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Gobiernos ilegítimos y ciudadanía

mayo 13, 2012 1 Comentario

En España, Rajoy prometió no abaratar el despido, pero lo ha abaratado; además, deja desprotegidos del todo a los trabajadores. ¿Quieren saber la verdad sobre la “elogiada” reforma laboral española? La revela la publicidad de una empresa que organiza seminarios para empresarios. Su jubiloso anuncio dice: “Saque para su empresa el máximo partido a la Reforma Laboral de 2012. ¿Despido más barato? Ahora sí que sí. Despidos colectivos solo por decisión del empresario. Reducción de salarios, por fin una posibilidad real. Despidos objetivos por causas económicas, fáciles de justificar…” Literal. No es broma.

Rajoy aseguró que no subiría impuestos, pero enseguida aumentó el impuesto sobre la renta y subirá el IVA. Rebaja el presupuesto para medidas contra el desempleo y las ayudas para acceder a la vivienda. Se congela el sueldo de los funcionarios, se recortan los presupuestos de sanidad y educación, expulsan de la Sanidad pública a inmigrantes y jóvenes en paro de más de 26 años, suben las tasas universitarias, menos dinero para becas, 34% menos para investigación… Y además “liberalizarán” servicios, infraestructuras y transportes. Es decir, privatizarán o entregarán lo que es de todos a la minoría de siempre a precio de saldo. El colmo ha sido que el presidente español haya reconocido que “si tengo que subir el IVA, lo subiré aunque haya dicho que no lo iba a hacer”. ¡Increíble!

Lo único importante es reducir el déficit, hacer reformas “estructurales” (retrocesos sociales y violación masiva de derechos) y ayudar al sector financiero. A la ciudadanía, que le den morcilla.
El Partido Popular ha incumplido por completo el programa electoral que “vendió” en campaña. Pero no es el único. Y, en democracia, un programa electoral es un contrato con la ciudadanía.
El incumplimiento del programa electoral y la ocultación de qué hace y piensa hacer este gobierno lo aparta de parámetros democráticos y lo priva de cualquier legitimidad.

La democracia no es ni puede ser un ritual de mercadotecnia. Se vota para delegar el poder de la ciudadanía a representantes que, a su vez, eligen un ejecutivo. Y este ha de cumplir su compromiso electoral sobre la base del respeto de los derechos de la ciudadanía. No hay otra.

Por supuesto no es solo un problema español. No recordaremos qué ocurre en Grecia, Portugal, Italia o Irlanda para demostrarlo; solo una declaración a The Wall Street Journal de Draghi, presidente del BCE, que deja muy claro de que palo va esta gente y sus intenciones reales: “El modelo social europeo está muerto y quien dé marcha atrás en los recortes presupuestarios provocará una sanción inmediata de los mercados”. Una auténtica declaración de guerra.

Ni soberanía, ni constituciones, ni parlamentos, ni derechos, ni democracia. Solo mercados con sus obscenos beneficios. Como dice Ignacio Ramonet, en la Unión Europea hoy no existe voluntad alguna de enfrentarse a los mercados. No solo es mediocridad e incompetencia de los gobiernos, que también, sino servidumbre a esos mercados. En Europa se gobierna para servir a los intereses de los bancos de inversión, compañías aseguradoras, fondos de pensión, fondos especulativos de alto riesgo, grandes corporaciones y grandes fortunas. Esos son los mercados.

Europa era la región donde el salvajismo del capitalismo se frenaba y atemperaba con las políticas sociales del llamado estado de bienestar. Pero los mercados han decidido que eso se acabó. Y se pasan por el arco de triunfo soberanías, parlamentos y la democracia misma con la servil complicidad de gobiernos y la de los grandes partidos que los sostienen.

En tal situación de agresión contra la ciudadanía, esos gobiernos pierden toda legitimidad. Y, ante gobiernos sin legitimidad que violan derechos solo cabe resistencia ciudadana no violenta y desobediencia civil. E insumisión ante los nefastos acuerdos intergubernamentales que han impedido construir la Europa de la ciudadanía y de los pueblos desde el tratado de Maastrich de 1992 hasta el de Lisboa de 2009.

¿O dejan otro camino?

