores de las clases medias”.

Solo que hoy es el sector financiero el que protagoniza esa guerra y se carga la democracia.

Wikileaks, una necesidad democrática

diciembre 14, 2010 Deja un comentario

Julian Assange debería ser asesinado, según un tal Flanagan, asesor del primer ministro de Canadá. El asesinable Assange es el fundador y director de Wikileaks, organización que ha dejado con las vergüenzas al aire a la clase política de Estados Unidos y de otros países al difundir miles de documentos del Departamento de Defensa y de las embajadas al Departamento de Estado. Documentos “clasificados”, muy secretos. Lo de hacer secretos documentos oficiales es una práctica nada democrática de gobiernos que presumen de democráticos; una práctica que, como recuerda el sociólogo Manuel Castells, es la “capacidad de silenciar en la que se ha fundado siempre la dominación y las tiranías”. Como escribe el constitucionalista Bill Quigley de la universidad de Nueva Orleans, “desde el 11-S, los políticos creen que no deben compartir sus ‘secretos de estado’ con los ciudadanos”. Inaceptable.

Afortunadamente existe Wikileaks. La difusión de documentos “clasificados” ha destapado corrupciones, abusos y violaciones de derechos humanos, juego sucio, trampas para impedir hacer justicia, torturas y matanzas en todo el mundo. También actuaciones autoritarias o delictivas de mandatarios, lavado de dinero que salpica a gentes “honorables”, atrocidades perpetradas por fuerzas armadas de Estados Unidos y Gran Bretaña en Irak… Una larga lista de ilegalidades, delitos e incluso crímenes. Que tal labor de destapar e informar es importante lo prueba que Wikileaks haya recibido por su tarea premios de entidades tan dispares como el conservador The Economist o Amnistía Internacional.

Como era previsible, Wikileaks está ahora en el punto de mira. Pero quienes atacan a Wikileaks no cuestionan la veracidad de lo difundido; critican la difusión de documentos con la despreciable falacia de que pone en peligro a tropas americanas o de sus aliados. Políticos estadounidenses han farfullado la inefable majadería de que las filtraciones de Wikileaks son terrorismo porque arriesgan vidas. Pero oficiales estadounidenses han reconocido que “la publicación de esos documentos no ha producido muerte alguna”. Por cierto, son los mismos políticos que aprobaron bombardeos de saturación de Bagdad y otras ciudades iraquíes que costaron miles de vidas.

Hillary Clinton, Secretaria de Estado de Estados Unidos, ha reaccionado en falso al decir que “esta revelación es un ataque a la comunidad internacional”. ¿Qué ataque? ¿De qué comunidad habla? Y miembros de la Cámara de Representantes de EEUU han pedido a la Secretaría de Estado que añada Wikileaks a la lista de organizaciones terroristas. Sería cómico, si no fuera tan lamentable.

Por si fuera poco, algunos medios de comunicación (no al servicio de los ciudadanos, por cierto) colaboran con los ataques de servicios de inteligencia contra Assange y Wikileaks. Fox News, portavoz de la extrema derecha estadounidense, ha propuesto incluso que Assange sea asesinado. Algo viejo como el mundo, porque ya en la Grecia clásica los tiranos mandaban asesinar al mensajero. Pero el mensajero no es responsable de lo canallesco de los mensajes.

Lo ofensivo es que los diversos mandatarios afectados no se avergüenzan ni se arrepienten por lo que han perpetrado y Wikileaks ha desvelado, pero se rasgan las vestiduras porque ahora se conocen sus fechorías.

Conviene recordar el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo 62º aniversario se ha celebrado el 10 de diciembre: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

El presidente saliente de Brasil, Lula da Silva, ha expresado su total solidaridad con Julian Assange y se ha mostrado “espantado ante la falta de manifestaciones” en el mundo contra la prisión de Assange. “Quiero manifestar mi protesta contra ese atentado contra la libertad de expresión. En vez de culpar a quien ha divulgado esos documentos, deben ser culpados quienes los escribieron”.

Wikileaks contribuye a garantizar nuestro derecho ciudadano a saber la verdad. La información es la savia de la democracia, decía Thomas Jefferson, y quien impida ese derecho a la información ataca la democracia.

