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La lucha contra la pobreza es una cuestión de derechos humanos

Publicado por xacata en Octubre 5, 2009

Según el llamado ‘efecto mariposa’, si ese lepidóptero aletea en Brasil, puede haber un terremoto en China. No es que ocurra tal cosa; se refiere a que todo está interconectado. No sólo en ciencias físicas sino en la vida y entre los seres humanos. No caben Robinsones Crusoe, salvo en literatura, e incluso el Crusoe de ficción necesito a Viernes porque no soportaba el aislamiento. Más allá de la ficción, las situaciones y hechos humanos están interconectados. Einstein diría que la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Que todo tiene relación. Y en lo socio económico, más. Nada se da o desaparece porque sí. Veamos algunos casos.

Hay una destrucción incesante de empleo hasta el punto de que la buena noticia es que la velocidad de destrucción de puestos de trabajo es algo menor. Y en dos años de crisis, los hambrientos han aumentado de menos de novecientos millones de personas a mil cien.

En las Islas Caimán hay un edificio que alberga a 12.000 empresas. Obama denunció que es el mayor edificio del mundo o una estafa fiscal colosal. Naturalmente lo cierto es lo segundo. Y, sin embargo, Adam Smith, uno de los padres del capitalismo escribió en el siglo XVIII que “todo los ciudadanos deben contribuir al sostenimiento del Estado en proporción a sus ingresos”.

Parece que esta regla se convirtió en el siglo XX en esta otra: “Todo el mundo debe contribuir al sostenimiento del Estado en proporción a sus ingresos… salvo que puedan esconder su dinero en un paraíso fiscal”.

¿Alguien cree en serio que la existencia de los paraísos fiscales no tiene nada que ver con la pobreza y la desigualdad?

Ahora dicen que los paraísos fiscales dejarán de serlo. Que EEUU y estados de la Unión Europea han firmado cien acuerdos de intercambio de información fiscal con paraísos fiscales. Que algunos estados potentes preparan acciones contra los paraísos fiscales que se resistan.

Los paraísos fiscales son una lacra, un cáncer. Pero no son el único problema grave. Un estafador tan buen conocedor de trampas y juego sucio como Madoff (quien, por cierto, se pasará un montón de años en la cárcel) asegura que los mayores secretos bancarios y casos de lavado de dinero sucio y fraude fiscal no se dan en las islas tropicales (donde están la mayoría de paraísos fiscales) sino en Wall Street, la City de Londres, Frankfurt y Tokio.

Para convencernos de que no es maquillaje ni camuflaje, y que nos creamos de verdad que los Estados y la minoría rica privilegiada quieren acabar con el secreto bancario y sus consecuencias, tenemos que ver que se firman miles de acuerdos de transparencia financiera y fiscal. Que el secreto bancario desaparezca.

En otra orilla, el Institute for Policy Srtudies (IPS), entidad radicada en Washington que investiga y publica los ingresos de ejecutivos y directivos, ha informado recientemente que los altos ejecutivos de EEUU ganan 319 veces más que el salario medio del trabajador estadounidense. Treinta años atrás, esos altos ejecutivos ganaban treinta veces el salario medio del empleado estadounidense. Si esto no es desigualdad que baje dios y lo vea. Según el IPS, esos desorbitados sueldos y gratificaciones de los altos ejecutivos y directivos propiciaron su “imprudencia”, porque lo único que les interesaba era ganar mucho dinero en poco tiempo. Y esa “imprudencia” llevó a EEUU y al mundo al borde del abismo, del cataclismo económico.

En otro lugar, veinte estados han firmado el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos económicos, sociales y culturales de Naciones Unidas. Ahora es ley internacional y se podrá reivindicar ante la justicia el respeto de esos derechos que significan vida digna, ingresos suficientes, poder mantener a la familia, vivienda digna, cuidado de la salud, educación… Porque de justicia se trata: Dar a cada uno lo que le corresponde, lo que se le debe como persona. ¿Y qué le corresponde?Libertad, justicia y paz. Porque todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos

En los últimos años, hemos presenciado una pobreza y desigualdad obscenas, en crecimiento imparable. Y la única forma eficaz de luchar contra esa pobreza, contra esa indecente desigualdad, es una implacable reivindicación de los derechos humanos de todos. Se trata de afrontar la lucha contra la pobreza como exigencia de indiscutible respeto de los derechos humanos de todos en todas partes. Los derechos humanos otorgan libertad de elección y de acción, protegen contra las arbitrariedades de los poderosos e imponen responder ante la justicia.

Y si alguien cree que lo escrito es literatura poética o delirio, o que los derechos humanos son sólo un muestrario de buenas intenciones, mejor haría en darse de baja el género humano.

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Así no salimos de la crisis

Publicado por xacata en Septiembre 21, 2009

Dos hombres maduros, uno con americana cruzada y corbata, el otro de esmoquin con pajarita. Ambos con sonrisa lobuna sostienen sendos vasos en la mano. Brindan: “¡Por otra crisis como ésta!” Con sutil ironía, el humorista español El Roto resume qué ha pasado, qué pasa y qué no está pasando.

Ahora empiezan a abundar las declaraciones de próceres económicos y mandatarios sobre la recuperación. ¡Brotes verdes! ¡Salimos de la crisis! Debe ser lo que toca en ese cambiar algo para que todo continúe igual.

Jeffrey Sachs, director del Earth Institute de la universidad de Columbia, ha escrito: “Hace un año la economía mundial se tambaleaba al borde del abismo. Del 15 al 17 de septiembre de 2008, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, la aseguradora AIG pasó a manos del Gobierno estadounidense y, tras quebrar, Merril Lynch fue absorbido por Bank of America, operación financiada por el Gobierno federal. Se desató el pánico y cesó el crédito. Medidas urgentes de bancos centrales y mucho dinero público evitaron que todo se hundiera”.