Responsabilidad de los medios informativos en la crisis

marzo 6, 2012 Deja un comentario

Una diputada del parlamento de Navarra osó afirmar, en medio de esta recesión y paro que no cesan, que “todos somos en parte responsables de la crisis porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Mentirosa o muy indocumentada, lo malo no es que esa presunta representante ciudadana dijera tal estupidez; lo perverso es que de una o otra forma muchos medios de comunicación lo dejan caer al ¿informar? sobre crisis, déficit público o recortes presupuestarios sociales. Con las peores intenciones, claro.
De igual modo, al reseñar reformas laborales e implacables ataques contra las pensiones, la sanidad y la educación públicas, los presentan como inevitables para recuperar la actividad económica y crear empleo; mientras anuncian sin el menor rubor la bondad de rescatar la banca con enormes cantidades de dinero público (dinero de todos, dinero de nuestros impuestos), aunque con tantas inyecciones de liquidez el crédito no fluya ni a tiros, mientras empresas y usuarios languidecen hasta hundirse.
No cabe la menor duda de que en el desastre que sufre la ciudadanía europea, sometida a la dictadura del poder financiero, los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad. No es que el antaño llamado cuarto poder (la acción vigilante de la prensa en defensa de la democracia) haya desaparecido del todo, sino que además la mayoría de medios presuntamente informativos están enfangados en esa inmensa estafa que es la crisis. En derecho penal los calificarían como “cómplices necesarios”.
Ignacio Ramonet escribe que, paradójicamente,  vivimos un estado de inseguridad informativa permanente porque, aunque prolifera la información, no es fiable. Triunfan la especulación y el espectáculo: la puesta en escena es más importante que verificar los hechos y contrastarlos. Como dice Pascual Serrano, especialista en análisis de medios, tal vez prensa, radio y televisión “no mienten sistemáticamente, pero el panorama actual de desinformación, retorcimiento de la realidad y ocultación de la misma hace que vivamos una gran mentira”. Por supuesto en beneficio de intereses financieros, empresariales e ideológicos muy concretos.
Muchos medios distraen la atención ciudadana de los problemas que les afectan con un alud de información insignificante. Las páginas de los medios impresos y, sobre todo, espacios radiofónicos y televisivos están repletos de ocultaciones más distorsionesde de los hechos y situaciones, además de mucha pulsión emocional, pero muy poca reflexión. Demasiados medios ocultan, manipulan, tergiversan o distorsionan la realidad de lo que ocurre a mayor gloria y beneficio de la minoría que somete al mundo. Y en Europa, muchos medios insisten hasta el empacho en que lo prioritario es rebajar el déficit de los estados, cuando los hechos, los datos y los estudiosos más sabios de la economía (que no están a sueldo de la banca o similar) demuestran y argumentan que lo imprescindible es regular los llamados mercados, frenar la especulación financiera, subir los impuestos a los ricos, luchar más y mejor contra el fraude fiscal de los poderosos y acabar con los paraísos fiscales. Pero sobre tales cuestiones, la mayoría de medios pasan de puntillas.

Sin entrar en el ataque inmisericorde de los grandes medios al ¿informar? sobre países que no siguen la senda del dogma neoliberal, cual pueden ser Ecuador, Venezuela, Bolivia, Argentina e incluso Brasil. Países a los que esos medios acusan de tremendas consecuencias para la democracia por las medidas de sus gobiernos, medidas que siempre tienen que ver con sus intereses como grandes grupos empresariales de comunicación. Como señala Aparicio Tóvar“sorprende que tan altruista preocupación por los valores democráticos nunca lleva siquiera a preguntarse por la suerte de los trabajadores, de las personas comunes y corrientes, de esos países cuya vida es tan difícil”. Algo huele a podrido en el reino de la información.
Por cierto, sobre el embuste de que la gente ha vivido por encima de sus posibilidades, es justo lo contrario. Mucha, muchísima gente, lleva años viviendo por debajo de como tiene derecho a vivir, soportando que vulneren sus derechos. La gracia de tales infundios de vivir por encima de bla, bla, bla… es que la minoría que domina el mundo (con la evidente ayuda de muchos medios) mata dos pájaros de un tiro: como todos somos responsables, los culpables de verdad se escapan de rositas. Y, como todos somos culpables, ahora los de abajo hemos de pagar con recortes y pérdida de derechos. Sin rechistar.
Pero es completamente al revés. Pero eso no ocupa los titulares de los medios; las violaciones de derechos que suponen la pobreza y un capitalismo especulativo y voraz no merecen portadas, salvo si se trata del derecho a la libertad de expresión. La de ellos, claro. ¿Y el derecho a la información dónde queda? Se echa en falta honestidad, veracidad y pluralidad al informar. Y, sobre todo, compromiso con la democracia de verdad y la justicia. La ciudadanía ha de reconstruir el cuarto poder con otras herramientas, otros actores y otros horizontes.

La austeridad como receta y otras falacias neoliberales

febrero 7, 2012 Deja un comentario

La violación de derechos que es la política de austeridad se basa en embustes. Falsedades repetidas por medios de comunicación y voceros del poder financiero siguiendo al nazi Goebbels: una mentira repetida mil veces, al final se convierte en verdad.

Las dos principales falsedades neoliberales son que la ciudadanía ha vivido por encima de sus posibilidades (y ahora ha de pagar). Y que la austeridad de los presupuestos públicos es el único modo de salir del agujero.

Las ciudadanías europeas recurrieron al crédito para adquirir bienes de consumo. Cierto. Pero no fue un despilfarro, como pretenden. Lo que fue el crédito fue gran negocio para los bancos, aseguró un crecimiento que aumentaba los beneficios empresariales y  contribuyó a contener los salarios durante decenios, como ha explicado Fernando Luengo.

Comprar una vivienda, cuando apenas había mercado de alquiler, no es vivir por encima de las posibilidades. Adquirir algunos electrodomésticos y teléfonos celulares no es vivir por encima de las posibilidades. Viajar en vacaciones una vez al año no es vivir por encima de las posibilidades… Porque a eso se reduce lo que ha hecho gran parte de la ciudadanía. Hasta la crisis y ni siquiera todos.

Pero la minoría privilegiada sí se lanzó a especular, creando una economía de humo, irreal (hasta lograr que estallara la crisis), mientras se embarcaba en una orgía de derroche con sus obscenos beneficios, como indican, por ejemplo, las remuneraciones y planes de pensiones de las cúpulas dirigentes, así como las tasas de crecimiento del sector de lujo para el que no hay crisis.

Y en Europa, como escribe Juan Torres, “Alemania colonizaba las economías del sur europeo, adquiriendo activos, convirtiendo esos países en importadores masivos de sus productos y financiando su endeudamiento. Teoría e historia económicas nos enseñan que una potencia exportadora, como Alemania, solo es posible si, al tiempo que exporta, financia. En el marco cerrado de la economía europea, para que unos tengan superávit otros han de tener déficit; déficits que financian quienes tienen excedentes a su costa”.
Pero ahora, Alemania teme que esos países no paguen. De ahí la exigencia de austeridad. Mal llamada austeridad, porque, como recuerda también Torres, “solo se recortan los gastos vinculados al bienestar social para abrir la puerta a su privatización”.