A fin de cuentas, como ironizaba una ilustración humorística, “¡qué horror, el mundo es tal como nos temíamos!”. Por eso, porque lo intuíamos y ahora sabemos, hay que continuar luchando por el derecho a la información. Contra cualquier autoritarismo.

La corrupción de la democracia

noviembre 17, 2010 Deja un comentario

Ignacio Ramonet denuncia que Eric Woerth, ministro de trabajo de Sarkozy sospechoso de corrupción, es quien pilota la reforma francesa de las pensiones que empobrecerá a millones de asalariados. Actuación neoliberal y posible corrupción. No es casual.

En España no cesa la corrupción, sobre todo urbanística. Los presuntos corruptos son militantes destacados y dirigentes del Partido Popular (los neoliberales españoles), no exclusivamente pero sí mayoritariamente. En Italia, según su Tribunal de Cuentas, las actividades corruptas en el Estado crecieron un 150% en 2009. Y su muy neoliberal primer ministro no está en prisión porque su mayoría parlamentaria hizo aprobar leyes que le han dado inmunidad e impunidad. Y en el mundo, aumentan la manipulación de contratos públicos, malversación de fondos, fraude fiscal, blanqueo de dinero criminal… Los neoliberales propugnan que no haya reglas para el capital (en aras del crecimiento, dicen), pero sin reglas ni control florecen corrupción y fraude. Hoy ya sabemos que la corrupción es un pilar del capitalismo neoliberal.

En los últimos veinticinco años, la producción de bienes y servicios ha sido sustituida por una economía especulativa. Este capitalismo de casino ha enriquecido obscenamente a una minoría, creando al mismo tiempo cotas de pobreza y desigualdad nunca vistas. Capitalismo financiero, especulativo y corrompido, no lejano de la economía criminal organizada, que crea un mundo corrupto donde proliferan negocios sucios, recalificaciones urbanísticas delictivas e implacable especulación financiera con demoledoras consecuencias para millones de personas…

El neoliberalismo ha enquistado la corrupción y secuestrado la democracia. Una corrupción que prostituye la acción política, como ya ha pervertido la economía, y contamina los valores democráticos.

José Vidal-Beneyto en su libro póstumo sobre la corrupción de la democracia asegura que si “la principales fuerzas políticas se ponen de acuerdo para timar a los ciudadanos se desacredita la democracia”. Que es lo que ocurre en nuestros días.Y cuando la democracia se desacredita, los ciudadanos dan la espalda a la política, crece la abstención electoral y crece electoralmente la derecha más peligrosa. Está sucediendo y no es broma. No olvidemos que Hitler fue el más votado en las elecciones de Alemania en 1932 con un 37% de sufragios.Y luego pasó lo que pasó.

La corrupción no atajada es la muerte de la democracia.

Por otra parte, la imposición del dogma económico neoliberal con sus fusiones empresariales, desregulaciones financieras, privatizaciones y deslocalizaciones de empresas ha generado la crisis e instalado un desempleo incesante e insoluble. La fusión de Iberia y British Airways, por ejemplo, supone miles de despidos, mientras directivos y ejecutivos de ambas empresas se aumentan el sueldo un 56%.

Los asalariados, trabajadores autónomos y pequeñas empresas se han vuelto más vulnerables. La inseguridad presente y la incertidumbre ante el futuro generan miedo y, como recuerda Vidal-Beneyto, empuja a la ciudadanía a olvidarse de la acción colectiva y a refugiarse en contravalores perversos o que pueden serlo como la seguridad ante todo o la identidad patriótica, religiosa o de grupo.

La corrupción ha alcanzado también a los medios de comunicación. Propiedad de los nuevos amos del mundo, en ajustado término de Ramonet, ocultan o maquillan los problemas y a sus responsables, falsean la realidad y entierran la opinión pública con la colaboración imprescindible de periodistas serviles, políticos arrodillados y pensadores mercenarios muy bien remunerados, por cierto. La información, a la que la ciudadanía tiene derecho, ha sido sustituida por la banalidad, la manipulación y la persuasión. Y periodistas y analistas críticos son ignorados y marginados por los grandes medios.

