¡Por razones!

Decir la verdad es un acto revolucionario

Archivos de la categoría ‘Crisis económica’

No aprenden y por eso pierden las elecciones

Publicado por xacata en Octubre 20, 2009

Ángela Merkel ganó las recientes elecciones alemanas, los liberales aumentaron sus escaños, pero los socialdemócratas consiguieron sus peores resultados. En Francia el conservador Sarkozy puso contra las cuerdas al Partido Socialista. En Italia el parafascista Berlusconi ha noqueado a un incapaz Partido de la Izquierda. En España, las últimas encuestas colocan al conservador Partido Popular cuatro puntos por encima del Partido Socialista. Y en Gran Bretaña, las encuestas señalan que gobernarán los conservadores.

¿Qué hace entonces la izquierda moderada? Vira a la derecha. Adopta políticas económicas neoliberales al servicio de esa entelequia denominada mercado, ignorantes de que el mercado de Adam Smith (que presuntamente regula todo como deus exmachina justo), es tan utópico como el paraíso comunista. En realidad el mercado tiene nombres, apellidos e intereses que no son los de la mayoría.

Si la socialdemocracia defiende intereses de la minoría privilegiada, ¿por qué votarlos quienes forman el mundo del trabajo? Y tampoco es ajeno al fracaso de la izquierda socialdemócrata haber colaborado en travestir ese mundo del trabajo, la clase asalariada, en nebulosas e inexistentes clases medias.

Los grandes medios de persuasión (ya es incorrecto denominarlos medios de información o de comunicación) venden hasta la saciedad tres clases: alta , media y baja. Sin matices, convirtiéndolas en castas. Y repiten que un país va bien con clases medias satisfechas. Falsa y útil cortina de humo de mundo consumista e insostenible para ocultar que la minoría privilegiada haga de su capa un sayo y vaya a lo suyo impunemente: ganar más y más a costa de lo que sea.

¿Clases medias? No me haga reír que tengo el labio partido. En España (que aún con crisis ocupa el puesto 10 o 11 como potencia económica), el 63% de los trabajadores ganan menos de 1.100 euros mensuales, cuando el alquiler de una vivienda modesta en Madrid o Barcelona cuesta de 550 a 900 euros al mes y una habitación en piso compartido 300 o 400. Pero sólo 148.000 españoles (0,32% de la población) poseen más un  millón de dólares o más. El año pasado había en el mundo algo menos de 9 millones de personas con más de 1 millón de dólares de patrimonio (0,13% de la población mundial pues somos 6.500 millones), pero 230 millones de trabajadores parados más 1.400 millones que ganan menos de 2 dólares diarios. ¿Cómo que no hay clases?

Si aún así la socialdemocracia perpetra con entusiasmo de neófito “reformas” que la dogmática política económica neoliberal ordena (“reformas” que son recortes o  retrocesos en política social), ¿por qué votarla?

En el Reino Unido, ante el dato de retroceso laborista en intención de voto, ¿qué hace el primer ministro Gordon Brown? Propone privatizar bienes públicos por 20.000 millones  de dólares. Una propuesta muy neoliberal. Y los dirigentes socialdemócratas, empeñados en errar sin descanso, escuchan a voceros y gurús neoliberales que arremeten contra el déficit de los Estados para frenar la crisis, mientras grandes medios de persuasión orquestados asustan con reducir el déficit público o vamos a la ruina. Y la Comisión Europea, con buen número de comisarios socialdemócratas, para no ser menos pide profundas reformas de la sanidad pública y del sistema público de pensiones. Y ya sabemos qué son esas “reformas profundas”.

No aprenden. Esta crisis enseña lecciones magistrales sobre la codicia como causa del desastre, sobre conductas impropias de directivos, dirigentes y ejecutivos rozando el delito o cayendo en él, sobre la necesidad de que lo social (los intereses de la mayoría sobre los de la minoría privilegiada). Pero los socialdemócratas no aprenden.

Deberían escuchar al Nobel de Economía Krugman cuando escribe que “algunos creen que [la cifra calculada del déficit] es una cifra aterradora que requiere medidas drásticas, cómo cancelar las iniciativas para reanimar la economía y suspender la reforma sanitaria [de Estados Unidos]. Lo cierto es que ahora los déficits ayudan a la economía. Los déficits de Estados Unidos y otras economías importantes han salvado al mundo de una recesión mucho más profunda. La perspectiva a largo plazo no es catastrófica (…). Lo que necesitamos ahora mismo es que la deuda federal aumente hasta que la economía esté en vía sólida de recuperación”.

Pero es que no aprenden. Y por eso pierden las elecciones.

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La lucha contra la pobreza es una cuestión de derechos humanos

Publicado por xacata en Octubre 5, 2009

Según el llamado ‘efecto mariposa’, si ese lepidóptero aletea en Brasil, puede haber un terremoto en China. No es que ocurra tal cosa; se refiere a que todo está interconectado. No sólo en ciencias físicas sino en la vida y entre los seres humanos. No caben Robinsones Crusoe, salvo en literatura, e incluso el Crusoe de ficción necesito a Viernes porque no soportaba el aislamiento. Más allá de la ficción, las situaciones y hechos humanos están interconectados. Einstein diría que la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Que todo tiene relación. Y en lo socio económico, más. Nada se da o desaparece porque sí. Veamos algunos casos.