Esa implacable exigencia de austeridad busca que los Estados tengan fondos para pagar sus deudas, pero sobre todo para que puedan proporcionar liquidez a los bancos y éstos puedan pagar sus privadas deudas. Porque la deuda grande es la privada, de empresas y bancos. En realidad, la crisis es lo dicho por uno de los hombres más ricos del mundo, Warren Buffet: “Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esa lucha. Y vamos ganando”.

La segunda mentira neoliberal es que la austeridad impuesta nos hará salir de la crisis. Paul Krugman se pregunta si no hemos aprendido nada sobre gestión económica en los últimos ochenta años y recuerda que cualquier universitario que estudie la Economía de Samuelson sabe que la austeridad, cuando hay riesgo de recesión, es una pésima idea. Reino Unido, Italia y España, que aplican una austeridad implacable, no se recuperan y demuestran el fracaso de la austeridad en Europa.
Heiner Flassbeck, economista jefe de Comercio y Desarrollo de la ONU denuncia que “con las orgías de recortes en toda Europa, estamos destruyendo nuestro propio mercado. De seguir así, el hundimiento será descomunal”. Y Christine Lagarde,directora gerente del FMI, afirma que los europeos van en dirección contraria al camino de final del túnel que empezó a verse en la primera mitad de 2011.

El FMI ahora rectifica y pide plazos flexibles para la reducción de déficits, porque no es posible el gran esfuerzo fiscal que se exige, además de que conduce sin remedio a una recesión profunda (tal vez depresión) con menos crecimiento, menos consumo, menos inversión y más paro. La austeridad solo lleva al desastre.

Si la austeridad impuesta con gravísimo perjuicio de nuestros derechos se basa en mentiras, es ilegitima. No sólo cabe promover el gran movimiento cívico para no pagar deuda pública alguna cuya legitimidad no sea clara, sino que habrá que empezar a ejercer la desobediencia civil con los gobiernos que acepten reducir a la incertidumbre y a la pobreza a millones de ciudadanas y ciudadanos por el interés de unos pocos.

Recortes y crímenes económicos contra la humanidad

abril 6, 2011 2 comentarios

En junio de 2009, los partidarios de recortar gastos para reducir el déficit entronizaron a Irlanda como modelo; veintidós meses después, la deuda irlandesa no se arregla y esa economía no levanta cabeza. El gobierno del Reino Unido, partidario de austeridad a ultranza, ha de revisar al alza la previsión del déficit porque el crecimiento económico británico se ha estancado. En España, se propone limitar el gasto público en función del crecimiento del PIB, mientras se ejecutan grandes recortes sociales, pero el paro es astronómico. Grecia no levanta cabeza a pesar de los fieros recortes habidos…

Ciega ante los hechos, la Unión Europea perpetra el Pacto del Euro que apuesta aún más por los recortes sociales, aunque, como diagnostica Paul Krugman, “la doctrina de la austeridad fracasa estrepitosamente en Europa”. Porque los recortes del gasto deprimen más la economía y aumentan el paro. Pero los neoliberales imponen la austeridad presupuestaria como única alternativa, perpetrando grandes reducciones en partidas sociales que garantizan derechos de los ciudadanos; educación, salud, seguridad social…

No es una discusión académica entre economistas neocon y keynesianos. Hablamos de derechos humanos, de agresiones sistemáticas contra los derechos constitucionales de la ciudadanía. Pero los responsables de esta feroz crisis han desviado el problema al terreno de la deuda pública, ocultando su responsabilidad, minando los derechos de los ciudadanos. Lo expone Joseph Stiglitz cuando denuncia la falacia de que para reducir el déficit sólo cabe recortar gasto público. Una propuesta que responde, según el Nobel, “al intento de debilitar las protecciones sociales, reducir la progresividad de los impuestos y disminuir el papel y dimensiones del Gobierno, mientras se deja toda una serie de intereses establecidos tan poco afectados como sea posible”.

Es cuestión de derechos, no de economía. Por ejemplo, en la comunidad autónoma de Cataluña, en España, el gobierno recién elegido ordena a los hospitales públicos cerrar quirófanos por las tardes, reducir servicios (incluso Urgencias) y restringir a la mitad la asistencia médica durante el próximo verano. Para reducir el déficit, dicen. Pero el derecho a la salud no es negociable.

Y, llegados aquí, recordamos a las profesoras de economía Lourdes Benería y Carmen Sarasúa, quienes exponen que “culpar a los mercados es quedarse en la superficie del problema. Hay responsables, y son personas e instituciones concretas: quienes defendieron la liberalización sin control de los mercados financieros; los ejecutivos y empresas que se beneficiaron de los excesos del mercado durante el boom financiero; quienes permitieron sus prácticas y quienes les permiten ahora salir indemnes y robustecidos, con más dinero público, a cambio de nada. Empresas como Lehman Brothers o Goldman Sachs, bancos que permitieron la proliferación de créditos basura, auditoras que supuestamente garantizaban las cuentas de las empresas, y gente como Alan Greenspan, que fue jefe de la Reserva Federal norteamericana, opositor a ultranza de regular los mercados financieros”.

Cierto, los responsables de que millones de familias hayan perdido sus hogares, millones de trabajadores vayan al paro, millones más incrementen la legión de pobres, el número de hambrientos crezca hasta sobrepasar los 1000 millones… tiene nombre y apellidos o razones sociales. No son una entelequia.

Quienes han provocado la crisis -denuncian Benería y Sarasúa-, no temen castigo alguno. Nadie investiga sus responsabilidades ni sus decisiones. Los Gobiernos los protegen y el aparato judicial no los persigue. Pero igual que se crearon instituciones y procedimientos para perseguir los crímenes políticos contra la humanidad, es hora de hacer lo mismo con los crímenes económicos contra la humanidad.

