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Archivo para la Categoría "Solidariad"

Es tiempo de ciudadanos

enero 10, 2010 1 Comentario

Hasta finales del siglo XIX, la esclavitud era normal. En el XIX, muchos niños trabajaban en las minas y era normal. Los obreros trabajaban todas las horas del mundo sin festivos y era normal. Las mujeres eran legalmente seres de segunda hasta hace cincuenta años y era normal. Hasta 1984, la tortura no era ilegal en el mundo. Hasta mediados del XX, se podía destruir la naturaleza en nombre del progreso, contaminar ríos o talar bosques salvajemente y era normal…

Barbaridades, crímenes, injusticias, agresiones y atentados contra la vida y la dignidad. Si se ha puesto algún coto es porque hombres y mujeres se han opuesto. Han luchado por la justicia, la igualdad, la libertad y la vida.

Hoy crece una alianza indecente entre poder económico y político que vacía y caricaturiza la democracia. Una obscena concentración de poder económico ha arrodillado a gobernantes y legisladores, ha viciado y corrompido la democracia en beneficio de la minoría privilegiada que detenta el poder económico.

En Europa, Estados Unidos y otros lugares, una presunta izquierda ha gobernado según los intereses de esa minoría. Un jefe de gobierno que se dice socialista, como Zapatero, dice que respetar la libertad del mercado y la competencia son sus principios económicos. Uno creía que los principios económicos de un socialista eran conseguir un reparto más justo de la riqueza o, en su defecto, que los desfavorecidos sufran lo menos posible.

La izquierda socialdemócrata, antaño favorable a los trabajadores, ha sido pusilánime, temerosa, asustadiza y apocada. No ha cuestionado el brutal capitalismo neoliberal. Lo ha servido y se ha arrugado ante sus falaces medios informativos, incapaz de políticas solidarias, justas y fraternales, cómplice hoy de la malintencionada falsedad de que si los banqueros recuperan sus indecentes beneficios, se recuperará la economía.

Quizás por ello, quienes causaron la crisis por su estulta y voraz codicia siguen en sus trece, convencidos de tener patente de corso para actuar como les venga en gana a mayor honra y gloria de sus obscenos beneficios.

Es hora de que los ciudadanos actuemos como tales. Que dejemos de funcionar como súbditos. Ya no vale ir de fajadores. El fajador es el boxeador que aguanta los golpes; sin tener buena pegada ni buen juego de piernas, el adversario no cae a la lona por mucho que lo zurren. Hemos de pasar ya de fajadores a ciudadanos. Protagonistas de la vida que luchan para lograr los cambios necesarios.

Batallar de nuevo por principios y valores. Llamar a las cosas por su nombre. Un arma de la minoría privilegiada es vaciar las palabras y convertir el lenguaje en herramienta de ocultación, de mentira y no de aproximación a la verdad. La primera batalla es la de la verdad.

Como escribe el periodista Arturo San Agustín, “ninguno de los males que nos aquejan nos hace salir a la calle en masa para protestar. Por eso continúan engañándonos. Somos inofensivos”.

Pues hay que dejar de serlo. Que no significa ser violento. Gandhi logró una India independiente sin violencia. El mismo Gandhi que lamentaba que “lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”.

Ni silencio ni indiferencia. Hemos de reaccionar y ejercer de ciudadanos, dueños del poder político soberano. Y huir de la mentirosa estupidez neoliberal de que uno sólo debe dedicarse a sus asuntos. Como si fuéramos islas. Y no lo somos.

Martin Niemüller, un valeroso pastor luterano alemán, tenaz crítico de Hitler que organizó un movimiento alemán contra el nazismo, nos lo recordó en unos versos (erróneamente atribuidos a Bertolt Brecht): “Cuando los nazis apresaron socialistas, no dije nada, pues yo no era socialista/ Cuando detuvieron a sindicalistas, no dije nada, por no ser yo sindicalista/ Y cuando se llevaron a los judíos, tampoco protesté, porque yo no era judío/ Pero vinieron a buscarme, y entonces ya no había nadie que pudiera protestar”.

Todo compete a todos y nadie puede pretender ser ajeno a los problemas de los demás, porque son los de todos. Hay que ponerse en marcha. Y recordar, con el poeta Marcos Ana (el preso político que más tiempo estuvo en la cárcel bajo el franquismo) que los cambios son lentos cuando son cambios de verdad.

Pero hay que luchar por ellos.