Hay una destrucción incesante de empleo hasta el punto de que la buena noticia es que la velocidad de destrucción de puestos de trabajo es algo menor. Y en dos años de crisis, los hambrientos han aumentado de menos de novecientos millones de personas a mil cien.

En las Islas Caimán hay un edificio que alberga a 12.000 empresas. Obama denunció que es el mayor edificio del mundo o una estafa fiscal colosal. Naturalmente lo cierto es lo segundo. Y, sin embargo, Adam Smith, uno de los padres del capitalismo escribió en el siglo XVIII que “todo los ciudadanos deben contribuir al sostenimiento del Estado en proporción a sus ingresos”.

Parece que esta regla se convirtió en el siglo XX en esta otra: “Todo el mundo debe contribuir al sostenimiento del Estado en proporción a sus ingresos… salvo que puedan esconder su dinero en un paraíso fiscal”.

¿Alguien cree en serio que la existencia de los paraísos fiscales no tiene nada que ver con la pobreza y la desigualdad?

Ahora dicen que los paraísos fiscales dejarán de serlo. Que EEUU y estados de la Unión Europea han firmado cien acuerdos de intercambio de información fiscal con paraísos fiscales. Que algunos estados potentes preparan acciones contra los paraísos fiscales que se resistan.

Los paraísos fiscales son una lacra, un cáncer. Pero no son el único problema grave. Un estafador tan buen conocedor de trampas y juego sucio como Madoff (quien, por cierto, se pasará un montón de años en la cárcel) asegura que los mayores secretos bancarios y casos de lavado de dinero sucio y fraude fiscal no se dan en las islas tropicales (donde están la mayoría de paraísos fiscales) sino en Wall Street, la City de Londres, Frankfurt y Tokio.

Para convencernos de que no es maquillaje ni camuflaje, y que nos creamos de verdad que los Estados y la minoría rica privilegiada quieren acabar con el secreto bancario y sus consecuencias, tenemos que ver que se firman miles de acuerdos de transparencia financiera y fiscal. Que el secreto bancario desaparezca.

En otra orilla, el Institute for Policy Srtudies (IPS), entidad radicada en Washington que investiga y publica los ingresos de ejecutivos y directivos, ha informado recientemente que los altos ejecutivos de EEUU ganan 319 veces más que el salario medio del trabajador estadounidense. Treinta años atrás, esos altos ejecutivos ganaban treinta veces el salario medio del empleado estadounidense. Si esto no es desigualdad que baje dios y lo vea. Según el IPS, esos desorbitados sueldos y gratificaciones de los altos ejecutivos y directivos propiciaron su “imprudencia”, porque lo único que les interesaba era ganar mucho dinero en poco tiempo. Y esa “imprudencia” llevó a EEUU y al mundo al borde del abismo, del cataclismo económico.

En otro lugar, veinte estados han firmado el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos económicos, sociales y culturales de Naciones Unidas. Ahora es ley internacional y se podrá reivindicar ante la justicia el respeto de esos derechos que significan vida digna, ingresos suficientes, poder mantener a la familia, vivienda digna, cuidado de la salud, educación… Porque de justicia se trata: Dar a cada uno lo que le corresponde, lo que se le debe como persona. ¿Y qué le corresponde?Libertad, justicia y paz. Porque todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos

En los últimos años, hemos presenciado una pobreza y desigualdad obscenas, en crecimiento imparable. Y la única forma eficaz de luchar contra esa pobreza, contra esa indecente desigualdad, es una implacable reivindicación de los derechos humanos de todos. Se trata de afrontar la lucha contra la pobreza como exigencia de indiscutible respeto de los derechos humanos de todos en todas partes. Los derechos humanos otorgan libertad de elección y de acción, protegen contra las arbitrariedades de los poderosos e imponen responder ante la justicia.

Y si alguien cree que lo escrito es literatura poética o delirio, o que los derechos humanos son sólo un muestrario de buenas intenciones, mejor haría en darse de baja el género humano.

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Agonía y muerte de la verdad

Publicado por xacata en Julio 31, 2009

La calculada filtración por republicanos estadounidenses de un discutible informe sobre narcotráfico en Venezuela permitió a medios informativos occidentales señalar como narcoestado a la República de Venezuela. Sucedía después de darse a conocer un vídeo en el que Mono Jojoy, jefe de las FARC, declaraba que financiaron la campaña presidencial de Correa en Ecuador. Y después de que estallara la polémica en Sudamérica por el acuerdo entre Colombia y Estados Unidos de que éstos establecerán 5 bases en aquel país. Bases que sustituyen la de Manta en Ecuador, desmantelada por orden del presidente Correa. Periodistas ecuatorianos y colombianos han investigado la autenticidad del video de Jojoy sobre la que se tienen muy serias dudas.