Así ha de ser. Es imprescindible señalar a los responsables de ese desastre nada natural llamado crisis, investigarlos, procesarlos, llevarlos a juicio y meterlos en la cárcel. Porque, si no lo hacemos, no salimos de la crisis. Y aún más imperativo: hay millones de víctimas que exigen justicia y reparación.

¿Acaso los tiburones neoliberales, los especuladores del precio de los cereales, los delincuentes de guante blanco ocultos en paraísos fiscales causan menos dolor y sufrimiento que los criminales juzgados por el Tribunal de La Haya?

Es hora de denunciar y juzgar los crímenes económicos contra la humanidad.

A los neoliberales ni agua

enero 25, 2011 Deja un comentario

Hace un tiempo, quienes ostentaban el poder político dado por los ciudadanos, sin consultarlos ni encomendarse a dios o diablo alguno, convirtieron lo que era de todos en propiedad de pocos. Energía, carburantes, telecomunicaciones, transportes, a veces sanidad y educación fueron “liberalizados”. Denominando inadecuadamente liberalizar a lo que solo es privatizar: poner lo de todos (lo público) en manos privadas. Dijeron que lo hacían para conseguir precios bajos y más calidad de servicios. Pero, ¡oh, cielos!, ocurrió al revés. Eso fue antes de la crisis.

Y llegó la crisis. Quienes ostentaban poder político dieron entonces muchísimo dinero (de todos) a quienes la habían provocado. Para evitar que la economía se desestabilizara, dijeron. Pero se desestabilizó.

Entonces todos tuvieron miedo y prometieron que cambiarían y que pondrían reglas para que nunca volviera a pasar. Pero lo olvidaron y continuaron como siempre. Fue cuando quienes se habían quedado con el pastel privatizado, habían provocado la crisis, habían aceptado dinero de todos y no habían cambiado, descubrieron que podían hacer un negocio redondo con la considerable deuda que los estados habían contraído para ayudarles. Y eso hicieron.

Entonces los gobiernos de los estados fueron tan tontos que lo permitieron. Y además cedieron y tragaron sus insolentes reformas, porque quienes causaron la crisis habían visto también que con esas reformas aún ganarían más. Y es que nunca tienen bastante.

Pero nadie les frena ni les fuerza a cambiar. Ahora han descubierto que también el desempleo les favorece. Así consiguen que el trabajo sea incierto, los contratos laborales temporales y precarios, que despedir sea muy fácil… Porque la gente se acobarda y traga condiciones, como reducir su derecho a la salud, a la seguridad social, a la educación… que hace treinta años, con solo mentarlas, hubieran provocado un estallido.

¿Les cuento una historia sorprendente? La empresa Nissan en Cataluña y Fiat en Italia han logrado que sus trabajadores se congelen el sueldo. A cambio, ellos fabricarán no recuerdo qué modelo de automóvil. Y las portadas de casi todos los medios informativos (o persuasión) han aplaudido con fervor la medida como algo estupendo. Algunos apuntan incluso que ése es el camino contra el desempleo. Así las cosas, las empresas podrán hacer lo que les venga en gana, porque siempre podrán recurrir al chantaje. Y los asalariados cada vez con menos derechos.

Además, las empresas (sobre todo grandes) y la banca tendrán aún menos impuestos. Y, para equilibrar las cuentas se despide en masa a empleados públicos, se congelan sueldos, se aprueban recortes en medio ambiente, educación, atención sanitaria, cultura, políticas sociales…

¿Qué harán ciudadanos y ciudadanas, trabajadores y trabajadoras? Por supuesto resistir, manifestarse y practicar la desobediencia civil. Pero también pararse a pensar cuando tengan en sus manos una papeleta electoral. ¿Votarán los ciudadanos a quienes les privan de sus derechos en nombre de un crecimiento futuro? Hoy podemos informarnos de quién es quién en política, qué dice y qué hace en realidad. Está Internet y un abundante panorama de asociaciones y entidades ciudadanas con suficiente información para saber lo que se nos viene encima y cómo.

No nos dejemos engañar cuando digan que esas reformas son el único camino posible. Falso. Son ataques a nuestros derechos. Los países llamados emergentes, tan de moda hoy, sortean la crisis y no están agobiados por la deuda, porque se han pasado por el forro los dogmas del capitalismo neoliberal, expresados en el llamado “Consenso de Washington”.

Que no pase como en Reino Unido. Una encuesta indica que hoy no ganarían los conservadores. Tras siete meses de gobierno tory, a muchos ciudadanos se les caído la venda al sufrir recortes sociales y ataques a sus derechos en nombre de la estabilidad fiscal. Y no es que uno abogue por eso por los laboristas, también neoliberales de hecho. El referente por pasiva es, paradójicamente, la política neoliberal: si un partido comulga con el neoliberalismo, ni agua.

Ante la crisis, más políticas sociales y más Estado es la propuesta de la Comisión Económica para América Latina de Naciones Unidas. Y para el resto del mundo, ya puestos. Porque la mejor referencia para saber si un partido conviene es saber si comulga con esa propuesta o con la contraria. Más estado y políticas sociales significa respeto de los derechos humanos de la ciudadanía. Lo contrario, la política neoliberal de recortes y pretendidas reformas laborales y de pensiones son ataques a los derechos de la mayoría.

Téngalo en cuenta a la hora de votar. Por su propio bien.