Según el economista Jacques Attali “el capitalismo estuvo a punto de desaparecer” (¡no caerá esa breva!), porque no había confianza en los bancos, muchos inversores retiraban sus fondos, las empresas no conseguían créditos y perdían valor. El presidente de Brasil, Lula da Silva, diagnosticó la crisis con mayor precisión al asegurar que ésta se produjo por la irresponsabilidad de los países ricos que, además, no sabían qué hacer.

Un año después parece haberse evitado lo peor. Dicen.

Pero no estamos para echar campanas al vuelo. El paro aumenta en Estados Unidos y en Europa y, según el Programa Mundial de Alimentos de ONU, por primera vez en la historia, por ejemplo, hay más de 1.000 millones de personas que pasan hambre. Pero todavía, como denuncia Barack Obama, “en el sector financiero hay quienes no aprenden las lecciones de (la bancarrota de) Lehman Brothers y de la crisis; prefieren ignorarlas”.

Un año después, los bancos tienen dinero fresco (inyectado por los gobiernos), pero no conceden préstamos. En Estados Unidos, 247.000 personas perdieron el empleo en junio. Europa no va mucho mejor en recuperación de empleo y tampoco Japón, donde los sueldos han caído un 7%. Pero los mercados están exultantes. Quizás, como ha denunciado el ex presidente español Felipe González,, se han olvidado las causas de la crisis: “Estamos a punto de repetir el modelo que nos ha llevado a esta crisis. Incubando la misma basura que nos ha llevado a esta crisis”. Por ahí van los tiros.

Además, es difícil salir de la crisis cuando no se identifica e investiga a los verdaderos responsables la misma. La crisis no es algo ocurrido por accidente, como el rayo que cae encima porque pasabas por allí. Los responsables siguen impunes. He conocido a muchos que han pasado años en la cárcel habiendo hecho mucho menos daño.

No se sale de la crisis porque, enquistados, camuflados e impunes, permanecen entre quienes tomas las decisiones los causantes de la misma. Esta crisis tiene perpetradores que la han provocado, pero nadie pide responsabilidades. No han sido los estafadores de siempre, los Madoff y demás, sino sujetos que pasan por respetables y honorables, que para satisfacer su obscena codicia nos han llevado al desastre. Cómo esos 45 ejecutivos del banco británico Barclays que han creado la compañía Protium en el paraíso fiscal Islas Caimán para evitar que la Unión Europea controle sus obscenas retribuciones de  banqueros. Lo ha denunciado The Times. Y también que otros 20 altos cargos de Société Générale han dejado su puesto en la entidad francesa para desembarcar en Nexar Capital, una oscura empresa financiera incontrolable. Incontrolable porque quieren.

Hace años que lo gritamos. Mientas no se supriman los paraísos fiscales, habrá crisis, pero gozarán de buena salud el narcotráfico, crimen organizado e incluso el terrorismo.

¿Dónde están los cambios anunciados para combatir las causas de la crisis? –escribe el catedrático de economía Juan Torres. En ninguna parte. Hoy el sistema económico padece los mismos problemas que llevaron a la crisis: desregulación financiera, descontrol absoluto de la ingeniería financiera, predominio de lo financiero sobre la actividad productiva, creación ingente y desproporcionada de dinero bancario, altos niveles de desigualdad…

Es hora de que los ciudadanos empezemos a responder individualmente y como colectivo. O no lo contamos.

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¿Y el derecho a la información?

Publicado por xacata en Septiembre 14, 2009

Derecho a la información e insumisión ciudadana

Hace un par de años, Hugo Chávez convocó un referendo para preguntar a los venezolanos si aceptaban reformar la constitución y que los presidentes de la república pudieran presentarse a reelección sin límites temporales. No lo consiguió, pero muchos medios informativos europeos lo más bonito que le dijeron a Chávez fue autoritario y que preparaba una dictadura.

Presentarse tantas veces como quieran al cargo lo hacen los primeros ministros en Europa y nadie se rasga las vestiduras. Ahora Uribe, presidente de Colombia, hace lo mismo que Chávez. Y además pretende reducir el censo electoral en varios millones para asegurar la reelección, que eso sí es claramente antidemocrático. Pero no se ha publicado ni un simple calificativo denostador contra Uribe en los medios españoles que reparten patentes de democracia.

También llevamos dos años de una crisis que ha aumentado la pobreza y la desigualdad hasta extremos más indecentes si cabe. Páginas y páginas sobre el G-8 y sus reuniones, ocurrencias de Sarkozy y puestas en escena de Merkel. Muchas palabras, acaso buenas intenciones, pero pocas realidades contra desempleo, sufrimiento e incertidumbre de la gente. Y apenas unos párrafos sobre propuestas de ONU o sobre el comité económico de ésta, presidido por Stiglitz, para afrontar la crisis. Otra vez los medios ‘importantes’ dan la nota.

Como escribe la psicóloga Rosa Cañadell, “llevamos muchos años dando por buenas situaciones inmorales, ilógicas e intolerables”. Y, a continuación, formula inquietantes preguntas. “¿Por qué se consiguió tapar la boca a la mayoría que no se benefició de la gran estafa (léase crisis), pero ahora pagan los platos rotos? ¿Cómo silenciaron tantas voces críticas? ¿Qué anestesia usaron para seguir la farsa? ¿Por qué aceptamos un crecimiento económico impresionante con estancamiento de salarios? ¿Por qué consentir que la política  se convirtiera en gran multinacional donde lo único importante  es el beneficio personal?”