El resultado es una demagogia instalada, la ciudadanía de espaldas a la política, la disolución de la ética democrática y el aumento de la abstención. Uno puede querer pasar de la política, pero la política nunca pasa de uno; sobre todo cuando está en manos de servidores del dogma neoliberal.

Hemos de recuperar la democracia que la minoría privilegiada neoliberal y sus sirvientes han secuestrado. Y hay que hacerlo defendiendo los valores democráticos. Contra el individualismo feroz, contra la negación de lo público, contra el enriquecimiento como objetivo prioritario. Contra toda esa basura hay que recuperar la decencia ética, la solidaridad, la acción colectiva y el altruismo.

No hay democracia por votar cada varios años. La democracia es, ante todo, un proyecto ético de valores sociales y morales que hacen legítimo el ejercicio del poder por los representantes de la ciudadanía.

Es preciso recuperar la democracia antes de que la minoría rica la corrompa del todo.

Si los ciudadanos toman las riendas

febrero 2, 2010 Deja un comentario

Haití ya no ocupa tanto espacio en las primeras páginas, pero el drama de cientos de miles de haitianos es el mismo de hace días. En el ceremonial de confusión tras el terremoto, ¿quién aborda los problemas de los haitianos? Los inmediatos: techo, alimentación, asistencia médica y sanitaria… Y los otros: reparar errores (o canalladas) socio-económicos graves y sentar las bases para un país no fallido que permita a los haitianos vivir con dignidad, respetados sus derechos humanos.

Hace diecisiete meses, Haití también ocupó las primeras páginas de los rotativos del mundo porque un atroz huracán arrasó el país. Y hubo algunas donaciones millonarias y también promesas de donaciones millonarias que ahí quedaron. También considerables fallos en el reparto de la ayuda humanitaria, la necesariamente inmediata. De los millones de dólares prometidos, bastantes no llegaron o tal vez se perdieron por el camino, pero los ciudadanos que debían ser atendidos nunca lo fueron. ¿Se repetirá la astracanada?

Sólo Dios nos puede salvar”, leemos que clama una mujer haitiana en  una dramática crónica sobre la prolongación del desastre. Para la mujer, tal vez para muchos más, dios es el último recurso para no perder la esperanza del todo.

Para lo inmediato, lo próximo y lo futuro, es bueno contar con la solidaridad de los de fuera sin esperar demasiado. Sobre todo cabe contar con la ayuda de quienes no actúan para obtener beneficio ni renta alguna, política, financiera, mercadotécnica o publicitaria; probablemente, muchas organizaciones solidarias. Pero, sobre todo, los haitianos han de empezar a aprender a contar con ellos mismos.

Alejandro Nadal, profesor e investigador del Centro de Estudios Económicos de México, nos recuerda que el principal recurso para reducir la vulnerabilidad de la población afectada por un desastre es la propia población afectada. Esa población ya está en el lugar de los hechos, conoce bien las características del lugar (y sabe como aprovecharlas) y está comprometida con la seguridad y la atención de los suyos.

Quizás suene utópico proponer que lo principal para afrontar el desastre del terremoto y sus consecuencias sean los propios haitianos; esos haitianos que deambulan perdidos y necesitados por las calles de Puerto Príncipe o de otras poblaciones del país.

Pero también debió parecer utópico cuando unos cuantos ciudadanos se enfrentaron al corrupto e injusto sistema de aristócratas y reyes absolutos que duró hasta el siglo XIX. Acaso también se vieron como utópicos los primeros obreros que se organizaron para hacer frente a la feroz burguesía industrial en Europa y Estados Unidos desde finales del XIX e inicios del XX. Tal vez se consideró utópico que Gandhi viajara por la India (sólo con su palabra y su ejemplo) para sembrar que la India debía ser independiente del poderoso Imperio Británico. Quizás se vio utópico que los ciudadanos y ciudadanas plantaran cara a las corrompidas élites comunistas de los países del este de Europa… Hasta que cayó el muro de Berlín. Como desapareció el régimen absoluto, los obreros alzaron la cabeza y la India obtuvo la independencia.