Salvar vidas pintando paredes y un chiste

junio 2, 2008 4 comentarios

He leído la admirable historia de la científica española Pilar Mateo, licenciada o doctora en ciencias químicas. Pilar ha inventado una pintura que, extendida por la pared como cualquier otra, frena el desarrollo de las vinchucas. Las vinchucas son chinches de varios centímetros  con el tamaño y aspecto de una cucaracha que chupan la sangre de sus víctimas y les transmiten el mal de Chagas, una dolencia mortal, endémica en América Latina. El mal de Chagas afecta a 18 millones de personas y mata cada año a unas 45.000. El mal de Chagas no es casual ni maldición fatal: existe porque hay pobreza, se da en donde hay pobreza.

La pintura de Pilar contiene pyriproxyfén, un regulador del crecimiento de esos insectos. La vinchuca tiene cinco cambios de ciclo en los que se deshace de la piel y crece. El pyriproxyfén inhibe la hormona del crecimiento de la chinche y muere.

Pilar Mateo se trasladó a las aldeas afectadas para comprobar la eficacia de su pintura y ha vivido la mayor parte de los últimos trece años en diferentes poblados de América Latina. Los indígenas dicen que es “una mujer que llora con nosotros”. La familia de Pilar Mateo tenía una fábrica de barnices y se le ocurrió que la pintura podía ser un medio para luchar contra la letal chinche.

La pintura de Pilar Mateo está en fase de evaluación por la OMS, pero los resultados son efectivos, tanto que una multinacional alemana quiso comprar la patente. Hay que ver estos capitalistas, siempre a la que salta para hacer negocio. Pues no, porque esa empresa no quería la patente para forrarse a costa del sufrimiento humano, que dentro de lo que cabe no hubiera sido demasiado deleznable, sino peor: para no usarla y que nadie pudiera hacerlo al ser ellos propietarios de la sagrada patente, si Pilar se la hubiera vendido, que no lo hizo. 

¿Qué ganarían esos tipos con que nadie use la pintura anti-chinches? Son fabricantes de insecticidas y su beneficio se basa en que haya insectos perjudiciales para que se necesiten sus productos. Si una pintura blinda de forma eficaz una casa contra las vinchucas, no necesitarán insecticida. Y los fabricantes de insecticidas necesitan insectos, por mortales que sean, o se les acaba el negocio.

¿Aún hay gente que no ve que este sistema capitalista neoliberal (basado en que ‘todo’ es mercado, todo se puede vender y comprar) es una auténtica porquería?

Ésta podría ser una historia titulada ‘la luz y la oscuridad’. La luz, sin duda, es Pilar Mateo, su actitud solidaria, su actividad a favor de los empobrecidos y su compromiso con la vida. La oscuridad es la deleznable multinacional alemana, dispuesta a pagar un buen dinero para que nadie fabrique la pintura salvadora de Pilar Mateo.

No me gusta el insulto, porque es una expresión de debilidad e impotencia, pero lo que viene a continuación, aunque suene a ex abrupto, no es insulto, sino descripción moral.

¿Se puede ser más hidepu (escrito al modo de Cervantes) como lo es esa multinacional? La multinacional, no, claro, que es una entelequia sobre el papel. Sus directivos, sus ejecutivos.

  

 

Un apunte que parece un chiste

No me resisto a referirme a una frase del comisario de economía de la Unión Europea, el español Joaquín Almunia. La frase es respuesta a la pregunta de un periodista sobre la moderación salarial como la panacea de toda situación crítica: “Las llamadas a la moderación salarial no tienen que estar sólo dirigidas a los sindicatos y trabajadores, sino a todos”.

Me encantaría que el presunto socialista Almunia nos explicara a quien diablos va dirigida la moderación salarial, que en lengua romance comprensible significa salarios de eme. Tal vez en esos ‘todos’ Almunia incluye a las esposas a hijos que dependen del escueto salario. Entonces tiene razón.

¿Acaso el señor Almunia (que dice ser socialista) ignora los resultados de un estudio de la OCDE que indica que en el período de 1995 a 2005,  los asalariados tuvieron un aumento real y total de la capacidad adquisitiva de sus salarios (que es la que vale) de menos de un 1%? ¿Tal vez no sepa que los beneficios empresariales en el mismo período de diez años se incrementaron un 37%?

Keynes, que renovó la economía en el primer tercio del siglo XX, era un especulador. Pero un especulador inteligente que comprendió que los asalariados son muchos más que los ricos, que son muchos menos. Y concluyó que es necesario que los asalariados ganen bastante más (de lo que ganaban entonces) para que puedan gastar, porque, si no gastan, ¿a quién venderán sus productos y servicios los empresarios?

Con socialistas así, ¿para qué necesitamos conservadores?

 

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