Mensajes equívocos y malintencionados o simplemente falsos. Si no tienes argumentos contra quienes perjudican tus intereses inventa, miente, manipula, oculta, descontextualiza, desprestigia…

Víctima del autoritarismo neoliberal ha sido y es la verdad. Sobre todo la verdad informativa, la que deben ofrecer los medios, contrastada, honesta, honrada, según la realidad, no los torpes intereses de una reducida minoría.

En los años sesenta del siglo XX, los avances en la emancipación de Latinoamérica se sofocaron a sangre y fuego y se organizaron cruentas dictaduras militares en Paraguay, Uruguay, Brasil, Chile, Argentina… Tras mucho daño, dolor y muerte, las dictaduras cayeron una tras otra por sus graves errores, por su nauraleza corrupta, la acción resistente y la presión de los ciudadanos comprometidos con la  libertad y la justicia.

Los años noventa y este inicio de milenio han visto un cambio de tercio en América Latina. Muchos gobiernos se inclinan más o menos hacia la izquierda, con la excepción de Colombia, México, Perú y ahora la golpista Honduras. Gobiernos a la izquierda, democráticamente elegidos, abiertos al cambio y a la transformación de las sociedades latinoamericanas en beneficio de la mayoría y, sobre todo, de los más empobrecidos. Y recurrir al golpe militar (salvo Honduras), al encarcelamiento de presos de conciencia, a la tortura, a las desapariciones, al asesinato y al horror parece no ser la respuesta principal de la minoría rica y privilegiada que pretende controlar los destinos (es decir, la riqueza) de Latinoamérica.

Pero esa minoría no ha optado por la solidaridad y la justicia. Ha descubierto que controlando prensa, radio y televisión, sellos discográficos incluso, cine y producción televisiva, no necesitan escuadrones de la muerte ni generales que ocupen a tiros los palacios presidenciales.

El objetivo y resultado de la actual estrategia de la minoría dominante es suprimir la verdad informativa. Prensa, radio y televisión ofrecen más espectáculo que información para ganar lectores y audiencia mientras desaparece el cuarto poder. Diluido en las millonarias absorciones de muchos medios informativos por corporaciones y grandes grupos de capital. En Europa está Berlusconi como botón de muestra. Poseedor de la mayoría de medios de comunicación italianos, no necesita recurrir a partidas de la porra y aceite de ricino de camisas negras para neutralizar a la ciudadanía y gobernar con total impunidad según sus intereses, incluso legislando para librarse de la cárcel.

En América Latina, la maniobra ha sido más primaria. El caso de Venezuela, cuya minoría rica preparó el fallido golpe de estado para derrocar al presidente Hugo Chávez con un prolongado tiempo de falsedades y mentiras de grueso calado en les medios nacionales que controlaban (casi todos), muestra cómo la verdad informativa es la primera víctima de la codicia neoliberal. La que no soporta la distribución de riqueza; la empecinada en dogmas de “libre mercado” (que de libre no tiene casi nada) impuestos durante veinte años, cuya aplicación ha llevado al peor desastre económico del capitalismo. Así lo demuestran demostrado economistas como Stiglitz, Krugman, Samuelson, Hudson, Klein, Torres, Palast…

Pero no sólo Venezuela. Ha habido sistemáticas falacias y ocultaciones de la verdad informativa al emitir o publicar sobre Bolivia, la Honduras de Zelaya e incluso la Argentina de Kirchner y, por supuesto, Ecuador. Son seguidores de Goebbels: repite una mentira mil veces y la tomarán por verdad. Aunque los predadores de la verdad informativa han contado con la inestimable ayuda de caracteres, inoportunidades y desplantes de algunos mandatarios que encarnan esa voluntad de cambio. Pero la suerte de los ciudadanos, los intereses de la mayoría, han de estar por encima de declaraciones presidenciales fuera de lugar.

Hay que incorporar la lucha por la verdad a la vida, a la política. Por justicia.

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Alto y claro

Publicado por xacata en Julio 4, 2009

En algunas grandes empresas españolas (SEAT del grupo Volkswagen), los trabajadores han aceptado rebajarse el sueldo. En Reino Unido, un directivo de British Airways  ha propuesto a los empleados que trabajen un mes gratis. Empresarios y autoridades monetarias piden reformar el mercado de trabajo, es decir, abaratar el despido y reducir los salarios.

Pero, “la situación laboral no ha sido causa de la crisis”, aseguran en un manifiesto 700 economistas y expertos laborales, catedráticos y profesores universitarios en España, y es indecente hacer pagar el coste de la crisis a los trabajadores.

Sin embargo, el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, afirma, por ejemplo, que España debe moderar los salarios, abaratar el despido, desligar aumentos de sueldos del incremento de precios, y reducir la protección de desempleados. También que se han de consolidar  las expectativas de las familias y las empresas para que se vuelva a consumir e invertir.

Estupenda lógica la de Trichet: frenar salarios, abaratar despidos y reducir la protección social, pero al mismo tiempo que familias y empresas vuelvan a consumir e invertir. Si bajan salarios y despiden, ¿quién podrá comprar?

Tal contradicción hace dudar de la credibilidad de Trichet. Pero es coherente. Fiel a sus intereses de clase, la clase alta, la minoría con dinero y poder.