Nada es fácil ni se consigue en tiempo breve, pero si algo nos enseñan los hechos pasados es que las situaciones establecidas de injusticia, los estados de canallada incesante, incluso las desgracias generales, empiezan a resolverse cuando quienes las sufren se deciden a enfrentarlas.

No sé decir cómo, pero estoy convencido de que Haití despegará cuando los haitianos decidan que despegue. Hay ejemplos cercanos. Bolivia, por ejemplo, ha dejado de ser el país más pobre de América del Sur, elogiada incluso por el nada generoso ni solidario Fondo Monetario Internacional, aunque Bolivia, afortunadamente, no haya seguido sus nefastas recetas neoliberales sino todo lo contrario.

Bolivia, presidida por Evo Morales, ha reducido su deuda exterior a la mitad y continuará cancelándola. Tiene en marcha planes razonables de industrialización y ha conseguido hasta hoy que una cuarta parte de sus casi diez millones de habitantes (sobre todo mujeres, ancianos y estudiantes) se beneficien de una mejor distribución de la riqueza del país con una vida sin hambre ni penurias. Una vida digna.

En Haití, además de ayuda exterior bien organizada y canalizada, y de solidaridad no interesada, los haitianos han de ser conscientes de que la principal ayuda ha de venir de ellos mismos. O jamás resolverán sus problemas.

La democracia está en crisis

enero 19, 2010 Deja un comentario

Veinte días encarcelados en Copenhague y una acusación formal de falsificación de documentos y allanamiento de morada. Les pueden caer dos años de prisión. Pero no son delincuentes ni siquiera alborotadores de manifestaciones callejeras. Son activistas pacíficos de Greenpeace que se colaron en el banquete oficial que el gobierno danés ofrecía a mandatarios del mundo durante la fracasada y vergonzosa Cumbre del Clima de Copenhague.

Es cierto que los activistas de Greenpeace entraron en una celebración a la que no habían sido invitados. Pero no robaron nada, no agredieron a nadie, no amenazaron, no insultaron, no hicieron pintadas en las impolutas paredes, no hicieron daño alguno. Vestidos de riguroso esmoquin, sólo desplegaron dos pequeñas pancartas que decían: “Los políticos hablan, los líderes actúan”.

Incluso el diario El País de España ha editorializado que “resulta sorprendente la dureza de los cargos, así como la prolongación de la prisión durante 20 días y el tratamiento dispensado a los activistas como si se tratara de peligrosos delincuentes”.

Juantxo Uralde, director de Greenpeace España, uno de los encarcelados, lo expresó con claridad:

Si nos dicen que estaríamos tanto tiempo en cárcel preventiva, casi incomunicados, con la amenaza de una condena de varios años por una protesta pacífica, hubiéramos creído que eso sucedía en una dictadura, nunca en la democrática Dinamarca”.

Aunque quizás saber que Dinamarca está gobernada hoy por el “Venstre Danmarks Liberale Parti” (Partido Liberal Danés) con la ayuda parlamentaria de un partido xenófobo de extrema derecha (Danske Folkepartie) explique porque cosas así suceden en Dinamarca.

Quizás también esclarezca los hechos que el Parlamento danés (con mayoría de derecha y extrema derecha) aprobara a toda prisa días antes de la fracasada Cumbre del Clima una ley que permite el arresto preventivo sin prueba alguna (hasta 40 días). La policía sólo ha de alegar que se podría obstruir el ejercicio de sus funciones investigadoras.

El Artículo 9 de la Declaración Universal de Derechos Humanos dice: “Nadie puede ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado”. Al parecer ese artículo no está vigente hoy en Dinamarca, aunque Dinamarca aprobó, firmó y ratifico la Declaración. Echar a la basura los derechos humanos (la justicia y la libertad, en definitiva) no es raro en estos días de embuste, ruido, y furia.

