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La Europa sin rostro

noviembre 22, 2010 Deja un comentario

La crisis destruye en Europa más de siete millones de empleos. Pero Europa responde con “reformas estructurales”, que dejan indefensos a los trabajadores, retrocediendo décadas socialmente. Y reforman las pensiones, recortando derechos de los futuros jubilados.

En medio de ataques especulativos implacables contra la deuda pública (que de haber leyes justas llevaría a sus perpetradores a prisión), la Unión Europea acuerda quitar el derecho de voto a los países miembros que aumenten su déficit o no lo reduzcan bastante, según criterio de la muy neoliberal Comisión Europea. La misma Comisión que pide a los países europeos del Sur que refuercen su credibilidad ante los “mercados” con más “reformas” que reduzcan el déficit público y que se acelere la conversión de las cajas de ahorro en bancos puros y duros que se sumen al festín global depredador.

Es la misma Comisión que recomienda a España tomar medidas sobre su sistema de pensiones, porque retrasar la edad de la jubilación no es suficiente. Una Unión Europea donde hay 80 millones de ciudadanos que viven en la pobreza, no sólo inmigrantes desempleados o personas sin hogar. Una pobreza que incluye “trabajadores pobres”; quienes tienen un trabajo, pero éste no les libra de la miseria. Son un 8%. ¿Qué se hizo de aquel solemne propósito de 2000 de erradicar  la pobreza de Europa para 2010?  Retrasarlo a 2020. Y, mientras tanto, millones y millones de europeos continuarán viviendo mal, sufriendo.

La vieja Europa no destaca por tratar con justicia a los países del antaño denominado “tercer mundo”. Los tratados comerciales bilaterales que intenta imponer a esos países son licencias de saqueo de sus recursos naturales y patente de corso para soslayar la protección legal del medioambiente. Como hace la holandesa petrolera Shell en el delta del río Níger. Antes Europa hablaba del comercio como servicio para el desarrollo contra la pobreza, pero hoy se quita la careta y exige sin disimulo que las empresas europeas entren en esos países sin condiciones y operen sin trabas. Y amenazan con cortar la ayuda al desarrollo de no lograr sus codiciosos objetivos.

La negociación de un acuerdo de presunto libre comercio con la India es ilustrativa. India es gran productora de medicamentos genéricos, imprescindibles para combatir enfermedades letales (sida, tuberculosis, cáncer…) en el Tercer Mundo. Los genéricos son más baratos. Las condiciones que la Unión Europea intenta imponer, esgrimiendo delirantes derechos de propiedad intelectual, amenazan la producción de esos genéricos eficaces y baratos. Es una Europa descaradamente al servicio de las corporaciones farmacéuticas. Para esta Europa, los beneficios de muy pocos se anteponen a la vida y salud de millones de personas, como denuncian Médicos Sin Fronteras y Oxfam.

El informe Hacia una estrategia de la Unión Europea sobre derechos humanos del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores lamenta que el compromiso retórico de la Unión con los derechos humanos no se traduzca en una actuación europea que promueva el ejercicio de libertades y derechos. Al contrario, las violaciones de derechos humanos en la Unión Europea (expulsiones de gitanos en Francia, discriminación implacable de inmigrantes en Italia, torturas a ciudadanos bajo custodia policial en España, torturas a prisioneros de guerra por el ejercito británico…) debilitan la credibilidad europea en derechos humanos. Además del doble rasero europeo de manga ancha complaciente con China, Myanmar o Colombia (donde se violan derechos humanos en masa) y dureza con Cuba (donde también se violan derechos, pero no tan salvajemente).

Una Unión Europea que rebaja o tira por la borda derechos democráticos y sociales conquistados con esfuerzo, solidaridad y sufrimiento durante décadas por varias generaciones ciudadanas. Una Unión Europea, cuya minoría privilegiada pretende reducir a la mínima expresión el estado social y democrático de derecho. Pero no se discute la implacable austeridad impuesta en la eurozona para reducir el déficit público. Un déficit contraído para rescatar a bancos e instituciones financieras privadas que han provocado el desastre económico.

Uno de las pocas cosas buenas de la crisis económica es que desvela la verdadera cara de los predadores de países y de la ciudadanía. Como esta Europa neoliberal, descaradamente al servicio de la minoría privilegiada, que privatiza los beneficios y socializa las perdidas.

¿Para qué queremos una Europa así?


Con tanto desempleo no hay recuperación

septiembre 21, 2010 Deja un comentario

La crisis ha destruido más de 30 millones de empleos en tres años, aunque la recesión ha finalizado según los índices macroeconómicos.

Los economistas calculan siete años de desempleo severo y Strauss-Kahn, director gerente del FMI, reconoce que “no hay recuperación real si no se crea empleo”. Ya era hora, porque lo que sucede es que los de siempre, los de arriba, la minoría, ganan dinero, pero no se crea trabajo, se destruye.

¿Por qué no hay más empleo? Porque el nuevo ídolo a adorar es la austeridad. La austeridad hoy supone que no hay estímulos, poca o ninguna ayuda pública, menos demanda interna y la banca (que campa a sus anchas) reduce o corta el crédito. Y las empresas no invierten, retroceden, se acoquinan. No crean empleo. Salvo en Brasil, India y China, la actividad empresarial se ha reducido en todas partes. Y eso es destrucción de empleo.

Austeridad o estímulos, esa es la cuestión. G-20 y FMI optaron por la austeridad, al tiempo que concedían patente de corso a la banca y dejaban tranquilos a los especuladores. En Europa, la apuesta por austeridad y reducción del déficit público roza la neurosis. Caiga quien caiga. Por supuesto, caen las clases asalariadas y medias. Y parece que nadie se propone en serio aplicar políticas directas que creen empleo de verdad.