A Trichet le replica Paul Krugman, premio Nobel de Economía, quien el pasado mayo denunciaba que “los salarios están bajando a lo largo y ancho de Estados Unidos (…). Reflejan la realidad brutal de un mercado laboral débil: los trabajadores no protestan cuando les recortan el sueldo porque creen que no encontrarán otro trabajo. Pero la bajada de los salarios es síntoma de una economía enferma que puede empeorar aún más.

Las bajadas de los sueldos proliferan. Es un fenómeno muy extendido. Y podríamos enfrentarnos a la paradoja de los salarios: los trabajadores de una empresa pueden contribuir a salvar sus empleos accediendo a cobrar sueldos más bajos, pero si los empresarios recortan salarios en todos los sectores económicos, la consecuencia es aumento del paro. El recorte salarial aumenta el empleo en el caso de una empresa en concreto. Pero si todo el mundo rebaja sueldos, nadie obtiene ventaja competitiva. Los salarios bajos no benefician nada a la economía. Por el contrario, la caída de los sueldos empeora los problemas de la economía”.

Y Krugman nos recuerda que Japón (donde los sueldos del sector privado descendieron más del 1% anual durante ocho años hasta 2003) es lección práctica de cómo la deflación salarial estanca la economía.

Al otro lado del mundo, líderes sindicales australianos han propuesto que para salvar la economía es necesario un “salario máximo”. Y nueve diputados en el Reino Unido han propuesto establecer por ley “un límite al salario máximo anual que se pague a cualquier persona”. Proponen  “considerar seriamente establecer el salario máximo”, porque las excesivas remuneraciones de los directivos y ejecutivos son una causa de los males de la economía mundial. Y es así porque, como denuncia Jeff Lawrence, líder de la federación sindical nacional de Australia, “salarios y gratificaciones insultantes para los ejecutivos han impulsado una cultura de riesgo excesivo y de actuación a corto plazo que es una de las principales causas de la crisis financiera global”.

En 2007, la remuneración de un director ejecutivo en las 500 primeras empresas de Estados Unidos era ¡344 veces la paga media de un obrero! Y en Australia, la diferencia entre el salario medio de un director ejecutivo y de un trabajador es de 63 veces, pero en 1990 sólo era 18 veces.

Aunque toda esa miseria e injusticia nos la explica mejor el poeta español Luis García Montero: “Cuesta trabajo asumir la frialdad criminal con la que los reyes del dinero han cambiado la economía productiva por la economía especulativa. Asombra la ingeniería mercantil que ha prescindido con alevosía de la creación de riqueza para forzar negocios avarientos, preocupados sólo por aumentar las ganancias de los que más tienen. Y llena de cólera comprender cómo los gobiernos europeos, conservadores y socialistas, han confundido la modernidad con la toma de decisiones encaminadas a favorecer la avaricia de los bancos y de sus especuladores.”

Dudo que se pueda decir más alto ni más claro.

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Crisis y desigualdad

Publicado por xacata en Junio 25, 2009

Crisis, crecimiento y desigualdad La única forma decente de luchar contra la crisis es procurar reducir la desigualdad. ¿De qué sirve una renta per capita de X dólares si una cuarta parte de la población vive en la pobreza, otra cuarta parte en la miseria y una tercera se tienta el cuerpo porque no sabe qué le sucederá? Las medidas tomadas contra la crisis acaso logren los equívocos macro-índices económicos de hace dos años, pero poco repercutirán beneficiosamente en la vida de la mayoría de las personas, que es lo que importa. No se logrará un mínimo de vida digna y sin incertidumbres socio-económicas para la mayoría de ciudadanos. Ni siquiera para una mayoría simple.

El acierto del New Deal de Roosevelt fue aplicar una reflexión keynesiana elemental: Hay más trabajadores que otras clases. Reduzcamos la desigualdad, hagamos que los trabajadores estén lo mejor posible, porque con salarios decentes, que les permitan una vida digna, todo el edificio económico funciona. El New Deal supuso acabar con legiones de desempleados e indigentes itinerantes. Fue una lucha contra la pobreza y contra la desigualdad.

Medidas contra la desigualdad son medidas efectivas contra las crisis. La actual crisis es fruto de un modo de entender la economía y la distribución de riqueza: el neoliberalismo del mal llamado ‘consenso de Washington’: Regular el gasto público en educación, salud y protección social (en realidad, reducir); reforma tributaria (disminuir impuestos a los ricos); políticas comerciales liberales (subvenciones y ayudas de los gobiernos de países ricos a sus agricultores terratenientes); patente de corso a la inversión extranjera; privatizar empresas públicas, desmontar lo público; ninguna regla ni control para el mundo financiero… El resultado ha sido un obsceno incremento de pobreza y desigualdad.

Y ahora, algunas medidas contra la crisis (sobre todo en Europa) se empecinan en el modelo de desarrollo que nos ha conducido a ésta. Ayudar con mucho dinero de todos al conglomerado industrial automovilístico, por ejemplo, es más de lo mismo. De los macro-esfuerzos del Estado para reflotar bancos sin pedirles responsabilidades anteriores ni controlarlos de modo que sientan el aliento de los gobiernos en el cogote, mejor ni hablamos. Sin voluntad de reducir la desigualdad por encima de todo, tampoco saldremos de ésta.