En esa demoledora y penosa realidad que esboza Cañadell, tiene mucho que ver la mayoría de medios presuntamente informativos. Como reflexiona el profesor de Políticas Públicas de la Johns Hopkins, Vicenç Navarro, “se habla con frecuencia de la escasa calidad democrática de nuestras instituciones representativas, pero apenas se comenta la misma falta de calidad democrática de los medios informativos más importantes”. Navarro se refiere en concreto a España, pero lamentablemente hoy el aserto es extensible a todo el mundo.

Medios que no cesan de proclamar su defensa de la libertad de prensa. ¿No será más bien libertad de empresa? (La suya, claro). Sobre todo si tenenos en cuenta que esos medios son parte de potentes grupos económicos con intereses muy variados. En esos grupos, los medios son herramientas de ataque.

La minoría privilegiada ha aprendido hace tiempo que quien controla la información influye en la conducta cotidiana y en la gente. Y en eso están, tal como denuncia Mayor Zaragoza, ex director general de Unesco: “La minoría que tiene el poder económico, posee también el poder mediático. Y lo utiliza para que lo inadmisible, que es mucho, pase desapercibido”.

Desde hace tiempo se constata que el antaño denominado cuarto poder se disolvió, convertido mayoritariamente en herramienta al servicio del poder económico. La triste realidad es que muchos medios incumplen la obligación de informar con veracidad y honradez. Exageran, ocultan, distorsionan, manipulan, falsean e incluso mienten. Ignacio Ramonet,  Le Monde Diplomatique o el periodista español Pascual Serrano, por ejemplo, lo han mostrado y demostrado documentadamente. Además, este analista está harto de comprobar cuan a menudo titulares condenatorios y de rasgamiento de vestiduras (siempre contra críticos del sistema capitalisa neoliberal, por supuesto) no tienen respaldo alguno en el texto de información. Vieja táctica de tirar la piedra y esconder la mano. Eso sin contar un preocupante incremento de amarillismo y  banalidad ocupando el espacio de información veraz.

Y es que la minoría privilegiada, que puede comprar conciencias y talentos y lo hace, no soporta que le toquen los intereses.

Una muestra de lo escrito es la implacable reacción de la minoría privilegiada estadounidense arremetiendo a través de diversos medios contra la reforma sanitaria de Barack Obama con ocultaciones, manipulaciones y puras  mentiras.

Como recientemente ha escrito Federico Mayor Zaragoza: “Ha llegado el momento de reaccionar, el tiempo de la insumisión, de iniciar el gran cambio hacia la transparencia y el conocimiento real de la realidad. De hacer uso de todas las redes de comunicación disponibles, Internet incluida, para contrarrestar omisiones y ocultaciones de los grandes manipuladores y mentirosos, de los imperios informativos”.

Que así sea.

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¿Quién es más pirata?

Publicado por xacata en Mayo 4, 2009

Los piratas están de moda. Países ricos y asociaciones de derechos de autor han lanzado una intensa campaña contra el pirateo de películas y canciones; filmes y éxitos musicales que se copian bajo mano y se venden ilegalmente con pingües beneficios. También otros piratas, éstos somalíes y armados con Kalashnikov, atacan, abordan y secuestran barcos en el océano Índico para exigir cuantiosos rescates. Los gobiernos han enviado sus buques de guerra para hacer frente a los piratas y evitar sus abordajes. Lejos del ánimo la menor simpatía por estos piratas, como por nadie que recurra a la violencia para lograr sus fines y ponga en peligro la vida, libertad e integridad de las personas. Ni por aquéllos. Pero tal vez deberíamos prestar atención a otros piratas más letales.

Desde hace años, empresas farmacéuticas transnacionales envían personal explorador a países empobrecidos con la saqueadora y depredadora misión de descubrir plantas, semillas, microorganismos, tratamientos y conocimientos populares y tradicionales de esos países, en Latinoamérica y Asia, así como técnicas curativas y terapias indígenas, para rapiñarlos y registrarlos sin encomendarse ni a dios ni al diablo, con la sacrosanta protección de la patente. Cees Hamelinck, profesor de la Universidad de Ámsterdam, denunció hace tiempo esta nueva piratería: “En muchos países pobres [el sector farmacéutico] saca partido de los conocimientos locales para fabricar medicamentos muy rentables, sin el consentimiento ni beneficio de los habitantes del lugar”. Y así, expertos del Gobierno de India descubrieron que más de 5.000 “medicinas y tratamientos tradicionales” indios se estaban registrando en oficinas de patentes de todo el mundo por empresas o testaferros que nada tenían que ver con la India, su cultura, sus conocimientos o sus intereses.

Ahora, India se ha convertido en el primer país que se enfrenta a la bio-piratería de grandes empresas farmacéuticas occidentales: ha elaborado una inmensa base de datos (La Biblioteca Digital del Conocimiento Tradicional) y declarado “propiedad pública” más de 200.000 tratamientos médicos de la cultura india para impedir que la industria farmacéutica robe esos conocimientos tradicionales con el viejo truco de patentarlos. Las grandes transnacionales farmacéuticas han dejado maltrechos a los países empobrecidos por el elevado precio de sus medicamentos patentados y su beligerante actitud contra el esfuerzo de países emergentes para elaborar principios activos, medicamentos genéricos sin marca, mucho más baratos.

Las organizaciones solidarias defensoras del derecho a la salud han denunciado que anualmente llegan a morir diecisiete millones de personas por no poder conseguir medicamentos contra infecciones respiratorias, malaria, sida, tuberculosis o enfermedades sexuales, debido a su alto precio. La codiciosa belicosidad de las empresas farmacéuticas se traduce en una implacable presentación de demandas judiciales contra gobiernos de los países emergentes que intentan elaborar o importar medicamentos genéricos a precios razonables y asequibles para curar a sus ciudadanos.