En Italia ocurre lo contrario. Allí se elaboran leyes a medida para que los poderosos que infringen la ley eviten la cárcel. Leyes que el primer ministro Berlusconi ha promovido para eludir la justicia. En junio de 2003 hizo aprobar la ley Schifani que le otorgaba inmunidad penal con efectos retroactivos en un proceso por soborno a un juez. Y al volver al poder en abril de 2008,  Berlusconi se dio inmunidad penal con la ley Alfano. El Tribunal Constitucional italiano la declaró ilegal, pero Berlusconi había ganado tiempo suficiente. Y ahora hace aprobar otra ley para blindarse. Esa ley ordena que la instrucción de sumarios por delitos de corrupción o fraude fiscal (que Berlusconi tiene pendientes) sólo puede durar dos años desde que el fiscal empieza a investigar y lo notifica al acusado. Puesto que la investigación e instrucción de sumarios por delitos económicos son necesariamente lentos, Berlusconi y otros miles de procesados por esos delitos se librarán de ser juzgados por sus trapacerías, pues la nueva ley obliga a archivar las acusaciones una vez transcurrido ese arbitrario tiempo máximo de instrucción. Para evitar la cárcel, Berlusconi también ha despenalizado parcialmente hechos por los que se le juzgaba (como falsedad en la contabilidad) y decretado amnistías para algunos delitos.

Reflexionando sobre lo que ocurre en Dinamarca e Italia hemos de concluir que democracia es mucho más que votar cada cuatro años, aunque las elecciones libres sean un pilar del sistema democrático. Democracia es división de poderes. Democracia es un sistema de contrapesos y controles de los poderes del Estado para que ningún poder se exceda. Y, por encima de todo, democracia es respeto de los derechos humanos de todos y cada uno de los ciudadanos, nacionales o de donde sean.

Podríamos citar más hechos del pelaje descrito. Lo de Copenhague y la impunidad con que actúa Berlusconi indican que la grave crisis que sufrimos no es sólo económica y financiera.



Una elecciones europeas esclarecedoras

junio 16, 2009 Deja un comentario

Un 55% de ciudadanos no ha votado en las elecciones al Parlamento Europeo. O sólo ha votado un 45%, como prefieran. Voceros de guardia y cabecera de medios informativos han sentenciado que la progresiva abstención europea (en las elecciones de 1979 participó casi el 62%) es porque los partidos se han enzarzado en cuestiones nacionales y no en lo que se hace en Europa. Razón cierta, pero insuficiente.

Lo cierto es que la Unión Europa no ha reaccionado con coraje para combatir la crisis, y se empecina en las políticas neoliberales que la han provocado. Y muchos ciudadanos están hartos. Y temerosos por su futuro

Unas políticas basadas en el crecimiento y la moral de éxito, que generan individualistas. Y los individualistas se suelen volver conservadores. El resultado de estas elecciones abstencionistas ha sido una Europa aún más de derechas.

El origen de esa abstención son las actuaciones y conductas políticas de la cúpula de la Unión Europea, que ha tratado y trata a los ciudadanos europeos como menores de edad. ¿Por qué votar un Parlamento que ni siquiera ha debatido la Constitución europea (el Tratado de Lisboa) que quieren colocarnos como sea? Esa Constitución fue elaborada casi en secreto por un grupo prscticamente clandestino designado a dedo, presidido por el conservador y neoliberal ex presidente francés  Valery Giscard d’Estaign. ¿Para que votar esa Europa cuando franceses, holandeses e irlandeses votaron no a  esa Constitución, pero nos la impondrán quieras que no sin hacer cambio alguno?

Una Constitución europea que consagra una “economía de mercado altamente competitiva”, en la que ya no existe el derecho al trabajo sino “el derecho a trabajar” (que no es un derecho de la Declaración Universal de Derechos Humanos sino ve a saber qué). Una Constitución en la que servicios públicos se convierten en “servicios económicos de interés general”. Y casi elimina el concepto de lo público. Una Constitución europea en la que la reducción del déficit estatal pasa por encima de prestaciones sociales, de la vivienda protegida o del transporte y sanidad públicos... En esa Constitución la palabra “mercado” aparece 78 veces, la palabra “competencia” 27 y “progreso social” sólo una. El uso de las palabras –o su ausencia- nunca es gratuito ni inocente. Y menos en política.

Eufemismos, manipulaciones, repeticiones o ausencias que abren la puerta a la precariedad laboral endémica, a privatizaciones a mansalva, a desigualdad, a desprotección social… Y con esta crisis ya hemos visto donde llevan las privatizaciones sin freno y el imperio del mercado.