A propósito de la desigualdad, el ex jugador y entrenador de fútbol Johan Cruyff ha dicho sobre unos escandalosos fichajes de futbolistas por el Real Madrid: “Nadie vale lo que ha pagado el Madrid por Cristiano Ronaldo”. Fútbol aparte, nadie vale la enormidad que cobran ejecutivos y directivos de banca, sector del automóvil y empresas transnacionales; nadie rinde tanto para cobrar tales fortunas.

Y los ministros de economía del G-8 diagnostican que parece apuntar cierta estabilización en la situación económica mundial. Pero la salida de la crisis es incierta. “Aún si la producción remonta, el paro puede crecer”, han dicho. Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional, ha asegurado que el desempleo aumentará como mínimo hasta los primeros meses de 2011.

Si la salida de la crisis es incierta y se destruye empleo durante dos años o más, ¿quién se beneficia del dinero público contra la crisis? En España, por ejemplo, la banca, que ha tenido beneficios y continuará teniéndolos, mientras el gobernador del Banco Central español augura que aumentará el paro, el más alto de la Unión Europea. Pero los bancos españoles dan créditos a empresas con cuentagotas. Por cierto, la concesión cicatera de créditos genera el cierre o reajuste de empresas. Y aumenta de desempleo. ¿Esto es luchar contra la crisis?

Habrá que coincidir con el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Taibo, que “el crecimiento económico no genera cohesión social, provoca agresiones medioambientales a menudo irreversibles y propicia agotar recursos de los que no dispondrán generaciones venideras; por tanto, es urgente buscar otros horizontes”.

El último informe de Amnistía Internacional asegura que “la pobreza no es inevitable, y es causa y consecuencia de violaciones de derechos humanos. Un planteamiento para erradicar la pobreza, centrado sólo en el crecimiento económico, es insostenible e inútil. La crisis en la que vivimos ha condenado a la pobreza a 100 millones de personas más, demostrando cuan frágiles son los beneficios basados únicamente en el crecimiento económico”. Quizás ya sea tiempo de cambiar de rumbo, de dar un golpe de timón.

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Una elecciones europeas esclarecedoras

Publicado por xacata en Junio 16, 2009

Un 55% de ciudadanos no ha votado en las elecciones al Parlamento Europeo. O sólo ha votado un 45%, como prefieran. Voceros de guardia y cabecera de medios informativos han sentenciado que la progresiva abstención europea (en las elecciones de 1979 participó casi el 62%) es porque los partidos se han enzarzado en cuestiones nacionales y no en lo que se hace en Europa. Razón cierta, pero insuficiente.

Lo cierto es que la Unión Europa no ha reaccionado con coraje para combatir la crisis, y se empecina en las políticas neoliberales que la han provocado. Y muchos ciudadanos están hartos. Y temerosos por su futuro

Unas políticas basadas en el crecimiento y la moral de éxito, que generan individualistas. Y los individualistas se suelen volver conservadores. El resultado de estas elecciones abstencionistas ha sido una Europa aún más de derechas.

El origen de esa abstención son las actuaciones y conductas políticas de la cúpula de la Unión Europea, que ha tratado y trata a los ciudadanos europeos como menores de edad. ¿Por qué votar un Parlamento que ni siquiera ha debatido la Constitución europea (el Tratado de Lisboa) que quieren colocarnos como sea? Esa Constitución fue elaborada casi en secreto por un grupo prscticamente clandestino designado a dedo, presidido por el conservador y neoliberal ex presidente francés  Valery Giscard d’Estaign. ¿Para que votar esa Europa cuando franceses, holandeses e irlandeses votaron no a  esa Constitución, pero nos la impondrán quieras que no sin hacer cambio alguno?

Una Constitución europea que consagra una “economía de mercado altamente competitiva”, en la que ya no existe el derecho al trabajo sino “el derecho a trabajar” (que no es un derecho de la Declaración Universal de Derechos Humanos sino ve a saber qué). Una Constitución en la que servicios públicos se convierten en “servicios económicos de interés general”. Y casi elimina el concepto de lo público. Una Constitución europea en la que la reducción del déficit estatal pasa por encima de prestaciones sociales, de la vivienda protegida o del transporte y sanidad públicos... En esa Constitución la palabra “mercado” aparece 78 veces, la palabra “competencia” 27 y “progreso social” sólo una. El uso de las palabras –o su ausencia- nunca es gratuito ni inocente. Y menos en política.

Eufemismos, manipulaciones, repeticiones o ausencias que abren la puerta a la precariedad laboral endémica, a privatizaciones a mansalva, a desigualdad, a desprotección social… Y con esta crisis ya hemos visto donde llevan las privatizaciones sin freno y el imperio del mercado.