La presión internacional, fruto de protestas ciudadanas y de la acción de organizaciones como Oxfam y Médicos sin Fronteras, han conseguido que las empresas farmacéuticas retiren o pierdan demandas contra gobiernos como el de India, Filipinas y otros; demandas en las que realmente buscaban patentes de corso para vender sus caros fármacos y que se prohibieran los medicamentos genéricos baratos. Pero la beligerancia farmacéutica no acaba ahí.

Germán Velázquez, director del Programa Mundial de Medicamentos de la OMS, recomendó producir medicamentos genéricos y eliminar las patentes en el sector farmacéutico. Tal vez fuera casualidad, pero desde que el doctor Velázquez publicó su estudio ha recibido amenazas de muerte, ha sido agredido físicamente y acosado telefónicamente. Ahora se mueve con protección policial.

Casper Gutman, un gangster de modales exquisitos y palabra culta, personaje de El halcón maltés, de Dashiell Hammet, es capaz de incitar al asesinato para conseguir una valiosa figura de oro y piedras preciosas. Cuando se le pregunta qué derecho tiene sobre esa joya responde: “Un objeto de tal valor pertenece sin duda a quien lo consiga”. Ésa parece ser la filosofía del sector farmacéutico, blindado tras un injusto sistema de patentes: el conocimiento para quien se apropie de él. Según Noam Chomsky, “los derechos de propiedad intelectual no son más que protección del control que garantiza a las grandes corporaciones el derecho a cobrar precios de monopolio”. Y visto todo esto, ¿quién es más pirata?

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Un mundo organizado a beneficio de unos pocos

Publicado por xacata en Abril 21, 2009

La actual crisis económica demuestra el fracaso estrepitoso de la sociedad de “libre” mercado, forma elegante de denominar al centenario capitalismo. Como ha escrito Eduardo Galeano, “el mercado tendrá que pedir perdón de rodillas al mundo porque ha sido un dios implacable que nos ha conducido a la catástrofe”. Ese mercado se apoya en la calvinista cultura del éxito y en la producción del lujo como objetivo legítimo, inyecta cientos de miles de millones de dólares en los bolsillos de los zorros que esquilmaron el gallinero, pero permite que mueran de hambre o sida millones de seres humanos. Y profesa la fe de carbonero en mitos como la famosa ‘mano invisible’ que todo lo regula y controla.

 

La inamovible fe de los adoradores del mercado “libre” en el crecimiento económico constante (además de la fe en la ‘mano invisible’) como único camino de salvación va de la mano de la promoción de la opulencia y de la práctica del derroche, pues el objetivo del mercado no es satisfacer las necesidades de todos ni el crecimiento del ser humano sino crear necesidades, inventarlas si es preciso, para no parar de vender y asegurar ese crecimiento constante que arroje cada vez cuentas de resultados más abultadas, pues el mercado “libre” se inventó a partir de la codicia. No de virtudes humanas.

 

Así las cosas, la perversión llega al extremo de que, además de establecer y consagrar una economía de humo y especulación (que huele a delito), presionando hacia abajo el ‘libre’ mercado consigue que la gente viva para trabajar (cuando puede) en lugar de trabajar para vivir. Y, a pequeña escala, el capitalismo invita y empuja a las partes bajas de la pirámide (clases asalariadas y medias sin patrimonio notable) a participar en el estéril festín del consumo incesante por el consumo. No del crecimiento humano ni del bienestar interior.

 

Al final consumimos demasiado, dilapidamos, nos cargamos poco a poco el planeta y muchos se preguntan ya, ahora que le vemos las orejas al lobo, si realmente alguien se cree que esto puede crecer hasta el infinito y va hacia algún lado que merezca la pena. Por otra parte, ese mito del mercado se formula siempre como libre, pero, como se pregunta el escritor Rafael Argullol: “¿Puede ser libre una sociedad en la que la codicia, la desmedida ambición y la mentira campan a sus anchas?” Por supuesto que no.

 

Y a todo esto, un informe reciente de la OCDE (la asociación de los 30 países más desarrollados del mundo) nos desvela que 1.800 millones de trabajadores del mundo (un 60% del total) no tienen contrato laboral alguno. Y en cuanto a disponer de protección social, los trabajadores de los países empobrecidos (oficialmente ‘en desarrollo’) van desde los que sólo son la mitad del total hasta los que apenas son la cuarta parte de todos.

 

¿Quieren recordar las cifras de la desigualdad y la insultante pobreza de este mundo? Apenas 130 millones de personas poseen el 90% de las riquezas del mundo, el resto a repartir entre más de 6.300 millones. Casi 450 millones de niños y niñas sufren desnutrición y en África subsahariana una persona de cada tres sufre hambre crónica. Un niño de cada cinco no tiene acceso a la educación primaria y cerca de  novecientos millones de adultos son analfabetos, de los que dos tercios son mujeres. Diariamente mueren 30.000 niños menores de 5 años por enfermedades evitables. Más de 1.000 millones de personas no tienen acceso a agua potable y 2.400 millones de personas están privadas de instalaciones sanitarias satisfactorias.

 

¿Aún hay quien crea que la sociedad capitalista, la sociedad de mercado “libre”, es el mejor sistema posible, consustancial con el progreso y el bienestar? ¡Venga, hombre!

El domínico brasileño, teólogo de la liberación, Frei Betto, nos radiografía con lucidez esta tramposa sociedad de mercado: “Allí donde el mercado pone su mano deja marca. La mano puede ser invisible, pero sus marcas no. Sobre todo cuando deja en el desamparo a millones de desempleados. La ‘mano invisible’ manipula descaradamente nuestra vida, privilegia a unos pocos y asfixia a la mayoría”

Y entonces ingenuos e inocentes decimos que lo que pasa es que este mundo está mal organizado, pero no es cierto. Como nos recuerda el analista Javier Ortiz, “el mundo está bien organizado… pero en beneficio de unos pocos”.

 

Que la crisis nos sirva para empezar a cambiarlo todo de una puñetera vez.