El algodón no engaña

enero 12, 2011 Deja un comentario

Los medios de persuasión (más que informativos) y los voceros de la minoría privilegiada pretenden que cale la falaz idea de que la única respuesta posible a la crisis son recortes y “reformas estructurales”, es decir, retrocesos en derechos. Curiosamente, ninguna medida propuesta afecta ni de lejos a intereses de la banca o grandes empresas, responsables del lodazal en el que estamos.  La excusa es que ellos “crean riqueza”. Si es cierto, crean riqueza, pero sólo para ellos. Y las medidas propuestas no los tocan aunque la salida más eficaz contra la crisis es precisamente tocar los intereses de banca, grandes empresas y minoría escandalosamente rica. Ya se han apropiado de demasiado.

El profesor Vicenç Navarro recuerda que la reducción del déficit público (actual caballo de batalla de la crisis) se consigue cómodamente subiendo los impuestos a quienes se han beneficiado de las reducciones de impuestos de los últimos años. Los más ricos. El propio FMI (nada sospechoso de izquierdismo) ha señalado que esas rebajas de impuestos son causa del 40% del maldito déficit en la mayoría de países desarrollados.

Tomando a España como ejemplo, si se recuperaran esos impuestos, este país ingresaría 22.000 millones de euros más anualmente. Recuperación de impuestos que sólo afectaría apenas al 4% de contribuyentes e incluso menos. Según el sindicato de técnicos tributarios del Ministerio de Hacienda español (Gestha), con medidas posibles, creíbles e inmediatas se puede hacer emerger una parte de la economía sumergida (la que no paga impuesto alguno) correspondiente a un 5% del PIB. Significaría 13.000 millones más para el erario público. En total, 35.000 millones de euros de ingresos por impuestos, más del doble de lo que el Gobierno español conseguirá con recortes y congelaciones que suponen claros ataques contra los derechos de los ciudadanos. Y eso sin hablar de medidas más eficaces contra el fraude fiscal, que haberlo lo hay y mucho.

Carlos Martínez, presidente de ATTAC-España, recuerda que las clases trabajadoras europeas sufrirán este año más recortes y más empobrecimiento, pero también que hay medidas más justas y eficaces contra la crisis. Impuesto a la especulación financiera (tasa Tobin), impuestos progresivos que redistribuyan la riqueza, ampliar el sector público (servicios sociales, salud y enseñanza), economía verde (producir energías no contaminantes), potenciar empresas familiares, promover cooperativas… Resolverían la crisis. Pero quienes tienen demasiado no están dispuestos a permitirlo.

Por tanto, los verdaderos enemigos de la ciudadanía, remacha Martínez, son los especuladores financieros, los grandes banqueros privados que cortan el crédito y obligan a los gobiernos a rescatarlos, los belicistas, los vendedores de armas, los ricos que amplían su fortuna con los Paraísos Fiscales y la delincuencia financiero-fiscal… Al tiempo que se enriquecen obscenamente, hunden a la inmensa mayoría ciudadana.

Ante esta crisis hay que ser radical, adjetivo que solo la mala fe o la ignorancia confunden con la opción por la violencia. ¿Qué significa de verdad ser radical? Ir a la raíz de los problemas. Para no dejarse engañar por cantos de sirena ni tampoco hipnotizar por luces de colores.

El profesor Juan Torres ha escrito en su web que ya tenemos tarea para este año: difundir escritos, informes y discursos (como el del profesor Arcadi Oliveres sobre inmigración) que cuentan la verdad de la crisis. Hay que difundir por todas partes qué ocurre con pelos y señales. Si no lo hacemos, seguirá ocurriendo lo mismo porque no dispondremos de información para saber cómo y qué responder. Por tanto, la primera respuesta ciudadana es informarnos e informar. Tenemos la Red y la inteligencia para hacerlo. Sin perder jamás de vista el cedazo de los derechos humanos de todos. Para que no nos engañen ni aturrullen.

Recuerdo un anuncio de televisión en el que un mayordomo de estilo inglés mostraba la eficacia de cierto detergente limpia-hogar. Pasaba un algodón por una pared limpiada con tal detergente, mostraba el algodón impoluto y sentenciaba: el algodón no engaña. El detergente era tan eficaz que el algodón no recogía ni una brizna de suciedad. Pues bien, nuestra “prueba del algodón” es el respeto de los derechos humanos.

¿Medidas y políticas contra la crisis respetan el derecho humano al sustento, a protección social, a mantener a la familia, a vivienda adecuada, en suma a vivir con dignidad? Vamos bien. En cuanto oigan o lean que hay que hacer sacrificios hoy para ir bien mañana, que no se puede hacer una tortilla sin romper  huevos… están violando sus derechos.

Hay más derechos humanos que los derechos cívicos. Tan irrenunciables como éstos.

Pura lucha de clases

julio 27, 2010 1 Comentario

En un pueblo de Cádiz, viven Francisco de 50 años, María José de 43 y la madre de ambos de 84. Desempleados, ya no perciben subsidio de paro. Los tres sobreviven con la pensión de la madre: 597 euros mensuales. Ésta es una consecuencia cotidiana, abundante y dramática de la situación económica. No sólo en España. Fruto de la crisis global de la que no salimos por los recortes de presupuesto público, pues la histeria contra el déficit mantiene el desempleo (o lo incrementa), reduce salarios, además de empequeñecer la seguridad social y la educación pública.

Recortar el déficit público es prioridad elevada a dogma. Eso y que los bancos no den créditos garantiza una prolongada crisis. Sobre eso, el economista Juan Torres explica que el Banco de Pagos Internacionales ha hecho público que la banca española es la más rentable del mundo. Pero esos rentables bancos no prestan y así paralizan la actividad económica. Neoliberalismo puro.