La recuperación económica es más lenta y difícil de lo previsto. Eso ha concluido la OCDE, entidad que agrupa los treinta países más ricos del mundo. La economía de las siete mayores potencias mundiales (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá) crecerá este año dos décimas menos de las calculadas, rozando el 1,5%. El frenazo se explica por la supresión de medidas de estímulo y por los recortes públicos para reducir el déficit. Una economía frenada y débil noquea la demanda privada, la reduce. La pescadilla se muerde la cola.

Algunos países se proponen volver a las medidas de estímulo, aparcando los propósitos de austeridad del G-20 de junio para mejor ocasión. Obama, por ejemplo, quiere prorrogar rebajas de impuestos a las clases medias, y establecer un nuevo plan de incentivos a empresas desgravando el 100% de inversiones en nuevos equipos; también ampliará el crédito fiscal para I+D (en diez años 100.000 millones de dólares), más  50.000 millones en obras públicas, así como no renovar las rebajas fiscales para los más ricos (2% de población) que caducan este año, aprobadas por Bush. Y ha pedido al Congreso que apruebe una ley para facilitar créditos a las pequeñas empresas. Nada que ver con la neurótica austeridad de Europa, empeñada en anteponer la reducción del déficit a reducir el desempleo.

Para relanzar la economía, afrontando el déficit, no hay que gastar menos sino recaudar más y mejor. Con una reforma fiscal decente. El economista Juan Torres recuerda que “es inmoral y muy rechazable que una crisis provocada por bancos, grandes fortunas y especuladores se financie con recortes de derechos laborales, de pensiones y de gasto social, pero bajando los impuestos a los más ricos (con banqueros y grandes fortunas que en España apenas pagan impuestos), y sin ser prioritaria la lucha contra el fraude”.

Comprobado el frenazo a la recuperación, Estados Unidos y Japón apuestan por la inversión pública contra la crisis. Pensar que se convencerá a los mercados de la buena intención de sanear las finanzas públicas con recortes (y no crear empleo) es ignorar lo que enseña la historia. No funciona. Las deudas públicas de Japón y Estados Unidos son considerables, pero nadie duda de la solvencia de ambos países. Sin crecimiento de las rentas de la mayoría no se pueden pagar deudas. El neoliberalismo no crea empleo.

David Michael Green, profesor de ciencias políticas de Hoftsa University de Nueva York aporta la clave final: “Lo que está fuera de control es una avaricia monstruosa, sin fondo; la de una minoría de personas enormemente ricas, empeñadas en serlo más todavía”.

Han empezado las huelgas: Grecia, Reino Unido, Italia y pronto España, incluso en China ha habido paros, y en Francia, más de 2.500.000 de trabajadores se han manifestado en docenas de ciudades contra la política neoliberal de Sarkozy.

Tal vez la protesta consiga que los neoliberales fundamentalistas de la austeridad bajen del burro y se percaten de que la prioridad indiscutible es crear empleo.

No apaciguaron a Hitler

mayo 25, 2010 Deja un comentario

Esta Unión Europea neoliberal encara el déficit con recortes sociales. Quienes hunden países especulando han forzado las grandes rebajas de gasto público. Pero ahora caen del guindo y ven que esos recortes para reducir deuda lastrarán la reactivación. Las bolsas ganan exageradamente un día, eufóricas;  pero, acobardadas, lo pierden todo al siguiente. Además de injusto y perverso, este neoliberal sistema es un pitorreo.

Quienes perpetran las inversiones especulativas son los responsables, los actores de los ‘mercados’. ‘Mercados’ con nombres y apellidos, no entes ignotos ni manos invisibles que regulan. Como denuncia el humorista El Roto, los ‘mercados’ han forzado la miserable salida: “¡La economía hace agua! ¡Arrojad a la población al mar!”, ironiza una ilustración suya.

Mientras, el FMI predice que déficit y deuda pueden devenir  insostenibles, haciendo así el juego a los pretendidos ‘mercados’, incapaz de reconocer que, con todos sus cálculos, no olió la crisis ni de lejos.

Martine Aubry, primera secretaria del Partido Socialista francés, reconoce que “para salvar a los pueblos, los gobiernos europeos no son capaces de ponerse de acuerdo, pero cuando se agitan los mercados, sí”. Y Juan Torres se indigna porque “es inaceptable que la deuda que los gobiernos han emitido para tapar el agujero de la banca (y evitar el colapso de la economía) la suscriban esos mismos bancos incluso al 10%. Y lo hacen con dinero que reciben del Banco Central Europeo al 1%”. ¡Qué buen negocio!

Continúa Torres con que “lo prioritario ahora no es reducir el déficit. La deuda pública de España, por ejemplo, está en niveles aceptables, y es más urgente la recuperación económica para que la actividad genere empleo y ambos ingresos, que hagan menos necesario el gasto público”.

Por su parte el profesor Vicenç Navarro nos cuenta que la crisis de algunos países se atribuye a excesivo gasto público. Pero eso del excesivo gasto público no es cierto. Esa es una creencia mitológica o bulo de charla de café, pero no realidad basada en hechos. Hasta el FMI, en su Fiscal Monitor de 14 de mayo, reconoce que 2/3 de la deuda de los Estados se ha creado por reducción de ingresos, no por exceso de gasto. El neoliberal dogma de bajar impuestos a quienes más tienen.

Navarro nos informa de que “Grecia, Portugal y España tienen los gastos públicos más bajos del grupo de países más desarrollados de la Unión Europea al que pertenecen”. “Fue la banca -continúa Navarro- que, con sus actuaciones especulativas, creó burbujas que estallaron y han generado enormes problemas de falta de crédito. Y ahora crean una nueva burbuja: la de la deuda pública”.