Por eso, muchos ciudadanos quizás hayan pensado ¿por qué votar en esa Europa neoliberal de la peor especie sino nos hacen caso luego? ¿Ustedes han oído que Sarkozy, Merkel, Brown, Barroso, Zapatero… hayan dicho que las lecciones de la crisis deben hacer replantear contenidos de la Constitución europea? Yo tampoco.

Pero hay otra cara de la moneda en estas elecciones abstencionistas: la conducta de muchos ciudadanos. Propia de súbditos, no de ciudadanos. De confundir emociones o miedos con razón y razones. De pensar que no va con ellos, que es grave dislate, porque se puede pasar de la política, pero la política nunca pasa de nosotros. Porque abstenerse, contra la pretensión de anarquistas, perezosos o totalitarios, no es una postura política activa. La abstención apuntala errores, disfunciones y déficits del sistema democrático. Hace más inmunes e impunes a quienes reciben poder por votos ciudadanos y deja campo libre a la arbitrariedad de los políticos profesionales y burócratas.

Navegando por Facebook hemos encontrado opiniones de ciudadanos sobre estas elecciones europeas que dan que pensar: “Los ciudadanos parecemos borregos”. “Si la gente pretende dar un voto de castigo se equivoca. Al final el poder sigue en manos de los ricos”.”Los partidos de derechas, que han defendido y defienden políticas neoliberales, causantes de la crisis, salen reforzados en las elecciones europeas. Ésta es una sociedad enferma”. “No tenemos porqué conformaros con un capitalismo que enriquece a los ricos y empobrece a los pobres”. “La felicidad no está sólo en la estabilidad y la seguridad, sino sobre todo en la libertad y la justicia, así que moved el culo, porque nada es imposible”. “El conformismo es el peor y más vergonzoso defecto del ser humano”. Y una reflexión breve, tremenda: “Tenemos lo que nos merecemos”.

Que así no sea.

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Pateticamente inofensivos

Publicado por xacata en Junio 8, 2009

“La pobreza no es natural. La crean los seres humanos. Vencer la pobreza no es caridad; es justicia, es proteger un derecho fundamental: el derecho a la dignidad, a una vida digna”. Nos lo dijo Nelson Mandela. Y el profesor Juan Torres sostiene que “la pobreza no es una desgracia. El hambre no es un desastre. La pobreza y el hambre son una infamia, un verdadero crimen organizado”.

Estamos en crisis. Ya teníamos muy graves problemas. Pero la crisis ha aumentado en varias docenas de millones el número de pobres y hambrientos. Casi sesenta millones más. Pero además de la mitad de población mundial que apenas sobrevive con uno o dos dólares diarios, que no sabe si comerá, que no tiene agua potable…, la crisis ha incrementado en casi todos los países el paro, precariedad laboral, desahucios por impago de hipotecas, inseguridad social y económica…

La crisis no parece perdonar a nadie.

Cojamos el caso de España, miembro de la OCDE, el club de los treinta países más desarrollados del planeta. La crisis la ha castigado con un desempleo del 14%, casi cuatro millones de parados.

Sin embargo, lo grave de la situación española (como de otros países, por cierto) es que los problemas vienen de más lejos, incluso de cuando creían atar los perros con longanizas, porque el país crecía año tras año.

Según la Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística de España, en 2006 el sueldo medio en el país era de 19.680 € brutos al año. Pero en 2002, cuatro años antes, era algo mayor: 19.802 €.

Con un crecimiento económico incesante en España los sueldos fueron a menos. En realidad bajaron mucho más, si tenemos en cuenta el impacto real de la inflación en la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Y si hablamos de salarios reales y no medios, la mitad de los españoles ganaba menos de 15.760 € al año .

Antes de la crisis, los sueldos caían aún con prosperidad económica. ¿Cómo es posible? Porque la riqueza de esos años fue sobre todo para el capital, los capitalistas, los empresarios.

Pobreza en aumento, desigualdad insultante, más hambre, rebajas salariales, mayor inseguridad de los trabajadores… Pero casi nadie protesta. Nada  parece capaz de hacer salir a la calle a la gente en masa para exigir que se respeten sus derechos.

Antes de la crisis, el precio de las viviendas se puso por las nubes. En Madrid, la inmensa mayoría de personas jóvenes se veían obligadas a compartir piso por el elevado precio de ventas y alquileres de los pisos, así como por los reducidos salarios de los jóvenes, aunque fueran licenciados universitarios. Un grupo de jóvenes inició un movimiento reivindicando viviendas dignas a precios asequibles y convocó a los jóvenes a protestar, a exigir viviendas a su alcance. En Madrid cuando concentraron más jóvenes en una protesta apenas pasaron del millar. Pero cuando el alcalde de Madrid prohibió el llamado “botellón” (comprar bebidas alcohólicas en supermercados y consumirlas en grupo en plazas y calles), hubo auténticas batallas campales con la policía hasta altas horas de la madrugada.

¡Para sonrojarse!

Lo he escrito recientemente y me temo que tengo que volver a escribirlo. Mahatma Gandhi nos decía que “lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena. Y Luther King afinaba que “no me duelen los actos de la gente mala; me duele la indiferencia de la gente buena”.