Por eso, muchos ciudadanos quizás hayan pensado ¿por qué votar en esa Europa neoliberal de la peor especie sino nos hacen caso luego? ¿Ustedes han oído que Sarkozy, Merkel, Brown, Barroso, Zapatero… hayan dicho que las lecciones de la crisis deben hacer replantear contenidos de la Constitución europea? Yo tampoco.

Pero hay otra cara de la moneda en estas elecciones abstencionistas: la conducta de muchos ciudadanos. Propia de súbditos, no de ciudadanos. De confundir emociones o miedos con razón y razones. De pensar que no va con ellos, que es grave dislate, porque se puede pasar de la política, pero la política nunca pasa de nosotros. Porque abstenerse, contra la pretensión de anarquistas, perezosos o totalitarios, no es una postura política activa. La abstención apuntala errores, disfunciones y déficits del sistema democrático. Hace más inmunes e impunes a quienes reciben poder por votos ciudadanos y deja campo libre a la arbitrariedad de los políticos profesionales y burócratas.

Navegando por Facebook hemos encontrado opiniones de ciudadanos sobre estas elecciones europeas que dan que pensar: “Los ciudadanos parecemos borregos”. “Si la gente pretende dar un voto de castigo se equivoca. Al final el poder sigue en manos de los ricos”.”Los partidos de derechas, que han defendido y defienden políticas neoliberales, causantes de la crisis, salen reforzados en las elecciones europeas. Ésta es una sociedad enferma”. “No tenemos porqué conformaros con un capitalismo que enriquece a los ricos y empobrece a los pobres”. “La felicidad no está sólo en la estabilidad y la seguridad, sino sobre todo en la libertad y la justicia, así que moved el culo, porque nada es imposible”. “El conformismo es el peor y más vergonzoso defecto del ser humano”. Y una reflexión breve, tremenda: “Tenemos lo que nos merecemos”.

Que así no sea.

Sin derechos humanos la democracia es una farsa

marzo 10, 2009 2 comentarios

Sheldon Wolin,  profesor emérito de Princeton, analiza una degeneración del sistema democrático: el ‘totalitarismo invertido’. Que busca anestesiar a los ciudadanos desde el poder para mantenerlos en estado permanente de  necedad, de irresponsabilidad y que la democracia se disuelva, reducido el papel ciudadano a votar cada cuatro años en elecciones convertidas en espectáculo mediático. Ese totalitarismo invertido es democracia nominal, una democracia sin ciudadanos. Como querer un jardín sin flores.

Dice Wolin que el totalitarismo invertido busca ciudadanos atemorizados, sin conciencia social ni política, contra la política incluso. Que se muevan por emociones, sensaciones e impresiones, no por razones y juicios. Ciudadanos desmovilizados que dejen el campo libre a la clase política para que ésta haga lo que le dé la gana.

 

Una muestra de totalitarismo invertido fue el proceso de ratificación de la Constitución de la Unión Europea. Franceses, holandeses e irlandeses dijeron ‘no’ en los referendos de ratificación, pero los datos indicaban que los diputados holandeses y franceses la hubieran aprobado por amplísima mayoría. Los mandatarios de otros países europeos ni siquiera convocaron referendos. No querían que los ciudadanos decidieran.

 

El totalitarismo invertido busca la infantilización de los ciudadanos para que sean manipulables y vulnerables. A ello contribuyen los medios de comunicación, que no informan con objetividad y a menudo ni siquiera informan. El cuarto poder desapareció, absorbido por el poder económico a cuyo servicio está. Los medios banalizan, frivolizan, distorsionan y, sobre todo, ocultan. Y, cuando lo consideran necesario, falsean.

 

El programa Censura de la universidad californiana de Sonoma expone anualmente cuestiones, temas y problemas importantes que los grandes medios informativos estadounidenses apenas tratan u ocultan. Lo que afecta a la mayoría de ciudadanos es escamoteado y se informa más sobre los pequeños robos de la actriz Winona Ryder o cualquier frivolidad irrelevante que de lo que ocurre en Afganistán o Irak. El progresivo empobrecimiento de la clase trabajadora estadounidense y las violaciones del Gobierno de Estados Unidos de los tratados internacionales que ha firmado no existen. Como escribió Eduardo Haro Tecglen, “el tumulto de la información dirigida y ocultada aleja a los ciudadanos del conocimiento de la realidad”. Y ese desconocimiento los hace vulnerables, manipulables.