Pero la banca no ha utilizado el dinero público recibido para financiar a empresas (productividad) y consumidores (demanda), sino para especular en los mercados financieros y obtener beneficios indecentes. Una economía de humo, de pocos, que nada tiene que ver con la economía real, la única necesaria.

Como ha dicho el Nobel Stiglitz, “con todos los fondos inyectados para ayudar a los banqueros podrían haberse creado bancos públicos que ya habrían resuelto los problemas de crédito”.

¿A qué viene entonces toda la confusión mediática sobre déficit, deuda y sus apocalípticas consecuencias? El buen detective de novela policíaca, cuando investiga un asesinato, se pregunta: ¿a quién beneficia este asesinato? Pues ahora y aquí, lo mismo. ¿Quién saca tajada del alboroto y barahúnda catastrofistas sobre déficit y deuda? ¿Quién impulsa los recortes de gasto público, preferentemente social?

De momento, los casi seiscientos consejeros ejecutivos y altos directivos de empresas del selecto Ibex-35 de la bolsa española (las empresas en bolsa que manejan más dinero) cobraron en 2009 una media de casi un millón de euros por cabeza, según cálculos del diario El País, basados en informes de las propias empresas. El nivel de ganancias personales más alto jamás alcanzado por esa gente; 113 veces el salario mínimo español.

Pero los gobiernos europeos pretenden calmar los ‘mercados’ y recortan y recortan. Justo lo contrario de lo que hay que hacer. Dicen que para apaciguar a los ‘mercados’. No aprenden. Francia e Inglaterra no apaciguaron a Hitler cuando cedieron y cedieron tras la invasión de los Sudetes checoslovacos por los nazis. Y estalló la guerra mundial.

Habría que tomar buena nota de lo que nos enseña la Historia.

Ésta no es la Europa que queremos

abril 13, 2010 Deja un comentario

El rifirrafe en la Unión Europea para llegar a un acuerdo y ayudar a Grecia ha mostrado que Alemania marca la pauta, seguida de cerca por Francia. El resto a jugar por las bandas. Alemania ha impuesto que el Fondo Monetario Internacional esté en el centro del rescate. Y Francia ha vendido el acuerdo como el mejor posible.

¿Lo es?

Ocurre que el gobierno alemán, la clase política y la minoría privilegiada alemanas miran con muy malos ojos a quienes no han hecho lo indecible para asegurar la “estabilidad”; según Alemania, claro. No quieren saber nada con los que tienen considerable déficit público. ¡La bestia negra del maldito déficit público! ¡Quienes no renuncien al déficit, a sus pompas y a sus obras, serán arrojados a las tinieblas con lamentos y crujir de dientes, y serán vilipendiados por los “mercados”, que los zarandearán y se forrarán a su costa!

Más de lo mismo. Una crisis que dura dos años, que no se supera, y continúan con los mismos errores. Reducir el déficit a toda costa, moderación salarial, recortes sociales… No aprenden. O algo peor. Porque esas medidas no relanzan la economía.

Marshall Auerback, analista económico del Instituto Franklin y Eleanor Roosevelt de EEUU, ha escrito respecto al déficit público que “con pocas y breves excepciones, el gobierno federal de Estados Unidos ha estado en deuda sin interrupción desde 1776. Doscientos treinta años con mayor o menor déficit público. Pero esa deuda no ha perjudicado las sucesivas generaciones estadounidenses ni ha restringido su libertad de acción”. O Estados Unidos no sería hoy la economía potente que es.

Auerback califica como histéricos de la sostenibilidad fiscal o terroristas del déficit público a los voceros y vocingleros contra éste. Y de esos talibanes contra el déficit hay demasiados en los núcleos decisivos de la Unión Europea.

Marshall Auerback insiste, contra los adoradores a ultranza de la reducción del déficit a cualquier precio, que la política fiscal sostenible es la que crea empleo: una oferta pública de empleo garantizado es la mejor política fiscal. Lo demás son cuentos. Pero de momento ganan los histéricos del déficit, los que defienden recortes y más recortes del gasto (sobre todo del gasto social), sin considerar que así reducen e hipotecan el presente y futuro de las generaciones jóvenes. Y remacha Auerback que la clave para una recuperación auténtica no es reducir el gasto público sino lo contrario más aplicar recortes fiscales que reduzcan la atonía de la demanda hasta eliminarla . Eso sí crea empleo. Así opina también el Nobel de economía Stiglitz. Y que esa opción funciona lo tenemos documentado, porque sucedió hace setenta años y salió bien.

Pero, ¿de verdad interesa a la minoría privilegiada europea y a sus cómplices de los estados crear el empleo necesario? Pues ésa es la Europa que nos construyen (y que los ciudadanos permitimos). Una Europa neoliberal, cicatera, cada vez más desigual y éticamente cutre. Una Europa que realmente no es la que conviene a la inmensa mayoría de europeos.

Una Europa en la que 80 millones de habitantes viven en la pobreza (el 16%). Inmigrantes, desempleados y personas sin hogar, pero también los “trabajadores pobres”, término acuñado por la neoliberal Comisión Europea para los ciudadanos que, aún teniendo un trabajo, viven en la pobreza. Así será ese trabajo. Hay un 8% en tal situación: 40 millones de ciudadanos.

Por cierto, en el año 2000, el Consejo Europeo celebrado en Lisboa acordó erradicar la pobreza de Europa para 2010. Estamos en 2010. ¿Tienen ustedes noticia de que se haya erradicado la pobreza en Europa? Según Cruz Roja, por ejemplo, el 20% de españoles tiene problemas para subsistir. Y más de un millón de ciudadanos españoles desempleados están socialmente desprotegidos. Dato muy significativo, porque España está entre la docena de países más desarrollados del mundo.