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Hay que meter el bisturí a fondo

Publicado por xacata en Abril 13, 2009

En medio de esa tentación de cambiar algo, pero que todo continúe en manos de los de siempre, se ha dicho y escrito que la cumbre del G20 en Londres de hace unos días ha sido tan decisiva como el encuentro de Breton Woods, cuando a mediados de los cuarenta del siglo pasado se reunieron mandatarios y expertos en unas jornadas que reordenaron el mundo (aún en guerra), planificaron liquidar los restos de la depresión del 29 y se relanzó la economía. Pero de parecido entre un encuentro y otro, nada de nada.

 

Aquellas jornadas fueron 21 días de trabajo y fueron abiertas: participaron 44 países de un mundo con menos Estados, porque aún no había empezado la descolonización en Asia y África. Además, generaron nuevas instituciones multilaterales y crearon reglas nuevas para organizar la economía mundial.

 

En cambio, este G-20 apenas parece renovar nada: Para empezar, confía en las instituciones financieras que impusieron el dogma neoliberal que nos ha llevado al desastre y fueron incapaces de oler siquiera la que se nos venía encima. Además, en el documento de conclusiones y compromisos del G 20, no aparecen una sola vez las palabras ‘desigualdad’, ‘pobreza’ o ‘hambre’, como se ha percatado el catedrático de economía Juan Torres, y eso aunque aún mueren diariamente 30.000 seres humanos por desnutrición severa. ¿Acaso esa otra crisis no es mucho más grave?

 

Tampoco hay referencia alguna a principios éticos, aunque la crisis la han causado sobre todo las prácticas sin moral ni vergüenza de los codiciosos. Y no recoge los lúcidos planteamientos que los líderes de las ocho organizaciones solidarias de la sociedad civil más importantes del mundo (Amnistía Internacional, Oxfam Internacional, Greenpeace, Save the Children, Ayuda en Acción, Plan Internacional, World Vision y Care Internacional) han escrito en una carta dirigida al G20: que la vida o muerte de cientos de millones de personas depende de lo que se haga; que la pobreza y la desigualdad aumentan; que éstas generan y alimentan tensiones,  conflictos sociales y enfrentamientos cada vez mayores; que sólo quedan 100 meses para reducir las emisiones de carbono y revertir el peligro de una catástrofe; que es urgente garantizar los derechos de subsistencia de esa mitad de la humanidad que mengua y muere entre pobreza y pobreza extrema, que es urgente proteger el medio ambiente, la Tierra (la única que tenemos)…

 

Walden Bello, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Filipinas, hace esta pregunta al G20: ¿Bastan reformas socialdemócratas para relanzar la economía o esta crisis ha de llevarnos a otro orden considerablemente diferente? También el profesor Bello propone algo que parece tener bastante más legitimidad que la selectiva reunión de ricos y quienes llevan camino de serlo que es el G20. La propuesta es que Ban Ki Mon, Secretario General de la ONU, y la Asamblea General convoquen un encuentro multilateral (no sólo 21) para afrontar la crisis y preparar un nuevo orden global. Una comisión de expertos monetarios, financieros y economistas, encabezada por el Nobel Joseph Stiglitz y nombrada por el presidente de la Asamblea General, ya ha realizado un trabajo preparatorio para esa reunión. Ésa es buena noticia.

 

Una medida eficaz y realista sería también cancelar la deuda de los países empobrecidos. Porque esas deudas han sido pagadas con creces y fueron contraídas con condiciones abusivas. La cancelación de la deuda permitiría a los países empobrecidos disponer de más recursos sin necesitar la dudosa ayuda del FMI.

 

Ante el documento final, el catedrático Juan Torres concede y remata que “las conclusiones de la cumbre podrían ser encomiables, pero los medios resultarán de poca efectividad, porque no se han explicado claramente las causas de la crisis. Y sin poner en claro las causas de la enfermedad solo un milagro puede hacer que el médico pueda curarla”.

 

Nicholas Dearden, director de Jubilee Debt Campaign (Campaña para Cancelar la Deuda), sí señala con ojo clínico lo qué ha pasado: “Ni los más enfervorizados partidarios del libre mercado defienden hoy que la globalización haya mejorado las vidas de la mayor parte de gente del planeta. Al contrario, un sistema con crisis inherentes, que ha alimentado niveles de desigualdad sin precedente, finalmente se ha colapsado”.

Por eso hay que recordar el dicho de Keynes: “La dificultad no estriba tanto en desarrollar ideas nuevas, cuanto en sacudirse las viejas”. ¿Revolución? Tal vez no tanto, pero urge meter el bisturí a fondo o esto no lo arregla ni dios.

 

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Los ciudadanos han de decir basta

Publicado por xacata en Abril 6, 2009

Paul Krugman, Nobel de Economía, ha escrito: “Si quieren saber el porqué de la crisis mundial, mírenlo así: es la venganza del exceso”. Porque más allá de banqueros, agentes financieros y políticos profesionales, la crisis es el resultado del exceso y del derroche, de un modelo económico que, demostrado hasta el cansancio, sólo sirve a una minoría. A costa de la mayoría.

 

Serge Latouche, profesor de Economía de la Universidad de París-Sud, rechaza también esta sociedad de excesos. Latouche es partidario del decrecimiento. Decrecimiento es  repudiar el intocable dogma del crecimiento económico como único camino, porque la historia del último medio siglo nos dice que el crecimiento no impide las crisis. Por eso Latouche opina que “la crisis es una buena noticia”, aunque teme que gobiernos y poderes económicos no ataquen las verdaderas causas del desastre. Tal vez cambien algo. Quizás para que nada cambie.