El atleta discapacitado Oscar Pistorius, joven corredor sin piernas, pero sí con una especie de flejes que las sustituyen, arremete contra esa necedad de que en competición solo hay un vencedor y todos los demás son perdedores: “Perdedor no es el que corre y queda segundo, sino el que ni siquiera se atreve a correr”.

Siempre se puede hacer algo mejor que quedarse en casa viendo la tele.

Pero da la impresión de que ante esta crisis, ante el aumento de la pobreza y la desigualdad, ante la impunidad de los responsables de la misma, que además reciben multimillonarias ayudas, la mayoría de las gentes no quiere correr. No se defiende.

Eso nos convierte en inofensivos. Y el pronóstico es que así no saldremos de la crisis ni resolveremos los problemas que nos aquejan. No si cedemos.

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Lo que corresponde a los empresarios y financieros

Publicado por xacata en Mayo 14, 2009

Con la crisis surgen ganas enormes de reciclaje profesional en numerosos ejecutivos y directivos empresariales y financieros. Tal indica el incremento de matriculaciones en cursos master de dirección empresarial y especialidades similares en Europa. Como si aceptaran que no estaban bastante preparados.

Pero no caerá esa breva. Aún hemos de verles reconocer la incompetencia  y la irresponsabilidad empresariales y financieras, factor clave en la generación de la crisis, además de la obscena codicia desbordada y el juego sucio.

 En España, y otros pagos de la vieja Europa, las crisis se traducen en paro. A renglón seguido, la clase empresarial y financiera pide a los gobiernos flexibilización del mercado laboral como mejor respuesta al desempleo. Nos tememos que en otros continentes se respira igual. Flexibilidad es eufemismo de una vieja aspiración empresarial: despido libre, congelación de salarios y otras desprotecciones sociales. Combatir el desempleo, destruyendo empleo.

 Lo cierto es que ha habido incompetencia, incapacidad e ineptitud manifiestas en amplios sectores del mundo empresarial y financiero global. Más gravísima irresponsabilidad. ¡Aquellos ejecutivos de la aseguradora AIG celebrando el multimillonario rescate de la empresa con dinero federal pasando un fin de semana a todo tren en un soleado hotel californiano de superlujo que costó cientos de miles de dólares! Lujo, derroche e incapacidad caracterizan a buena parte de financieros y empresarios.

 Pero la clase empresarial y financiera reincide en pedir rebajas salariales, despidos libres… como receta infalible. Si miramos a fondo (con la referencia de España como arquetipo de la crisis), la clase empresarial y financiera debería mirar la viga en el ojo propio y no la paja en el ajeno. Financial Times (que no es un periódico de izquierdas) publicó en marzo de 1991 que “durante los años de expansión de la economía española, hubo gran crecimiento de inversiones financieras, la mayoría especulativas, hipotecarias, en lugar de aumentar el tejido industrial y productivo”.

 Y de aquellos polvos, estos lodos. Pero la clase empresarial y financiera continúa clamando por la “flexibilización del mercado laboral”.

 No son imaginativos ni innovadores. No proponen contratos a tiempo parcial, por ejemplo, que en Dinamarca y Holanda redujeron el desempleo de mujeres y hombres de edad avanzada. No se les ocurre que la superación de la crisis es impulso creativo de nuevas tecnologías en la empresa, recurso a energías no contaminantes (para lo que deben ser desarrolladas), fomento de la educación específica de los trabajadores…

 No. Quieren abaratar el despido, abaratar el trabajo, reducir o congelar los salarios, ya bastante bajos en bastantes países europeos y, nos tememos, aún más en otras partes del mundo… La OCDE publicó un estudio en 2007 sobre la evolución de los salarios entre 1995 y 2005. En España, por ejemplo, en ese período no sólo no hubo incremento salarial reflejado en la capacidad adquisitiva de los trabajadores, sino retroceso real de los salarios en un 4%. Cuando en el mismo período, según la misma OCDE, las rentas empresariales aumentaron un 37%.

 Y luego está ese otro tipo de empresarios y financieros: los que orillan la ley, por decirlo cariñosamente. Carlos Berzosa, catedrático de economía y rector de la Universidad Complutense de Madrid, nos revela que “vemos a personas que, procedentes de la clase media y algunos con ingresos altos en esta amplia capa intermedia, se construyen casas grandes, compran viviendas en la costa y en la montaña, juegan al golf, van de caza, compran coches caros y yates y viven a todo lujo. No hacen ocultación de la nueva riqueza, sino que por el contrario alardean de ella”. Para explicarnos a continuación que son “falsos empresarios”, vinculados a la construcción y a la corrupción, que “se pretende son unos linces para los negocios porque han sabido prosperar. Pero no son empresarios, aunque se hacen pasar por tales, son intermediarios, oportunistas, muñidores”.

 Pues de esos hay un montón, nos tememos.

 Concluye Berzosa, citando al economista austríaco Schumpeter, que “no es empresario cualquier persona que tenga una empresa, sino quien realmente lleva a cabo procesos de innovación que están en la base del verdadero progreso material de las sociedades”.

¿Cuántos de esos hay en este mundo capitalista en crisis?