¿Y cuál ha sido la respuesta de la Unión Europea ante el aumento de pobreza? Retrasar los trabajos contra la pobreza hasta 2020.

Quienes dirigen y construyen esta Europa practican el más insolidario neoliberalismo. Creen ciegamente en él. Además, la minoría privilegiada europea nos da gato por liebre desde hace cuatro décadas. En lugar de la Europa de ciudadanos que anhelábamos, nos perpetran otra de mercaderes, banqueros, multinacionales y especuladores. Y los ciudadanos lo consentimos.

Incluso en la defensa y promoción de derechos humanos Europa retrocede y ya no es lo que era. Ahí están las normativas con tintes xenófobos como respuesta a la inmigración masiva; las actitudes y conductas islamofóbicas; la discriminación e incluso persecución de los gitanos; el abandono del derecho de asilo; la exportación de instrumentos de tortura a países que practican el terrorismo de estado; la complicidad con prácticas inicuas con detenidos por sospecha de terrorismo; el recorte de libertades en nombre de la seguridad…

Definitivamente ésta no es la Europa que queremos. Habrá que hacer algo.

La dispersión de la fuerza de los ciudadanos

marzo 2, 2010 1 Comentario

Si los ciudadanos no se mueven ni luchan por sus derechos, triunfa la minoría privilegiada, los ciudadanos siguen acogotados y permanece el estado de injusticia y desigualdad de este tiempo. En Barcelona nació una asociación ciudadana con vocación de red que reúne a los movimientos sociales para luchar por los derechos ciudadanos frente a la dictadura de las finanzas y los despropósitos del capital. Hoy hay multitud de asociaciones para mejorar o cambiar este mundo injusto y desigual. Pero… algo falla.

Tras la desaparición del mundo enfrentado en dos bloques, caímos bajo la tiranía neoliberal: el dogma de la desaparición de lo público, del Estado (salvo para mantener el orden); la teología del crecimiento incesante, del beneficio a costa de lo que sea y la exaltación de lo privado por encima de todo. Después empezó la resistencia contra la perversión neoliberal y el debate sobre alternativas a la peor versión conocida del capitalismo que es el neoliberalismo.

Como recuerda Emil Sader, esa resistencia nació con la incruenta rebelión zapatista en México; luego Le Monde Diplomatique en 1997 llamó a luchar contra el dogma neoliberal del consenso de Washington y cuatro años después se celebró el primer Foro Social Mundial que proclamaba que otro mundo es posible. También en 2001 se iniciaron en Seattle las primeras manifestaciones contra las cumbres de los gendarmes del neoliberalismo (Organización Mundial de Comercio, FMI y Banco Mundial).

Diez años después, la crisis ha sumido el mundo en una desigualdad aberrante, mayor pobreza y más sufrimiento. La minoría privilegiada y sus bien remunerados servidores no han aprendido nada bueno de esta crisis y han dejado claro que el mundo y sus gentes no les importan. Wall Street, la City o cualquier otro contubernio del dinero han mostrado su malévola voluntad de mantener este sistema financiero predador y suicida tal como está.

La minoría privilegiada es responsable de la crisis, pero reiteran sus prácticas y excesos. El pasado 4 de febrero, fondos de alto riesgo americanos lanzaron al mercado de divisas 7.600 millones de dólares en el mercado de futuros de Chicago. Un ataque especulativo feroz contra el euro. Como ha recordado Gustavo Buster, utilizaron la crisis en Grecia, Portugal y España como fondo. Los especuladores ganaron ese asalto con enormes beneficios al tiempo que envenenaban la opinión pública mundial con la falacia de que ellos no son culpables de la crisis sino los gobiernos que han contraído déficits públicos por mantener presupuestos sociales. Lo más grave es que los gobiernos griego, portugués y español se han sometido a los especuladores,  respondiendo con planes de austeridad y ajuste para congraciarse con ellos.

En esa línea, Juan Torres cita la declaración de un alto cargo económico del gobierno español: “Hay partes del sector público que claramente hay que recortar, la masa salarial, los gastos operativos, el gasto de infraestructuras”. Y pregunta Torres, indignado: “¿Vamos a quedarnos quietos y callados? ¿Permanecerá la izquierda dividida en cien grupúsculos mientras tanto? ¿Dejáremos que decidan y resuelvan por nosotros para ganar dinero sin parar?”

Parece que sí, porque en España, por ejemplo, las grandes fortunas están tranquilas con la anunciada subida de impuestos. No pagarán más por las Sociedades de Inversión de Capital Variable (Sicav), escape de grandes fortunas para pagar impuestos ridículos por grandes beneficios.

La dispersión de la fuerza de los ciudadanos es un grave problema. Aunque somos más, quienes creamos riqueza y llenamos las arcas del Estado con nuestros impuestos… no nos hacen caso. Porque no nos movemos. Pero somos quienes podemos cambiar las cosas. Sobre todo hoy, como escribe el periodista Juli Capella, cuando los partidos políticos se han convertido en máquinas amorfas sin ideología, trusts que defienden sus propios intereses.

Federico Mayor Zaragoza apunta: “El momento de la gran movilización ha llegado. Hay que hacer frente a los plutócratas que se cargan a la Humanidad. La revuelta social no puede demorarse (…). Debemos fijar una fecha en la que millones de ciudadanos por todos los medios imaginables levanten la voz pacíficamente, pero con firmeza”. Y para empezar, como indica el mismo Mayor Zaragoza, “hay que reaccionar ante el inmenso poder mediático”. Porque ese poder, al servicio del sistema neoliberal, es el que distorsiona, manipula y pervierte la opinión pública y la inmoviliza, logrando que la gente esté quieta. Contra sus propios intereses.