 

Mantendrán el sistema actual, un capitalismo basado en el crecimiento, los combustibles de origen fósil y la industria de automoción y la del ladrillo y cemento. Por tanto, no se trata sólo de lograr mayor regulación y control de entidades financieras y bancos, que sí. Tampoco de aumentar el gasto público, que también.

Hay que echar por la borda esas directrices, pretendidos principios científicos inmutables, que conforman el nefasto ‘consenso de Washington’: privatizarlo todo, todo es mercado, reformar impuestos (léase rebajarlos a los más ricos), liberalizar tasas de interés, nada de normas ni reglas para el capital (bancos y entidades financieras hacen los que les dé la gana)… Pero lamentablemente no se tiene noticia de que en el G20 de Londres se vaya a enterrar el ‘consenso’.

 

Estados Unidos y Reino Unido apostaban por más dinero público para estimular la economía, aunque también querían normas para los grandes fondos de inversión de riesgo (hedge funds), más capital para Banco Mundial y FMI, supervisión de los agentes y mercados financieros… Francia y Alemania exigían concretar el control del mundo financiero: lista negra de paraísos fiscales, de sanciones, supervisión de retribuciones de directivos, todos los hedge funds bajo control (no sólo los grandes)…

 

Finalmente, el G20 ha acordado crear un organismo con amplios poderes de supervisión del mundo financiero, que endurecerá las normas y lo supervisará. También han decidido aportar más dinero para el FMI, para que pueda ayudar a los países en desarrollo y empobrecidos y poner coto a los paraísos fiscales. Sin embargo, no se acordaron más ‘estímulos fiscales’, dinero público para la economía real.

 

Según los titulares, el G20 ha cumplido. Tal vez. Un gran conocedor del mundo financiero y sus recovecos más oscuros, Juan Hernández Vigueras, teme que en realidad se haga poco, “mientras se mantenga la libertad absoluta de movimiento de capitales”. Cuanto más, opina, se rebajará el volumen del “sistema financiero en la sombra”, que así denomina al oscuro mundo de los paraísos fiscales. Porque ese libérrimo movimiento de capitales no se ha tocado.

 

Cambiar algo para que en realidad nada cambie, como se lee en la novela El Gatopardo de Di Lampedusa; que no se vaya al fondo de los problemas, que todo quede en agua de borrajas. Esperemos que no, aunque, como ha escrito David Harvey, profesor del Graduate Center de Nueva York, la clave para “salir de esta crisis depende mucho de la relación de fuerzas entre clases sociales, de que gran parte de la población diga: hasta aquí hemos llegado; hay que cambiar”. Cuando Roosevelt puso en marcha su plan para salir de la Depresión, los trabajadores estaban organizados en sindicatos fuertes y formaban un movimiento obrero potente que influyó decisivamente para que los cambios fueran también en beneficio de las clases trabajadoras.

 

¿Conocen la prueba del nueve? Es una sencilla operación aritmética para comprobar si una multiplicación o una división han sido bien realizadas, si su resultado es correcto. Hay una ‘prueba de nueve’ para el G20 de Londres que pretende resolver la crisis. Es lo que significa el nombre de una plataforma que agrupa a centenar y medio de sindicatos, grupos ecologistas, y asociaciones solidarias: ‘Poned a la Gente en Primer Lugar’, se llama. Esa es la prueba que no falla: si las personas son lo primero, sus intereses y sus derechos, la solución elegida será la buena. La inmensa mayoría de ciudadanos, claro.

Qué así sea.

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Para acabar con la maldita crisis, hay que cambiar el sistema

Publicado por xacata en Marzo 25, 2009

Los ejecutivos de la aseguradora AIG, rescatada de la quiebra con dinero multimillonario del Estado, se han repartido 165 millones de dólares como sobresueldo… ¡como premio por su gestión! La presión ciudadana y la voluntad del gobierno de Obama recuperan parte de esa cantidad del dinero. A partir de tal desvergüenza, no sorprende el fracaso del sistema financiero ni la desaparición de cientos de miles de millones de dólares, ni la economía real en recesión, ni la peor crisis económica jamás sufrida. 

 

Las crisis son consustanciales al capitalismo. Treinta y cuatro de diversos calibres desde 1854, con el desempleo castigando a los ciudadanos, según nos cuenta el escritor y analista Tariq Alí. Pero más allá de las contradicciones insolubles del capitalismo, esas crisis económicas de diversa hondura tienen mucho de derrumbe moral. Los desastres no suceden sólo por causas económicas y financieras “técnicas”, sino por la desaparición de valores éticos y las conductas predadoras.

 

José Luis Sampedro, escritor y economista, nos recuerda “con qué facilidad ha surgido dinero de debajo de las piedras para ayudar a los bancos culpables de la crisis. Si se hubiera pedido para curar el SIDA en África o para educación no hubieran aparecido ni diez mil dólares. Es una muestra de en qué situación estamos”. Una prueba de la ruina moral en la que hemos caído.

 

La próxima cumbre del G20 es el foro para decidir cómo enfrentar la crisis. Los desacuerdos entre las grandes potencias económicas sobre como relanzar la economía no auguran nada bueno. Buenas intenciones, profesiones públicas de unidad, estímulos fiscales, regulación y control… Está muy bien, pero ¿qué tal recuperar la ética en la economía y en la política económica? Nadie ha propuesto hasta ahora restaurar principios y valores cuya ausencia nos ha conducido a este desastre.

 

Ha quedado demostrado que la avaricia no es buen motor económico y que los mercados no pueden regularse a sí mismos. Han de ser vigilados y regulados con mano férrea. Precisamente porque la codicia, la ostentación y el derroche no pueden ser motores del mundo financiero. Como nos ha dicho recientemente José Luis Sampedro, “la idea misma del desarrollo económico es una degeneración. La degeneración de las ilusiones de la razón humana”. Por eso deberíamos tener en cuenta lo dicho por Rahm Emmanuel, jefe de gabinete de Obama: “Nunca se debe desaprovechar una crisis”.