Parece que los gobiernos deberán actuar con decisión, firmeza, con cierta severidad incluso, sin paños calientes, al poner en marcha medidas para resolver la crisis. O la incompetencia y codicia empresariales y financieras la harán eterna.

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¿A quién beneficia la intervención del Estado en la crisis?

Publicado por xacata en Diciembre 14, 2008

En la investigación de un asesinato, un detective que se precie se ha de preguntar: ¿a quién beneficia esta muerte? Y así llega hasta el asesino. El móvil es la pieza clave. Pues para saber qué hay de verdad tras el ruido mediático que  informa sobre la crisis y las medidas que adoptan las grandes potencias o el G-20, así como las recomendaciones del equívoco Fondo Monetario Internacional, es imprescindible seguir el método del buen detective. ¿A quien benefician las medidas tomadas y las que se tomarán?

Y eso nos lleva a preguntarnos si la crisis se resuelve con la intervención del Estado frente al presunto anti-estado liberal. Pues sí, pero, como denuncia lúcidamente el catedrático Vicenç Navarro de la Universidad Pompeu Fabra de Cataluña, “el llamado ‘liberalismo’ en realidad es intervencionismo de Estado, pero a favor del mundo empresarial y de las clases ricas”. Así, la falacia liberal queda desvelada. No hay anti-intervención liberal frente a intervención estatal, sino intervención a favor de los más ricos y los ricos a secas o de los demás, que son la inmensa mayoría.

Reagan, líder de la presunta ‘revolución liberal’, en su presidencia aumentó el gasto público enormemente, generando un déficit del 6% del PIB. Hizo intervenir al Estado mucho más que sus predecesores, incrementando el gasto militar, “cuyo estímulo económico y creación de empleo fue menor que si la inversión hubiera sido en servicios públicos como sanidad, servicios sociales e infraestructuras”, nos recuerda sensatamente Vicenç Navarro.

Por tanto, la cuestión no es aumentar el gasto público del Estado, sino que ese gasto sea descaradamente en beneficio de la mayoría ciudadana. Hasta ahora, la intervención de los fabulosos rescates en EEUU y la Unión Europea han sido en beneficio de la reducida minoría de la clase bancaria y financiera. ¿Favorecerán a la mayoría ciudadana las próximas intervenciones estatales anunciadas en EEUU y la UE?

Habrá intervención y gasto públicos, los ha habido siempre, pero no siempre en beneficio de la gran mayoría. La gran economía, la economía financiera y la economía de humo (la especulativa y tramposa) están controladas por grandes grupos bancarios, corporaciones y empresas transnacionales, cuyos dirigentes y controladores de la masa accionarial, quiénes deciden y tienen poder, apenas llegan al medio millar, según cálculos de Ignacio Ramonet, y ésos han secuestrado al estado el último cuarto de siglo en su propio beneficio y el de sus servidores. Por eso es incierto que el Estado se haya autodisuelto, como han simulado, sino que el Estado se puso al descarado servicio de las minoritarias clases ricas, bajo el patronazgo del aún más minoritario grupo dirigente que denuncia Ramonet. De ahí que en las últimas décadas se hayan suprimido normas y vigilancias financieras, y de ahí la exigencia constante de ‘reformas’ estructurales laborales, que han sido y son en realidad todas las facilidades para que las empresas hagan y deshagan en detrimento de los derechos de los trabajadores; reformas que han arrojado como resultado que hoy las rentas del trabajo hayan descendido tanto, que nunca han sido tan bajas respecto al PIB en los últimos cincuenta años. Pero las del capital no han cesado de subir en el mismo período de tiempo.

En EEUU, el presidente electo, Barak Obama, ha asegurado que contra la crisis pondrá de inmediato en marcha un plan de inversiones públicas de entre 400.000 y 700.000 millones de dólares. Incluirá el mayor programa de construcción de carreteras, puentes y obra pública desde hace medio siglo, reforma de edificios federales (obras y adaptaciones para consumir menos energía), modernizaciones de hospitales y escuelas, potenciar la banda ancha para que todo el mundo tenga acceso a Inetrnet…

Pero Obama ha avisado que “no haremos el plan de inversiones a la vieja manera de Washington. No nos limitaremos a dar dinero. Mediremos el progreso de las reformas, los empleos que se creen y la energía que ahorramos”. Parece un plan intervencionista de los buenos, en beneficio de la ciudadanía. ¿Llegará a buen término? ¿Será así también en Europa? ¿En otros países?

Pero que quede claro que intervencionismo de estado ha habido siempre en los últimos setenta años, aunque no siempre en beneficio de la mayoría trabajadora y ciudadana. Y que quede claro también que el neoliberalismo ha sido el invento del último cuarto de siglo para resucitar el intervencionismo estatal a favor de los más poderosos, pero camuflado. Porque el encendido discurso anti-estado de los neoliberales sólo lo ha sido contra el Estado social, el que se preocupa por la ciudadanía, por la inmensa mayoría trabajadora; sólo contra el Estado que vigila y controla, mantiene la protección social,  incrementa las pensiones o promueve la enseñanza gratuita y la asistencia sanitaria pública.

Saber a quién se beneficia es clave.

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