Larry Elliott, responsable de economía de The Guardian, recuerda que el presidente Roosevelt utilizó el gasto público para relanzar la economía americana y así el país comenzó a salir de la crisis de 1929. Pero después, Roosevelt escuchó a quienes graznaban que el  déficit presupuestario sería intolerable para futuras generaciones. Se recortó el presupuesto… y la economía norteamericana cayó de nuevo en recesión. La recesión se superó cuando Estados Unidos intervino en la Segunda Guerra Mundial, que supuso un enorme incremento del gasto público. Y la economía funcionó. En 1945, acabada la guerra, el déficit presupuestario americano alcanzaba 250.000 millones de dólares, el 120% del PIB. Pero eso no impidió que Estados Unidos se convirtiera en la primera potencia económica.

¿Qué persiguen los neoliberales cuando insisten tanto en recortar?

Según Michael Hudson, antiguo economista en Wall Street y hoy profesor en la Universidad de Misoury (Kansas City), lo que persigue el neoliberalismo es desintegrar la seguridad social, neutralizar el sistema estatal de pensiones y reducir a la mínima expresión la asistencia sanitaria y la educación públicas. Desmantelar el estado social de derecho. Esta política nació tras la caída del muro de Berlín, en Breton Woods, con el Consenso de Washington y la impagable complicidad del FMI y del Banco Mundial. Hoy, la minoría privilegiada neoliberal controla la política económica y tiene a su servicio a la mayoría de gobernantes; conservadores y socialdemócratas.

Estamos ante una renovada teología del neoliberalismo; teología porque pretenden que es la única política posible y no se puede discutir. Teología económica contra la Seguridad Social para urdir un mundo privatizado. Porque necesitan que desaparezca el sistema público de pensiones para que los asalariados contraten pensiones privadas y así la minoría privilegiada dispondría de fondos ingentes para continuar especulando sin freno.

Al mismo tiempo, Europa, Gran Bretaña, China, Japón… se empecinan en reducir su déficit drásticamente y también fomentar las exportaciones. Para crecer. Si todos recortan ¿quién podrá importar? Si nadie importa ¿quién podrá exportar? La cuadratura del círculo.

Además, la dirección de la política económica ha sido cedida a los bancos centrales, correveidiles de la banca, para que ésta continúe especulando y enriqueciéndose. Son los bancos centrales quienes dogmatizan que la única política posible es apretarse el cinturón y perjudicar a la mayoría trabajadora. Dicen que así se recuperará el sistema financiero. Pero si el sector financiero sólo puede ser rescatado recortando seguridad social, atención sanitaria y educación, ¿por qué hemos de rescatarlo?

Y una nota para dejar claro donde estamos. La Universidad de Oxford, con el apoyo  de Naciones Unidas, ha elaborado un índice más preciso para medir la pobreza. Según el mismo, hay 400 millones de pobres más en el mundo de los que creíamos. Pobre es quien dispone de menos de un dólar y cuarto diario. El nuevo índice además tiene en cuenta si se puede acceder o no a la salud, a la educación, a la electricidad, al agua saludable… Así resulta que en el mundo hay 1.800 millones de personas que sufren pobreza severa, un 27% de la Humanidad.

Pura lucha de clases, créanme. Pero no como en el siglo XIX, patrones contra obreros y viceversa. Es la perversa agresión sistemática del obsceno sector financiero contra los trabajadores, contra los derechos de la inmensa mayoría de ciudadanos del mundo.

Hay que reaccionar.

Sobre sacrificios dolorosos y quienes cargan siempre con ellos

junio 28, 2010 Deja un comentario

Con la exigencia de recortes sociales para reducir los déficits, un mensaje recurrente intoxica Europa: los ciudadanos han vivido por encima de sus posibilidades y esto ha de acabar. Jerzy Buzek, presidente del Parlamento Europeo, remata este infundio sin que le tiemble un párpado: Los ciudadanos deben asumir “reformas y sacrificios dolorosos” para salir de la crisis.

Un argumento redondo, ¿no? Nos hemos excedido y ahora toca sacrificarse. ¿Cuánta verdad hay ahí? Ninguna. Lo que sí es cierto, por ejemplo, es que en la Unión Europea ya hay más de 80 millones de personas bajo el umbral de la pobreza. Y creciendo.

¿Cuántos “sacrificios dolorosos” más ha de asumir la mayoría ciudadana para que las élites ricas, la minoría privilegiada, continúen logrando sus obscenos beneficios? Esa minoría de unos 10 millones de personas en el mundo que poseen un millón de dólares o más. ¿Han de prevalecer los intereses (ilegítimos, por cierto) de 10 millones sobre los de 6.500 millones?

En Estados Unidos, según Daniel Raventós, el precio de los salarios ha descendido al nivel de 1948. En España, el 63% de los asalariados cobra un salario bruto de 1.100 euros mensuales; netos, poco más de 900. Si un alquiler de vivienda barato son 500 euros, ¿cuánto le queda a la mayoría trabajadora para vivir?

El resultado de esa aritmética perversa es una considerable reducción de la capacidad adquisitiva de la clase asalariada y, por tanto, una reducción de la demanda. Los salarios eran en 1977 un 55% del PIB, pero hoy apenas son un 45%. Los salarios van hacia atrás, como los cangrejos. ¡Y eso ha ocurrido en los años de crecimiento económico!

No se pueden pedir sacrificios a quienes ya viven sacrificados.

En Madrid capital (más de tres millones de habitantes), Cáritas atendió el año pasado a casi 110.000 personas: una cantidad de necesitados doble que hace dos años. Proporcionando ayudas imprescindibles para pagar alquileres, evitar desahucios, pagar facturas de luz, agua y gas, comprar alimentos, pañales, leche infantil, medicinas, ropa… Lo esencial; nada de excesos ni caprichos. En el mismo período, Cruz Roja asistió a casi un millón y medio de personas en toda España, de las que medio millón necesitaba ayuda simplemente para comer cada día.