Así no salimos de la crisis

septiembre 21, 2009 Deja un comentario

Dos hombres maduros, uno con americana cruzada y corbata, el otro de esmoquin con pajarita. Ambos con sonrisa lobuna sostienen sendos vasos en la mano. Brindan: “¡Por otra crisis como ésta!” Con sutil ironía, el humorista español El Roto resume qué ha pasado, qué pasa y qué no está pasando.

Ahora empiezan a abundar las declaraciones de próceres económicos y mandatarios sobre la recuperación. ¡Brotes verdes! ¡Salimos de la crisis! Debe ser lo que toca en ese cambiar algo para que todo continúe igual.

Jeffrey Sachs, director del Earth Institute de la universidad de Columbia, ha escrito: “Hace un año la economía mundial se tambaleaba al borde del abismo. Del 15 al 17 de septiembre de 2008, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, la aseguradora AIG pasó a manos del Gobierno estadounidense y, tras quebrar, Merril Lynch fue absorbido por Bank of America, operación financiada por el Gobierno federal. Se desató el pánico y cesó el crédito. Medidas urgentes de bancos centrales y mucho dinero público evitaron que todo se hundiera”.

Según el economista Jacques Attali “el capitalismo estuvo a punto de desaparecer” (¡no caerá esa breva!), porque no había confianza en los bancos, muchos inversores retiraban sus fondos, las empresas no conseguían créditos y perdían valor. El presidente de Brasil, Lula da Silva, diagnosticó la crisis con mayor precisión al asegurar que ésta se produjo por la irresponsabilidad de los países ricos que, además, no sabían qué hacer.

Un año después parece haberse evitado lo peor. Dicen.

Pero no estamos para echar campanas al vuelo. El paro aumenta en Estados Unidos y en Europa y, según el Programa Mundial de Alimentos de ONU, por primera vez en la historia, por ejemplo, hay más de 1.000 millones de personas que pasan hambre. Pero todavía, como denuncia Barack Obama, “en el sector financiero hay quienes no aprenden las lecciones de (la bancarrota de) Lehman Brothers y de la crisis; prefieren ignorarlas”.

Un año después, los bancos tienen dinero fresco (inyectado por los gobiernos), pero no conceden préstamos. En Estados Unidos, 247.000 personas perdieron el empleo en junio. Europa no va mucho mejor en recuperación de empleo y tampoco Japón, donde los sueldos han caído un 7%. Pero los mercados están exultantes. Quizás, como ha denunciado el ex presidente español Felipe González,, se han olvidado las causas de la crisis: “Estamos a punto de repetir el modelo que nos ha llevado a esta crisis. Incubando la misma basura que nos ha llevado a esta crisis”. Por ahí van los tiros.

Además, es difícil salir de la crisis cuando no se identifica e investiga a los verdaderos responsables la misma. La crisis no es algo ocurrido por accidente, como el rayo que cae encima porque pasabas por allí. Los responsables siguen impunes. He conocido a muchos que han pasado años en la cárcel habiendo hecho mucho menos daño.

No se sale de la crisis porque, enquistados, camuflados e impunes, permanecen entre quienes tomas las decisiones los causantes de la misma. Esta crisis tiene perpetradores que la han provocado, pero nadie pide responsabilidades. No han sido los estafadores de siempre, los Madoff y demás, sino sujetos que pasan por respetables y honorables, que para satisfacer su obscena codicia nos han llevado al desastre. Cómo esos 45 ejecutivos del banco británico Barclays que han creado la compañía Protium en el paraíso fiscal Islas Caimán para evitar que la Unión Europea controle sus obscenas retribuciones de  banqueros. Lo ha denunciado The Times. Y también que otros 20 altos cargos de Société Générale han dejado su puesto en la entidad francesa para desembarcar en Nexar Capital, una oscura empresa financiera incontrolable. Incontrolable porque quieren.

Hace años que lo gritamos. Mientas no se supriman los paraísos fiscales, habrá crisis, pero gozarán de buena salud el narcotráfico, crimen organizado e incluso el terrorismo.

¿Dónde están los cambios anunciados para combatir las causas de la crisis? –escribe el catedrático de economía Juan Torres. En ninguna parte. Hoy el sistema económico padece los mismos problemas que llevaron a la crisis: desregulación financiera, descontrol absoluto de la ingeniería financiera, predominio de lo financiero sobre la actividad productiva, creación ingente y desproporcionada de dinero bancario, altos niveles de desigualdad…

Es hora de que los ciudadanos empezemos a responder individualmente y como colectivo. O no lo contamos.

¿Y el derecho a la información?

septiembre 14, 2009 Deja un comentario

Derecho a la información e insumisión ciudadana

Hace un par de años, Hugo Chávez convocó un referendo para preguntar a los venezolanos si aceptaban reformar la constitución y que los presidentes de la república pudieran presentarse a reelección sin límites temporales. No lo consiguió, pero muchos medios informativos europeos lo más bonito que le dijeron a Chávez fue autoritario y que preparaba una dictadura.

Presentarse tantas veces como quieran al cargo lo hacen los primeros ministros en Europa y nadie se rasga las vestiduras. Ahora Uribe, presidente de Colombia, hace lo mismo que Chávez. Y además pretende reducir el censo electoral en varios millones para asegurar la reelección, que eso sí es claramente antidemocrático. Pero no se ha publicado ni un simple calificativo denostador contra Uribe en los medios españoles que reparten patentes de democracia.

También llevamos dos años de una crisis que ha aumentado la pobreza y la desigualdad hasta extremos más indecentes si cabe. Páginas y páginas sobre el G-8 y sus reuniones, ocurrencias de Sarkozy y puestas en escena de Merkel. Muchas palabras, acaso buenas intenciones, pero pocas realidades contra desempleo, sufrimiento e incertidumbre de la gente. Y apenas unos párrafos sobre propuestas de ONU o sobre el comité económico de ésta, presidido por Stiglitz, para afrontar la crisis. Otra vez los medios ‘importantes’ dan la nota.