 

Aprovechémosla. El Nobel Paul Krugman nos ha recordado que Reagan aprovechó la crisis de 1987 para cambiar todo en beneficio de la minoría rica; fue la involución neoliberal. ¿Por qué no aprovechamos ahora la crisis para enderezar a fondo el rumbo nefasto que nos ha llevado al desastre? ¿Cómo? Restaurando principios éticos, de solidaridad, de justicia y de respeto al medio ambiente y al planeta, por encima de la codicia, del crecimiento incesante y del derroche.

 

En los últimos años, tras el hundimiento del imperio soviético y la miserable victoria del capitalismo en su suicida versión neoliberal, hemos sentido con crudeza sus peores consecuencias: veloz derrumbamiento de la economía argentina, aumento de los pobres, mayor empobrecimiento de países ya empobrecidos y crecimiento astronómico de la desigualdad entre países y entre clases en los países, entre otras. Pero también surgieron respuestas.

 

Protesta en Seattle y en todas las ciudades donde se reunían las elites económicas, nacimiento del Foro Social Mundial, oposición global al pensamiento único (el dogma del consenso de Washington), movimientos populares sociales en Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay…, concienciación política de las grandes ONG… Un desafío constante al desorden neoliberal. Los movimientos sociales en América del Sur se han concretado políticamente y han elegido una mayoría de gobiernos progresistas en la región, gobiernos que desafían la desregulación, la libertad absoluta del capital, la privatización como panacea y la acción depredadora de las empresas transnacionales.

 

Es un buen modo de empezar a cambiar las cosas, pues está demostrado que sin acción ni presión desde abajo, no hay cambios por arriba que merezcan tal nombre. Aprovechemos la crisis para cambiar las cosas. O no salimos de ésta.

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Enfrentarse a los paraísos fiscales es la muestra de que los que mandan quieren cambiar

Publicado por xacata en Marzo 19, 2009

Gran parte del dinero del mundo se oculta en 44 paraísos fiscales. Son un refugio de impuestos evadidos. Ocultan quiénes son dueños de fortunas. Esconden quiénes titulares de sospechosas operaciones financieras y encubren transferencias malolientes de grandes capitales.

Falta de transparencia, oscuridad, cuentas secretas, trampas contables y delitos financieros. Eso son los paraísos fiscales. Pero la crisis los ha dejado con las vergüenzas al aire y nos ha mostrado que son las cloacas del sistema, los cómplices imprescindibles del desastre.

Asociados al fraude fiscal, al blanqueo de capitales, a la delincuencia financiera y al crimen organizado, los paraísos fiscales están por fin en el punto de mira. Pero no nos engañemos. Han podido perpetrar todo lo que han hecho durante décadas porque los Estados democráticos han mirado hacia otro lado y los bancos les han permitido vivir y crecer.

Los paraísos fiscales conforman un escenario de insolidaridad, avaricia, engaño y delito y, a pesar de ello, durante años y años han gozado de completa impunidad. Carlos Jiménez Villarejo, que fue Fiscal Anticorrupción de España, nos recuerda que los Convenios europeos e internacionales contra la evasión fiscal, los delitos financieros y el crimen organizado han omitido cualquier referencia a los paraísos fiscales. Como si no existieran.

La Convención de Naciones Unidas contra el crimen organizado rechazó el secreto bancario y pidió que se investigaran los movimientos del dinero fruto del delito, pero curiosamente no hizo la menor mención de los paraísos fiscales. En 1988, un Acuerdo en Basilea (Suiza) contra la utilización del sistema bancario por el crimen organizado pedía más compromiso y diligencia de estados y bancos para impedir que el sistema financiero fuese utilizado ilícitamente. Pero nadie nombró a los paraísos fiscales. En abril de 1997 el Consejo de Europa reconocía que el crimen organizado utiliza la actividad bancaria para evasión fiscal y blanqueo de capitales. Pero nadie señaló a los paraísos fiscales como parte imprescindible de esa trama criminal. Y mucho más.

El GAFI, organismo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para vigilar los paraísos fiscales, propuso suavizar el trato con los que cumplieran sus ‘Recomendaciones’ contra la vulnerabilidad del sistema financiero ante el blanqueo de capitales. Y desde 2001, retiró de la lista de paraísos fiscales a varios territorios que no han dejado de serlo (Caimán, Bahamas, Panamá, Liechtenstein, Dominicana, San Vicente y Granadinas…), sólo porque dijeron que seguirían las Recomendaciones del GAFI. Algo que no hicieron. ¿Qué éxito se esperaba si no se creó instrumento alguno de presión y control de los paraísos fiscales?

Ahora, con la crisis, todos están contra los paraísos fiscales. Estados Unidos diseñará un “ambicioso plan” para combatir las “prácticas tributarias dañinas”. Pero que no olviden que la mayoría de grandes empresas estadounidenses tiene divisiones o sucursales permanentes en paraísos fiscales.

La Unión Europea pretende neutralizar a los paraísos fiscales, erradicarlos y a suprimir zonas de oscuridad y falta de control en los movimientos de capitales. Pero no deben olvidar que la mayoría de grandes empresas y bancos transnacionales europeos operan en paraísos fiscales desde hace tiempo y que en territorio europeo hay ocho “paraísos”.

Ahora que parece que se quiere controlar los paraísos fiscales, en el mundo de los negocios y las finanzas aparece la propuesta de amnistía fiscal para fortunas ocultas en paraísos. Mal vamos. Pero además, Austria, Luxemburgo y Suiza (paraísos fiscales camuflados) se enrocan y forman un frente para proteger el secreto bancario y los paraísos fiscales. Y pretenden tener voz y voto en la cumbre del G-20 que decidirá el control de las finanzas. Empiezan las rebajas de los buenos propósitos de control y regulación financieros.