Ante esos datos implacables, pretenden que los “sacrificios dolorosos” reducirán el desempleo. Falso. El profesor Vicenç Navarro nos deja claro que “el origen del paro no está en el mercado de trabajo, sino en la escasa demanda. Y la escasa demanda se debe sobre todo a la excesiva polarización de las rentas en España y Europa. Los salarios han disminuido en la Unión Europea de modo espectacular, mientras las rentas del capital se han incrementado enormemente. Por ejemplo, los costes laborales de 1995 a 2005 aumentaron en España sólo un 3,7%, mientras los beneficios empresariales crecieron en el mismo periodo un 73%”. Casi veinte veces más. Y hablando de recortes y sacrificios, la CEOE, la organización de los empresarios españoles, en 2009 no recortó ni un céntimo de gastos fijos y además duplicó su deuda.

Si sólo unos pocos ganan mucho, la demanda de esos pocos nunca alcanzará el volumen de lo que gastaría la mayoría. La reducción o congelación salarial o de pensiones reducen la demanda. Los “sacrificios dolorosos” reducen la demanda.

¿Qué “sacrificios dolorosos” personales asumirán Buzek, Trichet, los gobernadores de los bancos centrales de Europa, los directivos del FMI, los primeros ministros de países con recortes sociales, y los otros mandatarios europeos y dirigentes internacionales (todos excelentemente remunerados) para salir de la crisis? Me gustaría saberlo.

No se pueden pedir más sacrificios a los sacrificados, sobre todo cuando quien pide sacrificios vive rodeado de privilegios.

El artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos indica que “toda persona tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana, que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social”.

Es un derecho humano, no vivir por encima de las posibilidades.

Con esos “dolorosos sacrificios” que piden los mandatarios políticos y económicos se cumple la ácida pero lúcida agudeza irónica ilustrada del humorista El Roto: “¡La economía hace agua! ¡Arrojad a la población al mar!”.

Hay que enhebrar de una vez el hilo en la aguja

junio 21, 2010 Deja un comentario

Por un lado, la minoría privilegiada impone austeridades y reducciones del déficit a cualquier precio, más impunidad del mundo financiero, reformas laborales para debilitar a los trabajadores y servilismo de los gobiernos.

Por otro, la inmensa mayoría de ciudadanos que necesita que se cree empleo, que no nos carguemos la Tierra, que disminuya la desigualdad, que se reparta la riqueza, por lo menos una parte…

Hay un claro enfrentamiento entre la minoría privilegiada y la inmensa mayoría ciudadana. La minoría defendiendo sus obscenos e ilegítimos intereses. Y la mayoría, su indiscutible justo derecho a una vida digna. Por eso, al encarar la crisis y sus consecuencias es preciso determinar si las personas y sus derechos son referente de las propuestas que pretenden resolver la maldita crisis. Quizás suene ingenuo, pero ¿acaso la Declaración Universal de Derechos Humanos es sólo un adorno? Por supuesto que no. Y no nos engañemos, no es el  objetivo: es el camino. Por eso la crisis y cómo resolverla es cuestión de derechos humanos. O no hay solución.

Así, Bill Mitchell, profesor de Teoría Económica de la universidad de Newcastle (Australia), denuncia que “los gobiernos del mundo, azuzados por financieros, FMI, OCDE y G20 van en estampida para ejecutar programas de austeridad y controlar déficits. Pero en toda la propaganda huera sobre austeridad se pierde de vista el verdadero problema. Porque miles de niños morirán como resultado de las necias políticas de austeridad fiscal, únicamente pensadas para satisfacer a las élites sociales ricas”.

O, como denuncia Intermón Oxfam, podríamos añadir también que diariamente uno de cada seis habitantes del mundo no sabrá si ese día comerá. O que en los países del euro ya hay más de 15 millones de desempleados. También que una de cada cuatro jubiladas españolas está condenada a la pobreza. Que… Suma y sigue. La crisis sin resolver es pisotear derechos humanos de millones de personas.

Pero, además de insolidaria e injusta, la minoría privilegiada es necia (del latín nescio, nescire, nescivi, nescitum: no saber, ignorar) y su codicia es estúpida (necia, falta de inteligencia), porque no se percatan de que sus recortes y austeridad de hoy es apostar por el desastre enseguida. Incluso el New York Times dice en un reciente editorial que “a ese súbito entusiasmo por la austeridad fiscal, especialmente en economías fuertes, le saldrá el tiro por la culata, condenando a Europa a muchos años de estancamiento o algo peor. Y Estados Unidos corre el mismo riesgo enorme. Los Demócratas han abandonado el estímulo económico y la creación de empleo por la verborrea contra el déficit”.

Costas Lapavitsas, investigador del Research on Money and Finance de Londres, ha diagnosticado que “todo conduce al viejo error de reducir el gasto público antes de que la economía se recupere. Ese resurgir conservador está directamente relacionado con los intereses financieros, los mismos que nos metieron en la crisis. Callaban cuando fueron rescatados por los estados, pero ahora dictan la política en Europa. Ese calvinismo tan alemán de la austeridad es muy peligroso y puede arrastrar a Europa a un estancamiento muy prolongado”.

Para acabar de rematar ese pésimo envite, resulta que el problema no es el déficit de los Estados; un déficit que, por cierto, los Gobiernos contrajeron para salvar a los bancos. Esos mismos bancos rescatados que, cómplices con los “mercados”, ahora mienten, siembran rumores, chantajean y especulan sin piedad. No permitáis que os engañen: el verdadero problema es la deuda de bancos de unos países con bancos de otros. Los bancos no se prestan entre sí, porque se deben mucho unos a otros y no se fían ni un pelo unos de otros. ¿Y que han hecho con ese dinero prestado que se deben unos a otros? Casi siempre especular. Y, como ahora no tienen liquidez, no hay crédito. Y sin crédito la economía real no funciona.