Como escribe la psicóloga Rosa Cañadell, “llevamos muchos años dando por buenas situaciones inmorales, ilógicas e intolerables”. Y, a continuación, formula inquietantes preguntas. “¿Por qué se consiguió tapar la boca a la mayoría que no se benefició de la gran estafa (léase crisis), pero ahora pagan los platos rotos? ¿Cómo silenciaron tantas voces críticas? ¿Qué anestesia usaron para seguir la farsa? ¿Por qué aceptamos un crecimiento económico impresionante con estancamiento de salarios? ¿Por qué consentir que la política  se convirtiera en gran multinacional donde lo único importante  es el beneficio personal?”

En esa demoledora y penosa realidad que esboza Cañadell, tiene mucho que ver la mayoría de medios presuntamente informativos. Como reflexiona el profesor de Políticas Públicas de la Johns Hopkins, Vicenç Navarro, “se habla con frecuencia de la escasa calidad democrática de nuestras instituciones representativas, pero apenas se comenta la misma falta de calidad democrática de los medios informativos más importantes”. Navarro se refiere en concreto a España, pero lamentablemente hoy el aserto es extensible a todo el mundo.

Medios que no cesan de proclamar su defensa de la libertad de prensa. ¿No será más bien libertad de empresa? (La suya, claro). Sobre todo si tenenos en cuenta que esos medios son parte de potentes grupos económicos con intereses muy variados. En esos grupos, los medios son herramientas de ataque.

La minoría privilegiada ha aprendido hace tiempo que quien controla la información influye en la conducta cotidiana y en la gente. Y en eso están, tal como denuncia Mayor Zaragoza, ex director general de Unesco: “La minoría que tiene el poder económico, posee también el poder mediático. Y lo utiliza para que lo inadmisible, que es mucho, pase desapercibido”.

Desde hace tiempo se constata que el antaño denominado cuarto poder se disolvió, convertido mayoritariamente en herramienta al servicio del poder económico. La triste realidad es que muchos medios incumplen la obligación de informar con veracidad y honradez. Exageran, ocultan, distorsionan, manipulan, falsean e incluso mienten. Ignacio Ramonet,  Le Monde Diplomatique o el periodista español Pascual Serrano, por ejemplo, lo han mostrado y demostrado documentadamente. Además, este analista está harto de comprobar cuan a menudo titulares condenatorios y de rasgamiento de vestiduras (siempre contra críticos del sistema capitalisa neoliberal, por supuesto) no tienen respaldo alguno en el texto de información. Vieja táctica de tirar la piedra y esconder la mano. Eso sin contar un preocupante incremento de amarillismo y  banalidad ocupando el espacio de información veraz.

Y es que la minoría privilegiada, que puede comprar conciencias y talentos y lo hace, no soporta que le toquen los intereses.

Una muestra de lo escrito es la implacable reacción de la minoría privilegiada estadounidense arremetiendo a través de diversos medios contra la reforma sanitaria de Barack Obama con ocultaciones, manipulaciones y puras  mentiras.

Como recientemente ha escrito Federico Mayor Zaragoza: “Ha llegado el momento de reaccionar, el tiempo de la insumisión, de iniciar el gran cambio hacia la transparencia y el conocimiento real de la realidad. De hacer uso de todas las redes de comunicación disponibles, Internet incluida, para contrarrestar omisiones y ocultaciones de los grandes manipuladores y mentirosos, de los imperios informativos”.

Que así sea.

Crisis y desigualdad

junio 25, 2009 1 Comentario

Crisis, crecimiento y desigualdad La única forma decente de luchar contra la crisis es procurar reducir la desigualdad. ¿De qué sirve una renta per capita de X dólares si una cuarta parte de la población vive en la pobreza, otra cuarta parte en la miseria y una tercera se tienta el cuerpo porque no sabe qué le sucederá? Las medidas tomadas contra la crisis acaso logren los equívocos macro-índices económicos de hace dos años, pero poco repercutirán beneficiosamente en la vida de la mayoría de las personas, que es lo que importa. No se logrará un mínimo de vida digna y sin incertidumbres socio-económicas para la mayoría de ciudadanos. Ni siquiera para una mayoría simple.

El acierto del New Deal de Roosevelt fue aplicar una reflexión keynesiana elemental: Hay más trabajadores que otras clases. Reduzcamos la desigualdad, hagamos que los trabajadores estén lo mejor posible, porque con salarios decentes, que les permitan una vida digna, todo el edificio económico funciona. El New Deal supuso acabar con legiones de desempleados e indigentes itinerantes. Fue una lucha contra la pobreza y contra la desigualdad.

Medidas contra la desigualdad son medidas efectivas contra las crisis. La actual crisis es fruto de un modo de entender la economía y la distribución de riqueza: el neoliberalismo del mal llamado ‘consenso de Washington’: Regular el gasto público en educación, salud y protección social (en realidad, reducir); reforma tributaria (disminuir impuestos a los ricos); políticas comerciales liberales (subvenciones y ayudas de los gobiernos de países ricos a sus agricultores terratenientes); patente de corso a la inversión extranjera; privatizar empresas públicas, desmontar lo público; ninguna regla ni control para el mundo financiero… El resultado ha sido un obsceno incremento de pobreza y desigualdad.