 

El catedrático Juan Torres ha escrito sobre esa ocultación de la verdad por los medios: “En Venezuela se ha aprobado por referendo que quien quiera sea Presidente pueda presentarse a reelección ilimitadamente. Los medios informativos occidentales dicen que eso muestra que Chávez es un dictador y que en Venezuela no hay democracia. Ocultan que, para ser Presidente, Chávez (o quien sea) tendrá que ganar las elecciones en las que habrá (como ha ocurrido hasta ahora) cientos de observadores internacionales”.

 

Tal vez porque interesa que los ciudadanos sean manipulables, la editorial rusa Atticus ha cancelado la publicación de Los que susurran, obra del historiador británico Orlando Figes, con tremendos testimonios de supervivientes de la represión estalinista. El autor y numerosos amigos rusos creen que ha habido censura del Kremlin. Porque la clase dirigente rusa (con Putin al frente) quiere hacer bueno a Stalin y que se ignore que fue un genocida.

El otro frente de vaciado de la democracia es recortar los derechos de los ciudadanos. Desde 2001, el terrorismo ha sido pretexto para un recorte incesante de esos derechos. Encarcelamiento sin juicio, ausencia de protección judicial, detenciones incontroladas, violación de la intimidad… Si se viola el derecho a la vida, a la libertad, a no ser torturado ni a sufrir tratos crueles o degradantes, a no ser detenido ni preso arbitrariamente, a que haya presunción de inocencia, a ser juzgado con garantías… el sistema democrático se convierte en un decorado. Años después, la seguridad no ha aumentado, pero sí han retrocedido las libertades. Y democracia sin derechos humanos no es democracia.

 

Además de elecciones, en una verdadera democracia hay control y límite al poder para que derechos y libertades de las personas sean respetados. Por eso los recortes de derechos nos acercan al totalitarismo, aunque sea invertido.

 

Vittorio Zucconi, director del diario La Repubblica, ha escrito: “Sólo en los resúmenes escolares la Historia avanza en porciones definidas. Alemania no se volvió nazi en un mes. Italia no fue fascista de la noche al día. Te das cuenta de aquello en que te has convertido, ley tras ley, decreto tras decreto, concesión tras concesión. Y entonces ya es tarde para volver atrás.”

Si los ciudadanos aceptamos que no nos permitan intervenir en los asuntos públicos, estamos permitiendo que avance el autoritarismo.

La Europa que queremos

junio 14, 2008 4 comentarios

Bien venido el No de los irlandeses al Tratado de la Unión Europea. Bien venido aunque los motivos de una parte de votantes sean ‘egoístas’ o ‘ingratos’, como he leído en algún comentario editorial sesudo. Y lo aplaudo, porque, aunque no hayan sido conscientes del todo de lo que han negado, los irlandeses han alejado una norma básica de la UE que era y es la consagración de la Europa neoliberal, la del capitalismo feroz a favor de las grandes empresas corporaciones y la banca, la que consagra el retroceso de lo público en beneficio de los intereses privados (minoritarios, por cierto), la que olvida su historia de cuna y defensa de los derechos humanos…

¿Exageración? ¿Delirio de izquierdista trasnochado? Si uno se para a observar qué han hecho los euroburócratas y mandamanses de la Unión Europea (UE) en los últimos años y además lee siquiera por encima las páginas de ese Tratado, comprueba que hay una ’letra pequeña’, no por tamaño sino por oscuridad, que apunta a lo dicho. Declan Ganley, uno de los líderes defensores del No irlandés, ha explicado que la negativa al Tratado no es antieuropeísta sino todo lo contrario, porque la negativa a ese Tratado pretende “devolver Europa a los pueblos y a la democracia. No podemos aceptar una transferencia de poderes a gente que no ha sido elegida y que no tiene que rendir cuentas a los electores. Es inaceptable que ignoren a los ciudadanos.”