El despropósito de los paraísos fiscales es responsabilidad de casi todos. ¿Como explicar entonces que los medios de comunicación denominen “infiernos fiscales” a los países nórdicos de Europa (donde los impuestos a los más ricos son elevados) y “refugios fiscales” a esos paraísos donde los más ricos esconden sus fortunas para no pagar impuestos? Manipulación perversa que configura la idea miserable de que pagar impuestos es malo o de imbéciles.

Y, ante tal panorama, uno se pregunta, como lo ha hecho el presidente Sarkozy: “¿Tendremos el valor de hacer cambios profundos, modificar las reglas, condenar los paraísos fiscales y controlar los fondos de alto riesgo?” Cambiar algo para que todo permanezca igual o cambiar de verdad. O se cambia o se apuesta por el desastre seguro.

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Sin derechos humanos la democracia es una farsa

Publicado por xacata en Marzo 10, 2009

Sheldon Wolin,  profesor emérito de Princeton, analiza una degeneración del sistema democrático: el ‘totalitarismo invertido’. Que busca anestesiar a los ciudadanos desde el poder para mantenerlos en estado permanente de  necedad, de irresponsabilidad y que la democracia se disuelva, reducido el papel ciudadano a votar cada cuatro años en elecciones convertidas en espectáculo mediático. Ese totalitarismo invertido es democracia nominal, una democracia sin ciudadanos. Como querer un jardín sin flores.

Dice Wolin que el totalitarismo invertido busca ciudadanos atemorizados, sin conciencia social ni política, contra la política incluso. Que se muevan por emociones, sensaciones e impresiones, no por razones y juicios. Ciudadanos desmovilizados que dejen el campo libre a la clase política para que ésta haga lo que le dé la gana.

 

Una muestra de totalitarismo invertido fue el proceso de ratificación de la Constitución de la Unión Europea. Franceses, holandeses e irlandeses dijeron ‘no’ en los referendos de ratificación, pero los datos indicaban que los diputados holandeses y franceses la hubieran aprobado por amplísima mayoría. Los mandatarios de otros países europeos ni siquiera convocaron referendos. No querían que los ciudadanos decidieran.

 

El totalitarismo invertido busca la infantilización de los ciudadanos para que sean manipulables y vulnerables. A ello contribuyen los medios de comunicación, que no informan con objetividad y a menudo ni siquiera informan. El cuarto poder desapareció, absorbido por el poder económico a cuyo servicio está. Los medios banalizan, frivolizan, distorsionan y, sobre todo, ocultan. Y, cuando lo consideran necesario, falsean.

 

El programa Censura de la universidad californiana de Sonoma expone anualmente cuestiones, temas y problemas importantes que los grandes medios informativos estadounidenses apenas tratan u ocultan. Lo que afecta a la mayoría de ciudadanos es escamoteado y se informa más sobre los pequeños robos de la actriz Winona Ryder o cualquier frivolidad irrelevante que de lo que ocurre en Afganistán o Irak. El progresivo empobrecimiento de la clase trabajadora estadounidense y las violaciones del Gobierno de Estados Unidos de los tratados internacionales que ha firmado no existen. Como escribió Eduardo Haro Tecglen, “el tumulto de la información dirigida y ocultada aleja a los ciudadanos del conocimiento de la realidad”. Y ese desconocimiento los hace vulnerables, manipulables.

 

El catedrático Juan Torres ha escrito sobre esa ocultación de la verdad por los medios: “En Venezuela se ha aprobado por referendo que quien quiera sea Presidente pueda presentarse a reelección ilimitadamente. Los medios informativos occidentales dicen que eso muestra que Chávez es un dictador y que en Venezuela no hay democracia. Ocultan que, para ser Presidente, Chávez (o quien sea) tendrá que ganar las elecciones en las que habrá (como ha ocurrido hasta ahora) cientos de observadores internacionales”.

 

Tal vez porque interesa que los ciudadanos sean manipulables, la editorial rusa Atticus ha cancelado la publicación de Los que susurran, obra del historiador británico Orlando Figes, con tremendos testimonios de supervivientes de la represión estalinista. El autor y numerosos amigos rusos creen que ha habido censura del Kremlin. Porque la clase dirigente rusa (con Putin al frente) quiere hacer bueno a Stalin y que se ignore que fue un genocida.

El otro frente de vaciado de la democracia es recortar los derechos de los ciudadanos. Desde 2001, el terrorismo ha sido pretexto para un recorte incesante de esos derechos. Encarcelamiento sin juicio, ausencia de protección judicial, detenciones incontroladas, violación de la intimidad… Si se viola el derecho a la vida, a la libertad, a no ser torturado ni a sufrir tratos crueles o degradantes, a no ser detenido ni preso arbitrariamente, a que haya presunción de inocencia, a ser juzgado con garantías… el sistema democrático se convierte en un decorado. Años después, la seguridad no ha aumentado, pero sí han retrocedido las libertades. Y democracia sin derechos humanos no es democracia.

 

Además de elecciones, en una verdadera democracia hay control y límite al poder para que derechos y libertades de las personas sean respetados. Por eso los recortes de derechos nos acercan al totalitarismo, aunque sea invertido.

 

Vittorio Zucconi, director del diario La Repubblica, ha escrito: “Sólo en los resúmenes escolares la Historia avanza en porciones definidas. Alemania no se volvió nazi en un mes. Italia no fue fascista de la noche al día. Te das cuenta de aquello en que te has convertido, ley tras ley, decreto tras decreto, concesión tras concesión. Y entonces ya es tarde para volver atrás.”

Si los ciudadanos aceptamos que no nos permitan intervenir en los asuntos públicos, estamos permitiendo que avance el autoritarismo.

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