Y ahora, algunas medidas contra la crisis (sobre todo en Europa) se empecinan en el modelo de desarrollo que nos ha conducido a ésta. Ayudar con mucho dinero de todos al conglomerado industrial automovilístico, por ejemplo, es más de lo mismo. De los macro-esfuerzos del Estado para reflotar bancos sin pedirles responsabilidades anteriores ni controlarlos de modo que sientan el aliento de los gobiernos en el cogote, mejor ni hablamos. Sin voluntad de reducir la desigualdad por encima de todo, tampoco saldremos de ésta.

A propósito de la desigualdad, el ex jugador y entrenador de fútbol Johan Cruyff ha dicho sobre unos escandalosos fichajes de futbolistas por el Real Madrid: “Nadie vale lo que ha pagado el Madrid por Cristiano Ronaldo”. Fútbol aparte, nadie vale la enormidad que cobran ejecutivos y directivos de banca, sector del automóvil y empresas transnacionales; nadie rinde tanto para cobrar tales fortunas.

Y los ministros de economía del G-8 diagnostican que parece apuntar cierta estabilización en la situación económica mundial. Pero la salida de la crisis es incierta. “Aún si la producción remonta, el paro puede crecer”, han dicho. Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional, ha asegurado que el desempleo aumentará como mínimo hasta los primeros meses de 2011.

Si la salida de la crisis es incierta y se destruye empleo durante dos años o más, ¿quién se beneficia del dinero público contra la crisis? En España, por ejemplo, la banca, que ha tenido beneficios y continuará teniéndolos, mientras el gobernador del Banco Central español augura que aumentará el paro, el más alto de la Unión Europea. Pero los bancos españoles dan créditos a empresas con cuentagotas. Por cierto, la concesión cicatera de créditos genera el cierre o reajuste de empresas. Y aumenta de desempleo. ¿Esto es luchar contra la crisis?

Habrá que coincidir con el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Taibo, que “el crecimiento económico no genera cohesión social, provoca agresiones medioambientales a menudo irreversibles y propicia agotar recursos de los que no dispondrán generaciones venideras; por tanto, es urgente buscar otros horizontes”.

El último informe de Amnistía Internacional asegura que “la pobreza no es inevitable, y es causa y consecuencia de violaciones de derechos humanos. Un planteamiento para erradicar la pobreza, centrado sólo en el crecimiento económico, es insostenible e inútil. La crisis en la que vivimos ha condenado a la pobreza a 100 millones de personas más, demostrando cuan frágiles son los beneficios basados únicamente en el crecimiento económico”. Quizás ya sea tiempo de cambiar de rumbo, de dar un golpe de timón.

Hay que meter el bisturí a fondo

abril 13, 2009 Deja un comentario

En medio de esa tentación de cambiar algo, pero que todo continúe en manos de los de siempre, se ha dicho y escrito que la cumbre del G20 en Londres de hace unos días ha sido tan decisiva como el encuentro de Breton Woods, cuando a mediados de los cuarenta del siglo pasado se reunieron mandatarios y expertos en unas jornadas que reordenaron el mundo (aún en guerra), planificaron liquidar los restos de la depresión del 29 y se relanzó la economía. Pero de parecido entre un encuentro y otro, nada de nada.

 

Aquellas jornadas fueron 21 días de trabajo y fueron abiertas: participaron 44 países de un mundo con menos Estados, porque aún no había empezado la descolonización en Asia y África. Además, generaron nuevas instituciones multilaterales y crearon reglas nuevas para organizar la economía mundial.

 

En cambio, este G-20 apenas parece renovar nada: Para empezar, confía en las instituciones financieras que impusieron el dogma neoliberal que nos ha llevado al desastre y fueron incapaces de oler siquiera la que se nos venía encima. Además, en el documento de conclusiones y compromisos del G 20, no aparecen una sola vez las palabras ‘desigualdad’, ‘pobreza’ o ‘hambre’, como se ha percatado el catedrático de economía Juan Torres, y eso aunque aún mueren diariamente 30.000 seres humanos por desnutrición severa. ¿Acaso esa otra crisis no es mucho más grave?

 

Tampoco hay referencia alguna a principios éticos, aunque la crisis la han causado sobre todo las prácticas sin moral ni vergüenza de los codiciosos. Y no recoge los lúcidos planteamientos que los líderes de las ocho organizaciones solidarias de la sociedad civil más importantes del mundo (Amnistía Internacional, Oxfam Internacional, Greenpeace, Save the Children, Ayuda en Acción, Plan Internacional, World Vision y Care Internacional) han escrito en una carta dirigida al G20: que la vida o muerte de cientos de millones de personas depende de lo que se haga; que la pobreza y la desigualdad aumentan; que éstas generan y alimentan tensiones,  conflictos sociales y enfrentamientos cada vez mayores; que sólo quedan 100 meses para reducir las emisiones de carbono y revertir el peligro de una catástrofe; que es urgente garantizar los derechos de subsistencia de esa mitad de la humanidad que mengua y muere entre pobreza y pobreza extrema, que es urgente proteger el medio ambiente, la Tierra (la única que tenemos)…

 

Walden Bello, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Filipinas, hace esta pregunta al G20: ¿Bastan reformas socialdemócratas para relanzar la economía o esta crisis ha de llevarnos a otro orden considerablemente diferente? También el profesor Bello propone algo que parece tener bastante más legitimidad que la selectiva reunión de ricos y quienes llevan camino de serlo que es el G20. La propuesta es que Ban Ki Mon, Secretario General de la ONU, y la Asamblea General convoquen un encuentro multilateral (no sólo 21) para afrontar la crisis y preparar un nuevo orden global. Una comisión de expertos monetarios, financieros y economistas, encabezada por el Nobel Joseph Stiglitz y nombrada por el presidente de la Asamblea General, ya ha realizado un trabajo preparatorio para esa reunión. Ésa es buena noticia.