Porque esa es una de las razones para oponerse al Tratado, como lo era para oponerse a la anterior Constitución europea que tumbaron holandeses y franceses: a los ciudadanos sólo los consideran decorado, atrezzo, pero no cuentan con ellos. Los que dicen que ‘saben’, los que hacen y deshacen a su aire, los que mangonean, son los políticos profesionales y los euroburócratas con galones.

Si uno sigue las cosas de la UE, comprueba que muchas cosas son fruto de tejemanejes y cabildeos entre primeros ministros y ministros de los diferentes ramos, sin intervención del Parlamento Europeo ni de los parlamentos nacionales.  No contar con los ciudadanos y ciudadanas es justo lo contrario de la democracia. Que la cosa va por ahí lo expone con claridad diáfana uno de los medios que se tiene por más ‘europeísta’: El País. En la editorial del día del No irlandés dice: Hay otros argumentos para explicar el rechazo de Irlanda [al Tratado europeo]. Tienen que ver con lo absurdo de someter a referéndum cuestiones tan complejas como las que albergan las casi 400 páginas del documento de Lisboa. Es decir, los ciudadanos y ciudadanas son tontos y no entienden ciertas cosas, por tanto, las cosas importantes no se han de someter a la aprobación de los ciudadanos y se han de dejar a los que entienden, que son ellos, los que mangonean. 

Este modo de concebir la política en la que ‘los que saben’ deciden, en la Grecia clásica se llamaba ‘gobierno de los mejores’, que en griego se dice ‘aristocracia’. ¿Les suena?

Durante años se comentó que la Europa Unida derivaba velozmente a una Europa de los mercaderes, no la Europa de los pueblos y los ciudadanos. Se quedaron cortos. Cada vez ésta UE es más la Europa de una minoría privilegiada, profesionalizada en política, al servicio de las grandes empresas, corporaciones y la gran banca.

¿Para que queremos entonces esta Europa? La Europa que insufla miles de millones de euros para salvar esa gran banca codiciosa, irresponsable e incapaz en la actual crisis económica; la Europa que pretende expulsar a millones de inmigrantes, cuando estudios recientes (incluido uno de la ONU) indican que los necesitamos como agua de mayo; una Europa que no ceja en hacer retroceder parte de derechos y logros sociales conseguidos durante más de un siglo con sangre, sudor y lágrimas; una Europa que se plantea (ver acuerdos previos entre Sarkozy y Merkel) apostar de nuevo por las centrales nucleares sin hacer ningún esfuerzo que merezca tal nombre para avanzar en energías no contaminantes; una Europa que ha cedido y cede a la extorsión sistemática de la acción por la fuerza de EEUU en el mundo; una Europa que calla y no reacciona ante las graves violaciones de derechos humanos en China, Rusia, Colombia, países del antiguo imperio soviético, Indonesia, Pakistán…; una Europa que desmonta a la chita callando lo que tanto ha costado en beneficio de la inmensa mayoría…

¿Para que queremos esa Europa? Esa Unión Europea se ha construido pasándose por el forro algunos principios elementales de cualquier sistema democrático que lo sea de verdad, como que el ejecutivo surge de la correlación de fuerzas del poder legislativo y que el Parlamento controla al ejecutivo. El famoso Tratado, como antes la Constitución europea, se cocieron en muy pequeño comité. Ni Parlamentos nacionales ni Parlamento europeo ni ciudadanos intervinieron.

Bien es cierto que la tendencia a dejar de lado a los ciudadanos no es solo propia de esta Unión Europea, pero eso no justifica nada, porque la abundancia de conductas inadecuadas o injustas no las justifica. O ¿acaso el asesinato y la violación son aceptables porque se den muchos casos?

La democracia es el sistema político en el que el poder político es propiedad de los ciudadanos en conjunto, que lo delegan por medio del voto secreto, personal e intransferible, más un sistema de garantías y derechos que la ley y las instituciones de la democracia han de asegurar. Y todo lo que se aparte de esos principios es alejamiento de la democracia. Como ocurre ahora en la Unión Europea.

Europeístas de verdad somos los que pensamos en la Europa de los ciudadanos y de los pueblos, no la de la clase política, de las corporaciones, grandes empresas y la banca. Esa Europa no la queremos ni en pintura.

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