Por tanto, si además de explotadora, codiciosa e injusta, la minoría privilegiada es necia, no esperemos que los de arriba resuelvan la crisis. “Los de arriba” son gobiernos, instituciones económicas nacionales e internacionales más bancos y “mercados”, fundidos en un totum revolutum impresentable.

Somos nosotros (ciudadanos, asalariados, capas populares: la inmensa mayoría) quienes hemos de poner el hilo en la aguja. De momento, resistir, informarse, saber y debatir. Para no perder pie, para saber dónde estamos.

Y, cuanto antes, mejor que más tarde, volver al trabajo ciudadano colectivo, pasar de la resistencia a la acción. Sin dejar de ayudar a quienes estén peor que nosotros. Con imaginación, con decisión, con tenacidad y sin ira. Sin ninguna ira. Sin dejarnos llevar por emociones encontradas, que suelen ser pésimas consejeras.

O tomamos la iniciativa o no salimos de ésta.

Los mismos perros con diferentes collares

junio 15, 2010 Deja un comentario

El llamado G-20 se reunió en Busán (Corea del Sur) y se reunirá de nuevo a finales de junio en Toronto. Ese G-20 nació hace once años, no se sabe muy bien para qué, pero parece que ahora ha descubierto su “vocación”; enfrentar la crisis. Pero en realidad no va por ahí; se dedica a tirar pelotas fuera.Y quizás a jorobar aún más.

En Busán acordaron lo que no van a hacer. No impondrán una tasa a la banca. Trichet, presidente del Banco Central Europeo, dice que no hay que imponer tasas al sector financiero, porque tirará de la recuperación dando créditos. ¡Qué buen chiste! Pero todo el G-20 en Toronto insistirá en reducir el déficit público. A costa de la mayoría, por supuesto.

Tras Grecia, España e Italia, Alemania y Reino Unido también han sacado la tijera y anuncian medidas “dolorosas” para reducir el déficit público. Recortes a mansalva. Pero no se ha oído a Angela Merkel ni a David Cameron que vayan a meter mano en el gasto militar, por ejemplo.

El eje de esa cumbre de Toronto será hacer compatibles los recortes de presupuestos y rebajas sociales con el crecimiento económico. La cuadratura del círculo. Pero antes de reunirse ya están todos de acuerdo en no imponer el menor control ni tasa al sector financiero.

A fines de abril, el G20 pedía mantener el apoyo fiscal (lo contrario de los recortes) “hasta que la recuperación esté firmemente impulsada por el sector privado y se hayan echado más raíces”. Pero ahora dice a los gobiernos que apliquen “medidas fiscales creíbles”; eufemismo para maquillar los recortes sociales en los presupuestos públicos. Y, por supuesto, esos ajustes, acompañados de “reformas estructurales”. Más de lo mismo. El G-20 sólo aburriría (incluso a las ovejas) si no fuera porque la crisis la pagan y sufren millones y millones de ciudadanos. Y aún lo pagarán y sufrirán más con los recortes programados por los que se piropean unos a otros por ser capaces de tomar medidas “valientes”.

No son valientes porque los ciudadanos hoy somos inofensivos. Serían valientes si se enfrentaran a los banqueros, y a los especuladores, que han causado la crisis e impiden salir de ella. Pero no es ni será así porque, como denuncia Marshall Auerback, codirector del Center for Economic and Policy Research: “Las autoridades de la Unión Europea y los banqueros están de acuerdo en que el equilibrio de las contabilidades nacionales caiga sobre las espaldas de los trabajadores.

Da igual que el Nobel Stiglitz asegure que “la política seguida ahora en Europa de imponer una austeridad extrema es errónea. Porque llevará a una economía más débil con menores ingresos fiscales y la reducción de los déficits será mucho menor que la buscada. Medidas así ya fracasaron en Argentina”.

Y también da igual que otro Nobel de economía, Krugman, planteé que “hemos de preocuparnos por la deuda, pero reducir el gasto público, cuando la economía está aún profundamente deprimida, es costoso e ineficaz para reducir la deuda”. Y para que no haya duda, Krugman explica que un recorte del gasto de un 1% del PIB aumenta la tasa de desempleo un 0,75% (comparando con lo que ocurriría si se mantuviera el gasto), pero sólo reduce la deuda menos de un 0,5% del PIB.

Con la que está cayendo, nos inclinamos por compartir el lúcido diagnóstico de la ciudadana Aniria García en una carta al director de un diario español: “La economía europea vive una auténtica cadena de actos terroristas que la hacen tambalear. No son terroristas al uso sino especuladores de traje y corbata con estudios financieros, que lanzan bulos [sobre la deuda] por doquier, se enriquecen escandalosamente y ponen en peligro la estabilidad de Estados de la Unión Europea. Estamos en manos de una pandilla de especuladores sin escrúpulos que en este río revuelto se hacen de oro”.

No nos resistimos a completar el juicio de esa ciudadana asegurando que unos y otros (banqueros, especuladores, directivos de entidades económicas nacionales e internacionales, mandatarios…) son los mismos perros, pero con diferentes collares. Por tanto, no esperemos prácticamente nada de nuestros gobernantes y diputados. Unos representantes políticos que no dejan de traicionar los intereses de sus representados, aunque haya honrosas (y lamentablemente minoritarias) excepciones.

Aunque parezca locura (que no lo es), sólo podemos confiar en nosotros mismos, los ciudadanos. La inmensa mayoría.

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