 

Una medida eficaz y realista sería también cancelar la deuda de los países empobrecidos. Porque esas deudas han sido pagadas con creces y fueron contraídas con condiciones abusivas. La cancelación de la deuda permitiría a los países empobrecidos disponer de más recursos sin necesitar la dudosa ayuda del FMI.

 

Ante el documento final, el catedrático Juan Torres concede y remata que “las conclusiones de la cumbre podrían ser encomiables, pero los medios resultarán de poca efectividad, porque no se han explicado claramente las causas de la crisis. Y sin poner en claro las causas de la enfermedad solo un milagro puede hacer que el médico pueda curarla”.

 

Nicholas Dearden, director de Jubilee Debt Campaign (Campaña para Cancelar la Deuda), sí señala con ojo clínico lo qué ha pasado: “Ni los más enfervorizados partidarios del libre mercado defienden hoy que la globalización haya mejorado las vidas de la mayor parte de gente del planeta. Al contrario, un sistema con crisis inherentes, que ha alimentado niveles de desigualdad sin precedente, finalmente se ha colapsado”.

Por eso hay que recordar el dicho de Keynes: “La dificultad no estriba tanto en desarrollar ideas nuevas, cuanto en sacudirse las viejas”. ¿Revolución? Tal vez no tanto, pero urge meter el bisturí a fondo o esto no lo arregla ni dios.

 

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Los ciudadanos han de decir basta

abril 6, 2009 Deja un comentario

Paul Krugman, Nobel de Economía, ha escrito: “Si quieren saber el porqué de la crisis mundial, mírenlo así: es la venganza del exceso”. Porque más allá de banqueros, agentes financieros y políticos profesionales, la crisis es el resultado del exceso y del derroche, de un modelo económico que, demostrado hasta el cansancio, sólo sirve a una minoría. A costa de la mayoría.

 

Serge Latouche, profesor de Economía de la Universidad de París-Sud, rechaza también esta sociedad de excesos. Latouche es partidario del decrecimiento. Decrecimiento es  repudiar el intocable dogma del crecimiento económico como único camino, porque la historia del último medio siglo nos dice que el crecimiento no impide las crisis. Por eso Latouche opina que “la crisis es una buena noticia”, aunque teme que gobiernos y poderes económicos no ataquen las verdaderas causas del desastre. Tal vez cambien algo. Quizás para que nada cambie.

 

Mantendrán el sistema actual, un capitalismo basado en el crecimiento, los combustibles de origen fósil y la industria de automoción y la del ladrillo y cemento. Por tanto, no se trata sólo de lograr mayor regulación y control de entidades financieras y bancos, que sí. Tampoco de aumentar el gasto público, que también.

Hay que echar por la borda esas directrices, pretendidos principios científicos inmutables, que conforman el nefasto ‘consenso de Washington’: privatizarlo todo, todo es mercado, reformar impuestos (léase rebajarlos a los más ricos), liberalizar tasas de interés, nada de normas ni reglas para el capital (bancos y entidades financieras hacen los que les dé la gana)… Pero lamentablemente no se tiene noticia de que en el G20 de Londres se vaya a enterrar el ‘consenso’.

 

Estados Unidos y Reino Unido apostaban por más dinero público para estimular la economía, aunque también querían normas para los grandes fondos de inversión de riesgo (hedge funds), más capital para Banco Mundial y FMI, supervisión de los agentes y mercados financieros… Francia y Alemania exigían concretar el control del mundo financiero: lista negra de paraísos fiscales, de sanciones, supervisión de retribuciones de directivos, todos los hedge funds bajo control (no sólo los grandes)…

 

Finalmente, el G20 ha acordado crear un organismo con amplios poderes de supervisión del mundo financiero, que endurecerá las normas y lo supervisará. También han decidido aportar más dinero para el FMI, para que pueda ayudar a los países en desarrollo y empobrecidos y poner coto a los paraísos fiscales. Sin embargo, no se acordaron más ‘estímulos fiscales’, dinero público para la economía real.

 

Según los titulares, el G20 ha cumplido. Tal vez. Un gran conocedor del mundo financiero y sus recovecos más oscuros, Juan Hernández Vigueras, teme que en realidad se haga poco, “mientras se mantenga la libertad absoluta de movimiento de capitales”. Cuanto más, opina, se rebajará el volumen del “sistema financiero en la sombra”, que así denomina al oscuro mundo de los paraísos fiscales. Porque ese libérrimo movimiento de capitales no se ha tocado.

 

Cambiar algo para que en realidad nada cambie, como se lee en la novela El Gatopardo de Di Lampedusa; que no se vaya al fondo de los problemas, que todo quede en agua de borrajas. Esperemos que no, aunque, como ha escrito David Harvey, profesor del Graduate Center de Nueva York, la clave para “salir de esta crisis depende mucho de la relación de fuerzas entre clases sociales, de que gran parte de la población diga: hasta aquí hemos llegado; hay que cambiar”. Cuando Roosevelt puso en marcha su plan para salir de la Depresión, los trabajadores estaban organizados en sindicatos fuertes y formaban un movimiento obrero potente que influyó decisivamente para que los cambios fueran también en beneficio de las clases trabajadoras.

 

¿Conocen la prueba del nueve? Es una sencilla operación aritmética para comprobar si una multiplicación o una división han sido bien realizadas, si su resultado es correcto. Hay una ‘prueba de nueve’ para el G20 de Londres que pretende resolver la crisis. Es lo que significa el nombre de una plataforma que agrupa a centenar y medio de sindicatos, grupos ecologistas, y asociaciones solidarias: ‘Poned a la Gente en Primer Lugar’, se llama. Esa es la prueba que no falla: si las personas son lo primero, sus intereses y sus derechos, la solución elegida será la buena. La inmensa mayoría de ciudadanos, claro.

Qué así sea.

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